El gobierno de Francisco Morales Bermúdez, conocido también como segunda fase del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada del Perú, inició el 29 de agosto de 1975 con el llamado Tacnazo, un incruento golpe de Estado contra el presidente de facto Juan Velasco Alvarado, y culminó el 28 de julio de 1980. El gobierno convocó a elecciones generales para la conformación de una Asamblea Constituyente no solo por la presión de las marchas y huelgas de la población, sino porque el plan Túpac Amaru elaborado por él fijaba un fin del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, a diferencia del anterior plan Inca.
Tacnazo
El 28 de agosto de 1975 se celebró en Tacna el aniversario de la reincorporación al Perú; en la ceremonia se encontraba el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Guerra, Francisco Morales Bermúdez, y altos mandos militares. Luego de los actos de celebración, el Premier y los jefes de las III y IV regiones militares se reunieron y acordaron encabezar el movimiento contra Velasco. A la mañana siguiente, los jefes de las demás regiones militares se unieron al golpe.
A las 11 de la mañana, la población fue informada de la situación mediante la difusión por radio y TV a través del Manifiesto al País, en el que decía que el pronunciamiento revolucionario que se acababa de producir era para eliminar los personalismos y las desviaciones del proceso de la revolución de la Fuerza Armada, que se venía sufriendo por quienes en forma errónea no habían valorado el exacto sentir revolucionario de todos los peruanos y que se confiaba que, con la dirección que imprimiese el nuevo gobierno del general de división Francisco Morales Bermúdez Cerrutti, se concretarían las justas aspiraciones del pueblo, de la Fuerza Armada y Fuerzas Policiales del Perú.
1975 fue un año marcado por una crisis económica que afectaba el poder adquisitivo de la gente, haciendo que el gobierno de Velasco fuera perdiendo apoyo. Las protestas y, sobre todo, la huelga policial de ese año, en donde hubo alrededor de 100 muertos y que causó que hubiera muchísimos disturbios. A esto se le suma el repliegue de Velasco a raíz de su enfermedad. Fue cuando cae enfermo que se plantea el problema de quién iba a sucederlo. Morales Bermúdez, que aseguraba que Velasco lo reconocía como su sucesor, aprovechó esas circunstancias para el 29 de agosto de 1975 dar un golpe institucional. Fue la sensación de que había problemas en la conducción del gobierno a raíz de todos esos problemas, lo que llevó al derrocamiento de Velasco.
Juan Velasco Alvarado se reunió con algunos miembros de su gabinete y aceptó el golpe mediante un breve mensaje; en él se pidió que la población apoye la continuidad del proceso de revolución.1 Luego de ello, se retiró de Palacio de Gobierno junto a su esposa y médico personal con dirección a su residencia en Chaclacayo.
En la mañana del día 30 llegó a Lima por vía aérea el general Morales Bermúdez en compañía de su esposa Rosa Pedraglio y de algunos ministros de Estado. El mismo día se promulgó el Decreto Ley N.° 21268, mediante el cual la junta revolucionaria, conformada por comandantes generales del Ejército, Marina y Aviación, designa como presidente de la República al general de división Francisco Morales Bermúdez.
Morales Bermúdez prestó juramento a las cinco de la tarde en el salón 3 de octubre del Palacio de Gobierno ante el general Óscar Vargas Prieto, comandante general del Ejército.
Al inicio no se notó el cambio, pues el deterioro en las condiciones de vida ya se estaba viendo desde antes. Además, Morales Bermúdez inicialmente tuvo un discurso en el que planteaba la profundización de las reformas de Velasco. A la par, purgó del régimen a Javier Tantaleán Vanini, líder de la facción conocida como "La Misión", así como a los "altecos", otrora círculo cercano de Velasco Alvarado.
El año 75 se caracterizó por ser el periodo en el que se evidencia la lucha política que existía dentro del gobierno, que tuvo como desenlace el golpe.
Inicio de gobierno miniaturadeimagen|Visita a Juanjuí del Presidente Francisco Morales Bermúdez (década de los años 70). El día 31 de agosto juramentaron los ministros de Estado; el gabinete fue presidido por Óscar Vargas Prieto y muchos ministros de Velasco continuaron con sus carteras anteriores.
Con el avance de las reformas revolucionarias de Velasco Alvarado, el gobierno institucional de las fuerzas armadas fue adquiriendo un carácter socialista, que el gobierno de Morales Bermúdez había dicho que seguiría, pero con cambios que ayudarían a afrontar la crisis económica y la crisis política que habían sido la justificación para el golpe a Velasco.
Cambio de rumbo miniaturadeimagen|Francisco Morales Bermúdez y Jimmy Carter, presidente de los Estados Unidos. No obstante, en 1976, fue un “año de redefinición del proyecto político militar” (Pease), que alejó totalmente a Morales Bermúdez del proyecto inicial de Velasco, esto tras el intento de golpe de Estado liderado por el general Carlos Bobbio contra Morales Bermúdez, quien exigió al gobierno deponer a los militares de tendencia izquierdista a cambio de entregar las armas. Esto comenzó el giro, que se da con la salida de altos mandos militares como Fernández Maldonado, La Vera, Gallegos y De la Flor del gobierno. Con este gesto también se inicia el abandono del socialismo por parte del gobierno, que hasta febrero de ese año aún formaba parte, al menos, del discurso. Para agosto, se declaraba inadecuado el proyecto socialista y se abandonaba el programa ideológico que primó durante los 8 años de Velasco, principalmente en cuanto a la idea de la propiedad social.
Hasta ese momento, había un ambiente de confusión por la incoherencia entre el discurso y la política económica llevada a la práctica. Pero con el deslinde posterior a agosto, el gobierno asumió el verdadero carácter de sus acciones. Se llevaron adelante más políticas que deshacían las reformas anteriores. Algunas de estas fueron la privatización de sectores de la economía, las políticas de flexibilización laboral (supresión, en la práctica, de algunos derechos del trabajo), la mayor apertura al capital extranjero, cambios en la política exterior, etc. El cambio en la política se reflejó en todos los sectores, generando reacciones a favor y en contra.
Hubo un control absoluto de los medios de comunicación por parte del gobierno y de los grupos de poder, que no permitían dar espacio alguno a los movimientos sociales.
El año 76, en el que se define, por fin, el carácter antisocialista del gobierno, fue bastante conflictivo, especialmente por las medidas represivas, tales como el Estado de emergencia y los toques de queda, que, si bien regían para toda la población, afectaron sobre todo a los sectores populares. Estos sectores veían deteriorada su capacidad de protesta ante reclamos, como la huelga de los sindicatos, y se veían particularmente afectados por los toques de queda que obligaban a los obreros a levantarse temprano para llegar a tiempo a sus centros laborales.
La criminalización del derecho a la huelga hizo que toda huelga se convirtiera en un conflicto con el gobierno y no solo con la empresa, y afectó severamente a dirigentes sociales y trabajadores.
Con respecto a la existente crisis política, la salida del gobierno fue abrir el espacio político a los partidos, pero solo a los conservadores y capitalistas.
A diferencia del antiimperialismo marcado por la época de Velasco, en la segunda fase se deja de lado esto y se restablecen las relaciones con Estados Unidos. En 1976 se recibe al secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger.
Problemas sociales En julio de este año, todas las revistas se cierran, pero las conservadoras están satisfechas porque, al final, sus intereses están prevaleciendo. En diciembre vuelven a salir las revistas, pero ninguna de izquierda está autorizada.
Comienzan las huelgas sindicales. Según el diario Expreso, el SUTEP manifiesta su rechazo a las medidas económicas del gobierno y se solidariza con los sindicatos en pie de lucha.
A pesar de las limitaciones impuestas por la dictadura ante cualquier tipo de movimiento popular y partidos de izquierda, estos actores que mantenían estrechas relaciones entre sí pudieron asumir un rol protagónico en la lucha contra el régimen militar. Especialmente, contra la contrarreforma que dirigió Morales Bermúdez, permitiendo el surgimiento de una nueva representación política.
La izquierda tuvo un rol fundamental en el debilitamiento de la dictadura militar. Sin embargo, fue incapaz de aprovechar la crisis política para armar una propuesta política como salida a los problemas concretos de la realidad peruana. Esta propuesta partía por generar espacios democráticos que ofrecieran mayores herramientas a los sectores populares para llevar a cabo las transformaciones político-económicas que fueran necesarias.
Las primeras expresiones de la agudización de las contradicciones del régimen comienzan este año con los paquetes de medidas de flexibilización laboral y de privatización de la economía. La aguda crisis económica y dichas medidas provocaron un aumento de la movilización social, tanto a nivel gremial como en los frentes de defensa de los intereses del pueblo en las regiones.
El 1 de junio de 1976, ante la agudización de los problemas, el gobierno decretó el estado de emergencia en todo el territorio nacional con toques de queda rígidos. Esta medida duraría un año entero y luego se aplicaría de forma sectorial.
El paro del 19 de julio El paro de julio fue la respuesta de los gremios de trabajadores y de la sociedad civil organizada y de los partidos de izquierda en respuesta a los “paquetazos” económicos y a la represión policial-militar contra el pueblo y sus dirigentes. Esta represión se expresó en la criminalización de la huelga, los toques de queda y el estado de emergencia. Las bases de la CGTP, ante la negativa de la dirigencia a convocar al paro, deciden formar el Comando Unitario de Lucha (CUL), que fue el promotor de este paro, pasando por encima de la CGTP. Ante esa situación, la Central de Trabajadores no tuvo otra opción que sumarse, acertadamente, al paro que se iba a dar con o sin ellos.
El 19 de julio de 1977, se dio un paro nacional impulsado por la CGTP, central sindical, que reclamaba un aumento general de sueldos y salarios de acuerdo con el alza del costo de vida derivado de la devaluación de la moneda. Diarios como Expreso, La Crónica y Correo se encargaron de imprimir carátulas sensacionalistas sobre el tema, lo que llevó al ministro del Interior a pedir que se “abstengan de publicar informaciones que atenten contra la Unidad Nacional o fomenten la subversión”. Se esperaba contar ante la crisis con una respuesta de unidad y apoyo, algo que no ocurrió. Para la mañana del 19 de julio, el paro era inminente y exitoso. Las vastas industrias, casi sin excepción, se encuentran paralizadas. Lo mismo ocurre con las medianas. Solo en los negocios modestos se nota actividad, aunque restringida.
En zonas fabriles se inician movilizaciones obreras que se enfrentan a efectivos de los Servicios Especiales de la Guardia Civil, mientras que los efectivos de la Fuerza Armada patrullan la ciudad.
El paro contó con el apoyo masivo de la población, indistintamente de si se simpatizaba o no con las fuerzas convocantes, y significó en sí el repudio unánime hacia el régimen militar. Lima quedó paralizada durante 24 horas de un modo nunca antes visto. Luego vinieron diversas movilizaciones nacionales.