miniaturadeimagen|Desde tiempos antiguos, las formaciones geológicas inusuales han incitado la imaginación humana, creándose en torno a ellas fábulas y leyendas. Tal es el caso para diversas sociedades de las inexplicables rocas errantes, de origen glaciar.
La mitología (del latín tardío mythologĭa, y éste del griego μυθολοɣία) es un conjunto de mitos relativamente cohesionados o paralelamente adheridos: relatos que forman parte de una determinada religión o cultura. También se les denomina mitos a los discursos, narraciones o expresiones culturales de origen sagrado, y que posteriormente fueron secularizados y tratados como discursos relativos a una cultura, a una época o a una serie de creencias de carácter imaginario.
Los mitos son relatos basados en la tradición y en la leyenda, creados para explicar el universo, el origen del mundo, los fenómenos naturales y así como también para cualquier suceso para el cual no haya una explicación conocida. Sin embargo, no todos los mitos tienen por qué tener este propósito explicativo. Igualmente, la mayoría de los mitos están relacionados con una fuerza natural o deidad, pero muchos son simplemente historias y leyendas que se han ido transmitiendo oralmente de generación en generación.
Etimología El término griego μυθολοɣία (mythología) está compuesto de dos palabras: mythos (μῦθος), que en griego clásico significa aproximadamente ‘el discurso’, ‘palabras con actos’ (Esquilo: «ἔρɣῳ κοὐκέτι μύθῳ», ‘de la palabra al acto’)Esquilo, Prometeo encadenado, 1080 y, por extensión, un ‘acto de habla ritualizado’, como el de un jefe en una asamblea, o el de un poeta o sacerdote o un relato (Esquilo: «Ἀκούσει μῦθον ἐν βραχεῖ λόɣῳ», ‘la historia completa que oirás en un breve lapso de tiempo’).Esquilo, Los persas, 713 logos (λόɣος), que en griego clásico significa: la expresión (oral o escrita) de los pensamientos y también la habilidad de una persona para expresar sus pensamientos (logos interior).
Mitología y religión miniaturadeimagen|El Teide (Tenerife), según la Mitología guanche, esta montaña era la morada de Guayota, el demonio. La mitología aparece de manera prominente en la mayoría de las religiones y, de igual modo, la mayoría de las mitologías están relacionadas con, al menos, una religión. Sobre Cassirer, «el mito es, desde su comienzo, una religión en potencia».
El término se suele usar más frecuentemente en este sentido para referirse a las religiones fundadas por sociedades antiguas, como la mitología griega, la mitología romana y la mitología escandinava. Sin embargo, es importante recordar que, mientras que algunas personas ven los panteones escandinavo y celta como meras fábulas, otros las consideran religiones (véase neopaganismo). Del mismo modo, ello también sucede al analizar las mitologías de los pueblos indígenas (ejemplo la Mitología de América del Sur); en el que se pueden observar casos en que aún se profesan las religiones nativas.
Generalmente, muchas personas no consideran los relatos que rodean al origen y desarrollo de religiones como el cristianismo, judaísmo e islam, como crónicas literales de hechos, sino como representaciones figurativas o simbólicas de sus sistemas de valores.
Aun así, igualmente, muchas personas entre ellos ateos, agnósticos, o creyentes de algunas de estas mismas religiones, emplean las palabras mito y mitología para caracterizar como falsas o a lo sumo dudosas, las historias que aparecen en una o más religiones, o a las religiones diferentes a la que es creyente. De este modo la gente que pertenece a la mayoría de las religiones que están presentes actualmente, se ofende cuando se toma a su fe como un conjunto de mitos; ya que para ellos, esto, equivale a decir que su religión en sí es una mentira, lo cual va en contra de sus creencias. Ejemplo de ello sucede en muchos grupos cristianos en relación con los relatos de la Biblia, en el cual sus creyentes no consideran, generalmente, que sean mitológicas algunas de sus historias, y que solo se usa esta palabra para referirse a ellas en un sentido peyorativo.
Sin embargo, la mayoría de la gente está de acuerdo con que cada religión tiene un conjunto de mitos que se ha desarrollado alrededor de sus escrituras religiosas; ya que en sí la palabra mito se refiere a hechos que no son posibles de ser verificados de manera objetiva. De este modo, igualmente se considera que se puede hablar de mitología judía, mitología cristiana o mitología islámica, para referirnos a los elementos míticos que existen en estas creencias; sin hablar de la veracidad de los principios de la fe o de las versiones de su historia; pues la creencia de su religión como algo verdadero compete a la fe y creencias de cada persona, y no del estudio de los mitos.
Ejemplo de ello, son los sacerdotes y rabinos de hoy en día dentro de los movimientos judíos y cristianos más liberales, además de los neopaganos, que no tienen problemas en admitir que sus textos religiosos contienen mitos. Así, ven sus textos sagrados como verdades religiosas, reveladas por inspiración divina, pero mostradas en el lenguaje del género humano. Aun así, como sucede en todo ámbito, otros, al contrario, no están de acuerdo con ello.
La relación entre mito y religión, según José Manuel Losada, es una convivencia «íntima», dado que ambos tipos de relato remiten a la trascendencia sagrada. Sin embargo, se diferencian en «objeto, métodos y fines». Los mitos no se reducen a un sistema dogmático como las religiones, aunque también exploran relatos sobre esa trascendencia. Las fuentes también constituyen una diferencia importante – las religiosas son más universales, en tanto que las de mitología son más culturales. Algunos capítulos del Antiguo Testamento y del Apocalipsis del Nuevo Testamento, por ejemplo, son «relato[s], narrado[s] en forma mítica (...)». Sin embargo, Losada subraya que los estudios religiosos forman una parte fundamental de la mitocrítica – sirven como una área útil si se mantiene el respeto para las diferencias metodológicas de ambas partes.
La mitología moderna no religiosa Aunque normalmente mucha gente relaciona a la mitología con culturas antiguas o religiones; no siempre es así. Por ejemplo, series de televisión, libros e historietas, y juegos de rol entre otros, que logran formar un universo ficticio propio; adquieren componentes mitológicos muy importantes que incluso a veces pueden llegar a dar lugar a profundos y complicados sistemas filosóficos. Un ejemplo excelente de este tipo de mitología es la desarrollada por J. R. R. Tolkien en sus libros El Silmarillion y El Señor de los Anillos, entre otros escritos, a la que él denominó legendarium, o Los Mitos de Cthulhu, que surgen de la unificación de las novelas de H. P. Lovecraft y su círculo. Estos últimos explican todo el universo partiendo de una física desconocida (ya que supone que nuestros conocimientos del universo y de las ciencias tienen premisas erróneas), y la no existencia de Dios, donde criaturas de más allá de la comprensión humana habitan el universo desde el principio de los tiempos. Según esto, la humanidad es una simple mota de polvo sin importancia para ellos. A nuestros ojos son como dioses, denominados primigenios, y los más poderosos de entre ellos, dioses exteriores y dioses arquetípicos.
Otros ejemplos que se pueden mencionar son los mundos ficticios creados por las novelas de Dragonlance, la serie Star Trek, las películas de Star Wars, o el manga Saint Seiya.
Algunos críticos opinan que por el hecho de que los personajes principales y los ciclos de historias de las narraciones modernas no sean de dominio público, las leyes sobre derechos de autor impiden a los autores independientes continuar ciclos de historias modernas, evitando que dichas sagas de personajes compartan algunas de las características esenciales de las mitologías; por lo menos, hasta que se cumpla el plazo de derechos de autor y pasen a ser de dominio público. A pesar de eso, los propietarios de los derechos de autor en ocasiones continúan las historias con otros autores, como es el caso de personajes como Tarzán y las novelas de Conan (originarias de Robert E. Howard) de L. Sprague de Camp, o los cómics de superhéroes, la mayoría de los cuales han tenido docenas de autores.
El mito narra eventos extraordinarios que suceden en el tiempo, pero fuera del marco de la historiografía moderna. Estos eventos se desarrollan en un ámbito ficticio que no puede fijarse dentro de coordenadas históricas. Esta brecha entre mito e historia conduce a menudo a atribuir rasgos míticos a figuras históricas o literarias. De ahí la necesidad de analizar el proceso de pseudo-mitificación.
Como explica José Manuel Losada, la pseudo-mitificación se refiere a un proceso por el cual una figura histórica, un personaje literario, un animal, un objeto o incluso una idea es percibido erróneamente bajo las características de la trascendencia sagrada propias del mito. Esto significa que podemos «mitificar» el fenómeno de la fama de Taylor Swift o el personaje de James Bond. Pero ni Taylor Swift ni James Bond son mitos: solo personajes históricos o personajes literarios pseudomitificados. En el caso de las figuras históricas, el proceso implica que sean despojadas de sus referencias históricas (deshistorizadas): los hechos reales sobre ellas se olvidan. A través de relatos y narraciones orales, las personas crean «mitos», por ejemplo, un «mito» de Alejandro Magno. En la Mitocrítica Cultural, mito y religión están estrechamente relacionados, pero no se intercambian: ambos remiten a una trascendencia sagrada; sin embargo, la crítica del mito aborda a las divinidades únicamente como figuras narrativas dentro de un discurso simbólico, sin fe canónica. Desde esta perspectiva, considerar «mito» una narración sagrada no pretende emitir un juicio sobre su verdad histórica, sino constituye una descripción y analítica relativas a su estructura y función.
Significados en la antigua Grecia El término μῦθος (mȳthos) aparece en las obras de Homero y otros poetas de la época de Homero, en las que el término tenía varios significados: 'conversación', 'narrativa', 'discurso', 'cuento' y 'palabra.Anderson (2004), p. 61
Similar al término relacionado λόγος (logos), mythos expresa todo lo que puede ser entregado en forma de palabras. Estos pueden contrastarse con el griego ἔργον (ergon, 'acción', 'obra' o 'trabajo'). Sin embargo, el término mythos carece de una distinción explícita entre narrativas verdaderas o falsas.
En el contexto del teatro griego antiguo, los mitos se referían al mito, la narrativa, la trama y la historia de una obra. Según David Wiles, el término griego mythos en esta época cubría un espectro completo de diferentes significados, desde falsedades innegables hasta historias con significado religioso y simbólico.Wiles (2000), pp. 5–6