Iguanodon (gr. «diente de iguana»), referido en español como iguanodonte, es un género con dos, o posiblemente tres, especies de dinosaurios ornitópodo iguanodóntido, que vivieron a principios del período Cretácico Inferior, entre 126 a 120 millones de años, entre el Barremiense y el Aptiense, en lo que hoy es Europa. Iguanodon está a medio camino entre los primitivos de los hipsilofodóntidos, bípedos y rápidos, y la culminación de los ornitópodos en los dinosaurios de pico de pato. Se han descrito muchas especies de Iguanodon, datadas desde el Kimmeridgiense, a finales del Jurásico, al Cenomaniense del Cretácico Superior en Asia, Europa, y Norteamérica. Sin embargo, desde la primera década del se tiende a reconocer una única especie, Iguanodon bernissartensis bien fundamentada, que vivió en el Cretácico inferior de Europa. La principal característica de Iguanodon son sus grandes garras en los pulgares, que fueron utilizados posiblemente para defenderse de los depredadores, combinadas con los quintos dedos prensiles largos capaces de buscar comida..

Descubierto en 1822 y descrito tres años más tarde en 1825 por el geólogo inglés Gideon Mantell, Iguanodon fue el segundo dinosaurio nombrado formalmente, después de Megalosaurus. Junto con Megalosaurus y Hylaeosaurus, es uno de los tres géneros usados originalmente para definir Dinosauria. Fue bautizado por Gideon Mantell con el nombre Iguanodon, el cual se deriva del término iguana y de la palabra griega odontos, diente, debido a que los dientes de Iguanodon son similares a los de la iguana. Fueron herbívoros grandes y robustos. Iguanodon es un miembro del grupo más grande Iguanodontia, junto con los hadrosáuridos. La taxonomía de este género continúa siendo un asunto de estudio mientras que se nombran nuevas especies o las de muchos años se reasignan a otros géneros.

La comprensión científica de Iguanodon ha evolucionado a través del tiempo, a medida que nueva información se obtiene de los fósiles. Los numerosos especímenes de este género, incluyendo los esqueletos casi completos a partir de dos niveles fosilíferos bien conocidos, han permitido que los investigadores formulen hipótesis con respecto a muchos aspectos de la vida del animal, incluyendo la alimentación, el movimiento, y el comportamiento social. Como uno de los primeros dinosaurios bien conocidos por la ciencia, Iguanodon ha ocupado un lugar pequeño pero notable en la opinión pública sobre los dinosaurios, dado que sus representaciones artísticas han ido cambiando perceptiblemente en respuesta a las sucesivas interpretaciones de su anatomía.

Descripción miniatura|derecha|Iguanodon bernissartensis comparado con un ser humano. Iguanodon fue un robusto herbívoro que podía alternar entre las marchas bípeda y cuadrúpeda. Se ha estimado que los adultos de la especie mejor conocida, I. bernissartensis, pesaban un promedio de 3 toneladas, y medían cerca de 10 metros de largo, pudiendo alcanzar en algunos casos los 13 metros. La espina dorsal y la cola estaban reforzadas y rigificadas por tendones osificados cilíndricos, que se omiten generalmente en los montajes y dibujos esqueléticos. En general, su aspecto y estructura del cuerpo no difería de los posteriores hadrosáuridos. Cráneo Este género tenía un cráneo grande, alto pero estrecho, con un desdentado pico cubierto probablemente con queratina, y los dientes como los de una iguana, pero mucho más grandes y juntos en paquetes. El cráneo estaba estructurado de tal manera que cuando cerraba la mandíbula, los maxilares, huesos del cráneo que sostienen los dientes superiores, se arqueaban hacia fuera. Esto causaría que las superficies más bajas de los dientes superiores frotaran contra la superficie superior de los dientes de la mandíbula, moliendo cualquier cosa entre ellos y proporcionando una acción equivalente a la masticación de los mamíferos. Debido a que los dientes siempre eran sustituidos, el animal habría podido utilizar este mecanismo toda su vida y podría comer material vegetal resistente. Por otro lado, la parte frontal del hocico era desdentada, y estaría probablemente cubierta por un pico córneo, apto para arrancar ramitas y brotes, ubicado sobre los huesos premaxilar, en el cráneo y predentario, en la mandíbula, cada uno de los cuales formaba una punta arqueada rugosa que le servirían de base. izquierda|miniatura|Cranéo de Iguanodon del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford. Iguanodon poseía un robusto aparato masticador, dotado con la dentición típica de un reptil herbívoro. El mismo Mantell notó que los restos con los que trabajaba eran distintos a los de cualquier reptil moderno, especialmente en la mandíbula inferior con una sínfisis en forma de cuchara, que comparó con el perezoso de dos dedos y el extinto perezoso terrestre Mylodon. Mantell sugirió que Iguanodon habría tenido una lengua prensil que podrían utilizar para recolectar el alimento, como las jirafas actuales. Restos más completos que los estudiados por Mantell han demostrado que esto no podía ser correcto. El hueso hioides de Iguanodon, en el que se insertan músculos de la lengua, tenía una estructura robusta, implicando una lengua muy musculosa, no prensil, incapaz para realizar los movimientos sugeridos. La idea de la lengua prensil ha sido atribuida erróneamente a Dollo.Norman, D.B. (1985). The Illustrated Encyclopedia of Dinosaurs, 115.

Iguanodon tenía un único diente de reemplazo por cada pieza dentaria en uso, a diferencia de los hadrosáuridos, que tenían varias filas de dientes de reemplazo. Poseían 29 dientes en cada maxilar, 58 dientes superiores, y 25 en cada dentario, 50 dientes inferiores, mientras que en el premaxilar y el predentario, que formaban el "pico", no poseían ninguno. El mayor número de dientes superiores se compensa con una mayor longitud de los dientes de la mandíbula, lo que permitía la oclusión de las filas dentales en toda su longitud, necesaria para la masticación eficaz. Debido ciertos detalles anatómicos y a la profunda inserción de los dientes desde el exterior de las mandíbulas se supone que, al igual que la mayoría de los demás ornitisquios, Iguanodon tenía algún tipo de estructura similar a la mejilla, muscular o no, para conservar el alimento en la boca durante la masticación.Fastovsky, D.E., and Smith, J.B. "Dinosaur paleoecology." The Dinosauria, 614–626. Extremidades miniatura|derecha|Una mano de Iguanodon mostrada en Bruselas; con el dedo prensil extendido. Las piernas eran poderosas, pero no aptas para la carrera, y tenían tres dedos en cada pie. Los brazos eran largos, hasta 75% de la longitud de las piernas en I. bernissartensis y robustos, con las manos poco flexibles construidas de modo que los tres dedos centrales, dedos II, III y IV, formando un casco, pudieran soportar el peso en posición cuadrúpeda. El dedo meñique, el dedo V, era alargado y flexible, y habría podido ser utilizado para manipular objetos y de ayuda en la recolección del alimento. Se encontró evidencia de una fractura de hueso de la cadera en un espécimen de Iguanodon, que tenía una lesión en su isquion. Otros dos individuos se observaron con signos de osteoartritis como lo demuestran los crecimientos óseos en sus tobillos que se llaman osteofitos. Pulgares con garras Una de las características de Iguanodon es el gran dedo pulgar, dedo I o pollex, cuya segunda falange formaba gran una garra cónica, muy desarrollada y probablemente dotada con una gruesa cubierta córnea. Los pulgares estaban dirigidos hacia fuera, perpendiculares a los tres dedos centrales.

Este pulgar es tradicionalmente explicado como un elemento defensivo contra los predadores o contra otros Iguanodon, aunque pudo usarlo también para partir semillas y frutas. Se ha propuesto también la posibilidad de que la garra estuviera asociada a una glándula venenosa, pero la hipótesis está en entredicho, ya que ni la falange es hueca ni existe ningún tipo de estría o conducto que pudiera conducir el veneno. En las reconstrucciones iniciales Mantell confundió la última falange del pulgar con un cuerno que ubicó sobre la nariz, así, con aspecto de rinoceronte, apareció representado Iguanodon en las primeras recreaciones, hasta que se hallaron los ejemplares completos en Bernissart y Dollo se dio cuenta del error, colocando el hueso en el lugar correcto de la mano, un pulgar modificado. Ésta no sería la vez última que la garra modificada del pulgar de un dinosaurio era mal interpretada; Noasaurus, Baryonyx y Megaraptor son ejemplos desde la década de 1980, cuando las garras agrandadas del pulgar fueron puestas en el pie, como en los dromeosáuridos.

Descubrimiento e investigación

Debido a que Iguanodon es uno de los primeros géneros de dinosaurio en haber recibido un nombre, son numerosas las especies que le han sido asignadas. Si bien Iguanodon no se considera un taxón cajón de sastre, al estilo de otros géneros de dinosaurio como Megalosaurus, su historia ha sido compleja y su taxonomía es revisada constantemente. Los restos de las especies más conocidas han surgido en Bélgica, Inglaterra, España y Francia. Restos de animales similares, posiblemente pertenecientes a este género o a uno muy similar han sido encontrados también en Mongolia y de especies diferenciadas en Utah, Estados Unidos.

Iguanodon anglicus fue la especie tipo original, pero el holotipo estaba basado en un solo diente y desde entonces solo se han encontrado restos parciales de la especie. En marzo de 2000, la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica cambió la especie tipo a la mejor conocida I. bernissartensis, con el nuevo holotipo IRSNB 1534. El diente del Iguanodon original es guardado en el Te Papa Tongarewa, el museo nacional de Nueva Zelanda en Wellington, aunque no está exhibida actualmente. El fósil llegó a Nueva Zelanda luego que el hijo de Gideon Mantell se estableciera allí. En el reconocimiento de la semejanza de los dientes a los de la iguana, Mantell nombró su nuevo género Iguanodon o "dientes de iguana", a partir de Iguana y del griego odontos, "diente". Gideon Mantell, Sir Richard Owen y el descubrimiento de los dinosaurios miniatura|200px|Ilustración de los fósiles de dientes de Iguanodon junto a los de una iguana moderna en el trabajo de Mantell de 1825.