El concepto de yo (y su etimología latina ego) es un término difícil de definir debido a sus diferentes acepciones.Jesús Padilla Gálvez, Yo, máscara y reflexión, Ed. Plaza y Valdés, Madrid, 2012. ISBN 978-84-15271-51-2. A lo largo de la historia su definición se ha relacionado con otros términos como psique, ser, alma o conciencia. La aproximación académica hace precisiones según la disciplina desde la que se enuncie. El estudio del yo abarca tanto disciplinas de orientación biológica (psicobiología, neurobiología, neuropsicología, etc.) como otras de corte filosófico y humanista. El término se relacionaría con los conceptos de conciencia y cognición.

La pregunta por el yo es quizás uno de los cuestionamientos fundamentales de la humanidad, por lo que no solo ha sido enunciada en el contexto de la ciencia sino en diversos sistemas religiosos y espirituales a lo largo de la historia universal.

En los distintos períodos de la historia han existido diversas opiniones acerca de la índole del yo. Para las concepciones "clásicas", el yo ha sido una sustancia ya sea un "alma" sustancial o meramente una cosa. Otras teorías niegan toda sustancialidad del yo, considerándole solo como un epifenómeno, una función, o un complejo de sensaciones e impresiones. Por último, han existido también teorías que buscan una solución ecléctica intermedia o que se han fundado en algún otro principio divergente.

En lingüística y crítica literaria

En lingüística, teoría de la comunicación, análisis del discurso y crítica literaria, los términos primera persona, yo y ego pueden referir a distintos conceptos relacionados todos con el fenómeno conocido como deixis y con el concepto de emisor. El emisor de un mensaje es el agente que produce un enunciado en determinado código durante un acto de habla. La primera persona gramatical es la categoría que marca al emisor al nivel de la gramática. La persona gramatical se expresa variablemente en la gramática de las lenguas humanas en sistemas de pronombres personales, así como en reglas de concordancia nominal o verbal. Por oposición, a nivel del discurso y de la retórica, el emisor es referido mediante los términos yo del discurso, yo de la narraciónAsencio Navarro, Raúl Enrique. "El manuscrito hallado y el alejamiento del yo en dos autores contemporáneos: José Jiménez Lozano y Vicente Luis Mora." Entre la tradición y la novedad. Nuevas perspectivas sobre las culturas y literaturas del mundo hispanohablante;. Wydawnictwo Uniwersytetu Łódzkiego, 2020. https://dspace.uni.lodz.pl/handle/11089/34629 o primera persona del discurso.Serrano, María José. "La producción de la cortesía verbal y la deixis socio-comunicativa." Oralia: análisis del discurso oral 3 (2000): 199-219. https://ojs.ual.es/ojs/index.php/ORALIA/article/download/8513/7025 En actos de habla indirectos, la primera persona del discurso puede expresarse mediante rasgos gramaticales distintos a la primera persona gramatical. El plural mayestático es el uso de una primera persona plural gramatical («nosotros») para codificar a un emisor único.

En teoría literaria y narratología, yo de la narración, yo poético o narrador en primera persona sirve para referir al emisor ficticio de una obra literaria, para distinguirlo del autor.

En antropología y genealogía

En antropología del parentesco y genealogía, sobre todo para describir el significado de los términos de parentesco en determinada lengua o etnia, el Ego (o el «Yo») es el individuo que se toma de referencia para definir cada término. De ese modo, se define cada término o posición mediante sus relaciones de parentesco o filiación con Ego.

En filosofía

En español según una explicación simplista que aporta la Real Academia Española en su DRAE el yo señala la realidad personal del que habla o del que escribe y refiere asimismo a todo sujeto humano en su calidad de persona.

El concepto de yo ha desempeñado un lugar central en la obra de numerosos filósofos; por ejemplo en la enunciación original (en francés) del cogito ergo sum hecha por Descartes (quien usa la palabra francesa je como equivalente yo) que trata de probar la independencia del alma o mente (el yo) del cuerpo.

El filósofo empirista John Locke define al yo como "esa cosa de pensamiento consciente (cualquiera que sea la sustancia, ya sea espiritual, material, simple o compuesta, no importa) que sea sensible o consciente de placer y dolor, capaz de felicidad o miseria, y así se preocupa por sí mismo, en la medida en que esa conciencia se extienda". Sin embargo, no ignora la "sustancia", y escribe que "el cuerpo también va a hacer al hombre". John Locke consideraba que la identidad personal es una cuestión de continuidad psicológica que se basa en la conciencia (es decir, la memoria), no en la sustancia del alma o del cuerpo.

David Hume sostuvo que toda idea viene de una impresión sensible, pero al igual que la sustancia, no tenemos ninguna impresión del yo en sí. Él declara en su Tratado de la naturaleza humana:

Los filósofos empiristas como Hume y Berkeley, aplicaron la teoría del haz, "bundle theory" al concepto de identidad, y por consiguiente, a la identidad personal. Al contrario de la demostración de Descartes de la independencia del yo (pienso, luego existo), esta teoría sostiene la mente es un conjunto de percepciones sin unidad o cualidad cohesiva. El yo no es más que un conjunto de experiencias vinculadas por las relaciones de causalidad y semejanza. Curiosamente, Gauthama Buda había llegado a conclusiones similares varios siglos antes. El yo es el resultado de nuestro hábito natural de atribuir la existencia unificada a cualquier colección de partes asociadas. Esta creencia es natural, pero no hay un soporte lógico para ello.

Su posición básica, como escéptico moderado, es que la esencia de la mente es desconocida y no tenemos ninguna razón empíricamente justificable para creer en la existencia de un sujeto persistente, o una mente ontológicamente distinta a una serie de experiencias.

Esta visión fue transmitida por intérpretes positivistas, que vieron a Hume como sugiriendo que términos como "sí mismo", "persona" o "mente" se referían a colecciones de "contenidos sensoriales". Como lo expresa el William James:

Derek Parfit ha presentado una versión moderna de la teoría en su obra Razones y personas. La negación bien argumentada de un yo sustancial precipitó una crisis filosófica de la que Immanuel Kant intentó rescatar la filosofía occidental a través de la distinción entre el yo empírico y el yo trascendental. Kant trata al egō principalmente como una base de la gnoseología, para Kant el yo es la unidad asociada a la totalidad de las representaciones y el "yo pienso" es la pura apercepción, así gnoseológicamente el yo es la transcendental unidad de apercepción, tal unidad posee un carácter objetivo que le hace diferir del carácter subjetivo de la conciencia. Pero ese yo es un yo del conocimiento, en cuanto se le plantean a Kant cuestiones derivadas del paso de la razón teórica a la razón práctica le es imposible conservar el criterio de la unidad aperceptiva transcendental por lo que se hace necesario la inclusión del egō en una realidad más amplia la cual en lugar de preceder a la sociedad y a la historia tal unidad más amplia es la mismísima historia, así, pese a las grandes diferencias ocurridas entre ambos pensadores el egō kantiano tiene similitudes con la Razón en cuanto es dialecticamente equiparable al "espíritu" (Geist) que teoriza Hegel aunque tanto la "Razón" (acaso equiparable al logos) y el "espíritu" (o "Geist") hegelianos resultan algo muy superior al egō y el egō les es subordinado en el devenir de la historia.Fenomenología del Espíritu; Pre-Textos, 2006, ISBN 84-8191-764-8.

Para Schopenhauer, quien se consideraba proseguidor de Kant y a la vez se encontraba influido por la idea de maya procedente del hinduismo y del budismo el yo era una expresión o representación (Vorstellung) ilusoria de una voluntad (Wille) material e inconsciente.El mundo como voluntad y representación. Introducción de E. Friedrich Sauer. Editorial Porrúa - México, 1987. ISBN 968-432-886-9. Luego el concepto de yo toma especial relevancia en la filosofía romanticista que se halla en los sistemas del joven SchellingRoberto Augusto, «La libertad incondicionada del Yo absoluto en el joven Schelling», en: Thémata. Revista de Filosofía, Universidad de Sevilla, n.º 41, 2009, pp. 39-56. y en la obra de Fichte. Estos dos pensadores consideraban que el yo común tenía como referente a un Yo absoluto que era totalmente incondicionado y la base de todo conocimiento; muy importante es saber que para Fichte el Yo (aquí con mayúscula ya que no es un "mero" yo, sino una especie de entidad superior) es la realidad previa a la separación entre sujeto y objeto (sin los matices metafísicosVéase una crítica al "yo" idealista en: Jesús Padilla Gálvez, Yo, máscara y reflexión, Ed. Plaza y Valdés, Madrid, 2012. pp. 79-94. más de un siglo después Jacques Lacan llegará a algunas conclusiones preliminares semejantes aunque en un contexto muy diferente).

Omitiendo a los postkantianos y replanteando al cogitō cartesiano; Sartre considera que el egō no es un «habitante» de la conciencia, tampoco es la base de la conciencia ni puede ser confundido con la misma sino que es un objeto pasible de ser estudiado por la conciencia, es decir el egō transciende a la conciencia en cuanto puede virtualmente ser situado fuera de la conciencia, por ende el egō en la teoría de Sartre es un objeto proyectado fuera de la conciencia y no es ni la conciencia ni el sujeto, aunque en el discurso vulgar o ingenuo usual los conceptos conciencia, egō y sujeto suelen ser confundidos en una sola cosa: la conciencia puede estudiar al egō y eso significa que el egō puede ser puesto como transcendente por y para la conciencia (la palabra "transcendencia" en el discurso sartreano está exenta de significado metafísico, espiritual o preternatural, el egō es transcendente porque "está afuera de la conciencia") y estudiado por la misma conciencia.Jean-Paul Sartre, La transcendance de l'ego (La transcendencia del ego), Ed. Vrin, París, 1992 . La posición de Sartre es muy original ya que (aún con patentes visos de fenomenología y ya con elementos de existencialismo) parte de la conciencia definida por la intencionalidad, y va a construir una filosofía de la conciencia que no es ya solo una filosofía del sujeto (con esto evita una filosofía subjetiva y busca —a través del egō en cuanto objeto de la conciencia— una filosofía objetiva). Mediante un análisis de tipo fenomenológico constata y analiza al egō en su doble componente: el je (yo deíctico) y el moi (yo pronominal).

Debates en torno a la idea del yo Dentro de la ciencia existen corrientes fundamentadas en posturas filosóficas como el materialismo eliminativo que no toman al yo como un objeto de estudio científico válido, por no contar con correlatos físicos o neurobiológicos exactos que sustenten la existencia de dicha instancia. Otras posturas como el emergentismo considera el yo como un objeto de estudio válido el cual es un producto emergente de las funciones del organismo biológico en interacción con su medio.

En psicología

En psicología, yo, más frecuentemente (como en antropología) referido con el universal latinismo egō; y en alemán: Ich y en francés je (yo deíctico) o moi (yo pronominal siendo actualmente usado en francés moi como equivalente a egō), se define como la unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio; es, pues, el punto de referencia de todos los fenómenos físicos, psíquicos y sexuales.

En distintas corrientes psicológicas y psicoanalíticas a partir de la concepción propia del yo que manejan se utilizan las formas adjetivas yoico y yoica en expresiones como: función yoica, actividad yoica, control yoico, etc.

En el psicoanálisis