Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (Taxco, 1581-Madrid, 4 de agosto de 1639) fue un escritor novohispano del Siglo de Oro que impulsó distintas variantes de la dramaturgia. Entre sus obras destaca La verdad sospechosa, comedia que constituye una de las obras claves del teatro barroco hispanoamericano y es comparable a las mejores piezas de Lope de Vega o Tirso de Molina.«La verdad sospechosa posee una importancia capital en la historia del teatro español y aun del teatro europeo, por ser el primer campo de batalla donde triunfa definitivamente la comedia de carácter sobre la comedia de enredo», Castro Leal, Antonio (ed), «Introducción», La verdad sospechosa, México, Porrúa, 1961, pág. 58. Para opiniones de críticos extranjeros en esta misma línea, como Willard F. King o Ángel Valbuena, cfr. ibidem, pág. 60.
Su producción literaria se adscribe al género de la comedia de carácter. Forjó un estilo construido a partir de personajes con identidades muy bien definidas, profundas y difíciles de entender en una primera lectura. Dominó el juego de palabras, y las asociaciones ingeniosas entre estas y las ideas dieron como resultado un lenguaje lleno de refranes, capaz de expresar una gran riqueza de significados.
El pensamiento de Alarcón es moralizante, como corresponde al período barroco. El mundo es un espacio hostil y engañoso donde prevalecen las apariencias frente a la virtud y la verdad. Ataca las costumbres y vicios sociales de la época, aspecto que lo distinguió notablemente del teatro de Lope de Vega, con el que no llegó a simpatizar. Es el más psicólogo y cortés de los dramaturgos barrocos y sus obras se centran siempre en ámbitos urbanos, como en Las paredes oyen y Los pechos privilegiados. Su producción, escasa en cantidad si se compara con la de otros dramaturgos contemporáneos, posee una gran calidad y unidad de conjunto, y fue muy influyente e imitada en el teatro extranjero, particularmente en el francés.
Todo ello le ha valido a Alarcón ser considerado un influyente dramaturgo del barroco español. No fue bien valorado por sus contemporáneos y su obra permaneció en el olvido hasta bien entrado el , cuando fue rescatada por Juan Eugenio Hartzenbusch. A pesar de que su producción se desarrolló en España, el pensamiento generado en la Nueva España a causa de sus obras fue importante para su posterior apogeo y el influjo de las tradiciones entre ambas regiones resulta inherente a la forma de reflejar el estilo de vida en dichas épocas.Pedro Henríquez Ureña, «Don Juan Ruiz de Alarcón», Seis ensayos en busca de nuestra expresión, Buenos Aires, Raigal, 1952, págs. 91-113. ISBN 84-89666-34-2.
Biografía Las noticias sobre la infancia de Juan Ruiz de Alarcón son escasas, por lo que no se sabe con exactitud el lugar y la fecha de su nacimiento. Aunque según el propio dramaturgo, nació en la Ciudad de México en 1580 o 1581, la mayoría de los estudios consideran la localidad de Taxco (en el actual estado de Guerrero) como el verdadero lugar de nacimiento.
Sus opositores alegaron que su abuelo materno era judío y que su abuelo paterno era hijo de un sacerdote de Buenache de Alarcón y de una esclava mora; sin embargo, la notoriedad de distintos miembros de su linaje en la sociedad novohispana y su buena recepción por parte de la aristocracia peninsular indican que provenía de una familia hidalga bien relacionada con la nobleza castellana, pero asentada en la Nueva España.
Estudió, de 1596 a 1598, el bachillerato en Cánones, en la Real y Pontificia Universidad de México. Hacia 1600 debió partir a la Universidad de Salamanca, gracias a la capellanía de Gaspar Ruiz de Montoya, donde aprendería derecho civil y profundizaría en el derecho canónico.
Durante su estancia en Salamanca, según varios autores, Alarcón comenzó a destacar como autor de piezas dramáticas y ensayos. Para 1606 marchó a Sevilla con el propósito de ejercer como litigante en asuntos mercantiles y canónicos. Allí conoció a Miguel de Cervantes Saavedra, quien influiría posteriormente en sus obras, como La cueva de Salamanca y El semejante a sí mismo.
En los primeros meses de 1607 decidió regresar a Nueva España. Dos años después obtuvo el título de licenciado en derecho e hizo oposiciones, sin éxito, a varias cátedras. No llegó a doctorarse, tal vez por falta de recursos económicos. Gracias al virrey Luis de Velasco y Castilla, amigo de Alarcón, este puede ascender en la burocracia virreinal, pues se le nombró teniente corregidor. Al partir Velasco a España, en 1611, Ruiz de Alarcón se embarca junto con la comitiva del virrey.
A su llegada a Madrid, comienza la etapa más fructífera de su producción literaria. Sus primeras obras en representarse fueron Las paredes oyen y Los pechos privilegiados, ambas con moderado éxito. Pronto fue conocido en el círculo literario madrileño, aunque nunca estableció vínculos profundos con ninguno de sus integrantes. Por el contrario, se ganó la enemistad de Lope de Vega,Margarita Peña Muñoz, Los varios tonos de la relación Lope de Vega-Juan Ruiz de Alarcón , Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2005. Luis Vélez de Guevara, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo y otros. Se conservan muchas redondillas satíricas y alusiones veladas a Alarcón, quien siempre fue ridiculizado por su físico —era jorobado— y por su origen americano. El novohispano, por su parte, respondió a la mayoría de los ataques hacia su persona y nunca dejó de escribir.
Entre los estudiosos del taxqueño se ha planteado una hipótesis sobre la posible colaboración de Ruiz de Alarcón y Tirso de Molina, uno de los más famosos literatos de su tiempo y quien más influyó en su obra. No existen pruebas escritas sobre la colaboración de ambos, aunque se supone que, por lo menos, dos de las comedias de Tirso, publicadas en la Segunda parte (Madrid, 1635), pertenecen a Alarcón. Para Castro Leal, sin embargo, el que en un tomo de Tirso figuren comedias de otros de ninguna manera prueba que pertenezcan a Alarcón.
Con la subida al trono de Felipe IV, en 1621, el teatro cobró una gran importancia en la corte real. Alarcón pronto entabla una ventajosa amistad con el yerno del poderoso conde-duque de Olivares, Ramiro Núñez de Guzmán, a cuya sombra creció aún más como poeta. Entre 1622 y 1624 escribe La amistad castigada, El dueño de las estrellas y la mayoría de sus obras teatrales.
Desde 1625 había servido en el Consejo de Indias, gracias a la intercesión de su amigo Ramiro Núñez de Guzmán. Primero ocupó el puesto de relator interino y en 1627 fue propuesto para una prebenda eclesiástica en América, lo que no fue aceptado. Su posición económica, como afirma un documento fechado en 1628, mejoró notablemente. También reconoció como hija suya a Lorenza de Alarcón, habida con Ana de Cervantes hacia 1620.
Durante los primeros meses de 1639, la salud de Alarcón comenzó a deteriorarse. Dejó de asistir a las reuniones del Consejo de Indias y fue sustituido en su cargo de relator. El 1 de agosto dictó su testamento, donde consigna todas sus deudas y deudores. Murió la mañana del 4 de agosto y fue enterrado en la parroquia de San Sebastián.
Obra miniatura |Grabado de Juan Ruiz de Alarcón, por E. Gimeno, México a través de los siglos.Riva Palacio, Vicente. México a través de los siglos, t. II. México: Ballescá, 1884, pág. 745.
Publicó veinte comedias en dos volúmenes:
el primero, con ocho, en 1628 (Los favores del mundo, La industria y la suerte, Las paredes oyen, El semejante a sí mismo, La cueva de Salamanca, Mudarse por mejorarse, Todo es ventura y El desdichado en fingir); el segundo, con doce, en 1634 (Los empeños de un engaño, El dueño de las estrellas, La amistad castigada, La manganilla de Melilla, Ganar amigos, La verdad sospechosa, El anticristo, El tejedor de Segovia, Los pechos privilegiados, La prueba de las promesas, La crueldad por el honor y El examen de maridos).
Algunas comedias más se publicaron en distintas colecciones, como Quien mal anda mal acaba, No hay mal que por bien no venga y La culpa busca la pena, y el agravio la venganza. Otras obras de Alarcón son Siempre ayuda la verdad, comedia de intención moralizante, y Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza (1622, escrita en colaboración).
La obra dramática de Juan Ruiz de Alarcón puede clasificarse en dos grandes grupos:
El primero, la comedia histórica, aborda temas de la historia de España —especialmente del período de la Reconquista—, cuyas fuentes fueron Juan de Mariana y Jerónimo Zurita. Estas obras, de trama casi folletinesca, incluyen caracteres llenos de bravura y fidelidad, a fin de representar ideales moralizadores afines a la tradición del honor castellano. Esta tendencia moralizadora nutre casi todas sus comedias, en especial Ganar amigos. Dos obras que escapan a la ubicación habitual de las comedias históricas alarconianas son La amistad castigada, situada en Sicilia, y El dueño de las estrellas, drama sobre el honor y las buenas costumbres cuyo telón de fondo es Creta.
El segundo grupo contiene las comedias moralizadoras, cuya intención es eminentemente ética. Son las más conocidas del conjunto alarconiano, entre ellas La verdad sospechosa y Las paredes oyen, que son las obras más valoradas de Alarcón y las que más influencia han ejercido en la literatura posterior. La prueba de las promesas, basada en un cuento de don Juan Manuel, es otra pieza dramática que ha recibido buena acogida por parte de la crítica especializada.
Cronológicamente, la obra de Juan Ruiz de Alarcón puede clasificarse en tres grupos:
El primero (1607-1612), concebido durante su estancia en Sevilla y la Nueva España, refleja el frustrado interés de Alarcón por imitar la comedia de enredo.
El segundo grupo (1613-1618) es el más famoso del dramaturgo: comedias de carácter donde se muestran sus fallidas pretensiones por alcanzar un lugar en la corte.
El último de ellos (1619-1625) contiene comedias que abordan el tema del honor y sus conflictos derivados.
Primer volumen de sus comedias (1628)
Los favores del mundo
miniatura |Parte primera de las comedias de don Juan Ruiz de Alarcón.
En esta compleja trama de marcado carácter amoroso se da una situación de amor desigual: la dama Anarda, de la más rancia aristocracia castellana, se ha enamorado del noble García Ruiz de Alarcón —posible ancestro del dramaturgo—, pero ambos deberán sobrevivir a las intrigas de su enemigo Juan de Luna y de doña Julia. El noble y generoso don García, personificación del dramaturgo, triunfa en el amor gracias a su perseverancia, ya que nunca se dejó caer ante las imbatibles pruebas que le presentó el destino.
Alarcón introduce en Los favores del mundo una modificación sustancial a su estilo dramático. A pesar de que, a primera vista, se trata de una comedia de enredo, su final queda abierto para los lectores que conocen la postura reformista del dramaturgo novohispano. El príncipe, como se puede ver en algunos versos finales, no está dispuesto a renunciar a Anarda, aunque esta se haya casado con García Ruiz. Este recurso, para un público acostumbrado a los finales cerrados de los dramas lopescos, podría parecer desconcertante.
Por tratarse de una comedia social, Alarcón castiga las falsedades en cuestión de amores, ridiculizando la falta de verosimilitud en dichas situaciones dramáticas. Este es el caso de Los favores del mundo, donde se descubre a un galán valiente incapaz de arredrarse ante cualquier obstáculo. Esta obra, según Castro Leal, podría considerarse un "puente de transición" en la obra dramática del taxqueño, en la que se cree que Alarcón empieza a experimentar con la comedia de caracteres —abandonando la comedia de enredo— y a lograr una más cuidada estructura. También representa la dualidad dramática de Alarcón: por un lado maneja el libre albedrío, por el otro defiende la omnipotencia divina.
La industria y la suerte