miniaturadeimagen|Plano de Albacete de la segunda mitad del La historia de Albacete hace referencia a la relativa a dicha ciudad española, ubicada en el sureste de la península ibérica.

Orígenes miniatura|Yacimiento arqueológico de la Edad de Bronce de El Acequión.|izquierda miniatura|A principios del se encontraron en la localidad de El Salobral, sendas Esfinges Gemelas, pertenecientes a la cultura íbera. miniatura|Estatuaria íbera en el Museo Provincial de Albacete. Los orígenes de Albacete no se pueden precisar con exactitud, aunque en sus inmediaciones (Acequión, Pozo Moro y Balazote), e incluso dentro de su municipio, se ha encontrado restos procedentes de la cultura íbera, y romana. Entre ellos cabe citar por su importancia el yacimiento arqueológico de El Acequión, datado en la Edad de Bronce, que constituye uno de los mayores exponentes del Bronce Manchego, las Esfinges gemelas de El Salobral, halladas en 1901. Dotadas de un significado mágico, tienen carácter apotropaico (es decir, defendía el monumento funerario frente al expolio y protegía la memoria del difunto) y psicopompo (un vehículo para conducir el alma del difunto al mundo de ultratumba). La esfinge conservada en España conserva restos de policromía, especialmente un rojo intenso, considerado el color de vida por su parecido con el de la sangre humana. Por sus rasgos estilísticos se fecha su cronología a finales del

No obstante, y gracias a algunos hallazgos cerámicos, se estima que los mismos han de remontarse a la época andalusí, habiendo nacido como una pequeña alquería, documentada al menos desde el , próxima a Chinchilla de Monte-Aragón, plaza de la que dependió durante casi toda la Edad Media, siendo su nombre original البسيط Al-Basit (La Llanura). De la misma época existen algunos documentos que hacen referencia a un viejo castillo situado en la zona que data de la época Califal.

Se cree que la primera mención de la ciudad se da en el año 928, cuando Al-Udri se refiere a la derrota y destierro de uno de los hijos del rebelde Ibn as-Satid en Al-Basit, aunque también se ha barajado la posibilidad de que esté destierro se llevara a cabo en una zona también conocida como "los llanos” comprendida entre las localidades de Alicante y Callosa.

Hacia 1144, Ibn Abd al-Aziz reguló en Valencia que encargaba al alcaide Ibn Iyad asegurar como suyas y propias las tierras y gentes de Albacete contra los lamtuies.

Según las crónicas de la época, poco más tarde, en 1146 tuvo lugar en las inmediaciones de lo que hoy es la ciudad de Albacete la batalla de al-Luŷŷ, que le costó la corona y la vida al rey levantino Sayf al-Dawla, muerto por soldados del reino de Castilla.

Tras la batalla de Las Navas de Tolosa, en 1212, los reyes cristianos rompen las defensas almohades y se adentran en los despoblados y desprotegidos territorios de La Mancha albacetense. La pequeña Al-Basit es tomada en 1241, bajo el reinado de Fernando III el Santo de Castilla por Pelayo Pérez Correa (quien también tomaría amplias zonas del Levante) y entregada como aldea a la villa de Chinchilla en 1269, dentro del poderoso Concejo de Alarcón.

En la historia de esta provincia, y en general, en la historia de la Edad Media española, tiene un gran peso la figura de don Manuel, hermano del rey Alfonso X el Sabio, que había logrado un importante señorío tras la conquista de los reinos musulmanes levantinos.

miniatura|izquierda|Carta de Privilegio y Confirmación de Albacete del , Archivo Histórico Provincial.

El señor del Marquesado de Villena inicia una ingente labor de repoblamiento, con la esperanza de triunfar allí donde el rey y la Orden de Santiago habían fracasado. Mediante el Privilegio de Villazgo, promulgado en la localidad conquense de Castillo de Garcimuñoz en 1375, se concede a Albacete el título de villa independiente de Chinchilla. No obstante, el señorío de Villena y más tarde marquesado, padecería numerosas vicisitudes en los años siguientes. Durante un lustro, las tierras albaceteñas son escenario de un conflicto bélico entre los partidarios de los Reyes Católicos y los de Juana la Beltraneja, apoyada por don Diego López Pacheco, segundo marqués de Villena. El fin del Marquesado de Villena se inicia en 1475, con la sublevación de Alcaraz y todo su Concejo.

Será durante los siglos y cuando se erijan en distintos puntos de la villa tres fortalezas localizadas en los tres puntos con mayor altitud; una situada en la actual plaza de las Carretas, otra en la "Villanueva" o Alto de la Villa, actualmente Villacerrada, y la tercera en el Cerrillo de San Juan.

Finalmente, los Reyes Católicos y sus partidarios ganan la contienda y la Corona se apropia de todas las villas, expropia el Marquesado y las encomiendas de la Orden de Santiago, y hace sentir el peso de la nueva política. La nobleza, aún la perdedora, es compensada con creces y las ciudades ven recortados sus fueros y privilegios.

Los sucesos históricos que convulsionan Castilla en los siglos siguientes, afectan a Albacete de diversas maneras. Durante la Guerra de las Comunidades de Castilla y salvo un breve período la capital, igual que otras grandes villas, permanecen fieles a la monarquía.

Edad Moderna miniatura|En 1710 Felipe V concede a la ciudad el privilegio de organizar una feria franca. En la imagen, puerta de hierros del recinto ferial.

Durante la guerra de las Comunidades de Castilla Albacete se mantuvo al principio leal a Carlos I, pero a finales de septiembre de 1520, posiblemente el día 29, tuvo lugar en la ciudad una revuelta que terminó instaurando en ella una administración comunera: las autoridades vigentes en el momento, como regidores y alcaldes, fueron expulsadas y reemplazadas por otras nombradas por los vecinos.

Se sucedieron entonces los episodios comunes en todas las ciudades sublevadas: préstamos forzosos, destierros de los traidores o sospechosos etc. Pero el movimiento comunero no perduró por mucho tiempo en Albacete. A comienzos de diciembre, la ciudad volvió a las filas realistas, y en marzo de 1521, se preparó para enviar contingentes armados de refuerzo al prior de San Juan, que combatía a la rebelde Toledo. El 24 de dicho mes hacen alarde, y el 25 se reúnen para partir el 28 al amanecer, dirigidos por Gabriel de Guzmán. Ese día y el siguiente parten un total de 126 infantes y 12 caballeros. El sistema de recluta en algunos casos fue forzoso, lo que conllevó a quejas y deserciones de soldados. Problema que Guzmán intentó solucionar ordenando apresar a quienes se negasen a ir al ejército y solicitando a otros para llenar el lugar de los desertores. Para aprovisionar de armas a dicho contingente enviado, Albacete se valió de las armas guardadas por el concejo y de las requisas que este mandó hacer a los vecinos. El 29 de abril salió además una nueva expedición, esta vez compuesta por 102 infantes y 10 caballeros. La anterior regresó el 10 de mayo y ésta uno o dos días después, es decir, de forma anticipada. Es por ello que cuando el 20 de mayo se terminó de pagar a ambos contingentes, se requirió a los soldados que habían partido el 29 de abril que devolviesen el dinero que habían recibido de más.

Durante el , Albacete continuó su lento, aunque progresivo crecimiento, llegando a contar con 5000 habitantes. Durante este siglo, en 1526, Carlos I regalará el señorío de Albacete a su esposa, la emperatriz Isabel de Portugal como presente de boda, permitiendo la instalación en la zona de diversas órdenes monacales (franciscanos –conventos de San Francisco y de Franciscanas de la Encarnación –, justinianas –convento de San Lorenzo Justiniano– o agustinos –convento de San Agustín–), comenzando a erigirse también en esta época la iglesia de San Juan que posteriormente se convertiría en catedral.

Estructura y funcionamiento de la administración municipal durante los siglos y .

La villa de Albacete se encuadraba en el corregimiento “de abajo”, originado a partir de 1586 en la Gobernación del Marquesado de Villena, que comprendía dos ciudades (Chinchilla y Villena) y nueve villas: La Roda, La Gineta, Albacete, Tobarra, Hellín, Yecla, Sax, Almansa y Ves. No obstante su menor rango, consta que a menudo el corregidor residía largas temporadas en Albacete

El concejo de Albacete estaba compuesto, como otros muchos concejos castellanos, por regidores, dos alcaldes ordinarios y un alguacil mayor (todos ellos, oficiales capitulares, es decir, que participaban en las reuniones del concejo –ayuntamientos- con voz y voto) y otros oficiales, como alcaldes de hermandad, escribanos, fieles, etc. Los ayuntamientos se solían celebrar los sábados por la mañana, en el edificio de la plaza Mayor, en la sala de Nuestra Señora de la Estrella, llamada así por la presencia de una imagen de esta advocación

Desde la época bajomedieval los oficios capitulares se elegían anualmente en torno al día de San Miguel (29 de septiembre) sobre una rueda de treinta y tres candidatos, personas honradas y que tuviesen bienes reconocidos por valor de 100.000 maravedíes en adelante, que rotaban por sorteo en grupos de once cada tres años, lo que mantenía los oficios municipales capitulares en manos de las familias más acomodadas.

Los dos alcaldes ordinarios presidían los ayuntamientos, aunque su función principal era la de administrar justicia, interviniendo en causas civiles y criminales en primera instancia; el alguacil mayor, junto con sus auxiliares, ejecutaba las sentencias de los alcaldes ordinarios. Se nombraba también un alcalde para El Salobral, la única población que Albacete tuvo bajo su jurisdicción en el , tras la emancipación de La Gineta, que obtuvo su privilegio como villa en 1553. A mediados de la década de los ochenta del fueron suprimidos los alcaldes ordinarios, siendo sustituidos por un teniente del corregidor.

Los regidores fueron el verdadero corazón de la institución municipal, pues siendo en principio oficios elegibles anualmente, en número de seis (más dos jurados), fueron transformados a partir de 1543 en oficios perpetuos (inicialmente, vitalicios; a partir del muchos se fueron transformando en oficios hereditarios) siendo adjudicados por el Rey a cambio de una contribución monetaria. Además su número fue creciendo: ocho en 1543, año en que se produjo la enajenación de los oficios de regimiento en el contexto de la guerra contra Francia, siendo ya doce en 1555 y dieciocho en 1561; al comenzar el los regidores se habían convertido en 28 y al inicio del reinado de Felipe IV eran 33 los regidores de Albacete. Los sucesivos incrementos de oficios no se produjeron por necesidades del gobierno municipal sino para recaudar fondos por parte de la Hacienda Real, hasta el punto de que la proporción de regidores con respecto al número de vecinos llegó a ser mayor en Albacete que en Madrid, sede de la Corte. En el marco del programa de reformas iniciado por el conde-duque de Olivares, se trató de reducir en dos tercios los oficios municipales, considerando que su excesivo número era perjudicial para el buen gobierno de las poblaciones; el proceso se inició en Albacete en 1624, pero el consumo se anuló a fines de 1626, lo que supuso que volvieran a tomar posesión todos los antiguos regidores. En 1651 el número de regidores de Albacete alcanzaba ya los 40.

La cantidad con que los agraciados habían de servir a la Hacienda Real por la merced del regimiento que se les otorgaba fue variando, siendo mayor con el paso de los años y en función de las características de los oficios adquiridos. Los primeros oficios de regidor enajenados en la villa de Albacete en 1543 costaron 400 ducados (149.600 maravedís) a sus respectivos propietarios, los enajenados posteriormente valieron 450 ducados y a comienzos del fueron ya 1000 ducados. Eran cantidades muy importantes, teniendo en cuenta que en 1600 un pan de una libra costaba 6 maravedís en Albacete, y que el salario de un jornalero oscilaba entre 50 y 68 maravedís por un día de trabajo.