miniatura|La leyenda del asesinato ritual de Simón de Trento (1475), según las Crónicas de Núremberg de Hartmann Schedel (Alemania, 1493).

Los libelos de sangre o calumnias de la sangre son alegatos antisemitasTurvey, Brent E. Criminal Profiling: An Introduction to Behavioral Evidence Analysis, Academic Press, 2008, p. 3.Chanes, Jerome A. Antisemitism: A Reference Handbook, ABC-CLIO, 2004, pp. 34–45.Goldish, Matt. Jewish Questions: Responsa on Sephardic Life in the Early Modern Period, Princeton University Press, 2008, p. 8. por los que se acusa falsamente a los judíos de asesinar a niños cristianos (u otros gentiles) para utilizar su sangre en la realización de rituales religiosos.Zeitlin, S "The Blood Accusation" Vigiliae Christianae, Vol. 50, No. 2 (1996), pp. 117–124 Estas acusaciones calumniosas tienen su origen en la Europa bajomedieval.. Por regla general, los libelos de sangre culpabilizaban a los judíos de realizar una recreación de la muerte de Cristo sacrificando a niños cristianos en la festividad de Pésaj.

En la actualidad, el término es usado frecuentemente por el gobierno de Israel para desacreditar a sus adversarios políticos.

Descripción de los presuntos rituales

En general, la descripción del proceso es similar a la siguiente: un niño no judío, normalmente un muchacho que todavía no ha alcanzado la pubertad, es secuestrado o a veces comprado y ocultado en la casa de un miembro prominente de la comunidad judía, una sinagoga, un sótano, etc. donde se le pueda mantener escondido hasta el momento de su sacrificio. Los preparativos suelen incluir una reunión de miembros de la comunidad judía y la construcción o selección de los instrumentos de tortura y ejecución.

En el momento del sacrificio, habitualmente de noche, la multitud se reúne en el lugar de la ejecución (en algunos relatos la sinagoga misma) y se organiza una farsa en la que se enjuicia al niño. El niño será presentado ante el tribunal, en ocasiones desnudo y atado. Durante este "juicio", además de insultos y burlas, se le someterá a torturas, tales como cortes, mutilaciones (incluyendo la circuncisión), pinchazos con agujas, golpes, estrangulación y latigazos. Finalmente es condenado a muerte.

Al final, la víctima medio muerta será coronada con espinos y atada o clavada a una cruz de madera. La cruz será elevada para que la sangre que cae de las heridas, particularmente las de las manos, pies y genitales, sea recogida en contenedores adecuados.

Por último, el niño será matado con un golpe de lanza, espada o puñal en el corazón. El cuerpo sin vida será bajado de la cruz y enterrado en un sitio oculto. En algunos casos se relata que el cuerpo servirá para rituales de magia negra.

Esta historia, con sus variantes, se puede encontrar en todas las historias de asesinatos rituales realizados por judíos. Las historias más antiguas describen solamente la tortura y la agonía de la víctima y sugieren que la muerte del niño era el único fin del ritual. Con el tiempo y la proliferación de los libelos, el foco se desplazó a la supuesta necesidad de recoger la sangre de las víctimas para propósitos místicos.

Creencias judías en cuanto a la sangre y los sacrificios

Las descripciones de torturas y sacrificios humanos de los libelos de sangre son contrarias a muchas de las enseñanzas del judaísmo.

La más obvia, los Diez Mandamientos de la Torá judía, donde se prohíbe el homicidio. Además, el uso de sangre (humana o de otro tipo) en la cocina está prohibido expresamente por el Kashrut (las leyes sobre la comida kosher). La sangre y otros fluidos humanos son impuros (según el Libro del Levítico, 15). La sangre de animales sacrificados no puede ser consumida y tiene que ser extraída del animal y enterrada (Levítico, 17:12-13). De acuerdo con el Levítico, la sangre de los animales sacrificados solo puede ser colocada en el Gran Templo de Salomón en Jerusalén, que ya no existía en la época de los libelos.

Mientras que los sacrificios de animales eran parte de las prácticas del judaísmo, el Tanaj (Antiguo testamento) y las enseñanzas del Halajá señalan el sacrificio humano como uno de los males que separa a los paganos de Canaán de los hebreos (Deuteronomio, 12:31; y Segundo libro de los reyes, 16:3). De hecho, la limpieza ritual para los sacerdotes prohibía incluso estar en la misma habitación que un cadáver (Levítico, 21:11).

Casos famosos

Ha habido muchos casos de libelos de sangre y juicios a judíos desde el hasta nuestros días. Leyendas similares sobre niños martirizados se han repetido en toda Europa, pudiéndose contar 6 casos en el , 15 en el XIII, 10 en el XIV, 16 en el XV, 13 en el XVI, 8 en el XVII, 15 en el XVIII y 39 en el XIX.St. William of Norwich en la Catholic Encyclopedia

A continuación se presenta una selección de los más importantes.

Antigüedad clásica Existen dos relatos de esta época que se relacionaron, posteriormente, con las historias medievales sobre este asunto. El primer caso conocido de libelo de sangre contra los judíos es del autor griego Apión (. d. C.), quien afirmaba que los judíos sacrificaban en su templo a víctimas griegas. Esta acusación ha llegado a nuestros días, precisamente, por la refutación que de la misma realizó Flavio Josefo en su obra Contra Apión. Apión decía que cuando Antíoco Epífanes visitó el templo de Jerusalén, encontró a un cautivo griego que le dijo que estaba siendo engordado para ser sacrificado. Cada año, aseguraba Apión, los judíos martirizaban a un griego y se lo comían, mientras juraban odio eterno a los de su etnia. Apión repite probablemente una historia que ya circulaba con anterioridad, pues afirmaciones semejantes habían sido hechas en el por Posidonio y Molón de Rodas.

El segundo relato hace referencia al asesinato de un chico cristiano por un grupo de jóvenes judíos. Sócrates de Constantinopla refirió que algunos judíos, que estaban divirtiéndose y bebiendo alcohol, ataron a un niño cristiano a una cruz para burlarse de la muerte de Cristo y que lo azotaron hasta matarlo.

miniatura|Guillermo de Norwich y Hugo de Lincoln, grabado de reproducción de Giovanni Battista de' Cavalieri de los frescos de Niccolò Circignani en la capilla del Venerable Colegio Inglés de Roma, 1584.

Inglaterra (1144)

El 20 de marzo de 1144, Sábado Santo, se registra el primer libelo de sangre de Europa contra los judíos. La comunidad judía de Norwich fue acusada de homicidio ritual después de que ese día se encontrara el cadáver del niño Guillermo de Norwich (1132-1144) con diversas heridas de puñal. Guillermo llegó a alcanzar el grado de mártir católico. Posterior es el caso semejante del santo niño Hugo de Lincoln (1255).

En 1189, la delegación judía que participaba en la coronación de Ricardo Corazón de León fue atacada por la multitud. El 6 de febrero de 1190 hubo un pogromo en Norwich y todos los judíos de esta villa fueron matados en sus casas, a excepción de unos pocos que se habían refugiado en el castillo. En 1290, los judíos fueron expulsados de Inglaterra y no se les permitió regresar hasta 1655.

Francia (1179) miniatura|Saint Richard de Pontoise-Ricardus Gallus. Pedro de Bivero: Sacrum sanctuarium crucis et patientiae crucifixorum et cruciferorum, emblematicis imaginibus laborantium et aegrotantium ornatum..., Amberes, Baltasar Moreto, 1634. Ejemplar de la Universidad Complutense de Madrid. El segundo caso en la Europa del medievo se dio en Francia, localizándose en la Pascua de 1179 o 1180 en París, donde un niño de doce años, canonizado como san Richard de Pontoise o de París, cuya fiesta se celebra el 25 de marzo, habría sido secuestrado en su casa por los judíos y conducido a una cueva. Interrogado entre blasfemias y amenazas por el jefe de la sinagoga, el niño hizo profesión de fe cristiana, por lo que fue desnudado, flagelado y crucificado, haciéndole padecer iguales torturas a las sufridas por Cristo. Enterrado en un lugar llamado Petits-Champs, los milagros que en él se obraban hicieron que los parisinos erigiesen sobre su tumba la iglesia del que sería Cementerio de los Santos Inocentes.«25 mars. Saint Richard de Paris, enfant, martyr. 1180.», Hodie mecum

Bélgica (hacia 1250)

Un antiguo libelo de sangre aparece en Bonum universale de Apibus ii. 29, § 23, de Tomás de Cantimpré (un monasterio cerca de Cambray). Tomás de Cantimpré escribió: «Es casi seguro que los judíos de todas las provincias deciden anualmente a suertes qué congregación o ciudad debe enviar sangre cristiana a las otras congregaciones».

Tomás de Cantimpré también creía que desde el momento en que los judíos gritaron a Poncio Pilatos, «que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Evangelio de Mateo, 27:25), han sufrido hemorragias:

Tomás de Cantimpré añade que los judíos han entendido mal las palabras de su profeta, quien con la expresión «solo sanguine Christiano» no se refería a la sangre de un cristiano, sino a la de Jesucristo, el único remedio para todos los males espirituales y físicos.

Tomás de Cantimpré no menciona el nombre del judío muy erudito, pero podría haberse tratado de Nicholas Donin de La Rochelle, que en 1240 tuvo una disputa sobre el Talmud con Jehiel de París y que en 1242 provocó la quema de numerosos manuscritos talmúdicos en París. Se sabe que Tomás de Cantimpré conocía personalmente a Nicolás Donin.

España (1250 - 1491) Ya en la Edad Media, las Siete Partidas se hacen eco de esta creencia popular contra los judíos:

En un libro publicado en 1449 por el fraile converso Alonso de Espina, Fortalitium Fidei. Contra judíos, sarracenos y otros enemigos de la fe cristiana, muestra una larga lista de crímenes atribuidos a los judíos. Aparecen varios relatos de crucifixiones infantiles, todos ellos dados por ciertos.

Se tenía por cierto que varios episodios semejantes se habían producido en España. Uno de los más conocidos fue la supuesta crucifixión del niño Santo Dominguito del Val (Zaragoza), , al cual los zaragozanos católicos todavía le rinden culto. La Iglesia de San Nicolás de Bari, de Sevilla, tiene una placa en la cual se dice al público que Dominguito del Val «fue martirizado por los judíos en el año 1250». Es la primera noticia que se tiene de libelo de sangre en España.

Otro caso notorio fue la supuesta crucifixión del niño de Sepúlveda, en 1468. Esta última se saldó no solo con la ejecución de dieciséis judíos hallados culpables del crimen, sino con el asalto popular a la aljama de Sepúlveda, que se cobró varias víctimas más.Transmite esta información el cronista Diego de Colmenares en su Historia de Segovia, publicada en 1637:

Celebrábase tranquilamente por los cristianos la Navidad de 1468 cuando vino a turbar su quietud la irritante nueva de que los judíos de la Aljama de Sepúlveda, aconsejados por su rabino, Salomón Picho, habíanse apoderado de un niño cristiano, y llevándole a un muy secreto lugar, cometido en él todo linaje de injurias y violencias. Al fin, poniéndole en una cruz, habíanle dado muerte, a semejanza de la que al Salvador impusieron sus antepasados. Divulgado en tal forma el hecho, llegó luego a conocimiento del Obispo de Segovia, Don Juan Arias Dávila, judeoconverso, hijo del Contador Mayor de Enrique IV. Fiel a la política de los neófitos, apretó don Juan en el castigo de tal manera que, conducidos a Segovia los acusados, fueron hasta dieciséis entregados a las llamas, y puestos los restantes en la horca, después de ser arrastrados. No satisfizo, sin embargo, tan duro castigo a los moradores de Sepúlveda. Así, tomando las armas, al saber que el obispado se contentaba con tan poco, dieron de rebato sobre la judería, inmolando en sus propias casas a la mayor parte de sus moradores. Salváronse algunos en la fuga; pero al buscar asilo en las cercanas villas y aldeas, llevaban delante de sí la fama de su crimen, que despertaba en todas partes análogas sospechas y acusaciones.