Tarjeta postal que celebra la entrada de Bulgaria en la Primera Guerra Mundial, 1915.|thumb|right
La historia de Bulgaria durante la Primera Guerra Mundial abarca los años 1914-1919, aunque el país no entró en el conflicto mundial hasta octubre de 1915 con su ataque al reino de Serbia tras su alianza con las Potencias Centrales en septiembre. Fue el único de los países de la región que se alió con las Potencias mientras que sus vecinos (Serbia, Rumanía, Grecia y Montenegro) se decantaron por la Entente.
Bulgaria entró en guerra para obtener los territorios que consideraba propios y había perdido desde el Congreso de Berlín de 1878 y solamente cuando una de las alianzas beligerantes, los Imperios, satisfizo sus exigencias territoriales, especialmente la cesión de Macedonia, perdida en la segunda guerra balcánica. Logró este objetivo tras participar en la campaña contra Serbia del otoño de 1915. Más tarde, con la entrada en el conflicto de Rumanía en agosto de 1916 y la derrota militar de esta, logró la devolución de la Dobruja meridional, aunque no el control de la septentrional, que fue fuente de disputas entre los coligados.
Una vez logrados los territorios anhelados, Bulgaria perdió su interés por la guerra y trató de mantener sus ganancias hasta la conferencia de paz. Sus discretos intentos de firmar una paz separada gracias a la mediación de los Estados Unidos, país con el que no se hallaba formalmente en guerra, fracasaron. Finalmente, en el otoño de 1918, la desmoralización de las tropas por la situación cada vez peor del frente, la evacuación alemana de gran parte de sus unidades, las penurias en la retaguardia y una dura ofensiva de la Triple Entente hundieron el frente macedonio. El Gobierno búlgaro tuvo que apresurarse a solicitar el armisticio, incapaz de frenar el avance militar aliado, mientras se enfrentaba a un motín revolucionario de parte de las unidades, que pudo finalmente ser sofocado. La rendición búlgara a finales de septiembre y los continuos reveses en el frente occidental llevaron poco después a la rendición del resto de la coalición.
A pesar de sus esperanzas, basadas en las promesas estadounidenses reflejadas en los «Catorce Puntos» del presidente estadounidense Woodrow Wilson, Bulgaria no solo no retuvo sus conquistas militares de la guerra en el tratado de paz, sino que perdió nuevos territorios, lo que causó un aumento del irredentismo que caracterizó parcialmente el periodo de entreguerras.
Antecedentes
La derrota en la segunda guerra balcánica había enemistado a Bulgaria con sus vecinos y la había privado de sus conquistas de la primera. La falta de respaldo ruso a los anhelos búlgaros en las negociaciones de paz había hecho que el Gobierno de Sofía se acercase a Viena, pese a las dificultades de una alianza formal por la cercanía teórica entre esta y Bucarest. Nada más llegar al Gobierno, el primer ministro Radoslavov ofreció la alianza a Viena, con la que compartía la hostilidad hacia Serbia. El ofrecimiento se repitió en julio; los austrohúngaros se mostraron interesados, pero cautos. Los intentos del zar Fernando de lograr la liga con los austrohúngaros durante su visita de verano a Viena tampoco dieron fruto. La actitud de Alemania, más interesada en defender los intereses otomanos y griegos, tampoco favorecía el pacto austro-búlgaro. La enemistad rumano-búlgara era otro factor que dificultaba el acercamiento a la Triple Alianza, ya que Berlín no deseaba la pérdida de la amistad rumana.
Al mismo tiempo, las graves necesidades financieras búlgaras debidas a las guerras hicieron que el otorgamiento de créditos a Sofía sirviese como método para atraerla a uno u otro bando. El Gobierno deseaba un gran crédito de doscientos cincuenta millones de leva para integrar los nuevos territorios adquiridos en las últimas guerras con el resto del país y construir un puerto moderno en Porto Lagos. Ni Austria-Hungría ni Francia, no obstante, se mostraron dispuestas durante 1913 a autorizar los créditos solicitados en las condiciones deseadas por Bulgaria, por lo que la crisis de la deuda quedó sin resolver ese año.
En febrero de 1914, los búlgaros trataron nuevamente de lograr el empréstito ansiado en Francia, pero la presión rusa hizo que esta lo denegase. Se entablaron entonces conversaciones en Berlín para solicitar un gran crédito alemán a Bulgaria que resolviese los problemas financieros búlgaros. Francia y Rusia, temerosas de que el acuerdo financiero se convirtiese también en político, trataron de estorbar las negociaciones. A finales de abril, sin embargo, estas habían avanzado mucho, a pesar de las duras condiciones de los bancos alemanes. Después de más retrasos por desacuerdos en las condiciones, que los alemanes tuvieron que suavizar, y ofertas de última hora de los franceses, Bulgaria aceptó el préstamo alemán el 15 de julio.
En 1914 Bulgaria se encontraba disgustada por el resultado de las guerras anteriores y debilitada por el esfuerzo bélico realizado. Sus aspiraciones de recuperar los territorios otorgados en el Tratado de San Stefano de 1878 eran irrealizables sin un cambio de la situación política europea. El asesinato del heredero al trono austrohúngaro en Sarajevo en el verano de 1914 proporcionó la oportunidad que los políticos búlgaros esperaban para cambiar el resultado de las guerras balcánicas.
Negociaciones con la Entente y los Imperios thumb|200px|izq|Vasil Radoslavov, presidente del Consejo de Ministros desde la derrota búlgara en la segunda guerra balcánica, se convirtió junto con el zar Fernando en la personificación de la política favorable a las Potencias Centrales.
Los dos bandos que acabaron enfrentados en la guerra mundial eran conscientes de la importancia estratégica de Bulgaria, pero Fernando evitó firmar liga formal alguna con los bloques de potencias enfrentados, temiendo sufrir la suerte del asesinado archiduque Francisco Fernando, que sospechaba había sido liquidado por los rusos. Las relaciones de Bulgaria con el Imperio otomano y Rumanía tampoco eran buenas: hubo incidentes fronterizos con bajas en la frontera búlgaro-rumana en julio que complicaban el entendimiento entre Sofía y Viena, coligada con los rumanos. Sin garantías por parte de Rumanía y los otomanos, Bulgaria no estaba dispuesta a entrar en guerra contra la Entente.
Por otro lado, las conversaciones greco-otomanas produjeron suspicacias en Bulgaria, que temía que ambos vecinos tratasen de coligarse contra ella. La creciente tensión entre Austria-Hungría y Serbia y la incertidumbre sobre la posición de los demás países vecinos desaconsejaban el acercamiento búlgaro a los austrohúngaros. La posibilidad de una guerra, cada vez mayor, y la mala situación de las fuerzas armadas tras la derrota en la segunda guerra balcánica hicieron que Bulgaria declarase el la neutralidad, incluso antes del estallido de la contienda. Además de la adversa situación militar, el Gobierno búlgaro deseaba observar el rumbo del enfrentamiento antes de apoyar a uno u otro bando; en caso de victoria austrohúngara, esperaba obtener de todas maneras Macedonia.
Pese a los continuos intentos del embajador austrohúngaro de obtener la alianza de Bulgaria antes de la declaración de guerra contra Serbia (28 de julio), Fernando rehusó concederle audiencia, no deseando comprometerse con ninguno de los bandos. Los austrohúngaros deseaban contar con las tropas búlgaras contra Serbia para poder enviar parte de las suyas propias contra las unidades rusas en Galitzia. La declaración de guerra austrohúngara fue recibida con alborozo en Bulgaria, incluso habiéndose proclamado formalmente neutral. La falta de un alineamiento claro no impidió al Gobierno de Vasil Radoslavov fomentar las actividades guerrilleras en Macedonia a petición de los austrohúngaros, al considerar a Serbia como la principal enemiga de los búlgaros.
thumb|200px|Fernando I de Bulgaria, favorable a las Potencias Centrales como el primer ministro Vasil Radoslavov, retrasó la entrada en guerra de Bulgaria hasta asegurarse las concesiones territoriales deseadas que revirtiesen las consecuencias del Tratado de Bucarest.
Los ataques en Macedonia aumentaron el número de refugiados y la tensión con el país vecino. A la vez, Radoslavov estudiaba las diversas propuestas que los rusos, principales aliados y protectores de Serbia, realizaron al Gobierno de Sofía. Se sucedieron las negociaciones con ambos bandos, en las que Radoslavov trató de obtener los mayores beneficios territoriales posibles a cambio de decantarse por uno de ellos. El precio de la alianza búlgara era la revisión del Tratado de Bucarest de 1913 y, en especial, la entrega de Macedonia. Las simpatías de Fernando y de Radoslavov por los alemanes no garantizaron el alineamiento inmediato del país con los Imperios.
Los intentos de los Imperios y la Entente de lograr la liga con Sofía se alargaron más de un año. El 19 de agosto de 1914, Radoslavov alcanzó una importante victoria diplomática merced al acuerdo defensivo con los otomanos que aseguró el flanco sureste búlgaro sin que esto le supusiese realizar concesiones. A pesar del aparente acercamiento a los Imperios por este acuerdo, el primer ministro se mantuvo firme en sus exigencias territoriales, y la derrota austrohúngara a manos del Ejército serbio el 24 de agosto debilitó la posición austrohúngara en las negociaciones. El pacto con los otomanos disponía además que Bulgaria no tomaría la ofensiva hasta no tener garantías de Rumanía, que esta no se hallaba dispuesta a conceder explícitamente por temor a Rusia.
El 22 de agosto, la Entente realizó su oferta a Fernando a través del representante ruso: la cesión de la parte de Macedonia estipulada en el acuerdo de alianza serbo-búlgaro de 1912 y la protección de su dinastía a cambio de la neutralidad benevolente hacia Serbia y el ataque a Rumanía o el Imperio otomano si cualquiera de estos atacaba Rusia. Grecia y Serbia, sin embargo, se negaron a otorgar los territorios necesarios para cumplir la propuesta, y las potencias de la Entente se mostraron reacias a forzarlas a ello. En septiembre las negociaciones con Bulgaria se estancaron, en parte por el equilibrio en el frente, que hacía que Radoslavov se mostrase reacio a asociarse a cualquiera de los dos bandos, y en parte por la falta de mejoras en las ofertas territoriales a Sofía.
thumb|350px|Europa en 1914.
La entrada en la contienda del Imperio otomano del lado de los Imperios aumentó el valor estratégico de Bulgaria para los dos bandos: para los Imperios era la ruta más sencilla para abastecer de pertrechos a los otomanos; para los Aliados, la entrada en guerra de Bulgaria podía reforzar su ofensiva en Galípoli y favorecer la toma de los estrechos del mar Negro, que hubiese facilitado el abastecimiento de Rusia. La Entente había declarado la guerra al Imperio cuando el 29 de octubre los navíos Goeben y Breslau, transferidos a la Marina otomana, pero con tripulaciones alemanas, bombardearon instalaciones rusas en el mar Negro.
Tras el rechazo búlgaro de una nueva propuesta de la Entente que incluía la frontera Eno-Midia, parte de Tracia y Macedonia hasta el río Vardar, y que disgustó a Rumanía, Grecia y Serbia, el 24 de noviembre, los embajadores de la Entente tuvieron que limitarse a vagas promesas, mientras que los representantes de las Potencias Centrales, tras ciertas dudas, prometieron a Bulgaria el la entrega de Macedonia incluso sin necesidad de que Bulgaria se aliase formalmente con ellos. Alentaron, no obstante, al Gobierno de Sofía a atacar a Serbia. Radoslavov, sin embargo, deseaba no tener que enfrentarse a Serbia para lograr Macedonia, sino que fuesen los Imperios quienes tomasen el territorio y se lo entregasen a Bulgaria.