miniaturadeimagen|350px|Cabildo abierto (22 de mayo de 1810). Óleo realizado por Pedro Subercaseaux bajo la dirección de Adolfo Carranza.La presencia de la iglesia es importante: el obispo Lué (con alfombra roja) y tres órdenes. Detrás de Paso esta Castelli. A la derecha, sentado en actitud pensativa, Moreno aparece como aislado del resto. Mariano Moreno (Buenos Aires, 23 de septiembre de 1778 - Alta mar, 4 de marzo de 1811) fue un doctor en leyes, periodista, político rioplatense, y uno de los principales ideólogos e impulsores de la Revolución de Mayo, que tuvo una destacada actuación como secretario de Guerra y Gobierno de la Primera Junta, resultante de la misma.
Es ampliamente considerado uno de los abogados más influyentes de su generación. Se destacó por promover ideas liberales, radicales y contractualistas, defendiendo tanto el libre comercio como los derechos de los indios. Fue el autor de la Representación de los Hacendados a favor del restablecimiento de la libertad de comercio (que resultó ser el informe de economía política más completo de la época, en el cual describe en detalle la situación económica del Virreinato).
Fundó el periódico La Gazeta de Buenos Ayres (1810) siendo secretario de la Primera Junta —con la colaboración de Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Manuel Alberti— y cuyo primer boletín oficial fue una traducción del Contrato Social de Jacques Rousseau, que él mismo realizó.
Se opuso al carlotismo, proyecto que había propuesto la creación de una monarquía independiente cuyo titular sería la princesa Carlota Joaquina, hermana del rey Fernando VII de España y esposa del príncipe regente Juan de Portugal.
Luego de su alejamiento de la Junta fue designado como diplomático en Londres, pero falleció repentinamente a los 32 años en alta mar, a bordo de la fragata Fame. Su cuerpo fue envuelto en una bandera inglesa y arrojado a 120 kilómetros de la costa de Santa Catarina.
Datos familiares
Fue el primero de catorce hijos que tuvieron Manuel Moreno y Argumosa, nacido en Santander, España, quien arribó a Buenos Aires en 1776, y Ana María Valle, una de las pocas mujeres que sabían leer y escribir en Buenos Aires.Según el genealogista Narciso Binayán Carmona, era descendiente del conquistador, explorador y colonizador español Domingo Martínez de Irala (1509-1556); sus antepasados tenían un remoto origen mestizo guaraní, que compartía con muchos próceres de la época de la Independencia y con grandes personajes paraguayos y argentinos. Mariano, no obstante, fue uno de los ocho hermanos que sobrevivieron a su nacimiento (pese a que de niño había contraído viruela, que lo tuvo al borde de la muerte y le dejó secuelas en su rostro). Sus abuelos maternos fueron Antonio Valle y Luisa Ramos, propietarios de importantes extensiones de tierras en la provincia de Buenos Aires.
Era hermano de Manuel Moreno (político de larga trayectoria y embajador en Inglaterra), sobrino de Tomás Antonio Valle (de destacada actuación pública en tiempos del virreinato y en la Asamblea del Año XIII) y primo hermano de Ángel Salvadores, José María Salvadores, Gregorio Salvadores, Juan José Salvadores, Bonifacio Salvadores, Pedro Salvadores, Toribio Salvadores, Desiderio Salvadores, Lucio Salvadores y Manuel Antonio Salvadores, vinculados al Partido Unitario.
Estudios Moreno cursó sus estudios primarios en la escuela del Rey y secundarios en el Real Colegio de San Carlos. Uno de sus profesores fue Mariano Medrano, que le extendió un elogioso certificado de estudios, mientras que fray Cayetano José Rodríguez vio la vocación de Moreno por el estudio y se transformó en su protector. A tal efecto le dio acceso a la biblioteca del convento de San Francisco y lo puso en contacto con Felipe de Iriarte, sacerdote del Alto Perú, de visita ocasional en Buenos Aires, quien sugirió que debía continuar sus estudios universitarios en la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, a cuyo efecto le ofreció la protección del arzobispo de Chuquisaca, fray José Antonio de San Alberto, y una "mesada" o mensualidad para que pudiera pagar sus gastos en esa ciudad. Los padres, con gran esfuerzo, le costearon el viaje.
Después de un largo y penoso viaje de dos meses y medio de duración, en el que debió hacer varias paradas demás por el reuma que padecía, llegó a Chuquisaca en 1800, tenía entonces 22 años, y se incorporó a la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca y a la Real Academia Carolina de Practicantes Juristas de Charcas. La Academia Carolina era una institución parauniversitaria, de asistencia obligatoria y cuyos objetivos eran dar a los alumnos conocimientos útiles sobre las leyes generales del Reino y municipales. El método utilizado era ir a las fuentes y no a los "comentarios" que se hacían de ellas y realizar prácticas de "casos" donde los alumnos desempeñaban distintas funciones que los familiarizaban con los diversos aspectos forenses y procesales.
Según consta en un certificado expedido en octubre de 1804, mientras Moreno cursaba sus prácticas en la Academia Carolina, fue distinguido, por sus "destacados méritos", como celador fiscal de esa institución. La función del cargo consistía en velar por el cumplimiento de las resoluciones del presidente, examinar la documentación requerida para el ingreso que presentaban los aspirantes, firmar los gastos que rendía el tesorero, hacer de maestro de ceremonias en los actos oficiales y tomar asiento al lado del presidente de la Academia.
Allí leyó también a los teóricos de la Ilustración europea: Montesquieu, Voltaire, Diderot y Rousseau, que ejercieron gran influencia en su pensamiento ideológico. Para comprender a estos autores en su lengua original estudió el idioma inglés y el francés, y tradujo algunas de sus obras. La traducción de El contrato social de Rousseau le llevó varios años y la editó recién en 1810 en la Gazeta de Buenos Ayres, con un prólogo de su autoría:
Bajo la tutela del canónigo Matías Terrazas, en cuya casa se hospedaba, conoció los textos de la Ilustración española, tales como los del jurista español Juan de Solórzano Pereira y Victorián de Villava, nombrado en 1790 como fiscal de la Real Audiencia de Charcas y que además tenía el título regio de protector natural de los Indios.
Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios
Una de las características de la región del Alto Perú a fines del fue el alto poblamiento y la conflictividad social indígena.
El cabildo de Cuzco, en agosto de 1768, advirtió el peligro que implicaba la "despiadada tiranía" que padecían los naturales por obra de corregidores y malos curas doctrineros. La insurgencia de Túpac Amaru y Túpac Katari en 1780, que fue sofocada por una cruenta y ejemplificadora reacción militar, no alteró las condiciones socioeconómicas que le dieron sustento, por lo que la tensión social se mantuvo.
Otro hecho importante fue el progresivo agotamiento de los establecimientos mineros de Potosí que desde su descubrimiento a mediados del había sido un factor determinante en la economía local y virreinal. A partir del 1560 se hizo evidente que la explotación cada vez más intensiva de la mano de obra indígena constituía la condición sine qua non para obtener la rentabilidad de esas minas de plata.
En ese contexto, la presencia de docentes y alumnos de la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, la Academia Carolina, profesionales y determinados funcionarios de la Audiencia de Charcas, crearon en Chuquisaca un ambiente de discusión vinculado al problema indígena, en especial la institución de la "mita" potosina definida por Villava como forma de "esclavitud temporal" y obligatoria de los indios destinados a servir en la explotación minera.
En 1793, el jurista Villava, al presenciar el traslado de miles de indígenas mitayos desde zonas más alejadas de lo permitido, con el consiguiente abandono de sus familias, elevó una denuncia al Consejo de Indias titulada Discurso sobre la mita de Potosí. En 1794, cuando los contenidos de esa presentación tomaron estado público por su difusión en pasquines, el intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz, asesorado por el doctor Pedro Vicente Cañete, rebatió con especial empeño los conceptos de Villava en un escrito denominado Contestación. Villava no se quedó atrás y en 1795 escribió la Contrarréplica. La polémica jurídica entre el fiscal que sostenía que los indígenas eran iguales a los "vasallos de Castilla" y el intendente que afirmaba que estos eran "siervos" por haber sido vencidos en una guerra de conquista, soslayaba lo que era el núcleo del problema: la necesidad de perpetuar en beneficio de propietarios, arrendatarios, azogueros y otros, la apropiación e intensificación de la fuerza de trabajo indígena con bajo o ningún costo, para mantener así la renta minera.
Dos partidos surgieron de estas controversias jurídicas y que los intereses en juego derivaron en ataques personales y en peligrosas acusaciones: Los que sostenían la derogación de la mita: la Real Audiencia, el fiscal Villava, el arzobispo San Alberto, Terrazas y los explotados mitayos. Los que querían mantenerla: el intendente Sanz, su asesor Cañete, ciertos funcionarios y clero, dueños de las minas, arrendatarios y el gremio de azogueros.
Cuando Moreno llegó a Chuquisaca estos dos grupos ya estaban constituidos. La posición ideológica y la exposición que realizaría dos años después en la Academia tiene influencias de su protector, el arzobispo San Alberto, de Terrazas, en cuya casa se hospedaba, y fundamentalmente de Villava, su profesor en la universidad. Además, en su visita a Potosí, pudo constatar lo que era de público conocimiento: la espantosa explotación a la que eran sometidos los indígenas bajo las condiciones que había alcanzado la mita en la etapa tardo colonial.
El 12 de agosto de 1802 presentó en la Academia Carolina una Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios en general y sobre el particular de yanaconas y mitarios. El tema que eligió Moreno era conflictivo, de gran actualidad y sobre el que se habían desarrollado graves polémicas en años anteriores.
Después de describir los antecedentes históricos de la explotación en la minería en general y del yanaconazgo y la mita en particular, realizó un detallado análisis de las Leyes de Indias que consideraban a los indios como hombres libres y que habían sido revocadas por cédulas posteriores o acciones de facto contrarias a las mismas. Siguiendo a su maestro Villava, a quien citó en dos oportunidades, detalló la violencia que se ejercía sobre los indígenas para realizar tareas contra su voluntad y criticó las supuestas ventajas de darles "trabajo" obligatorio para corregir la supuesta "haraganería" de estos. Luego contrapuso la utilidad que generaba la explotación versus la resistencia de los trabajadores a una prestación que calificó como "repugnante".
Para demostrar la vigencia del tema puso como ejemplo dos casos recientes: El de los indios de Siporo, que exigían su liberación del yanaconazgo en contra de los dueños de una hacienda. El nuevo otorgamiento de mita a un tal Luis Orueta, azoguero de Potosí, caso que había provocado "con mayor ardor" la reacción de los pobladores de Chayanta.
Moreno finalizó su exposición sosteniendo de que así como se habían eliminado las encomiendas por ser "poco conformes a la libertad y privilegios de los indios, se puede esperar lo mismo con el servicio de la mita".