El pogromo de 1919 en Buenos Aires, que sus propios perpetradores llamaron con crudeza la «caza del ruso», fue una ola de saqueos, torturas y asesinatos contra la comunidad judía porteña entre el 10 y el 14 de enero de 1919. Ocurrió en medio de la represión estatal y parapolicial que caracterizó a la Semana Trágica, desatada tras la huelga en los talleres metalúrgicos de Pedro Vasena e Hijos.
Historiadores, sociólogos y especialistas en estudios sobre genocidio coinciden en señalarlo como el único pogromo antijudío documentado formalmente en el continente americano. Durante cinco días, jóvenes de la alta sociedad porteña agrupados en la "Juventud Civil" (germen de la futura Liga Patriótica Argentina) avanzaron sobre los barrios de Once y Villa Crespo con la complicidad, y a menudo la participación directa, de efectivos de la Policía Capitalina. Destruyeron comercios, bibliotecas e instituciones comunitarias y agredieron a familias enteras por su origen étnico o religioso.
Contexto histórico y sociopolítico
La inmigración judía en el Río de la Plata Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, la Argentina se transformó en uno de los principales destinos de la diáspora judía europea, empujada por las persecuciones del Imperio ruso y el hambre en la Zona de Asentamiento. Tras la llegada de los colonos de la Jewish Colonization Association, impulsada por el barón Maurice de Hirsch, miles de inmigrantes ashkenazíes se instalaron en Buenos Aires, sobre todo en Once, Villa Crespo y Barracas.
En el habla porteña se extendió el uso de "ruso" para nombrar a cualquier persona judía, sin importar si venía realmente del Imperio ruso, de Polonia, de Rumania o de Galitzia. Al mismo tiempo, la comunidad fue construyendo una red institucional propia: mutuales, sociedades de socorro, sindicatos, periódicos en ídish (como Di Presse y Di Yiddische Zaitung) y bibliotecas populares.
La paranoia anticomunista tras la Revolución Rusa El triunfo de la Revolución Rusa de 1917 encendió una fuerte alarma entre la élite agroexportadora, los sectores conservadores y la cúpula de las fuerzas armadas argentinas. Diarios de gran tirada como La Prensa y La Nación contribuyeron a instalar la idea de un "peligro maximalista" (bolchevique) que amenazaba al país.
Ese discurso terminó equiparando al inmigrante trabajador de Europa del Este con un revolucionario, anarquista o bolchevique dispuesto a derrocar al gobierno de Hipólito Yrigoyen e instaurar un régimen comunista en el Río de la Plata. El sesgo antisemita hizo el resto: asoció de manera directa el origen judío con la agitación obrera, en lo que se conoce como el mito del judeo-bolchevismo.
Desarrollo de los hechos
La huelga de Vasena y el estallido de la violencia En diciembre de 1918, los obreros de la fábrica Pedro Vasena e Hijos, en el barrio de San Cristóbal, iniciaron una huelga para reclamar la jornada de ocho horas, el descanso dominical y mejoras salariales. La negativa de la patronal a negociar, sumada al uso de rompehuelgas protegidos por la policía, derivó en enfrentamientos armados cada vez más graves.
El 7 de enero de 1919, una represión policial dejó cuatro obreros muertos y disparó una huelga general respaldada por la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Dos días después, Buenos Aires estaba paralizada y bajo fuego cruzado. El gobierno nacional puso la pacificación en manos del general Luis Dellepiane, que movilizó tropas del Ejército y de la Marina hacia la capital.
La formación de las milicias armadas En medio de la parálisis urbana y de una histeria social creciente, jóvenes de familias acomodadas de Recoleta, Retiro y Palermo se congregaron en el Centro Naval y en comisarías del centro. Con pistolas facilitadas por autoridades policiales y militares, se organizaron bajo el nombre de "Juventud Civil" o "Guardia Cívica", conducidos por figuras como Manuel Carlés y el almirante Manuel Domecq García. Semanas después, ese grupo paramilitar terminaría formalizándose como la Liga Patriótica Argentina.
Ataque al barrio de Once y persecución Desde la tarde del 10 de enero, las bandas de la Juventud Civil recorrieron en automóviles y camiones los barrios con mayor densidad de población judía, sobre todo el eje de las avenidas Corrientes, Rivadavia y Pueyrredón, en Once.
Al grito de «¡Muerte a los rusos!», «¡Viva la patria!» y «¡Abajo los maximalistas!», la violencia parapolicial tomó un carácter marcadamente antisemita y xenófobo. Entre las acciones que se repitieron esos días se destacan:
Destrucción de patrimonio cultural y comercial: las milicias irrumpieron en comercios, farmacias e imprentas comunitarias, y encendieron hogueras en la calle con muebles, libros sagrados y material impreso en alfabeto hebreo, entre ellos ejemplares del diario Yiddishe Tzitung y del centro cultural Avangard. Ataques físicos y humillaciones públicas: los grupos paramilitares detenían a transeúntes; a quienes identificaban como judíos les cortaban o arrancaban la barba a la fuerza, los golpeaban con rebenques o culatas de armas y los obligaban a arrodillarse y cantar el Himno Nacional Argentino. Violencia sexual: cronistas de la época y testimonios de sobrevivientes documentaron violaciones cometidas por estas patotas al irrumpir en viviendas del barrio de Once.
El secuestro y tortura de Pinie Wald El caso que mejor resume el sesgo antisemita de la represión es la detención del periodista, escritor y militante laborista Pinie Wald. Tras un allanamiento policial en la sede de la organización obrera socialdemócrata Poale Zion, Wald fue arrestado y llevado a la Jefatura de Policía.
Allí lo acusaron, sin ninguna base, de ser el "presidente del Sóviet de Buenos Aires" y de encabezar un supuesto plan bolchevique para tomar el poder en el país. Durante varios días fue sometido a torturas físicas y psicológicas por comisarios y agentes de la Policía Capitalina. Años después volcó esa experiencia, y el clima de persecución de esos días, en su libro autobiográfico Koshmar (Pesadilla), escrito originalmente en ídish en 1929 y traducido más tarde al castellano.
La muletilla "Yo, argentino" Fue justamente durante los ataques en la calle, a manos de la Liga Patriótica, cuando se popularizó la frase «Yo, argentino».
La expresión funcionaba como una respuesta desesperada, casi un salvoconducto verbal, ante el abordaje de las patotas ultranacionalistas armadas. Decir «Yo, argentino» era un intento de probar la nacionalidad nativa, o al menos el alineamiento con el nacionalismo reinante, para eludir las palizas, las detenciones ilegales o los fusilamientos sumarios que los grupos parapoliciales ejecutaban en las calles porteñas.
Reacciones y denuncias contemporáneas A pesar de la censura de prensa impuesta por el estado de sitio, algunos periodistas locales e internacionales lograron dejar constancia del pánico que vivía la comunidad judía.
El cronista Juan José de Soiza Reilly publicó artículos muy duros en la revista Caras y Caretas, donde denunció los ataques sufridos por trabajadores inocentes a manos de la llamada "Juventud Civil".
Al mismo tiempo, una comisión de dirigentes de la comunidad judía, encabezada por representantes de la mutual Jevrá Kedushá, pidió audiencias urgentes con el general Luis Dellepiane y con el presidente Hipólito Yrigoyen. En esas reuniones exigieron el cese inmediato del hostigamiento policial y parapolicial, desmintieron la existencia de cualquier conspiración ruso-judía y consiguieron finalmente la liberación de Pinie Wald y de otros detenidos.
Impacto e historiografía Las cifras de muertos de la Semana Trágica en su conjunto varían mucho según la fuente, entre 100 y más de 700, pero se calcula que decenas de esas víctimas fatales, y cientos de los heridos registrados entre el 10 y el 14 de enero de 1919, pertenecían a la comunidad judía.
Para la historiografía contemporánea, con autores como Haim Avni, Leonardo Senkman, Daniel Feierstein y Edgardo Bilsky, el pogromo de 1919 marca un punto de inflexión en la historia argentina, por al menos tres razones:
Consecuencias Los grupos civiles armados que actuaron durante el pogromo dieron origen a la Liga Patriótica Argentina, organización que conservaría un poder de presión considerable sobre la política argentina durante las décadas de 1920 y 1930. También se produjo una reorganización de la colectividad judía. La violencia vivida impulsó a la comunidad a fortalecer sus propias estructuras de autodefensa, asistencia legal y organización comunitaria frente a nuevos brotes de discriminación. Además, el pogromo porteño sigue siendo el episodio de persecución antisemita coordinada más grave del que se tenga registro en la historia americana, con un desarrollo similar a los episodios ocurridos en Europa del Este.
Véase también Semana Trágica (Argentina) Liga Patriótica Argentina Antisemitismo en Argentina Historia de los judíos en Argentina Pinie Wald Manuel Carlés
Referencias
Lectura adicional Avni, Haim (1983). Argentina y la historia de la inmigración judía (1810-1950). Buenos Aires: AMIA / Universidad Hebrea de Jerusalén. ISBN 950-9323-00-6. Bilsky, Edgardo J. (1984). La Semana Trágica. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. ISBN 950-25-0049-2. Feierstein, Daniel (2000). Introducción a los estudios sobre genocidio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. ISBN 978-950-557-362-2. Rock, David (1997). El radicalismo argentino, 1912-1930. Buenos Aires: Amorrortu. ISBN 950-518-031-6. Senkman, Leonardo (1989). El antisemitismo en la Argentina. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. ISBN 950-25-1558-9. Wald, Pinie (1987). Koshmar (Pesadilla). Buenos Aires: Editorial Ameghino.
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