thumb|250px|Entrada del sentō del Museo al Aire Libre de Edo-Tokio thumb|250px|Entrada del sentō Tsubameyu de Ueno (Tokio). El es un tipo de baño público japonés donde los clientes pagan para entrar y usar este servicio de baño. Tradicionalmente, estas casas de baños tienen un carácter bastante funcional, con una gran sala provista de un muro para separar los sexos y una serie de duchas a ambos lados para que la gente entre ya limpia a la bañera junto con los demás usuarios. A diferencia del onsen, que es otro tipo de baño público que utiliza agua termal, en el sentō se utiliza y calienta agua extraída de la red de suministro público.
La institución de los baños públicos tiene su origen en la importancia que las principales religiones de Japón otorgan al agua, un elemento que se asocia al concepto de purificación. En Japón, el baño (furo) no es sólo una práctica para mantener la higiene corporal, sino que también es una forma de purificar el cuerpo y el espíritu del estrés diario.
En las ciudades, los baños públicos son relativamente fáciles de reconocer por su alta chimenea, ya que en la mayoría de los casos aún se calientan con madera. La entrada suele tener un diseño similar al de un templo. Aunque en la antigüedad la ropa y otros efectos personales se depositaban en cestas o estanterías abiertas, los establecimientos modernos disponen de taquillas en los vestuarios. Una puerta corredera situada entre los vestuarios y las zonas de baño garantiza que no se escape el calor. Tradicionalmente, la zona de baño está revestida de madera. En una de las paredes laterales suele estar pintado un paisaje natural (por ejemplo, una montaña, a menudo el monte Fuji).
Antes de tomar el baño propiamente dicho, hay que llevar a cabo una limpieza concienzuda del cuerpo, que suele hacerse en pequeños taburetes situados frente a una hilera de grifos de agua fría y caliente. Todos los usuarios deben enjabonarse y aclararse bien antes de entrar en la bañera. Suele haber dos o tres vasos, cada uno con una temperatura distinta. En cualquier caso, los baños japoneses son relativamente calientes, pues la temperatura del agua es de al menos 40 grados centígrados.
A lo largo de su historia, los baños públicos japoneses pasaron de ser locales integrados en templos budistas a convertirse en un lugar de encuentro social. La razón de su éxito, que alcanzó su punto culminante a finales de la década de 1960, radica en determinados conceptos fundamentales de la cultura japonesa, para la que compartir la desnudez (hadaka no tsukiai) y la intimidad física (skinship) son una importante forma de comunicación. Desde la segunda mitad del , estos lugares han ido perdiendo popularidad debido al aumento de los baños propios en los hogares japoneses. Aun así, siguen siendo un lugar en el que uno puede pasar el tiempo limpiándose el cuerpo, relajarse y socializar con amigos, familiares, vecinos o incluso desconocidos.
Historia thumb|Baño en el interior del templo budista Eikan-dō Zenrin, en Kioto Para los japoneses, el no sólo constituye una forma de mantener un alto nivel de higiene, sino que también es la manera que tienen de purificar su cuerpo y su espíritu del estrés diario. El origen de esta tradición se remonta al importante significado simbólico que posee el agua en las principales religiones que se practican en Japón: en el sintoísmo, es costumbre lavarse las manos y la boca antes de rezar , mientras que en determinados rituales se realiza una ablución completa del cuerpo en ríos o cascadas, una práctica que se conoce como ; del mismo modo, los monjes ascetas se aislaban para meditar bajo la corriente constante de una cascada. En la India, donde empezó a extenderse el budismo, los edificios que se utilizaban para la purificación ritual solían construirse en el interior de los templos, una tradición que acabó adoptándose también en Japón.
Del período Nara al período Kamakura (710-1333) El monje budista y explorador Xuanzang (602-664) relata en uno de sus diarios cómo ya en el eran comunes en China los locales públicos destinados a los baños rituales y a las ceremonias religiosas budistas habituales. En Japón se extendieron a principios del período Nara (710-784), y recibieron el nombre de u , cuando adquirieron mayores dimensiones. En un principio, estos edificios estaban reservados únicamente a los dignatarios religiosos, pero a partir del período Kamakura (1185-1333) se pusieron de forma ocasional a disposición de los pobres y los enfermos. Esta práctica, llamada , nació como un gesto filantrópico hacia los menos pudientes, pero con el tiempo acabó adquiriendo un importante significado religioso, que elevó el ritual hasta convertirlo en sinónimo de renacimiento espiritual.
Algunos documentos japoneses, como los describen cómo la gente acudía a tomar baños en fuentes de aguas termales para purificarse y mantenerse sana, incluso antes del año 737. Sin embargo, la primera descripción precisa de estos rituales en territorio japonés es en lengua china y se encuentra en los relatos del Reino de Wei, que datan del . Con todo, no está claro en qué momento las instalaciones que ofrecían este servicio se transformaron en baños públicos de pago: la primera referencia al uso de la palabra sentō para referirse a un baño público de pago se encuentra en el escrito de 1266 , del monje budista Nichiren (1222-1282); otras fuentes indican, en cambio, que el primer baño público se abrió en el distrito de Gion, en Kioto, a principios de la década de 1220.
Tampoco se conoce el momento exacto en que los baños públicos adquirieron gran popularidad, aunque la costumbre de acudir a ellos se había convertido en una rutina normal entre la gente común ya en el período Kamakura. Los comerciantes acaudalados y los miembros de las clases altas, por su parte, solían disponer de estancias dedicadas a tal práctica instaladas en el interior de sus viviendas.
Del período Muromachi al período Edo (1336-1868) thumb|El zakuroguchi impedía que el vapor y el calor escaparan de la sala de baño
A principios del período Edo (1603-1868), y en los años anteriores, se difundieron diversas tipologías de baños públicos, como el , particularmente popular en la región de Kansai. Eran básicamente baños turcos que se realizaban en una cueva en cuyo interior se colocaban esteras de paja empapadas en agua de mar que se ponían sobre una capa de carbones candentes para que el agua se evaporara. En el resto de Japón, en cambio, se podían encontrar estructuras más complejas que combinaban el uso del agua caliente y el vapor, y que se caracterizaban por tener estancias pequeñas y oscuras sin ventanas. La entrada al propio baño, llamada , era una abertura de sólo 80 centímetros de altura diseñada para que el calor del interior no pudiera escapar, si bien obligaba a quienes desearan utilizar los baños a agacharse para acceder a ellos.
left|thumb| de Torii Kiyonaga (1752-1815)
En 1591, el comerciante Ise Yoichi construyó unos baños públicos de pago en la ciudad de Edo, la actual Tokio, cerca del Edobashi, y se presume que fue el primer edificio de este tipo que se inauguró en la ciudad. Con la instauración del shogunato Tokugawa y el traslado de la sede del poder a Edo, la ciudad creció en población, y resultó necesario construir varios baños públicos más, ya que las viviendas no contaban con instalaciones hidráulicas. Estos se convirtieron en poco tiempo en el principal punto de referencia social de la ciudad; Jōshin Miura (1565-1644), en uno de sus escritos sobre Edo, cuenta lo económicos que eran y cómo había al menos uno en cada barrio. El propio Tokugawa Ieyasu (1543-1616) permitió en cierta medida su proliferación al desincentivar la construcción de baños dentro de las casas particulares, debido a que para calentar el agua se utilizaban métodos poco seguros: de hecho, los incendios suponían uno de los mayores problemas para una ciudad que en aquella época se componía casi exclusivamente de construcciones de madera.
thumb|Representación de un baño público japonés (1867)
El gran éxito de los baños públicos en el período Edo se debió también a la presencia de las , que eran las encargadas de prestar asistencia a los usuarios de los baños. Se dedicaban principalmente a limpiar las espaldas de los clientes, pero también se encargaban de entretenerlos tocando música, bailando y, en ocasiones, prestando servicios sexuales. Sin embargo, como medida preventiva contra este tipo de prostitución, el shogunato se vio obligado a imponer normas más estrictas sobre los sentō, y en 1637 dispuso que cada establecimiento no podía tener más de tres yuna, una medida que, no obstante, tuvo un efecto limitado. En 1658, las normas se endurecieron aún más, y su figura quedó limitada a los barrios del placer. Dado que seguía siendo necesario contar con encargados que asistieran a la clientela, en lugar de los yuna se generalizó la figura de los , ayudantes varones que se ocupaban principalmente de lavar el pelo, por lo que adquirieron una considerable popularidad entre las mujeres, aunque no está claro si también ellos se prostituían o no.
En los años siguientes, el shogunato Tokugawa implantó nuevas normativas destinadas principalmente a regular el número de baños públicos, pero sobre todo a evitar el aumento de los problemas sociales derivados de su proliferación. Hasta entonces, los baños que permitían el acceso a personas de ambos sexos al mismo tiempo eran la norma, circunstancia que no era particularmente del agrado del gobierno, que trató de abolirlos en varias ocasiones durante los siglos y . En Edo, a partir de la década de 1790, fueron sustituidos por baños públicos destinados sólo a mujeres y otros sólo a hombres; algunos admitían a ambos sexos, pero contaban con estancias separadas. También los visitantes y misioneros occidentales que llegaron a Japón durante el se mostraban abiertamente contrarios a esta práctica; el misionero inglés George Smith (1815-1871), en su obra Ten Weeks in Japan (Diez semanas en Japón), escribió:
En Hakodate (Hokkaidō), en 1854, un celador se encargaba de que no robaran la ropa u otros efectos personales y, aunque aún se toleraban los baños promiscuos, velaba por que la clientela mantuviera un comportamiento moralmente aceptable.
Período Meiji (1868-1912) thumb|Un baño público japonés a principios del siglo XX
Durante el período Meiji (1868-1912), las características de los baños públicos japoneses experimentaron grandes cambios. Con la caída del último Shōgun y la instauración de la nueva forma de gobierno, se inició un proceso de modernización y occidentalización que llevó al abandono de muchas prácticas y costumbres típicas de períodos históricos anteriores. Dada su mala reputación, especialmente entre los occidentales que empezaban a acudir en masa a Japón tras el fin del sakoku y la apertura de las fronteras, los baños públicos mixtos fueron abolidos de forma definitiva. Al principio, la adaptación de los sentō a las nuevas normas consistió en la simple colocación de muros de ramas de bambú a modo de separadores entre las zonas masculina y femenina, que a menudo contaban con aberturas para que los miembros de una misma familia pudieran pasarse el jabón u otros accesorios de higiene a través de ellas. No fue hasta épocas posteriores cuando se dotaron de entradas, vestuarios y salas de baño completamente separadas.
thumb|En el baño, obra de Kokei Kobayashi
A partir de 1877, los baños sufrieron nuevas modificaciones, como la ampliación de las bañeras y el aumento de la altura del techo y, sobre todo, la eliminación del zakuroguchi y la instalación de ventanas que, además de aportar una mayor luminosidad a las estancias, pusieron fin al uso del vapor. El principal material que se empleaba seguía siendo la madera y, dada la ausencia de grifos y mezcladores, la única agua caliente disponible era la que contenían las bañeras.
left|thumb|Baño público en una escuela agrícola en 1920