thumb|Freud y otros psicoanalistas en 1922: Sándor Ferenczi, Hanns Sachs (de pie); Otto Rank, Karl Abraham, Max Eitingon, Ernest Jones.

El psicoanálisis surge gracias a problemáticas patológicas que la medicina no lograba explicar adecuadamente. Más concretamente, empieza a tener sus primeras influencias en pacientes con histeria de la mano de Josef Breuer y luego Sigmund Freud. Por consiguiente, desde el inicio el psicoanálisis tuvo una relación estrecha con la salud y sobre todo con la enfermedad.

El psicoanálisis puede ubicarse dentro de la línea ética planteada por el historiador Thomas Leahey, en cuanto rama de la psicología que estudia los comportamientos humanos cuyo objeto de estudio es el inconsciente.

En este marco se observa que, a fines del , se entendía a la enfermedad psíquica como una serie de perturbaciones corporales y anímicas. Esto puede considerarse el punto de partida que intenta dar fin a la histórica escisión mente-cuerpo.

Estaba claro que estas perturbaciones no solo afectaban al paciente en su vida individual, sino que también se veía afectado su entorno social, ya que algunos de los síntomas del enfermo incluían la imposibilidad de expresarse correctamente, con su consiguiente dificultad para relacionarse con su entorno.

Al iniciar el trabajo con pacientes Josef Breuer y posteriormente Freud, coincidieron en el hecho de que el enfermo había sufrido , donde se mostraba la multicausalidad como factor desencadenante del estado patológico.

Freud desarrolla su modelo teórico para la comprensión del funcionamiento psíquico del ser humano tanto en la "normalidad"" como en la patología, formulando su hipótesis del inconsciente basado fundamentalmente en los sueños, utilizando además otras vías como los actos fallidos y los síntomas neuróticos.

En la misma época las ideas predominantes de la escuela francesa, de la cual Josef Breuer y Freud recibieron influencia, se volcaba a una concepción más biologicista de la enfermedad, basándose en investigaciones de Jean-Martin Charcot y posteriormente Pierre Janet, quienes entendían el origen de estos trastornos anímicos en una “alteración degenerativa del sistema nervioso.”.

Cabe agregar aquí que de las corrientes surgidas en esa época y en oposición a la psicología tradicional, el psicoanálisis fue la única que no tenía origen académico ni de laboratorio. Surge de la práctica clínica, estando su origen e interés vinculado a la problemática de la enfermedad mental.

Al ser Freud un neurólogo, el psicoanálisis surge más vinculado con el ámbito médico que a los círculos psicológicos de la época.

Es interesante destacar aquí que, dentro de lo considerado en la época en estado saludable, se podía probar igualmente la existencia de la patología. Tal es el caso del acto fallido, el cual era tomado por el psicoanálisis como evidencia de la existencia de la represión y resistencia, aun en pacientes supuestamente sanos.

Concepciones de salud y enfermedad en la historia Mediante los estudios de pacientes con histeria, Freud afirmó que los fundamentos más directos para la génesis de síntomas histéricos han de buscarse en el ámbito de la vida psíquica.

Planteó que un individuo, para conservar su salud, tiende a empequeñecer la suma de excitaciones que se dan en el sistema nervioso cuando experimenta una impresión, con lo que logra empequeñecer esta suma de excitaciones mediante la vía motriz. Un claro ejemplo es cuando a un hombre le dan una bofetada; entonces, el trauma psíquico se conecta con un acontecimiento de la suma de excitaciones del sistema nervioso; de este modo nace en el ofendido la inclinaciones a aminorar enseguida esta excitación acrecentada, y por lo tanto devuelve la bofetada, con lo que siente más alivio.

Para Freud, la acción es la reacción más adecuada, pero existe un sustituto para esta y es la palabra. Por ejemplo, devolviendo la afrenta mediante un insulto. Si el sujeto no logra devolver la afrenta por ninguna de estas vías, se crea entonces la posibilidad de que el recuerdo de ese suceso vuelva a convocarle el mismo afecto que tuvo presente al comienzo y que se convierta en un trauma psíquico.

El mecanismo psíquico sano tiene otros medios para transitar el afecto de un trauma; si el ofendido no devuelve la bofetada ni insulta, puede sin embargo aminorar el afecto de la ofensa evocando en su interior una representación contratante sobre su propia dignidad. A esto le llama procesamiento asociativo.

Freud concluye que la persona sana puede trasmitir la ofensa de una forma o de otra, pero siempre debe llegar a que el afecto (que en el origen estaba intensamente adherido al recuerdo) pierda al final intensidad, y el recuerdo despojado del afecto termine por olvidarse.

Este proceso no sucede en la histeria; por lo tanto, para lograr hacer desaparecer un síntoma, se le solicita vivenciar por segunda vez ese trauma psíquico (en donde no reaccionó de una forma apropiada) y se le solicita que complete su acción. Se logra así que se aligere del afecto de la representación y se cancele.

La interpretación de los sueños y su vinculación con los estados patológicos La teoría psicoanalítica le ha dado fundamental importancia a los sueños y a su interpretación, debido a que estos muestran relación con las perturbaciones mentales, ya que pueden anunciar un estado patológico o bien ser alterados en personas que ya presentan la enfermedad mental.

thumb|330px|Diagrama de relación sobre el trabajo del sueño y el desplazamiento

A través del análisis de los sueños se accede a información de las creaciones de la enfermedad mental. Dentro de éste análisis se encuentran conceptos como el contenido manifiesto del sueño, que son aquellas imágenes de lo soñado que recordamos al despertar; los pensamientos oníricos latentes, presentes en el inconsciente y el trabajo del sueño, proceso que desfigura estos pensamientos oníricos para convertirlos en el contenido latente del sueño. Este trabajo del sueño, sustentado en fuerzas defensoras del yo, niega a aquellos deseos reprimidos el acceso normal a la conciencia, al menos, desfigurándolos. Es en esta desfiguración en donde queda en evidencia para Freud el concepto fundamental de la teoría en sus primeras obras, el de desplazamiento, en el cual la intensidad o energía de una representación, la reprimida en el inconsciente, puede desprenderse de ésta para pasar a otras representaciones menos intensas, el contenido manifiesto en este caso, y puede llegar a manifestarse incluso en el ámbito somático. Es así como, generalizando en su descripción de patología y basado en el concepto de desplazamiento, Freud entiende que:

thumb|240px|El sueño del patricio, de Bartolomé Murillo, 1665, Museo del Prado

El sueño se enmarca en la concepción psicoanalítica de salud-enfermedad; por ejemplo, en el hecho de que luego de una enfermedad mental y en el estado de convalecencia, un paciente puede mantener un funcionamiento sano durante la vigilia, pero en el estado onírico se pueden observar aún manifestaciones de la patología supuestamente superada.

Basándose en los sueños como vía de acercamiento hacia el inconsciente y lo allí reprimido, Freud identifica en sus investigaciones el posible origen de la patología incluso en la primera infancia, en donde:

thumb|160px|Portada de la primera edición en alemán de La interpretación de los sueños

El psicoanálisis considera obligatoria la aceptación por parte del paciente histérico de la existencia de un pensamiento reprimido en él, el cual ha sido trabado por los síntomas patológicos y cuya existencia se demuestra en el análisis de sus estados oníricos, logrando en esta aceptación un camino seguro hacia el restablecimiento de la salud, al intercambiar estos síntomas patológicos por los pensamientos reprimidos y su posterior análisis.

En particular y dentro del estudio que el psicoanálisis realiza de los procesos oníricos, se destaca la importancia dada a los sueños de angustia y a la definición de los sueños como cumplimiento de deseos, entendiendo Freud que estos conceptos son complementarios y no excluyentes, ya que:

Tópicas freudianas Tópica proviene del griego y significa "teoría de los lugares". Freud define la tópica como una teoría o punto de vista que supone la diferenciación del aparato psíquico en cierto número de sistemas con características y funciones diferentes, dispuestos en un determinado orden entre sí. Esto permite considerarlos metafóricamente como lugares psíquicos. Se habla de dos tópicas freudianas. La primera establece una distinción entre inconsciente, preconsciente y consciente; la segunda distingue tres instancias: el ello, el yo, y el superyó.

En el psicoanálisis se concibe al ser humano como un ser en permanente conflicto. Siendo esté el estado de salud; de no ser así, el individuo estaría en lo “no sano”. Es una propuesta dinámica que supone el movimiento y el conflicto de los sistemas o instancias del aparato psíquico.

Primera tópica (1900) Constituye la primera concepción del aparato psíquico, establece tres sistemas, lugares no físicos, ni biológicos sino psicológicos, para entender cómo funciona la mente humana. Estos tres sistemas son: consciente, preconsciente e inconsciente.

Todo acto psíquico comienza como inconsciente y puede permanecer tal o bien desarrollarse hasta la conciencia, según si tropieza o no con una resistencia. Esa resistencia aleja al individuo de las cosas que le generan displacer.

Conceptos de salud y enfermedad en la sexualidad Como todo proceso tiene diversos pasos y etapas, así los tiene la sexualidad infantil. Las etapas están determinadas fuertemente por las pulsiones de origen sexual y por el momento evolutivo del niño que se comprende dentro de márgenes establecidos como "normales". En la época de Freud era común la afirmación de que en los niños se mantiene ausente la sexualidad y que esta solo aparece en la adolescencia; hoy en día se sabe que no es así, gracias a los estudios de diversos especialistas en el tema, sobre todo a partir de Freud. Cualquier persona podría refutar la afirmación de que la sexualidad estuvo ausente en su niñez, debido a lo que Freud denomina amnesia infantil, que abarca hasta los 8 años aproximadamente. Esta amnesia se encarga de que no se puedan recordar vívidamente las situaciones relacionadas con lo sexual en las edades tempranas, pero los recuerdos no se borran; todo lo contrario, determinan gran parte del desarrollo posterior.

El niño comienza su sexualidad al amamantarse por primera vez donde se da la activación de una zona erógena, la boca, la cual pasa a ser la primera de las zonas en cumplir ya una función más allá de lo alimenticio. En el desarrollo sexual se pueden destacar varias instancias

La lactancia sexual Como ya se mencionó, en esta etapa el niño comienza a experimentar con su primera zona erógena, la boca, pero también es importante este periodo en cuando a contracciones de "diques" que posteriormente encauzarán los impulsos sexuales: vergüenza, pudor, asco, etc. Generalmente se le da crédito a la educación primaria encargada de generar dichos diques, pero en realidad esto tiene un origen orgánico determinado a niveles mucho más profundos.

En el periodo de lactancia se exteriorizan algunos actos como, por ejemplo, el chupeteo, acto rítmico de chupar derivado de la experiencia de la lactancia, según denomina Freud. Esta acción es "normal" pero, si se prolonga a edades más avanzadas, puede derivar en trastornos de amplio espectro. El mismo Freud comenta que muchos de los trastornos de sus pacientes que comprometían la alimentación y la garganta se presentaban en personas que habían sido "enérgicas chupeteadoras" (mujeres, principalmente).

Las exteriorizaciones sexuales masturbatorias