El trastorno de excoriación (en inglés, compulsive skin picking), también conocida como dermatilomanía, escoriaciones neuróticas, pellizcado cutáneo patológico, pellizcado cutáneo compulsivo o escoriación psicógena, es un trastorno del control de impulsos caracterizado por el impulso repetitivo de rascar, pellizcar o excoriar la propia piel, y que suele provocar lesiones. La investigación ha sugerido que la necesidad compulsiva de rascar es similar al trastorno obsesivo-compulsivo, pero otros argumentan que es más parecido a un trastorno de adicción. También se considera uno de los trastornos clasificados como conductas repetitivas orientadas o centradas en el cuerpo, en inglés Body-focused repetitive behavior (BFRB), junto con la tricotilomanía y la onicofagia. Las dos estrategias principales para el tratamiento de este trastorno son la intervención farmacológica y la conductual.

Los episodios de pellizcado de la piel a menudo son precedidos o acompañados por sentimientos de tensión o ansiedad. En esos momentos, hay una necesidad compulsiva de tomar, morder, o rasguñar una superficie o región del cuerpo, a menudo en el lugar donde se percibe un defecto de la piel.

Signos y síntomas La región más comúnmente elegida es el rostro, pero otros lugares frecuentes son brazos, piernas, espalda, encías, labios, hombros, cuero cabelludo, estómago, pecho y extremidades, como uñas y cutículas de manos y pies. La mayoría de afectados por dermatilomanía informa que tiene predilección por un área del cuerpo en el que centran su focalización, pero que a menudo trasladan el acto compulsivo a otras zonas del cuerpo para permitir que las otras áreas sanen. La frecuencia y duración del comportamiento compulsivo varía de un afectado a otro; algunos lo hacen brevemente varias veces al día, mientras que otros pueden realizar sesiones que pueden durar horas. La forma más común de pellizcarse es utilizando los dedos, aunque una minoría significativa de personas utilizan herramientas tales como pinzas o agujas.

Pellizcar la piel a menudo es resultado de alguna otra causa desencadenante. Algunos factores desencadenantes comunes pueden ser percibir irregularidades en la piel o albergar sentimientos negativos como ansiedad, estrés o de otro tipo.

Las complicaciones derivadas de la dermatilomanía incluyen: infecciones, daño tisular y septicemia. Los daños causados por los pellizcos puede ser tan severos que requieran un injerto de piel; y de forma severa puede causar abscesos epidérmicos. Los casos graves de dermatilomanía pueden causar lesiones potencialmente mortales.

La dermatilomanía puede causar sentimientos de vergüenza y culpa, y esto aumenta considerablemente el riesgo de autolesionarse. Los estudios han demostrado que los afectados por la dermatilomanía presentan ideación suicida (12%), intentos de suicidio (11,5%) y hospitalizaciones psiquiátricas (15%).

Causas Hay varias teorías diferentes sobre las causas del trastorno de excoriación, que tienen en cuenta factores biológicos y ambientales.

Una hipótesis común es que el trastorno de excoriación es a menudo un mecanismo de afrontamiento utilizado por la persona para lidiar con niveles elevados de agitación, aburrimiento, ansiedad o estrés, como respuesta inadecuada a estas situaciones. Esta hipótesis se sustenta en estudios de comportamiento llevados a cabo en personas con este tipo de trastorno de excoriación, que mantienen esta práctica por el refuerzo automático de la persona.

Neurológicas derecha|miniaturadeimagen|Fotografía de la mano de una persona que se muerde los nudillos de forma compulsiva, con una desfiguración potencialmente temporal de las articulaciones distales y proximales de los dedos medio y meñique. Tenemos un conocimiento limitado sobre la neurobiología que conlleva este trastorno, y ha habido pocos estudios de neuroimagen en personas con trastorno de excoriación.

Las personas que sufren de trastorno de excoriación junto a otras afecciones, informan de diferentes motivos para rascarse la piel. Quienes también padecen TOC informan que se rascan la piel debido a una percepción de estar contaminadas, mientras que quienes también padecen TDC se rascan para corregir imperfecciones percibidas en la piel.

Ciertos estudios han demostrado una relación entre la dopamina y el impulso de autolesionarse la piel. Se ha demostrado que drogas como la cocaína y la metanfetamina, que aumentan los efectos farmacológicos de la dopamina, pueden causar en las personas que lo consumen un comportamiento incontrolable de autolesión. Estas drogas pueden crear una sensación de hormigueo, como si algo se arrastrara sobre o debajo de la piel. Por lo tanto, el trastorno de excoriación podría ser resultado de una disfunción en las funciones de recompensa de la dopamina.

Puede haber otra explicación neurológica para el trastorno de excoriación: las personas con la afección tienen menos control inhibitorio motor, pero no muestran signos de una diferencia en la flexibilidad cognitiva en comparación con las personas que no tienen esta afección. El control inhibitorio motor es una función del circuito frontoestriatal lateralizado derecho, que incluye las cortezas frontal inferior derecha y cingulada anterior bilateral. El deterioro del control inhibitorio motor es similar a las afecciones neurológicas de quienes tienen problemas para suprimir comportamientos inapropiados, y al menos un estudio ha sugerido que esto puede ser similar a los mecanismos del trastorno por consumo de sustancias.

Componentes genéticos Hay estudios que sugieren que los trastornos relacionados con autolesiones de la piel se deben a rasgos hereditarios o genes. Múltiples estudios pequeños han arrojado conclusiones similares relacionadas con la proteína DAP-3. Los investigadores han observado un acicalamiento excesivo en ratones tras la eliminación del gen DAP-3. Esta observación ha llevado a los investigadores a estudiar los efectos del gen DAP-3 en pacientes con tricotilomanía, un trastorno caracterizado por comportamientos similares al trastorno de excoriación, pero centrados en el propio vello corporal y el cabello. Este estudio reveló una relación significativa entre un polimorfismo de un solo nucleótido (SNP) dentro del gen DAP-3 y la tricotilomanía.

Diagnóstico Antes de la publicación del DSM-5 en 2013, ha habido controversia sobre la creación de una categoría separada en el DSM-5 para trastornos de excoriación. Dos de las principales razones de no incluir este trastorno en el DSM-5 son que el trastorno de excoriación puede ser simplemente un síntoma de un trastorno subyacente diferente, p. ej. TOC o TDC, o puede ser simplemente un mal hábito, y al permitir que este trastorno obtenga su propia categoría separada obligaría al DSM a incluir una amplia gama de malos hábitos como síndromes separados, como la onicofagia, hurgarse la nariz, arrancarse el pelo, etc. Stein ha argumentado que el trastorno de excoriación sí califica como un síndrome separado y debería clasificarse como su propia categoría porque:

El trastorno de excoriación se presenta como el trastorno primario y no como un subconjunto de un trastorno más predominante. El trastorno de excoriación tiene características clínicas bien definidas. Se están recopilando datos sobre las características clínicas y los criterios diagnósticos de esta enfermedad. Hay datos suficientes para que el trastorno de excoriación tenga su propia categoría. Hay una tasa de incidencia de trastorno de excoriación alta entre la población. Ya se han propuesto criterios diagnósticos de la enfermedad. La clasificación del trastorno de excoriación como una afección separada contribuiría a tener mejores estudios y resultados en tratamientos. La clasificación como una enfermedad separada generaría mayor conciencia sobre el trastorno y alentaría a más personas a buscar tratamiento.

En un estudio reciente se empleó una nueva escala para diagnosticar el trastorno de excoriación, cuyos resultados se publicaron en la Revista Internacional de Investigación Ambiental y Salud Pública en mayo de 2022. La escala se titula: Entrevista Diagnóstica para Problemas de Excoriación (DISP). La DISP está diseñada para confirmar los criterios diagnósticos del DSM-5, combinada con una entrevista clínica para determinar la frecuencia de la excoriación y las zonas corporales afectadas. Los resultados iniciales de los participantes del estudio (n = 120) muestran una confirmación clínica satisfactoria, con un 88 % de los participantes que cumplen los criterios del DSM-5. Además, los investigadores realizaron un periodo de validez de 5 meses para determinar la coherencia con la escala. Los datos indican que los profesionales sanitarios pueden esperar obtener datos coherentes con la aplicación de la escala, con un nivel de diagnóstico que va desde satisfactorio hasta perfecto. miniaturadeimagen|Dedos de una persona con trastorno de excoriación y dermatofagia compulsiva. Sin embargo, una revisión de la literatura científica por Jenkins et al. sobre el trastorno de excoriación como una categoría separada en el DSM-5 concluyó que tal distinción requiere más evidencia. Debido a que el trastorno de excoriación se diferencia de otras afecciones y trastornos que causan pellizcarse la piel, cualquier diagnóstico de trastorno de excoriación debe tener en cuenta otras afecciones médicas como posibles causas antes de diagnosticar al paciente con trastorno de excoriación. Hay una variedad de afecciones que causan picazón y la necesidad de pellizcarse o rascarse la piel, incluyendo: dermatitis, psoriasis, diabetes, enfermedad hepática, enfermedad de Hodgkin, policitemia vera, lupus sistémico y síndrome de Prader-Willi.

Para comprender mejor el trastorno de excoriación, los investigadores han desarrollado diversas escalas para categorizar este comportamiento de autolesión de la piel. Estas incluyen la Escala de Impacto de la Autolesión de la Piel (SPIS) y el Inventario de Milwaukee para las Dimensiones de la Autolesión de la Piel en Adultos. La SPIS se creó para medir cómo afecta a la persona a nivel social, conductual y emocionalmente el trastorno de excoriación.

Desde la publicación del quinto Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) en mayo de 2013, este trastorno se clasifica como una afección independiente dentro de los «Trastornos Obsesivo-Compulsivos y Afines» y se denomina «trastorno de excoriación (rascado de la piel)». El material diagnóstico es el siguiente:

Arrancar repetidamente la piel, lo que puede provocar lesiones. Intentos recurrentes de dejar de autolesionarse de esta forma con constantes recaidas. Este comportamiento provoca una cantidad sustancial de angustia y perjudica considerablemente el funcionamiento diario de la persona. No hay causa fisiológica, de consumo de sustancias u otro trastorno médico que cause picor o necesidad de autolesionarse así. El comportamiento no se puede atribuir con mayor precisión a otro trastorno mental.

Clasificación Desde el DSM-5 (2013), el trastorno de excoriación se clasifica como «L98.1 Trastorno de excoriación (dermatilomanía)» en la CIE-10 y ya no se clasifica como «Trastorno del control de impulsos» (f63).

El trastorno de excoriación se define como «dañarse de forma repetitiva y compulsiva de la piel, provocando daño del tejido».

Su nombre oficial fue "dermatilomanía" durante algún tiempo. Desde la publicación del DSM-5 en mayo de 2013, el trastorno de excoriación se clasifica como una afección independiente dentro de "Trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados" y se denomina "trastorno de excoriación (autolesión de la piel)".

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