La guerra civil austríaca o Levantamiento de febrero (en alemán: Österreichischer Bürgerkrieg) es como la historiografía denomina a los enfrentamientos violentos que tuvieron lugar entre el 12 y el 16 de febrero de 1934 en Austria entre las fuerzas socialdemócratas (Republikanischer Schutzbund) y comunistas contra las fuerzas conservadoras y fascistas del gobierno (ejército, policía y paramilitares del Heimwehr). Los hechos comenzaron en Linz y se extendieron por el resto del país, principalmente en las ciudades de Viena, Graz, Bruck an der Mur, Wiener Neustadt y Steyr, aunque las luchas también se extendieron a varias poblaciones industriales de la Austria central y oriental.

El enfrentamiento estalló por la oposición violenta de las organizaciones socialistas a la serie de registros y arrestos ordenados por el ministro del Interior Emil Fey —destacado dirigente de la Heimwehr— el 12 de febrero. El mismo día, el Gobierno prohibió el Partido Socialista y todas sus organizaciones, lo que puso fin a las negociaciones políticas entre las dos partes. Selló además la evolución autoritaria del país y la abolición definitiva del sistema parlamentario democrático. Los choques se saldaron con más de trescientos muertos y ochocientos heridos.

Antecedentes El , el subsecretario italiano de Asuntos Exteriores, Fulvio Suvich llegó a Viena para encarecer al canciller Engelbert Dollfuss la necesidad de acelerar las reformas autoritarias que había emprendido. En opinión del Gobierno italiano, estas se estaban llevando a cabo demasiado lentamente; si no se adelantaba con el ritmo de la implantación de las medidas filofascistas, los italianos amenazaban a Dollfuss con privarle de su apoyo y respaldar a otro canciller, como el dirigente de la Heimwehr Emil Fey.

El canciller mantuvo en vano nuevas conversaciones con los dirigentes socialistas, en las que no se llegó a ningún acuerdo entre las dos partes. El hostigamiento de la Heimwehr a los socialistas, instigado por las exigencias italianas de mayor represión, desbarató a finales de mes los esfuerzos de Dollfuss canciller por alcanzar un acuerdo con la oposición. El 27 de enero, Fey movilizó a sus unidades de la Heimwehr, anunciando a sus comandantes que se acercaba el momento de la «acción definitiva» contra los socialistas. Al día siguiente, el caudillo nacional de la formación, el príncipe Ernst Rüdiger Starhemberg, llamó a sus seguidores a prepararse para la «contienda final contra el marxismo». El 31 de enero, Fey expulsó a los representantes socialistas del Parlamento regional en Innsbruck. La persecución de la oposición continuó durante los días siguientes: el 5 de febrero las oficinas del Partido Socialista y las del diario local en Innsbruck sufrieron ataques; el 6 y el 7, lo fueron las sedes de la formación en Linz, Graz y Eisenstadt; el día 7, se realizó un registro del diario socialista de la capital Arbeiter-Zeitung, justificado como una búsqueda de armas.

La resistencia socialista al acoso gubernamental fue mínima: aunque existían planes para defender las sedes del partido y los diarios, la dirección de la organización se hallaba dividida y deseaba en general evitar un choque armado con el Gobierno. En una reunión crucial el 8 de febrero, se aprobó no oponer resistencia a las acciones gubernamentales para evitar un enfrentamiento y posponer nuevas medidas hasta una nueva reunión, que debía tener lugar el día 12.

El día 10, Fey abolió la autonomía de la policía de la capital, hasta entonces dependiente del alcalde socialista Karl Seitz, y la sometió a la autoridad del Ministerio del Interior, que controlaba. Al día siguiente, anunció a sus seguidores en una reunión a las afueras de Viena que pronto podrían reanudar sus actividades contra los socialistas con apoyo gubernamental.

Situación general La situación favorecía al Gobierno, que controlaba las fuerzas de seguridad, mejor armadas, organizadas y numerosas que las de los socialistas. La dirección de estos estaba además desunida sobre la conveniencia de enfrentarse militarmente con las autoridades. El gabinete también había logrado debilitar a sus oponentes tanto mediante la incautación de arsenales en las semanas anteriores al estallido de los combates como arrestando a numerosos de los cuadros de la Schutzbund. El fracaso de los socialistas en su intento de paralizar el tráfico ferroviario, lo que hubiese complicado las acciones gubernamentales, también influyó en el rápido aplastamiento de los alzados. También resultó un fracaso la huelga general. El Consejo de Ministros también empleó con eficacia la propaganda contra los rebeldes, anunciando por adelantado la huida de sus principales dirigentes o acusándolos incorrectamente de haberse fugado con los fondos del partido.

Desarrollo del conflicto Combates en Linz miniatura|240px|derecha|Monumento a las víctimas y luchadores por la libertad de la Guerra Civil Austríaca, en el patio del Hotel Schiff, Linz. La madrugada del 12 de febrero, una operadora advirtió una llamada sospechosa de Viena al secretario local del Partido Socialdemócrata de Austria en la Alta Austria, el extremista Richard Bernascheck y la comunicó a la policía. Esta irrumpió en la residencia de Bernaschek en el hotel Schiff de Linz a las siete de la mañana, lo arrestó y registró su despacho. Se encontró una copia de una carta fechada el día anterior y destinada a la dirección del partido en la capital en la que se indicaba el hartazgo de la Liga de Defensa Republicana de la región con el acoso gubernamental y la decisión de la dirección de oponerse por las armas a cualquier nuevo registro o acción contra la organización o contra el partido en la provincia; Bernaschek esperaba el auxilio de todo el partido en caso de que tuviese lugar el esperado enfrentamiento. Según los dirigentes de la Alta Austria, la pasividad socialista únicamente conducía a la implantación de una dictadura como había sucedido en Alemania. La respuesta del dirigente del partido, Otto Bauer, había sido contraria a los planes de Bernaschek: Bauer creía que desencaderanían una guerra civil. Ante los rumores de un nuevo registro de la sede del partido en Linz, Bernaschek apostó cincuenta hombres en esta, dispuesto a rechazarlo por la fuerza. Esperando que el asalto policial se realizaría en horario de oficina como en casos anteriores, la llegada de los agentes lo cogió por sorpresa, con apenas tiempo para avisar del jefe local de los socialcristianos para que evitase el choque, a las unidades de la Liga para que se movilizasen y a pedir que se informase a la capital de la situación. Poco después y antes de que los refuerzos socialistas pudiesen llegar al lugar, fue detenido por el contingente de la policía, que había alertado al Ejército de su intención de registrar la sede socialista.

Pronto estalló un tiroteo entre la guardia socialista que protegía el edificio y los policías, que quedaron atrapados. Mientras, las unidades militares de la región comenzaron a movilizarse. A las nueve menos cuarto de la mañana, una compañía de una unidad de montaña rodeó el edificio. Tras recibir refuerzos, los militares lograron que los socialistas atrincherados en el hotel capitulasen: el enfrentamiento solo había causado un muerto y dos heridos.

Reacción socialista en la capital Los socialistas vieneses recibieron la noticia de los choque en Linz hacia las ocho de la mañana; como la sede el partido había sido ocupada por el Gobierno el día 8, se reunieron de urgencia en el piso de la hermana del dirigente nacional de la Liga, Julius Deutsch. Los que acudieron a la improvisada convocatoria se mostraron divididos sobre la conveniencia de enfrentarse al Gobierno mediante la proclamación de una huelga general y la movilización de la Liga. La decisión de numerosos trabajadores de ir a la huelga con o sin el respaldo de la dirección socialista precipitó finalmente el apoyo de esta al llamamiento a la huelga.

Bauer y Deustch se instalaron en el Georg-Washington-Hof, convertido en cuartel general socialista. Desde allí ordenaron primero la movilización de la Liga alrededor de las diez y media de la mañana, la entrega de armas a las unidades dos horas más tarde y el combate contra las fuerzas gubernamentales en torno a la una de la tarde. En todo momento, los acontecimientos se adelantaron a las órdenes de la dirección socialista.

Acción gubernamental En el consejo de ministros de la mañana, Emil Fey acusó a los socialistas de haber estado preparando un golpe de Estado y de haber recibido armas de la vecina Checoslovaquia. En realidad y como sabía el Gobierno, los socialistas solamente estaban dispuestos a oponerse a las acciones del Gobierno por la fuerza en defensa de ciertas libertades constitucionales y su armamento provenía principalmente del antiguo ejército austrohúngaro. La descripción de los hechos realizada por el vicecanciller fue errónea y fundamentalmente destinada a justificar la represión de la oposición socialista.

Por su parte, el canciller Dollfuss, que desconfiaba de la lealtad de la Heimwehr y sospechaba de sus tratos con los nacionalsocialistas, decidió aprovechar el conflicto para aplicar ciertas reformas políticas, entre ellas el sometimiento de la capital al Gobierno federal y la abrogación de su autonomía. El Consejo de Ministros prohibió el partido socialista y todas sus organizaciones anexas y se incautó de sus publicaciones. Todos los miembros del partido en cargos públicos fueron expulsados de ellos. Los sindicatos de la formación fueron abolidos o integrados por la fuerza en el Frente Patriótico.

Acontecimientos en la capital

Movilización socialista A las 11:46 a. m. los trabajadores de la red eléctrica cortaron el suministro a la capital y los tranvías se detuvieron, señal habitual del comienzo de una huelga general. El cambio tres días antes de esta indicación por la del anuncio por radio de la detención del alcalde socialista, Karl Seitz, decidida por la dirección del partido pero aún no comunicada a todas sus secciones fue el primer signo de confusión del día. Aunque la comunicación entre el cuartel general socialista y las unidades de la Liga fue muy deficiente, los principales barrios obreros (Floridsdorf, Ottakring, Simmering y Döbling) se organizaron por su cuenta y comenzaron a enfrentarse a las fuerzas de seguridad incluso antes de la señal de huelga.

Los primeros choques se produjeron en Simmering, donde las fuerzas de la Liga asaltaron una comisaría hacia las 11:10 a. m. y una hora más tarde controlaban el tráfico ferroviario del barrio. En Ottakring los combates principiaron más tarde, hacia las 13:05, con el fallido intento de la policía de desbandar una concentración de la Liga. En Margareten, los socialistas dominaron un punto importante que impedía el movimiento de las fuerzas de seguridad y del que estas los desalojaron durante la tarde gracias al empleo de ametralladoras pesadas. Aunque los principales combates se libraron en Döbling y Floridsdorf, fue en estos barrios donde comenzaron más tarde. Hacia las 18:50, la Liga comenzó a disparar contra una comisaría desde el enorme complejo residencial del Karl-Marx-Hof, en el primero de los barrios. El segundo, estratégico pues controlaba tres puentes del Danubio, contaba con algunas de las mejores unidades de la Liga y se movilizó ordenadamente, pero sufrió un grave contratiempo: la detención de la dirección socialista en el barrio vecino al otro lado del río, que era la que conocía la ubicación de los arsenales secretos.

Otro importante punto controlado por los socialistas fue la fábrica de pan de Ankerbrot en el barrio de Favoriten, la principal de la ciudad. Los trabajadores que tomaron la fábrica lograron rechazar un primer asalto el día 13 de una unidad de la Heimwehr, pero tuvieron que capitular ante el embate de unidades del Ejército.