El Real Conservatorio Superior de Música de Madrid es un conservatorio superior de música, la más antigua institución pública de enseñanza musical en España, que imparte enseñanzas superiores (equivalentes a universitarias) en música. Su historia, de siglo y medio de duración, es representativa de los avatares de la música en la sociedad española. De sus aulas han salido gran parte de los más importantes intérpretes y compositores españoles de los dos últimos siglos.
Historia
Fundación Encontramos la primera noticia sobre el Conservatorio en la Gaceta de Madrid del 23 de junio de 1830, pero su fundación oficial lo fue por Real Decreto del 15 de julio de 1830 (Gaceta del 16 de septiembre) con el nombre de "Real Conservatorio de Música y Declamación de María Cristina". La reina era gran aficionada a la música —cantaba y tocaba el arpa— y la fundación del Conservatorio que lleva su nombre se consideró entonces como obra personal suya en la cumbre de su popularidad. Las clases comenzaron el día 1 de enero de 1831, pero la inauguración fue hecha con gran pompa el 2 de abril del mismo año. Formando parte de los actos solemnes de inauguración el 6 de marzo de 1832 se representó el melodrama lírico español Los enredos de un curioso de Félix Castrillo con música de Ramón Carnicer, Pedro Albéniz, Baltasar Saldoni y Francisco Piermarini. La obra se conserva manuscrita en la biblioteca del centro y editada con estudio y revisión del profesor Jacinto Torres. Su primer director fue el cantante de ópera italiana Francesco Piermarini.
Historiadores de la época criticaron duramente su nombramiento, señalando a españoles como Carnicer y Rodríguez Ledesma como personas de competencia sobrada para desempeñar el cargo. La reina pretendía que la organización del Centro fuera a imagen y semejanza de los conservatorios italianos. Para conseguir sus propósitos buscó director en aquel país, aunque algunos han apuntado que el nombramiento fue caprichoso por ser Piermarini hombre apuesto. En el Centro había alumnos internos y externos, gratuitos y de paga.
El Conservatorio estaba ubicado en la plaza de los Mostenses, en un edificio que, con la reordenación urbanística de Madrid, después fue el número 25 de la calle de Isabel la Católica. La parte posterior daba a un callejón hoy del Maestro Guerrero que todavía es conocido popularmente por Travesía del Conservatorio. Tenía el primitivo una real dependencia de la Corte, y su organización interna se imitó de los conservatorios italianos de la época. Se nombraron profesores profesionales de la casa y una especie de socios protectores no profesionales, los «adictos de honor», que no tenían asiento en la Junta y entre los que estaba lo más granado de la corte, la aristocracia y la política, muchos de ellos por puro compromiso. El padre Federico Sopeña ofrece como curiosidad una larga lista de estos «adictos de honor» que parece «una guía de salón de la época». Como «adictos facultativos» se incorporaron profesionales de prestigio que asistían a las juntas con voto consultivo pero no deliberativo y formaban parte de la orquesta en los conciertos públicos del Centro. También fueron nombrados «maestros honorarios» entre otros el ídolo Rossini, el napolitano Mercadante y el maestro de capilla de Salamanca Doyagüe, con autorización expresa para vestir el uniforme. El primer reglamento, publicado el 16 de septiembre de 1830, fue redactado por Piermarini. Centrado todo en torno a la ópera se instaura la Declamación como parte inseparable del Conservatorio hasta 1951. Se regula el Gobierno del Centro, presentación mensual de cuentas, inspección, clases, matrícula, plazas y creación de una orquesta. En un artículo del Reglamento, incumplido, se sientan las bases para la creación de un Archivo Nacional de Música, algo así como un depósito legal al que irían a parar dos ejemplares de todas las obras musicales que se publicasen en España. Colaborador de Piermarini fue el brigadier José Joaquín Virués y Spínola, inspirador del Reglamento y autor del famoso tratado didáctico de armonía, contrapunto y composición La Geneuphonía, adoptado en el Centro. De ambos es el discurso de inauguración, escrito en lenguaje retórico de la época. Todavía se conserva en la Biblioteca la primera lista de profesores que Piermarini presentó a los reyes para su aprobación en la que reflejan méritos y sueldos, y figuran personajes tan prestigiosos como Pedro Albéniz, Baltasar Saldoni y Ramón Carnicer.
Como consecuencia de los enormes gastos ocasionados por la primera guerra carlista, el 12 de septiembre de 1835, las Cortes suprimieron la partida presupuestaria, dejando en manos del Gobierno la resolución del enorme problema creado. La asignación económica quedó reducida a 24000 duros lo que llevó a una gran crisis de la que encontramos noticias en la prensa de la época. El 25 de agosto de 1838 Piermarini fue sustituido por Antonio Tenreiro-Montenegro y Caveda, conde de Vigo, con el título de viceprotector. Al poco tiempo se suprimieron las plazas de internos. Se sucedieron en la dirección José Aranalde y Juan Martínez Almagro, nombrado este último en 1848. La situación económica del Conservatorio fue tan difícil en esta época que estuvo a punto de desaparecer víctima de los gastos que el país tuvo que soportar como consecuencia de las Guerras Civiles. En más de una ocasión, y con el fin de convencer a los políticos de la utilidad social del Centro, se hicieron peticiones en las que se explicaba, entre otras cosas, cómo los alumnos se ganaban honradamente la vida ejerciendo la profesión. En medio de la crisis, los profesores procuraron, mediante sucesivos recursos, acabar con la situación creada.
Inauguración del Teatro Real thumb|Teatro Real de Madrid, fachada a la plaza de Oriente.
Hubo modificación del Reglamento, reorganización, y, por fin, el 2 de diciembre de 1852 se inauguró la nueva sede en el edificio del Teatro Real con entrada por la calle de Felipe V. El internado fue definitivamente suprimido y creadas pensiones para alumnos destacados. El Conservatorio del Teatro Real, que fue inaugurado solemnemente por los reyes, tenía dos salones de actos: uno grande que daba a la fachada de la plaza de la Ópera en el que se daban los conciertos sinfónicos de Madrid con la orquesta formada por la Sociedad Artístico Musical de Socorros Mutuos, que fue el embrión de la Sociedad de Conciertos; en el salón más pequeño actuó la Sociedad de Cuartetos, fundada por Juan María Guelbenzu y Jesús de Monasterio en 1863.
En 1867 un incendio destruyó el salón grande, perdiéndose un piano Pleyel, un órgano y otras cosas de valor. En la etapa de las famosas reformas de la enseñanza previstas en la célebre Ley Moyano de 9 de septiembre de 1857, dos reglamentos, firmados por Nocedal y Salaverría, se dictaron el 5 de mayo y el 14 de diciembre de 1857. El segundo de estos Reglamentos que fue el definitivo, estableció la división de las enseñanzas musicales en estudios superiores y estudios de aplicación. Desde 1848 habían sido viceprotectores del Conservatorio Juan Florán Velaz de Medrano y Pastorís, marqués de Tabuérniga, y Joaquín María Ferrer; y directores Ventura de la Vega, Abelardo López de Ayala y Julián Romea. Ninguno de los regentes del centro desde Antonio Tenreiro Montenegro, conde de Vigo, hasta Emilio Arrieta era del claustro de profesores, si exceptuamos, hasta cierto punto, a Ventura de la Vega. Poco antes de la Revolución de 1868, el ministro de Fomento Severo Catalina cambió la organización reglamentaria mediante decreto desastroso de 17 de junio de 1868.
Sigue la época de duras restricciones económicas con rebaja de los sueldos y reducción de plazas docentes. Se crea el cargo de Comisario Regio con la misión expresa de reorganizar el Conservatorio. Por Decreto de 15 de diciembre de 1868 y Reglamento del 22 del mismo mes y año se creó la Escuela Nacional de Música y Declamación, denominación que se mantuvo hasta 1900. En el mismo año de 1868 fue nombrado director Emilio Arrieta, hombre de extraordinaria flexibilidad política que permaneció en el cargo hasta 1894 con la aureola de quien había viajado por Europa. Por sendas disposiciones de 22 de noviembre de 1883 y 3 de febrero de 1888 se reguló la enseñanza libre. Sucedieron en el cargo de director a Arrieta, Jesús de Monasterio, prestigioso profesor de violín que dimitió por sentirse marginado por el Ministerio en la aplicación de las reformas, y el organista, académico y musicólogo, Ildefonso Jimeno de Lerma. Importante en la etapa de Jesús de Monasterio fue la incorporación de Felipe Pedrell al claustro.
En 1901 fue nombrado comisario regio Tomás Bretón, quien consiguió reformar el local del Conservatorio dotándole de mejoras y ampliaciones. Bretón logró aprobar un nuevo Reglamento, luchó para que hubiera una mayor exigencia en los exámenes y que se pusiera fin al vicio heredado de la excesiva benevolencia en la concesión de premios. Fue en esta época cuando Pablo Sarasate donó su violín Stradivarius y 25 000 francos para dotar un premio anual de violín que lleva su nombre. Tras la dimisión de Bretón el día 25 de noviembre de 1911 harto de luchar en todos los frentes, le sucedió en el cargo interinamente el subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública Mauricio Montero Villegas hasta que fue nombrado en el cargo Enrique Fernández Arbós, el director de más breve mandato de todos, pues solo permaneció en el cargo del 1 al 24 de enero de 1912. El mismo día accedió al cargo de director el crítico y musicólogo Cecilio de Roda y López, quien permaneció durante el breve paréntesis de dos años, el tiempo suficiente para instalar la calefacción en el Centro, lo que entonces tenía su importancia.
thumb|left|Tomás Bretón, director del Conservatorio (1901-1911).
A instancias de media España vuelve triunfante Tomás Bretón en 1913 coincidiendo con un gran aumento del número de alumnos y logrando aprobar un nuevo Reglamento el 25 de agosto de 1917. Bretón volvió en loor de multitudes. El claustro de profesores aprobó su vuelta por unanimidad, pero lo más llamativo fue la actitud de sus paisanos salmantinos que montaron una campaña en su favor que se hizo casi nacional. Una comisión de la Sociedad de Dependientes de Comercio de Salamanca se entrevistó con el Conde de Romanones, entonces Presidente del Consejo de Ministros, solicitándole su nombramiento, a lo que Romanones accedió manifestando que Bretón era su mejor amigo y no tenía ningún inconveniente.
Años de peregrinaje Bajo el mandato del violinista Antonio Fernández Bordas, que había sido nombrado director en 1921, el Conservatorio fue desalojado del Teatro Real por real orden del Ministerio de Instrucción Pública del 14 de noviembre de 1925 que declaraba el edificio en ruinas y ordenaba la suspensión urgente de las clases, dando así comienzo una prolongada peregrinación del Centro por diferentes edificios y locales de Madrid hasta que en el año 1966 vuelve al Teatro Real. La Biblioteca y algunas de las clases fueron trasladadas al teatro María Guerrero, entonces llamado de la Princesa. Las oficinas fueron a un piso de la calle Pontejos, y algunas entidades particulares y públicas como la Casa Aeolian, la Unión Musical Española, Casa Campos, Casa Fuentes, Escuela Superior de Pintura, Teatro Cómico y Colegio Nacional de Sordomudos cedieron desinteresadamente sus instalaciones al Conservatorio. La salida precipitada del Teatro Real llevó a una situación de abandono durante varios años por parte de las autoridades académicas que se dejó notar seriamente en la buena marcha de la enseñanza.