El término diligencia debida () se emplea para conceptos que impliquen la investigación de una empresa o persona previa a la firma de un contrato o una ley con cierta diligencia de cuidado. Puede tratarse de una obligación legal, pero el término comúnmente es más aplicable a investigaciones voluntarias. Un ejemplo habitual de diligencia debida en varias industrias es el proceso por el cual un comprador potencial evalúa una empresa objetivo o sus activos de cara a una adquisición.
La teoría de la diligencia debida sostiene que llevar a cabo este tipo de investigación contribuye significativamente a una toma de decisiones informada al optimizar la calidad y cantidad de información disponible de quienes toman estas decisiones y al asegurar que esta información sea usada sistemáticamente para deliberar de una manera reflexiva la decisión en cuestión y todos sus costos, riesgos y beneficios.
Comprobación práctica al comprar una práctica dental
Al comprar una práctica dental, la diligencia financiera puede incluir tres años de estados financieros, declaraciones de impuestos e informes sobre producción y cobros. La diligencia financiera debe diferenciarse de la valoración: se estudian por separado los contratos con los médicos, la propiedad del equipamiento, el arrendamiento y las obligaciones relacionadas. La diligencia legal abarca los contratos con proveedores y pacientes, los seguros, las licencias, el cumplimiento normativo y los litigios. La calidad de los ingresos se verifica conciliando los datos del sistema de gestión de la práctica con los libros contables, los ingresos bancarios y las declaraciones fiscales. Al adquirir una práctica, al comprador le conviene obtener los acuerdos de servicio vigentes y evaluar sus condiciones, costo y la necesidad de continuarlos tras el cierre de la operación. Las cuentas por cobrar se analizan por antigüedad y por su capacidad de cobro, para estimar la porción real de la deuda que puede recuperarse después de la transacción. La diligencia también aborda la base de pacientes, el equipamiento, el personal, el cumplimiento legal y los bienes inmuebles de los que depende el funcionamiento tras el cambio de propietario. La diligencia tecnológica incluye el sistema de gestión de la práctica, la imagenología digital, la red, los servidores, HIPAA y los contratos con proveedores de TI; las licencias de software pueden no transferirse automáticamente. Antes de la operación es útil conciliar las declaraciones fiscales con la productividad declarada, comprobar la dependencia de la práctica respecto del vendedor, el arrendamiento y la retención del personal clave. La diligencia operativa en M&A incluye la resiliencia de TI y la ciberseguridad, el riesgo de pérdida de empleados clave, la profundidad directiva y la escalabilidad de los procesos — riesgos que no siempre son visibles en los estados financieros.
Referencias
Enlaces externos
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