El salar de Llamara es un ecosistema natural ubicado en la cuenca del río Loa, al sur de la Pampa del Tamarugal, en la Región de Tarapacá. Se encuentra en el desierto de Atacama, aproximadamente a 141 km al sudeste de Iquique.

Desde 2013, forma parte de un territorio de 24 mil hectáreas perteneciente a la Reserva Nacional Pampa del Tamarugal,(2013) Salar de Llamara forma parte de Reserva Pampa del Tamarugal. Fundación Terram. con el objeto de proteger los relictos de tamarugos que sobreviven en la zona, así como los puquíos o afloramientos de agua, junto con su ecosistema acuático asociado.(2013) Reserva Nacional Pampa del Tamarugal (Documental). Conaf, SQM, Verse, Septimo de Línea, 8:53.

En 2022, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS) y la UNESCO lo incluyeron en el listado "Patrimonio Geológico Mundial", que reconoce los 100 sitios geológicos más relevantes a nivel global. Es uno de los tres lugares chilenos en esta clasificación.

El salar de Llamara es el único salar no altiplánico del norte de Chile, ubicado en la Depresión Intermedia, que presenta afloramiento superficiales de aguas. Sus puquíos son el hábitat de cianobacterias, archaeas, microalgas (diatomeas), protistas y contiene formaciones de estromatolitos.

La microbióloga Cristina Dorador ha descrito que: "Llamara ha sido propuesto como análogo a la Tierra primitiva. Los tapetes microbianos y sus transiciones metabólicas recapitulan lo que ocurrió durante el gran evento de oxigenación, es decir, cuando las cianobacterias comenzaron a producir oxígeno hace 2500 millones de años”.

En cartografía de las Fuerzas Armadas de EE. UU., el salar también aparece con el nombre de Salar de Soledad.

Historia

miniaturadeimagen|Estromatolitos del Salar de Llamara.

El paleo-lago y el poblamiento humano Diversos estudios sostienen la existencia de un gran cuerpo de agua en la zona, que pudiera haber facilitado un ambiente más rico en fauna y flora, así como propicio a la población humana, en el pleistoceno tardío y en algunos momentos del holoceno. Por ejemplo, un estudio geológico encontró evidencia en el Salar de Llamara de que allí existió un gran paleo-lago en el pleistoceno tardío, entre los 16.100 años antes del presente (AP) y 14.600 AP, favorecido por un periodo de mayores lluvias en la región, conocido como CAPE (Central Andean Pluvial Event: Evento pluvial de los Andes Centrales).Quezada, A., Varas, L., Vásquez, P., Sepúlveda, F., & Cifuentes, J. L. (2018). Evidencias de un paleolago durante el Pleistoceno Tardío en el salar de Llamara, Desierto de Atacama, Región de Tarapacá, Chile. In XV Congreso Geológico Chileno “Geociencias Hacia La Comunidad.” Concepción (pp. 1-6). Como prueba se encontraron depósitos lacustres sobre todo al occidente de salar, en terrenos que por su ubicación se preservaron de posteriores aluviones que descendieron de las quebradas precordilleranas, que rodaron sobre el sector oriente y sepultando el lecho anterior. El mismo estudio lanza la conjetura de que, durante otros períodos de mayores lluvias entre 12.100 AP y 11.400 AP (o entre principios del y principios del d. C.), se hayan sostenido cuerpos de aguas, como lagos o lagunas, en los desagües de las quebradas de Maní, Sipuca y Tambillo, que junto con a la de Guatacondo desembocan hacia el salar. Otro estudio general sobre cuerpos de agua antiguos en el Norte Grande de Chile ofrece un panorama más complejo del registro de cargas permanentes de aguas y flujos estacionales o más dispersos en Llamara, con algunas diferencias en la datación, pero esencialmente coincide en la existencia de un lago a finales de Pleistoceno con fases posteriores de cuerpos de agua importantes en el Holoceno.Pfeiffer, M., C. Latorre, C.M. Santoro, E.M. Gayo, R. Rojas, M.L. Carrevedo, V.B. McRostie, K.M. Finstad, A. Heimsath, M.C. Jungers, R. De Pol-Holz, and R. Amundson 2018. Chronology, stratigraphy and hydrological modelling of extensive wetlands and paleolakes in the hyperarid core of the Atacama Desert during the late quaternary. Quaternary Science Reviews 197: 224-245.

Se han hallado vestigios humanos en la el sitio Maní 12, en la cercana Quebrada de Maní, que han sido datados entre 12.800 AP y 11.700 AP (uno de los registros arqueológicos más antiguos de Chile). Por lo que esta evidencia aproxima la presencia humana al gran paleo-lago (o la hace contemporánea a los posibles lagos en los desagües de las quebradas, dependiendo del estudio geológico). Se ha señalado también que una punta de obsidiana hallada en Llamara podría haber sido contemporánea de Maní 12, por encontrarse incrustada en la costra de sal, a partir de lo cual se argumenta que debiera ser anterior al colapso del paleo-lago,Santoro, Calogero M., Gayo, Eugenia M., Capriles, José M., Rivadeneira, Marcelo M., Herrera, Katherine A, Mandakovic, Valentina, Rallo, Mónica, Rech, Jason A., Cases, Bárbara, Briones, Luis, Olguín, Laura, Valenzuela, Daniela, Borrero, Luis A., Ugalde, Paula C., Rothhammer, Francisco, Latorre, Claudio, & Szpak, Paul. (2019). From the Pacific to the tropical forest: Networks of social FROM THE PACIFIC TO THE TROPICAL FORESTS: NETWORKS OF SOCIAL INTERACTION IN THE ATACAMA DESERT, LATE IN THE PLEISTOCENE. Chungará (Arica), 51(1), 5-25. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562019005000602 evento que ha sido datado por un equipo de investigación entre 10.000 a 9.000 años calibrados AP. Restos de carbón hallados Maní, en las inmediaciones de Llamara, han sido identificados taxonómicamente con especies leñosas de la Pampa del Tamarugal, por lo que se ha asociado esa actividad humana con "extensos paleo-humedales y oasis sustentados con aguas subterráneas, intercalados con bosques ribereños que proporcionaron recursos vitales (combustible, agua y caza) hacia finales del Pleistoceno".Latorre, C., Marguerie, D., Carmona, R., March, R., Ugalde, P., Gayo Hernández, E. M., ... & Joly, D. (2017). Late Pleistocene fuel management and human colonization of the Atacama Desert, northern Chile. ''Latin American Antiquity''. 28 (1). pp.144-160.

En contexto, para la cuenca endorreica de la Pampa del Tamarugal ubicada más al norte del Salar Llamara (el salar está en una cuenca exorreica que se comunica con el Río Loa y, a través suyo, con el Océano Pacífico), investigaciones similares han propuesto una situación parecida de formación de cuerpos de agua y flujo hídrico, que configuraron paleo-humedales. A partir de esto se ha estudiado la relación de dichos paleo-humedales con la presencia de megafauna y el poblamiento humano de la región, con un primer gran período de recarga hídrica entre 25.400 AP hasta 10.800 AP, en una situación que se habría replicado en un nuevo periodo de recarga entre el 1.000 a. C.. y 1.300 d. C., permitiendo en esa segunda fase un desarrollo intensivo de agricultura.

El Monte de la Soledad: cobijo humano del Pleistoceno al miniaturadeimagen|El rancho de la última familia que vivió a fines del en el Monte de la Soledad, cuando las poblaciones de tamarugos y algarrobos estaban colapsando por la explotación como leña para la minería de salitre (y anteriormente del guano en la costa cercana). La foto fue publicada por el geógrafo Isaiah Bowman, después, en 1924. Las inmediaciones de este salar están histórica y arqueológicamente muy relacionados con la presencia del "Monte de la Soledad", un importante bosque de zona desértica de tamarugos y algarrobos. Dicho bosque tiene al menos, según un estudio paleoambiental, una antigüedad estimada por de 9.000 años. Aunque otro estudio apunta, por la datación de carbones de sus especies en la cercana Maní, a una posible existencia anterior de bosques en el área, usados por humanos ya entre 12.750 y 11.530 años calibrados AP. Este bosque se ubicaba en tiempos históricos (aún sobreviven relictos naturales de tamarugos en la zona) en las inmediaciones oriental y norte del salar. Como los restos de árboles del género Prosopis sección Algarobia (como el Prosopis alba o algarrobo blanco) son datados a partir del 4.200 años AP, un estudio discute si su origen (en el Pampa del Tamarugal) es autóctono y exclusivamente silvestre, o debido a algún tipo de intervención humana; en contraposición con especies del género Proposis sección Strombocarpa (como el Prosopis tamarugo) con una presencia anterior, datada por esa investigación en 12.400 años AP.Uribe Rodríguez, M., Angelo, D., Capriles, J., Castro, V., De Porras, M., García, M., Gayo, E., González, J., Herrera, M., Izaurieta, R., Maldonado, A., Mandakovic, V., McRostie, V., Razeto Migliaro, J., Santana, F., Santoro, C., Valenzuela, J. y Vidal, A. (2020).El Formativo en Tarapacá (3000-1000 aP): arqueología, naturaleza y cultura en la Pampa del Tamarugal, Desierto de Atacama, norte de Chile. ''Latin American Antiquity''. Disponible en https://repositorio.uchile.cl/handle/2250/174803 Es decir, se afirma que los comúnmente llamados tamarugos serían la especie originaria de la zona, mientras que se discute si los llamados algarrobos pudieran haber sido introducidos e integrados al bosque posteriormente. Esta masa forestal en medio de este terreno árido sostuvo después la instalación de población sedentaria, desde el 500 a. C., en las cercanas Guatacondo y Ramaditas, ubicadas en puntos intermedios entre el bosque y otros recursos andinos.

Los puquíos (afloramientos de agua) y bosques fueron en tiempos precolombinos un espacio de contacto, recolección y paso de caravanas entre grupos ubicados (o desplazándose entre) las quebradas precordilleranas (Pica, Guatacondo), el curso del Loa (Quillahua y desde allí a territorios atacameños de altura o de la desembocadura del río) y hacia la costa marina ubicada al oeste del Salar (Quebrada de los Guatacondos, Chomache y Guanillos). En el salar se conservan canchones (o camellones) de cultivo agrícola.Cabello, G., Gallardo, F., y Odone, C. (2013). Las pinturas costeras de Chomache y su contexto económico-social (Región de Tarapacá, Norte de Chile). Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino, 18(1), 49-66.

Habrían existido planes no realizados en tiempos incaicos y virreinales de desviar aguas altiplánicas para fomentar agricultura en la zona. La presencia de recursos de semillas de tamarugos y algarrobos, comestibles y con uso como forraje, junto con la presencia de madera, atraían a habitantes indígenas de Pica y Quillahua (estos últimos descritos como atacamas por Paz Soldán) en época colonial y republicana. Se sabe que hubo cierto celo o competencia mutua en el uso de estos recursos, con existenciad de lindes, o derechos de usos superpuestos, de manera que no se permitía la presencia del otro grupo en las cosechas de frutos del algarrobo.

Esta dinámica recolectora, ganadera y agrícola, así como la existencia misma del Monte de la Soledad, se verá profundamente trastocada por la actividad minera industrial o intensiva de la segunda mitad del (guano y salitre), que sucedería a estos largos usos indígenas relacionados con la subsistencia, que incluían desde antes pequeñas incursiones a la costa en busca de guano como fertilizante por parte de las poblaciones del área.

Todavía había una familia viviendo asentada junto al Puquío de los Huatacondinos (o Guatacondinos), al norte del salar, a fines del . Esa familia contaba con un pozo de agua, que "aunque un poco salobre (...) se puede beber", pequeños rebaños ovinos y caprinos, algunas mulas y aves de corral.

Sobreexplotación extrema del Monte de la Soledad