La batalla de Yrendagüé, de la guerra del Chaco, entre Bolivia y el Paraguay, tuvo lugar en una de las zonas más desérticas e inhóspitas del Chaco Boreal, entre el 5 y el 8 de diciembre de 1934. El ejército paraguayo infiltró sorpresivamente una División entre dos Divisiones bolivianas recorriendo 70 km a través del desierto con el objetivo de capturar los pozos del fortín Yrendagüé ubicados en la retaguardia boliviana y dejar sin agua, en pleno desierto, a tres divisiones enemigas.
Antecedentes
El 9 de noviembre de 1934, el Cuerpo de Caballería boliviano al mando del coronel David Toro, logró desalojar del fortín Yrendagüé al Segundo Cuerpo paraguayo al mando del coronel Rafael Franco. Este fortín se volvió importante luego de que el equipo paraguayo de excavación de pozos encontrara allí, por primera vez en el Chaco, una napa con abundante agua dulce. El descubrimiento se hizo el 27 de octubre, trece días antes de que las fuerzas del Cuerpo de Toro comenzaran el cerco de ese fortín.
Después de capturar Yrendagüé, las fuerzas del coronel Toro continuaron la persecución del Segundo Cuerpo paraguayo desalojándolo de El Cruce-Picuiba hacia la zona de La Faye, al sur. El coronel Toro, a través de sus constantes pedidos al general Peñaranda, había mantenido e incluso aumentado las fuerzas a su cargo. Se le había dado la 7.ª División (al mando del mayor Roberto Ayoroa) adicionalmente a la 1.ª y 2.ª División de Caballería (DC-1 y DC-2). Además, había tomado “prestados” los regimientos de infantería ‘’Chorolque‘’ y ‘’Montes‘’ de la 3.ª División. Era tal el deseo de Toro de lograr su objetivo militar y político que incluso el coronel Rodríguez le advirtió que no podía apoderarse de las unidades del Segundo Cuerpo de Bilbao Rioja que pasaban por Carandaity rumbo a Santa Fe. Como siempre Toro amenazó con hacer responsable al Comando Superior si se perdía esta "situación tan favorable".
Mientras las dos Divisiones de caballería enfrentaban a los paraguayos en la zona de Picuiba primero y en La Faye después, la 7.ª División boliviana maniobraba en una amplia zona sobre su flanco derecho. El coronel Toro no se movió de Carandaitý por lo que ahora su puesto de mando estaba a más de 160 kilómetros de la primera línea, en una zona mucho más benigna en comparación al infernal desierto donde luchaban todas las fuerzas bajo su mando. Situación del Cuerpo de Caballería boliviano A fines de noviembre de 1934, los 12 000 soldados del Cuerpo de Caballería boliviano, con gran cantidad de artillería y armas automáticas, estaban agotados. Habían peleado sin respiro desde los primeros días de septiembre, enfrentando a un enemigo que se detenía, se dejaba rodear y luego escapaba, bajo un calor abrasador, con una sola cantimplora de agua por día, y no era razonable esperar que pudieran continuar así indefinidamente. Su sistema logístico acusaba un progresivo deterioro en cantidad de camiones utilizables y combustible disponible que afectaba la moral del combatiente por la escasez permanente de víveres y agua.
Situación del Segundo Cuerpo paraguayo Por su parte, el Segundo Cuerpo paraguayo quedó reducido a no más de 3500 soldados dado que la 8.ª División fue trasladada secretamente, a fines de octubre, para reforzar al Primer Cuerpo paraguayo en la zona de El Carmen, al suroeste, para ser utilizada en una importante maniobra de aniquilamiento de una división enemiga. Toda esta operación de distracción a cargo del Segundo Cuerpo paraguayo que consistió en atraer a las fuerzas del coronel Toro al desierto se realizó con gran esfuerzo. En oportunidad de la acción boliviana sobre Yrendagüé, el coronel Franco transmitió su preocupación al general Estigarribia pidiendo refuerzos porque el enemigo estaba rodeando, esta vez, a todas sus fuerzas. “No se preocupe Franco, dentro del cerco usted lo tiene a Antola”, lo tranquilizó Estigarribia, aludiendo al teniente coronel Paulino Antola de la 6.ª División que ya había escapado varias veces de los cercos bolivianos. Franco recordará posteriormente en sus Memorias que su mayor problema era la excesiva confianza que el general Estigarribia tenía en la capacidad del comando, oficiales y soldados del Segundo Cuerpo paraguayo.
Cerco y rendición de la 1.ª y 2. División boliviana en El Carmen El 16 de noviembre de 1934 se produjo en El Carmen la rendición de la 1.ª y 2.ª División de Reserva bolivianas. La consecuencia inmediata fue la retirada de 18 000 hombres del ejército boliviano desde el fortín Ballivián, ubicado al sur, hacia Villamontes.
En sus Memorias el coronel Franco comenta:
Sin embargo Peñaranda y el Estado Mayor boliviano estaban muy preocupados por el avance del Primer y Tercer Cuerpo paraguayo sobre Villamontes, último bastión boliviano en el Chaco. Las advertencias que le hacían al coronel Toro para que suspendiera su peligroso avance en el desierto y consolidara su posición retrocediendo a un lugar más seguro no se cumplían. El coronel Ángel Rodríguez y su adjunto el mayor Germán Busch fueron personalmente a Carandaitý para transmitirle la necesidad de que retrocediera a Yrendagüé.
El coronel Toro mantiene su ofensiva El 20 de noviembre a las 12:00 horas las fuerzas de Toro ocuparon Picuiba al costo de muchas bajas. Muchos oficiales bolivianos (entre ellos el chileno Aquiles Vergara Vicuña que después sería historiador) sospechaban de las retiradas de Franco y Antola, porque estos dos oficiales paraguayos no eran de ceder terreno tan fácilmente y menos de posiciones favorables y bien abastecidas, por lo que suponían que preparaban una trampa posiblemente en la zona de Camacho. Desde su lejano comando en Carandaitý, el coronel Toro ordenó mantener el avance ya que, por orgullo o ambición (especialmente política), quería acabar de una vez por todas con el escurridizo coronel Franco y su debilitado Segundo Cuerpo. Su justificación estratégica era que, una vez capturado La Faye (lo que daba por descontado) avanzaría hasta Camacho y girando hacia el oeste podía envolver por el sur al Primer y Tercer Cuerpo de Ejército paraguayo que atacaban Villamontes haciéndolos retroceder con graves pérdidas. Toro aseguraba que él
La 8.ª División vuelve a la zona de Yrendagüe Finalizada la batalla de El Carmen, Estigarribia devolvió la 8.ª División al Segundo Cuerpo paraguayo aumentando sus fuerzas a 5500 combatientes distribuidos en tres Divisiones de infantería: la 6.ª División (al mando del teniente coronel Antola) y la DRG (División de Reserva General), ambas ubicadas en La Faye y, separada por unos 60 kilómetros, al noroeste, la 8.ª División (al mando del coronel Eugenio Garay), ubicada a su vez a 70 kilómetros al sur de Yrendagüé, en el cruce de las picadas XV y XVII (Puesto Estrella). Salvo la 8.ª División que había descansado y contaba con nuevo equipamiento capturado a los bolivianos en la batalla de El Carmen, la mayoría de los soldados de las otras dos Divisiones daban señales de agotamiento físico. Este movimiento de fuerzas paraguayas recién fue detectado por la inteligencia boliviana el 5 de diciembre, cuando el general Peñaranda advirtió al coronel Toro "que el enemigo visiblemente había retirado tropas del sector Pilcomayo" poniéndole en aviso de que las fuerzas paraguayas en su frente podrían estar recibiendo refuerzos.
Destitución del presidente Salamanca Otro hecho importante fue que el 27 de noviembre se produjo la destitución del presidente Salamanca por el amotinamiento de Peñaranda y un grupo de altos oficiales bolivianos entre los cuales estaba el coronel David Toro como figura principal. La consecuencia militar de este hecho político fue la creciente disgregación de la unidad de mando del ejército boliviano. El rol del general Peñaranda, en su condición de Comandante en Jefe, tendió a transformarse en un negociador entre distintas facciones del ejército apoyadas por distintos intereses políticos.
Un plan sorprendente
Sabiendo que el ataque boliviano era inminente y antes que Toro consolidara sus fuerzas sobre La Faye, en las primeras horas del 4 de diciembre, el coronel Franco se entrevistó con Eugenio Garay, comandante de la 8.ª División, yendo personalmente a su distante puesto de comando:
El plan era sorprendente por su casi imposible realización. Garay debía infiltrar su División entre dos Divisiones enemigas sin que estas ni la aviación se dieran cuenta, recorrer 70 kilómetros a través de un desierto carente de agua, en un monte cerrado, sin perder tiempo en abrir una picada, en pleno verano, con una temperatura de más de 45 grados a la sombra y finalmente capturar los pozos del fortín Yrendagüé dejando sin agua a tres Divisiones bolivianas, en medio del desierto. O sea, destruir a todo el Cuerpo de Caballería del coronel Toro sin disparar un solo tiro salvo en el asalto al fortín Yrendagüé.
Avance de la 8.ª División paraguaya 5 de diciembre: Sin perder tiempo, al amanecer del 5 de diciembre de 1934, tres regimientos de la 8.ª División iniciaron la marcha hasta su primer objetivo: la picada Alvarenga. A la cabeza del regimiento de elite "Batallón 40" marchaba el comandante de la División, Eugenio Garay, cuya edad casi triplicaba a muchos de sus subalternos. Antes de llegar la noche se alcanzó ese objetivo sabiendo que el enemigo no podía ni siquiera imaginar la presencia de una fuerza paraguaya tan importante en ese sector.
La noche del día 5 al 6 no ocurrieron novedades. Sin embargo, los soldados, debido al calor y pese a las recomendaciones y órdenes recibidas, consumieron en exceso el agua de sus dos caramañolas, lo que obligó a reclamar nuevas provisiones. Pero el consumo fuera de lo programado hizo que la intendencia no pudiera responder inmediatamente a los reclamos.
6 de diciembre: En esas condiciones siguió el avance de la columna sin que las provisiones de agua llegaran en las cantidades requeridas para satisfacer a tantos soldados que comenzaron a sufrir un preocupante proceso de deshidratación.
Al mediodía la situación se tornó peligrosa. El coronel Garay alertó a su jefe que se había detenido momentáneamente hasta tanto se solucionara, aunque sea parcialmente, el abastecimiento de agua.
La respuesta del coronel Franco fue rápida y clara:
Años después el coronel Franco comentó lo ocurrido:
¿Qué pasó realmente? El mismo 5 de diciembre, la 7.ª División boliviana avanzó desde el suroeste de Yrendagüé sobre el ala izquierda del Segundo Cuerpo paraguayo. Si la 8.ª División paraguaya, que ignoraba el movimiento de la unidad enemiga, no hubiera detenido su marcha el día 6, hubiera chocado indefectiblemente con ella en pleno monte. Agotados, casi sin agua, sorprendidos en vez de sorprender, los soldados paraguayos hubieran detenido su avance. Además, una simple escaramuza en el camino hubiera malogrado el factor sorpresa, esencial para la conquista de Yrendagüé. Pero esa demora hizo que ambas columnas se cruzaran sin verse, en pleno monte, con escaso tiempo de diferencia. thumb|right|400px|Situación al 8 de diciembre de 1934
El comandante de la vanguardia propuso esperar hasta el día siguiente para reiniciar la marcha mientras adelantó puestos escalonados de seguridad a 5 km al norte para detectar cualquier movimiento enemigo.
7 de diciembre: Al amanecer del día 7, la 8.ª División paraguaya continuó su inexorable marcha por el desierto, de los cuales los primeros 30 kilómetros fueron de terreno chaqueño de tipo común: tierra más o menos dura, monte bajo, sin agua, en general lejos del enemigo. Pero en los siguientes 40 kilómetros el tipo de terreno y la cercanía del enemigo impusieron condiciones de avance excepcionalmente difíciles: el desierto tenía raleados montes sucios, suelo de arena gruesa donde los pies se hundían hasta los tobillos.