Se denomina Cantón de Cartagena, o también conocido como Cantón Murciano, a la insurrección federalista que en el marco de la I República Española (1873-1874) acaeció en la Región de Murcia con el objetivo de constituirla en un cantón federal. El epicentro de este movimiento cantonal estuvo en la ciudad de Cartagena, que fue donde los republicanos federales "intransigentes" iniciaron en julio de 1873 la rebelión cantonal y cuyo propósito era instaurar en España "desde abajo" la República Federal sin esperar a que las Cortes Constituyentes elegidas en mayo de 1873 elaboraran y aprobaran la nueva Constitución Federal. En dicho proyecto constitucional se declaraba la existencia de diversos estados que constituían la nación española; uno de ellos, Murcia. El Cantón Murciano fue el de más larga duración de todos los cantones pues consiguió resistir el asedio de las fuerzas del gobierno central hasta el 12 de enero de 1874.

Algunas medidas adoptadas en Cartagena tenían similitudes con los acuerdos que se habían dado durante la Comuna de París en 1871.

Una denominación problemática thumb|left|Cabecera del periódico El Cantón Murciano, editado en Cartagena en 1873. El hecho de que la sublevación cantonal acaecida en numerosos puntos de la Región de Murcia durante el verano de 1873 tuviera como primer eslabón la ciudad de Cartagena, que fue la primera en proclamar el Cantón Murciano el 12 de julio de aquel año, y que la ofensiva del ejército centralista —como denominaban los insurgentes a las fuerzas gubernamentales— en agosto acabara por focalizar toda la resistencia cantonal tras los fortificados muros de la misma ciudad —base naval de la armada—, hizo que la mayor parte del conflicto desarrollado (entre agosto de 1873 y enero de 1874) tuviera como escenario exclusivo a la referida ciudad y que, por lo tanto, se identificara como Cantón de Cartagena. Sin embargo, no es menos cierto que lo que se pretendió en este episodio histórico fue la consecución de un Cantón Murciano con personalidad jurídico-política agrupando a la provincia de Murcia, dentro del ámbito geográfico nacional, aunque esto acabara siendo una quimera de sus promotores, pues nunca llegó a materializarse completamente.

La denominación de Cantón Murciano es la más exacta para explicar el movimiento cantonalista en la provincia de Murcia, desde las primeras aproximaciones de Antonio Puig Campillo (la primera edición de su obra data de 1932) hasta las más recientes, como Antonio Pérez Crespo, quien en un capítulo de su libro El Cantón Murciano, publicado en 1990, trata específicamente dicha problemática:

Por su parte José Barón Fernández aclara:

Como señala el historiador Juan Bautista Vilar, los revolucionarios aspiraban a un Cantón regional que se correspondiera con lo que en un sentido amplio pudiera llamarse Región murciana. Así las cosas, la revolución cantonal no fue un fenómeno exclusivo de la plaza fuerte de Cartagena, sino que se extendió por toda la provincia de Murcia, excepto en las zonas periféricas presionadas constantemente por diversas partidas carlistas. La ciudad de Murcia, seguida de un considerable número de municipios, se sumó de forma entusiasta a la revolución, pero tan pronto llegaron las tropas centralistas, depusieron su actitud y sin disparar un tiro, los insurgentes más comprometidos se refugiaron en Cartagena. Esta ciudad continuó el levantamiento armado, y tras varios meses de resistencia en solitario, fue rendida por las armas.

La proclamación del Cantón

Antecedentes

Tras el fracasado golpe de 23 de abril de 1873, el republicanismo federalista se afianzó. Por ello, las elecciones a las Cortes Constituyentes arrojaron aparte de una elevada abstención del 60%, una aplastante mayoría de los republicanos federales. Sin embargo, los federalistas estaban escindidos entre la mayoría benevolente, partidaria de un federalismo que debía organizar la descentralización desde arriba, desde las Cortes; mientras que la minoría intransigente quería un proceso desde abajo, esto es, establecer previamente los Estados y en la Cortes constituir la federación. En este sentido, los benevolentes eran partidarios de constituir los Estados de la federación según los antiguos reinos históricos, mientras que los intransigentes pretendían la formación de cantones según la división provincial.

Recién constituidas las Cortes Constituyentes, fue proclamada la República federal el 7 de junio. El presidente del Poder Ejecutivo, Estanislao Figueras, huyó a Francia el día 10 y, al día siguiente, Pi y Margall fue designado como el nuevo presidente del Poder Ejecutivo. La ruptura con los intransigentes se produjo con la aprobación de una ley de medidas extraordinarias para frenar la insurrección carlista; pero no se aplicó a las regiones afectadas, sino a toda España, lo que produjo el abandono de los diputados intransigentes de las Cortes.

Entonces, los intransigentes formaron en Madrid un Comité de Salud Pública, bajo la presidencia de Roque Barcia, para vigilar los intereses de la nación y llevar a cabo la insurrección cantonal. Inicialmente, el Comité pensó llevar a cabo la insurrección en Madrid, de modo semejante a la Comuna de París de 1871, pero dada su imposibilidad, se eligió Cartagena:

Para informarse de las posibilidades que tenía esta idea, el Comité envió a Cartagena a Manuel Cárceles Sabater, un cartagenero que estudiaba medicina en Madrid, que cuando regresó, presentó un informe muy optimista —además, durante su estancia en Cartagena había desplegado una intensa actividad propagandística en favor de la insurrección, lo que propició la ayuda del estudiante de Farmacia Eduardo Romero Germes—. Entonces el Comité de Salud Pública constituyó la Comisión de Guerra, presidida por el general Juan Contreras y de la que formaban parte Ruperto Chavarri, Andrés Lafuente y el coronel Guillermo Fernández. Estos se comprometieron a sublevar, además de Cartagena, Valencia, Barcelona, Sevilla y Murcia.

Cartagena thumb|left|Izado de la bandera roja manchada de sangre sobre el castillo de Galeras. La insurrección comenzó en Cartagena el 12 de julio, a pesar de que el presidente del Comité en Madrid, Roque Barcia, quería que se retrasase. El inicio de la sublevación se produjo cuando el regimiento de África que iba a proceder al relevo de la guarnición del fuerte de Galeras, compuesta por voluntarios, estos se negaron. Así, a las cuatro de la mañana del día 12 de julio, por iniciativa del enlace con el Comité de Madrid, Cárceles Sabater, se constituyó una "Junta Revolucionaria de Salvación Pública", presidida por Pedro Gutiérrez de la Puente y con José Bonet Torrens como vicepresidente. Los vocales eran Pedro Roca, teniente de la Milicia; José Ortega, dueño de un café; Pablo Meléndez, carpintero; Pedro Alemán, jefe de voluntarios, y José García Torres. Como secretario actuó Francisco Méndez Trigo. Una hora después, la señal para la sublevación fue dada desde el castillo de Galeras, que lanzó un cañonazo avisando que el regimiento de África, que iba a relevar a la guarnición de voluntarios, se había retirado. Según otras versiones, el cañonazo era la señal previamente acordada para indicar al Almansa que se habían tomado las defensas y podía sublevarse junto al resto de la escuadra.

El jefe de la guarnición de voluntarios del fuerte, el cartero Sáez, "en su afán de enarbolar una bandera roja y al no contar con ella, mandó izar la turca creyendo que no se vería la media luna, pero el comandante de Marina lo divisó, comunicándolo al ministro de Marina [el telegrama decía: «El castillo de Galeras ha enarbolado bandera turca»]. Un voluntario, velando por el prestigio de la causa, se abrió una vena con la punta de su navaja y tiñó con su sangre la media luna, sustituyendo así la bandera de Turquía".

A esa misma hora, las 5 de la madrugada del 12 de julio, un grupo de voluntarios al mando de Cárceles invadió el ayuntamiento, instalando en los bajos la "Junta Revolucionaria de Salvación Pública", que se había constituido una hora antes, mientras otros grupos ocupaban las puertas de la muralla de la ciudad. Más tarde, se presentó el alcalde interino Leandro Samper, conminándoles a que desalojaran el edificio y, al no conseguirlo, convocó una reunión de la corporación municipal que debatió la reclamación de la Junta presentada por escrito para "que se lleve a efecto la formación del Cantón murciano". A las 11 de la mañana, el alcalde cursó un telegrama al presidente del Gobierno, en el que les exponía las "peticiones" de la Junta. La respuesta llegó pocas horas después a través del gobernador civil de Murcia, Antonio Altadill: «diga Vd. a la Junta en nombre mío y del Gobierno, que la Comisión de las Cortes tiene acordado el Cantón murciano; en breve será un hecho este acuerdo.- Yo salgo en tren exprés para esa.- Resista hasta donde pueda dimisión Ayuntamiento.- Evite apelar armas y derramamiento sangre». Altadill llegó a Cartagena acompañado del diputado federal murciano Antonio Gálvez Arce, conocido como Antonete, y se reunió con la Junta a media tarde. Después de valorar que los insurrectos "tienen en su poder las fortalezas de Galeras, Atalaya y Moros" y "los principales puntos de la ciudad", aconsejó al Ayuntamiento que dimitiera, cosa que hizo "en presencia del gobernador de la provincia, por su consejo y bajo su presidencia". Esta decisión del gobernador civil de hacer dimitir al Ayuntamiento fue muy criticada por el Gobierno de Pi y Margall, como manifestó en la sesión de las Cortes del 14 de julio, en la que se debatió la actuación del Gobierno, porque había facilitado la proclamación del Cantón de Cartagena. thumb|Antonio Gálvez Arce, "Antonete Gálvez". Poco después, la Junta izó la bandera roja en el ayuntamiento y proclamó el Cantón Murciano, nombrando a continuación a "Antonete" Gálvez comandante general de las fuerzas del Ejército, Milicia y Armada. En el Manifiesto que hizo público esa misma tarde del 12 de julio la "Junta de Salud Pública", constituida "por la voluntad de la mayoría del pueblo republicano de esta localidad", justificó la proclamación del Cantón como un acto de defensa de la República Federal:

A continuación, comandados por "Antonete" Gálvez y por el general Juan Contreras, presidente del Comité de Guerra que se había desplazado desde Madrid —el gobierno al conocer este hecho había ordenado su arresto—, se apoderaron de los barcos de guerra de la base naval sin causar víctimas. Al parecer fue la inflamada oratoria de Antonio Gálvez Arce "Antonete", que apasionó a la marinería, la clave para apoderarse de la escuadra fondeada en el puerto, que en ese momento se componía de lo mejor de la Armada. El torreagüereño Antonete Gálvez, progresista de origen humilde que entonces era diputado a Cortes por la provincia de Murcia, gozaba de una enorme popularidad como lo demuestra esta copla que se cantaba en Cartagena:

Así pues, tras tomar el ayuntamiento de forma pacífica y apoderarse del arsenal, de las baterías de la costa y del puerto, los sublevados consiguieron que se sumara a la rebelión la flota española que tenía su base en Cartagena: entre otras, las fragatas blindadas Numancia, Tetuán, Vitoria y Méndez Núñez (cuatro de las siete fragatas blindadas que poseía en ese momento la República española), la fragata de hélice Almansa y el vapor Fernando el Católico, rebautizado como Despertador del Cantón. Más tarde sus tripulaciones serían consideradas por los "centralistas" como piratas según decreto del 26 de julio de 1873.Boletín Oficial de la Provincia de Santander, 26 de julio de 1873 Posteriormente se unieron otras, como el vapor El Vigilante (en una expedición sobre Alicante), la fragata de hélice Villa de Madrid o el Isabel II. Estos dos últimos sin maquinaria, por lo que efectuaron labores de defensa del puerto y de la cárcel, respectivamente.