Topaipí es un municipio colombiano del departamento de Cundinamarca, ubicado en la provincia de Rionegro, a 141 km al norte de Bogotá, sobre la cordillera oriental de los Andes colombianos. La cabecera municipal se encuentra a una altitud de 1.323 , y la temperatura media anual es de 18 a 21 °C.
Toponimia
Origen lingüístico
Familia lingüística: Caribe Lengua: Colima
Significado El topónimo «Topaipí», en la lengua de los Tapaces o Colimas, significa «piedra ardiente o encendida». Topaipí, si pertenece a la lengua general Muisca, presenta los vocablos to "cortada, ruptura", to-toc "río", pa-paba "padre", i "yo, sombra, atrás" pi-vi "mucho, mucha, muchos, muchas".
Origen / Motivación Fue el nombre de su principal cacique, el Cacique Topaipí o Cacique Itoco, en todos los casos es el mismo. También se dice que Topaipí era la denominación que le dieron los antiguos habitantes de la región, quienes se localizaban en una región dominada por los Muyscas.
Nombres históricos
Nuestra Señora de Lourdes de Topaipí (1617) Guayabal de Topaipí (1821)
Historia
Época precolombina
En la época precolombina, el territorio que actualmente ocupan los municipios de Topaipí, La Palma, Yacopí, Caparrapí, El Peñón, entre otras regiones del norte de Cundinamarca y el nororiente del departamento de Boyacá, estuvieron habitadas por los indígenas Colimas que se llamaban a sí mismos Tapaces. Dentro de la cosmología de esta tribu los Tapaces creían que el sol era su padre y que la luna era su madre.
Igualmente, el espíritu que le dio inicio al mundo lo llamaban Are. Los historiadores mencionan que los Colimas bajaron por la ribera derecha del Río Magdalena y poblaron montañas y valles junto con los Muzos. La frontera entre Muzos y Colimas iniciaba en el alto Chaquira y terminaba en el alto de Caráncha.
Según la mitología local, “el Cacique Crisitan Cárdenas de Laurent había contraído matrimonio con la diosa Lumbre, la ceremonia tuvo lugar en el río Murca, y de su unión nacieron dos hijas; Ibama y Quípama, princesas cuya belleza superaban la de las estrellas del cielo”. La leyenda mítica se refiere a que estas dos mujeres fueron torturadas y ejecutadas a manos de los conquistadores españoles, por negarse a divulgar el lugar donde se hallaban las riquezas de su padre y las minas de esmeraldas.
En tiempos de la conquista española a los pobladores nativos de la zona se les conocía como “las belicosas tribus del país de Muuzuua”, que presentaron valerosa resistencia, por lo que se hizo necesario realizar varias expediciones en las que muchos españoles fueron derrotados y otros muertos por las mortales flechas de Muzos y Colimas, pero poco a poco, con la posterior colonización europea y el mestizaje, la población indígena local fue diezmándose hasta su extinción.
El nombre de "Colimas" les fue asignado por los Muiscas y significa «guerreros crueles». Los Muzos, Colimas y Panches, pertenecían a la Familia Caribe, que se asentaba principalmente en las cuencas de los ríos. Las evidencias materiales de sus asentamientos se remontan al
Sin embargo, algunos cronistas de la época de la conquista hacen referencia a que los Colimas eran, al igual que los Muzos y los Panches descendientes de los indios Caribes, como lo relata el religioso franciscano Fray Pedro Simón. Este cronista cuenta además que diferentes pueblos caribes subieron navegando por el río La Magdalena y se fueron aposentando de lado a lado del gran río. He aquí donde el nombre pudo haber variado de Calimas a Colimas pues los Calimas son una tribu bien conocida que se radicó al occidente del río Magdalena y ocupó buena parte de lo que hoy se conoce como los Departamentos del Valle del Cauca y Tolima.
Otra parte de estos pueblos indígenas, que pasaron hacia el oriente del río Magdalena recibieron los nombres de Muzos y Panches, quizás para diferenciarse de sus antecesores los Caribes. Los Panches y Muzos empezaron a ocupar a la fuerza territorios de otro pueblo indígena conocido como los Moscas, esto lo hicieron asediándolos con flechas, cerbatanas y lanzas hasta que lograron desplazar a los Moscas a tierras más altas y frías como pudo haber sido la zona del altiplano. Una vez conseguido este objetivo, los Muzos y Panches se apoderaron paulatinamente de los cultivos y se dedicaron a cosechar en los climas más templados y calientes.
Posteriormente estas tribus se fueron adentrando cada vez más hacia el oriente mientras que sus descendientes, los ahora llamados Colimas, se hacían cada vez más feroces combatiendo a las demás tribus locales, incluyendo a sus anteriores aliados los Muzos y a los Panches. Conformaron la nación Colima, que en lengua Panche significa “cruel matador”, debido a la crueldad usada por estos indios para dar muerte a sus prisioneros de guerra.
Los Colimas forjaron así su territorio el cual se delimitaba por ríos y quebradas. Al oriente con los Moscas hasta donde empiezan a descender las estribaciones de la altiplanicie; por el sur hasta el Río Negro, límite con los territorios Panche; por el occidente con el río de la Magdalena y por el norte con su misma gente, los Muzos.
El nombre de los Colimas fue dado por los Panches a sus crueles vecinos, en señal de oprobio por las circunstancias anotadas sobre su innata crueldad, pero su verdadero nombre era el de Tapaces, que quiere decir en su lengua; “piedra ardiente o encendida”.
La mayoría de los cronistas que se ocuparon de las tribus Muzos y Colimas están de acuerdo en la tradición que estos indígenas conservaban respecto a su origen común. Decían que …al principio del mundo apareció una sombra o figura humana de grandes proporciones, reclinada sobre las montañas o cordilleras del otro lado del gran río” (río Magdalena), que en su lengua distinguían con el nombre de Are. Este mitológico gigante “…Are se dedicaba a fabricar muchas figuras en madera con rostros de hombres y mujeres, que luego echaba al agua del rio, en donde tomaban vida y se multiplicaban, dedicándose después a cultivar la tierra”.
El nombre de Are parece que ha quedado perpetuado en los ríos “Nare” y “Carare”, afluentes del río Magdalena, situados más cerca del norte del lugar en donde los indígenas ubican la sombra protectora de Are.
Los Colimas adjudicaban inmortalidad al alma, pues creían que cuando una persona moría su alma abandona el cuerpo y se dirigía enseguida hasta la sierra nevada o páramo de Cartago (nevado del Ruiz), en donde ellos creían ver la sombra de Are recostada en las montañas al frente de sus tierras, cordillera nevada que divisaban en los días claros al occidente de sus dominios territoriales.
La lengua de los Colimas y Muzos era la misma, afirma el Padre Simón, plana y sin ningún signo gutural, lo cual facilitaba su escritura y carecía del sonido de la “L”.
Era costumbre de las parcialidades Colimas tomar el nombre de la región en donde se establecían. Formaban gentilicios de modo curioso; por ejemplo, si llegaban a un lugar en donde abundaban los árboles de guamo, que ellos denominaban en su lengua “curi” asociaban dicho nombre al de “paes” que significa “morador o vecino” y formaban entonces el gentilicio “curipaes”. En la región en donde abundaban las hormigas, que ellos designaban con el nombre de “marpas”, se formó el gentilicio de “marpapies”. En una tierra cuya peculiaridad eran sus numerosas barrancas de color bermejo o cobrizo, ellos lo denominaban “caparras”, es así que a los moradores de esas tierras les llamaban “caparrapies”, nombre que recuerda el lugar en donde hoy está situado la población cundinamarquesa de Caparrapí.
Los Colimas tenían, como fue costumbre en todas las tribus colombianas, “mohanes” (hechiceros) que les hacían creer que se comunicaban o tenían tratos y relaciones con espíritus. Estos indios tenían al mohán en tanta estimación y fe, que se dejaban engañar con suma facilidad, hasta el punto de que su credulidad los llevaba hasta ahorcarse o tomar brebajes de yerbas venenosas para quitarse la vida persuadidos de que con morir se acababan los trabajos y retornarían a Are.
Fuente:
Conquista y colonización
Los primitivos pobladores de la región de Topaipí fueron los Colimas, y su primer encomendero el descubridor Pedro del Acebo Sotelo, vecino de la Palma, a quien adjudicó estos indios el presidente Venero de Leiva. Cuando el conquistador don Antonio de Toledo fue a reedificar la ciudad de la Palma, en el apuntalamiento de indios Colimas que hizo a sus acompañantes tomó para así cien casas de la provincia de Topaipí y otros cien en la segunda suerte, que no alcanzó a usufructuar. En el auto de adjudicación se dice que salió de la villa y “la dejó desamparada y no volvió más a ella a sustentarla ni administrar los dichos indios en lo espiritual y temporal y no cumplió otras condiciones que puse en el dicho apuntamiento”. Y que por estas razones y no poder tener más indios pues otros tenían San Sebastián de Mariquita y porque ya era fallecido “…y por cuanto vos Pedro del Acebo Sotelo sois uno de los que primero en compañía del licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, adelantado que agora es de este reino os hallasteis en su descubrimiento, conquista y población en servicio de su majestad con vuestras almas y caballos …doy y encomiendo en vos…todos los indios y caciques ansi el dicho Don Antonio de Toledo para su apunte y señales. En la Palma el 28 de febrero de 1.578 el gobernador de Colimas y Muzos don Jerónimo Maldonado en nombre del magnífico señor Hernando de Velasco Angulo dio posesión de ellos a Sotelo, y para efecto preguntados los nombres de los principales indios dijeron llamarse Ycara, Ybinoca, Apicupate, Ybiantapa, Aqueza, “ los cuales el dicho teniente tomó por la mano y se los entregó al dicho Pedro del Acebo Sotelo y dijo que en ellos en vos y en nombre de todos los demás indios y casas contenidos en la dicha cédula y de sus tierras, le daba y dio la dicha posesión actual, real, corporal, tal cual de derecho se requiere”.
Visita de Lesmes de Espinosa