En la historia de la Argentina se conoce como República Conservadora (Régimen Conservador u Orden Conservador) o República Oligárquica • (o Régimen Oligárquico) al período comprendido entre los años 1880 y 1916, durante el cual la República Argentina, bajo el gobierno de la Generación del 80, tuvo un rápido crecimiento económico, territorial y poblacional, así como una profunda transformación cultural.

En lo económico, se estableció firmemente un modelo agroexportador de alimentos para la población británica, que integraba el esquema de hegemonía mundial impuesto en ese siglo por el Imperio Británico, que recién se agotaría con la Crisis de 1929. En lo territorial, la conquista militar de los territorios indígenas ubicados en la región pampeana, la Patagonia y la llanura chaqueña, triplicaron el territorio nacional. El país tuvo un gran crecimiento de la economía, impulsado por la expansión de las fronteras agrícola-ganaderas, la extensión de las comunicaciones y los transportes, y un aumento en la tecnificación que mejoró a la ganadería y la agricultura. A raíz de ese crecimiento económico se produjo también un notable aumento de la población, bajo el impulso de la inmigración de origen europeo y la mejora de las condiciones sanitarias del pueblo. La población pasó de 1 877 490 habitantes contabilizados en el censo de 1869 a 4 044 911 en 1895 y a 7 903 662 habitantes en 1914; se cuadruplicó la población en 45 años. Según estimaciones de Gino Germani en el período de 1869 a 1895 se produjo una mayor diversificación de la sociedad argentina, como surge del crecimiento de la clase media que en 1869 era del 10,6 % de la población pasó al 25,2 % en 1895 o sea que ese grupo creció a una tasa del 0,56 % anual, en tanto que en los períodos intercensales 1895-1914 y 1914-1947 esa tasa fue del 0,27 % y 0,29 %.

En lo cultural, la Generación del 80 ―nombre que se aplica también a la élite política y empresarial del período― manifestó su adhesión a las corrientes literarias y artísticas europeas; si bien la producción literaria y artística se multiplicó exponencialmente, no se alcanzó a desarrollar una expresión cultural específicamente argentina, algo que sí obtuvo el arte popular con la cultura gauchesca y sobre todo con el tango. El Estado impulsó la alfabetización por medio de las escuelas públicas y así el porcentaje de analfabetos que era del 78,2 % de la población conforme al censo nacional de 1869 se había reducido al 54,4 % en el censo de 1895 y era del 28,1 % en la ciudad de Buenos Aires. A través de la educación se buscó homogeneizar a la población, sobre todo a los más jóvenes, y se trató de construir una “nacionalidad argentina”.

El gran número de inmigrantes que se radicaban en el país elevó las necesidades en materia de educación pública y así en 1911, Juan A. Alsina, que había sido comisario general del Departamento de Inmigración, decía respecto de los hijos de los inmigrantes que se radicaban en el país que "las escuelas recibían en todo el país alrededor de 40 000 niños, pero quedaban cerca de 450 000 sin posibilidades efectivas de alfabetizarse".

miniatura|thumb|El Partido Autonomista Nacional gobernó ininterrumpidamente entre 1874 y 1916 mediante elecciones presidenciales. En lo político, el período estuvo signado por el control absoluto del gobierno nacional y de la mayoría de los gobiernos provinciales a través del Partido Autonomista Nacional y de la Liga de Gobernadores, que establecieron una agrupación o conglomerado político de ideología liberal, aunque gradualmente devenida conservadora y, para cierta parte de la historiografía, oligárquica. La principal característica de la acción política del período fue el control de las elecciones a través de los acuerdos de cúpulas políticas, el clientelismo y el fraude electoral. La figura política más relevante del período fue el general Julio Argentino Roca, que presidió el país durante doce años y dominó el partido en el gobierno al menos otros doce, extendiendo su liderazgo indiscutido durante dos tercios de los 36 años que duró el período conservador.

El comienzo del período se establece en el año 1880, año en que se produjo el último hecho de armas de las guerras civiles argentinas que azotaron al país durante dos tercios del , se solucionó la "cuestión capital" que dividía a la capital de las provincias interiores con la federalización de Buenos Aires y asumió su primera presidencia el general Roca. El año anterior, este había comandado la Conquista del Desierto, una ambiciosa y discutida serie de campañas militares contra varios pueblos originarios, calificadas como genocidio por parte de la historiografía,• • • llevadas a cabo entre 1875 y 1885, que incorporaron efectivamente al territorio argentino gran parte de la Patagonia y la región chaqueña.

El final del período se establece generalmente en 1916, año en que llegó al poder la Unión Cívica Radical, que desplazó a los conservadores del poder por largo tiempo, gracias a la implementación de la Ley Sáenz Peña, sancionada por los mismos conservadores, que estableció el sufragio obligatorio y secreto.

Antecedentes

La independencia y el período de las guerras civiles thumb|La Revolución de Mayo de 1810 dio inicio a la que llegaría a ser la República Argentina. Las Provincias Unidas del Río de la Plata habían obtenido su independencia del Imperio español en el año 1810 y la habían sostenido exitosamente hasta su declaración formal en el año 1816. Sin embargo, su organización política sufrió un largo período de declinación causada por el enfrentamiento entre federales y unitarios, al punto que no existió ninguna autoridad nacional universalmente reconocida entre los años 1820 y 1852, y las dos constituciones sancionadas en los años 1819 y 1826 fueron desconocidas por la mayor parte de las provincias.

Durante ese período se produjo una transformación profunda de la estructura económica del país: las regiones otrora más prósperas, tales como el noroeste, Cuyo y el noreste –cuyas economías eran motorizadas por el intercambio comercial con el Alto Perú, Chile y Paraguay respectivamente– vivieron una marcada declinación debido al proceso independentista y a la competencia de los productos industriales de origen mayoritariamente británicos con sus producciones artesanales e industriales. Paralelamente, el Litoral argentino –cuya importancia económica durante el Virreinato del Río de la Plata había estado limitada a la actividad mercantil y la administración pública– experimentó los efectos de una rápida valorización de los productos ganaderos, especialmente carne en forma de tasajo y cueros, que le permitieron ponerse al frente de la economía del país. Por otro lado, la Provincia de Buenos Aires monopolizó los ingresos de la Aduana que servía a todo el país, de modo de capturar la que era –por gran diferencia– la principal fuente de ingresos públicos. El comercio exterior fue monopolizado por los comerciantes extranjeros, especialmente británicos.

La anarquía política no era completa merced al enorme influjo que tenía el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, que manejaba las relaciones exteriores y de guerra del país ―ahora llamado Confederación Argentina― especialmente durante los casi veinte años que ese cargo fue ejercido por Juan Manuel de Rosas. Los tres pilares principales de su dominio sobre el resto del país fueron la persecución de sus enemigos políticos, el control de los recursos aduaneros y la negativa absoluta a sancionar una constitución que regularizara las relaciones entre las provincias, que seguían comportándose como estados independientes en muchos aspectos.

Hasta la llegada de Rosas al poder, las guerras civiles habían castigado casi ininterrumpidamente al país, enfrentando a unitarios y federales. Durante el gobierno de Rosas hubo muchos otros enfrentamientos, alineándose en los bandos contendientes los aliados y los enemigos de Rosas.

La Organización Nacional

La derrota definitiva de Rosas en 1852 permitió la organización constitucional del país, dando inicio al período llamado Organización Nacional. No obstante que se sancionó la Constitución Argentina de 1853, se eligió a un presidente reconocido por casi todo el país –Justo José de Urquiza– y se reunió el Congreso Nacional, los conflictos internos continuaron, entre dos bandos formados por la Confederación Argentina, por un lado, y el Estado de Buenos Aires y sus aliados del interior.

El Pacto de San José de Flores inició la reunificación definitiva del país, que abandonaba sus nombres anteriores para utilizar solamente el de Nación Argentina en los documentos oficiales y el de República Argentina en su forma más usual. No obstante, la batalla de Pavón y la disolución de la autoridad nacional que fue su principal efecto, obligaron a esperar hasta el año 1862 para ver finalmente asumir un presidente –Bartolomé Mitre– reconocido como tal por todo el país; asumió un nuevo Congreso y, por primera vez, inició su actuación la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina y los tribunales federales de justicia. Los federales hicieron aún varios intentos por recuperar el poder, pero a mediados de la década de 1870 desaparecieron definitivamente como partido político.

La Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay (1865 - 1870) causó un enorme costo económico y humano al país, dejando como único saldo positivo la formación de un Ejército Argentino unificado y profesional.Luna (1989): 67.

Durante el período de la Organización nacional, la inmigración europea –que había sido importante aunque esporádica durante la época de Rosas– creció exponencialmente, y en consecuencia la población aumentó rápidamente: el primer censo nacional de población contabilizó alrededor de dos millones de habitantes. Se establecieron las primeras colonias agrícolas, principalmente habitadas por inmigrantes, se extendió una incipiente red de ferrocarriles, y se modernizaron los puertos del país, especialmente el de Buenos Aires. El comercio fue liberado de trabas burocráticas y legales, y los aranceles de importación se mantuvieron muy bajos, lo que aumentó fuertemente el intercambio comercial, al mismo tiempo que se terminaban de arruinar las industrias locales;Todesca (2006): 59-61. la estructura económica quedó plasmada en una relación asimétrica y dependiente de las potencias europeas –sobre todo con Gran Bretaña– y los Estados Unidos, que vendían artículos manufacturados a la Argentina a cambio de materias primas, especialmente lana, cueros, carne salada y granos.

thumb|La Conquista del Desierto fue uno de los hechos que marcaron el comienzo de la Argentina conservadora. Terminadas la guerra contra el Paraguay y los alzamientos federales, el país pudo hacer frente a la vecindad de los indígenas del sur y del norte para eliminar la amenaza que significaba a la propiedad y la vida rurales, y al mismo tiempo para incorporar las tierras bajo control de estos a la propiedad privada por propietarios argentinos, que las incorporarían a la producción ganadera.Estas tierras nunca habían sido controladas por la población blanca, y los títulos que permitían al país reclamar soberanía sobre ellas eran nominales. Sucesivas campañas de represalias contra los indígenas minaron su resistencia, al tiempo que las enfermedades causaron una notable disminución de su población. Un importante avance fue el que se realizó a mediados de los años 70, con la construcción de la Zanja de Alsina. En el año 1878, el ministro de Guerra de la Nación, general Julio Argentino Roca, consiguió la aprobación del Congreso para su proyectada Campaña al Desierto, que llevó adelante de modo sistemático y exitoso al año siguiente, permitiendo la incorporación de decenas de miles de kilómetros cuadrados al territorio nacional, al precio de la muerte de miles de indígenas y la destrucción de sus familias y comunidades.