Quinto Cecilio Metelo Numídico (en latín, Quintus Caecilius Metellus Numidicus; † después de 98 a. C.) fue uno de los más destacados políticos y militares de la República romana tardía. Miembro de la influyente familia plebeya de los Cecilios Metelos, desempeñó las más altas magistraturas del Estado, en las que se incluye el consulado en el año y la censura en Es recordado históricamente como el líder indiscutible de la facción de los optimates y por su férrea defensa de las instituciones senatoriales frente al auge de los políticos populares.
Su carrera militar alcanzó su cénit durante la guerra de Jugurta en Numidia. Al mando de las legiones africanas, logró restaurar la disciplina tras años de desastres y obtuvo importantes victorias estratégicas contra el rey Jugurta, lo que le valió el triunfo y el agnomen de Numídico. Sin embargo, su mando se vio truncado por la ambición de su antiguo legado, Cayo Mario, quien aprovechó el descontento político en Roma para arrebatarle la conducción del conflicto, lo que inició así una de las rivalidades personales y políticas más definitorias de la época.
Además de su faceta militar, Metelo Numídico destacó por una integridad personal legendaria y una retórica austera, siendo considerado por contemporáneos como Cicerón un modelo de virtud republicana. Su rechazo a transigir con las leyes agrarias del tribuno Lucio Apuleyo Saturnino, que consideraba ilegales, le valió el exilio en el año tras negarse a prestar un juramento obligatorio. Su regreso triunfal a Roma dos años después, reclamado por el clamor popular y los esfuerzos de su hijo Metelo Pío, marcó la última gran victoria política de su linaje antes de su muerte, ocurrida presumiblemente poco después en circunstancias que algunas fuentes antiguas atribuyen al envenenamiento.
Biografía Orígenes Quinto Cecilio pertenecía al influyente linaje plebeyo de los Cecilios Metelos, descendiente según la leyenda de Céculo, hijo del dios Vulcano y fundador de la ciudad de Praeneste. Los Metelos entraron en el orden senatorial a comienzos del siglo a. C., y el primer cónsul del linaje fue elegido en el año 285 a. C. Aliados con los patricios Servilios Cepiones, encabezaron desde la década de los 140 a. C. lo que podría denominarse una «corporación aristocrática» en el senado; entre los años 120 y 110 a. C., ninguna otra familia accedió con tanta frecuencia a las magistraturas superiores.
Quinto era el segundo hijo de Lucio Cecilio Metelo Calvo, cónsul del año 142 a. C., y sobrino de Quinto Cecilio Metelo Macedónico. Su hermano mayor, Lucio Cecilio Metelo Dalmático, cónsul del 119 a. C., alcanzó la fama por la conquista de los dálmatas.
Primeros años En su juventud, Quinto Cecilio estudió filosofía y retórica en Grecia y asistió en Atenas a las lecciones de Carnéades, «un anciano ya decrépito por aquel entonces». Recorrió con rigor todos los peldaños del cursus honorum; durante su pretura, situada en el año 112 a. C., administró una provincia encargada de abastecer de trigo a Roma. En el año 109 a. C. obtuvo el consulado junto a Marco Junio Silano.
Quinto Cecilio, conocido por su integridad personal y por su negativa a poner su elocuencia al servicio de causas dudosas, pues entre otras rechazó la defensa de su yerno, sorprendido en un caso de corrupción en el ejercicio de un cargo público. Su honradez llegó a ser reconocida no solo por los romanos, sino también por sus enemigos extranjeros, como el propio Jugurta. Su reputación era tan intachable que, cuando Metelo fue acusado de extorsión, los jueces lo absolvieron sin dignarse siquiera abrir los libros de cuentas. Cicerón lo refiere en estos términos:
Es probable que este proceso tuviera lugar inmediatamente después de la pretura.
Guerra de Jugurta
thumb|left|upright=1.4|África romana y Numidia oriental a finales del siglo a. C. Antes incluso de que Metelo accediera al consulado, ya había estallado la guerra en Numidia contra el rey Jugurta, en la que el ejército romano había sufrido una humillante derrota en Suthul en el año 110 a. C.; este desastre militar destapó una trama de corrupción que desembocó en graves escándalos políticos. Quinto Cecilio recibió África como provincia en su condición de representante de una de las familias más influyentes de Roma y como político sin vínculos con Jugurta. Heredó de su predecesor Espurio Postumio Albino un ejército desmoralizado, y su primera tarea fue restablecer la disciplina, para lo que expulsó a los mercaderes del campamento, prohibió a los soldados tener esclavos y bestias de carga, y los fue acostumbrando a las penalidades de la vida en campaña y a las faenas de construcción de campamentos.
Una vez el ejército estuvo en condiciones de combatir, Metelo invadió Numidia, tomó la ciudad de Vaga y en la batalla del río Mutul rechazó con éxito los ataques de las fuerzas de Jugurta, tras lo que pudo saquear gran parte del territorio y, de este modo destruyó la base de la resistencia. Sin embargo, tras su derrota en campo abierto, el rey adoptó tácticas de guerrilla. El mando de Metelo fue prorrogado para el año siguiente, el 107 a. C., mientras tanto en el ejército como en los círculos de negocios romanos vinculados a Numidia crecía el malestar por una guerra que se prolongaba sin visos de resolverse.
De ese descontento supo sacar partido el legado de Quinto Cecilio, Cayo Mario, un hombre de origen humilde pero de ambición desmedida. Combatía con gran eficacia, pero «no pensaba en acrecentar con ello la gloria de Metelo»; la guerra era para él un medio de alcanzar la cima de su carrera, el consulado, por el que Mario estaba dispuesto a romper abiertamente con su comandante y protector en cuanto le resultara conveniente. Tras la campaña de 108 a. C., Mario pidió al procónsul que le permitiera regresar a Roma para presentar su candidatura a las elecciones, pero recibió una negativa tajante: «Metelo, según se cuenta, le aconsejó que no se diese tanta prisa a marchar, que harto llegaría a tiempo de pedir el consulado, cuando lo pidiese también su hijo», es decir, en más de veinte años. Fue entonces cuando Mario comenzó a actuar a espaldas del comandante, predispuso contra él a los soldados y a los hombres de negocios romanos presentes en Numidia, para esto acusó a Metelo de prolongar deliberadamente la guerra y aseguró que él mismo capturaría a Jugurta en poco tiempo y con la mitad del ejército. Al final, Metelo lo dejó marchar a Roma, aunque apenas unas semanas antes del inicio de las elecciones.
Tras su partida Quinto Cecilio derrotó a los númidas en otra batalla y de tomó la importante ciudad de Tala, lo que obligó a Jugurta a huir hacia el oeste en busca del apoyo de su suegro, el rey mauritano Boco. Mientras tanto, en Roma, Mario aprovechó el respaldo del pueblo llano, del orden ecuestre y de los tribunos de la plebe, que acusaban a Metelo de «crimen capital», para imponerse en las elecciones y obtener de los comicios el mando en la guerra jugurtina, pese a que el Senado había prorrogado poco antes, una vez más, los poderes de Metelo. Al conocer la noticia, este, según Salustio, «no pudo contener su abatimiento», «no retuvo las lágrimas y dijo más de lo que debía». Sin esperar la llegada de su sucesor, Quinto Cecilio entregó el mando del ejército al legado Publio Rutilio Rufo y regresó a Roma.
Regreso a Roma thumb|Busto de Cayo Mario (Museo Chiaramonti). En Roma, Metelo fue bien recibido no solo por la nobilitas, sino también por el pueblo llano, quizá porque muchos partidarios de Mario habían partido con él hacia África. El tribuno de la plebe Tito Manlio Mancino, artífice del traspaso del mando numídico a Mario, continuó con sus ataques contra Quinto Cecilio, pero este le respondió ante los comicios con estas palabras: «En cuanto a este hombre, que cree que se engrandece llamándose constantemente mi enemigo —a quien yo no tengo por amigo ni por enemigo— no pienso decir nada más sobre él». Los senadores consideraban que la guerra había sido prácticamente ganada por Metelo, y en consecuencia le concedieron el triunfo y el agnomen de Numídico.
Durante los años siguientes, de 104 a 100 a. C., Cayo Mario ocupó el consulado de forma ininterrumpida, y en ese contexto Quinto Cecilio se convirtió en su adversario más tenaz e intransigente en el Senado. En 102 a. C. Metelo venció en las elecciones a la censura, con su primo Cayo Cecilio Metelo Caprario como colega. A ese mismo año se remonta el enfrentamiento de Quinto Cecilio con el tribuno de la plebe Lucio Apuleyo Saturnino, aliado de Mario; al frente de sus partidarios armados, Saturnino sitió a Metelo en el Capitolio, de donde fue expulsado por los caballeros. Los detalles del episodio son inciertos; la única fuente es Orosio, y existe la hipótesis de que este autor simplemente confundió a Metelo Numídico con su tío Metelo Macedónico, quien había sido censor treinta años antes y había tenido un conflicto similar con el tribuno Cayo Atinio Labeón.
Aulo Gelio sí confundió a Quinto Cecilio con su tío en relación con la censura; este gramático atribuye a Metelo Numídico un discurso sobre la necesidad del matrimonio, que Octaviano Augusto leyó ante el senado haciéndolo pasar por suyo.
Al año siguiente, Metelo, ya en ejercicio de la censura, intentó expulsar del senado a Saturnino, convertido en simple particular, y a su aliado Cayo Servilio Glaucia, pero Caprario no respaldó a su primo y este tuvo que ceder. En cuanto a Lucio Equicio, que contaba con el apoyo del extribuno y se hacía pasar por hijo de Tiberio Graco, Metelo le negó su inscripción en el censo de ciudadanos romanos. Antes incluso de que expirara su censura, Quinto Cecilio presentó su candidatura al consulado del año 100 a. C., pero Mario se impuso sobre él, según Plutarco, mediante el uso de sus veteranos y el soborno de los votantes.
Exilio y últimos años En el año , Saturnino fue elegido tribuno de la plebe por segunda vez, movido únicamente, según Apiano, por el deseo de vengarse de Metelo Numídico, quien se convirtió en el objetivo principal de los ataques de Saturnino, quien contó además con el apoyo de Mario en su empeño por declarar a Metelo enemigo común. La ley agraria aprobada ese año, que preveía la distribución de amplias parcelas de tierra en diversas provincias entre los veteranos de Mario, exigía que todos los senadores juraran acatarla; Metelo, consciente de que la ley no haría sino fortalecer aún más a sus enemigos, fue el único que se negó a prestar dicho juramento. Al día siguiente, Saturnino envió un alguacil para expulsarlo del edificio del Senado; pero cuando otros tribunos de la plebe intercedieron en favor de Quinto Cecilio, recurrió a los comicios argumentando que, por culpa de Metelo, nadie recibiría su tierra. Comenzó entonces la elaboración de una ley específica para desterrarlo. Sus partidarios empezaron a acompañarlo a todas partes con las armas en la mano, pero Quinto Cecilio optó por marchar al exilio, con estas palabras: «Si las cosas mejoran y el pueblo recapacita, volveré cuando me llame; si todo sigue igual, más vale mantenerse alejado».