Rioblanco es un municipio de Colombia, situado en el departamento de Tolima. Limita por el norte con el municipio de Chaparral, por el sur con Planadas, por el este con el municipio de Ataco y por el oeste con el departamento del Valle del Cauca.
El municipio forma parte de la ecorregión macizo colombiano y uno de los ecosistemas estratégicos, vías importantes a nivel nacional integrado por un corredor biológico de gran importancia como lo son los Parques nacionales naturales: Nevado del Huila, Páramo de las Hermosas, Volcán Purace, Laguna Carota. El municipio de Rioblanco encuentra su polo de atracción en la región de Bogotá y Cali, sin embargo su mayor influencia la recibe de los municipios de Chaparral, Planadas, Ataco e Ibagué.
Rioblanco se encuentra bajo jurisdicción de la Corporación para el Desarrollo y Social CORPES Centro Oriente, la cual tiene jurisdicción en los departamentos de Cundinamarca, Huila, Boyacá y Tolima. Este municipio tiene dos áreas de manejo especial: Parque nacional natural Las Hermosas y parque nacional natural Nevado del Huila.
Historia
Poblamiento
Parece que el caucho y la quina fueron el adorno de la selva de la zona de Rioblanco en las postrimerías del siglo pasado. Para los primeros hombres que llegaron a aquellos parajes, en contraste con la riqueza que le significaban tales plantas de gran cotización, acechaba el tigre, el león criollo, el oso, la serpiente etc.
La versión orla recogida de viejos residentes en el pueblo y en lejanas finquitas, sostiene que en 1897 estaban semi-descubiertas las riberas del Río Mendarco, del sitio “El Mesón” hacia la desembocadura del río, en el torrentoso Saldaña. Quienes por allí habitaban alternaban las faenas ordinarias de la agricultura con la explotación del caucho. Pero es importante advertir que aquellos hombres bravos descuajaban montaña tras el señuelo de la quina y del caucho y que, en ningún momento pensaron en radicarse o en fundar un pueblo.
Un día de aquellas remotas épocas, salió de Chaparral una expedición de campesinos integrada por los señores Abraham Caicedo, Marcelino Hernández, Absalón Ramírez y veinte personas más, atraídos por el buen precio que tenía la quina, y rompiendo selva virgen, se adentraron en más de tres años hacia las riveras del Río Blanco, hasta su desembocadura en el Saldaña, explotando paso a paso aquel producto que se daba silvestre y en forma abundante.
Aquellos explotadores del producto y negociantes a la vez, realizaban expediciones que solo duraban mes y medio, tiempo máximo durante el cual les alcanzaban las provisiones; y en ese lapso le arrancaban a la selva ocho o diez arrobas de caucho en bola, que embarcaban en ocasiones en el Saldaña hasta el Ataco donde hallaban compradores del producto. Esta ruta tenía su pro y su contra: menos difícil la travesía pero con más peligro, debido a las fuertes corrientes del agua. En otras ocasiones, no frecuentes lo hacían por caminos peligrosos o trochas, hasta salir a Chaparral u Ortega, donde también había clientela para aquel producto natural.
Por lo peligroso de la montaña, acostumbraban viajar siempre en grupos; por lo regular permanecían al lado de sus mujeres diez días y luego emprendían nuevamente la marcha y la explotación y así por largo período, hasta cuando fueron agotando las caucheras.
Como se dijo antes, el afán de los dominadores de la selva era el dinero; ninguno pensó en fundar una finca pues solamente les interesaba abrir trochas que los condujera al codiciado árbol de caucho o a la pequeña planta de quina.
Aquellos hombres de quienes solo se mencionaba a los tres hermanos Caicedo, desafiaron la naturaleza exponiendo sus vidas en forma permanente a las fieras que los asediaban: el tigre, el león criollo, el oso, la serpiente y otros bichos de menor peligrosidad, fueron siempre sus enemigos pero con valentía y coraje se abrieron paso.
Colonizadores
Con espíritu de colonizador avanzaron por un sendero angosto, varios hombres, Francisco Hernández, Acisclo Vargas, Pablo oliveros y Fermín Reinoso. Aquella ruta ya había sido trajinada por los tres hermanos Caicedo, únicos apellidos que sobreviven del grupo de caucheros que, como se mencionó antes, hacia finales del siglo antepasado anduvieron por el sur del Tolima pero sin ningún interés de fundadores, tan solo por explotar la quina y el caucho. Esos mismo aventureros desde Ortega, venían cargados de sal, panela, espermas, jabón, fósforos y otros artículos, hombres corajudos que transitaban las trochas y regresaban a los 30 días de constante trabajo en la selva, con bultos de ocho arrobas de peso a la espalda y que no eran otra cosa que bolas de caucho que tenían magnífico mercado. De aquellos personajes, algunos sentaron pie firme, se establecieron a las márgenes norte y sur de un Río, los señores Nicolás Quiroga y Jorge Pérez, quienes de común acuerdo establecieron de límite y lindero arcifinio, el río. Después de descuajar montaña sembraron cultivos de maíz, yuca y plátano, formando igualmente potreros de animales que no tardaron en aparecer. Todo lo anterior ocurría antes de la guerra de los Mil Días.
Las casas fueron construidas en zancos para dormir en el zarzo, debido al peligro de las fieras que abundaban por entonces. De 1899 a 1900 y por las mismas trochas abiertas, penetraron con el deseo de fundar parcelas los Señores Filomeno Campos, Rufino Aguiar, Eugenio Mendoza, Silverio Hernández (hermano de Francisco), y otros, quienes se sumaron a los que ya estaban instalados en las riveras del río y buscaron la manera de organizar su forma de vida, de manera estable, fue el decir general que muchos de aquellos hombres intervinieron en la guerra civil y fueron a dar a tan lejanos parajes con el deseo de buscar la paz y un lugar para forjar riquezas para la patria.
Con el correr de los años y al prosperar el caserío, aparecen nuevos nombres: Epifanio Reinoso, Patrocinio Suárez a quienes se sumó de visita el Sacerdote Heliodoro Perdomo. Este levita entusiasta y buen colonizador solicitó los servicios de los vecinos Julio Páez Evangelista Nieto, Vicente Lozano y otros, se demarcó la población, conformando las calles y señalándose el sitio para la parroquia, que donó don Jorge Pérez, en la margen del río, costado sur; donación que hizo en una especie de asamblea general de moradores.
thumb|Plaza Mayor de Rioblanco en 1954. El edificio tras el arbusto es lo que aún se denomina Alcaldía Municipal.
Las primeras construcciones
Las primeras habitaciones, sin contar con las de los dos primeros colonizadores Nicolás Quiroga y Jorge Pérez, fueron las de Epifanía Reinoso, hermana de Nicolás y luego fueron las de los hermanos Cárdenas, Narciso, Martín y Nicolás, quienes emprendieron una decidida campaña para conseguir la afluencia de nuevos moradores. Las primeras semillas de Café Borbón las trajo a la región Jorge Pérez, y como la tierra era tan fértil, todos los demás procedieron a sembrarla y de esa manera surgieron los grandes cafetales como lo fueron Relator, Las Brisas, Buenavista, El Estuche y otras fincas ganaderas, con yegüerizos y enormes crías de Cerdos.
Las Brisas fue de propiedad de Juan de la Cruz Vidales y llegó a producir más de 300 cargas por cosecha de café pergamino; estaba localizada a 25 minutos del poblado. Por esta misma fecha el agricultor Gabino Pérez, fundó un establecimiento de caña de azúcar e introdujo el primer trapiche de tracción animal y por los resultados obtenidos, muchos otros campesinos sembraron grandes extensiones de este mismo producto, lo cual fue acrecentando el rendimiento, tanto que no se consumía toda la panela que se producía.
La primera autoridad
Los hermanos Cárdenas comenzaron a desplegar actividad para que se designara la primera autoridad, debido a que siempre se presentaban desórdenes por el desmedido consumo de alcohol que vendía el estanquero oficial Rafael Rojas y de contrabando el antioqueño Elías Ramírez.
El primer comisario mayor, nombrado por los vecinos con anuencia de la Autoridad Municipal de Chaparral, fue Martín cárdenas, quien se asesoró de diez comisarios menores, que hacían cumplir la ley en la región; es de anotar que estos cargos eran de ad-honorem pero se cambiaban cada seis meses; el símbolo de su autoridad era una simple vara que portaban y que los identificaban ante todos mereciéndoles respeto.
El primer corregidor nombrado por las Autoridades Chaparralunas fue José Nicomedes Mafla, persona ampliamente conocida por los habitantes, su dinamismo lo llevó a organizar el orden administrativo del caserío y sus primeros decretos fueron promulgados a la ciudadanía por medio de bando sobre una piedra se hallaba en el marco de la plaza, de un tamaño desproporcionado, pero plana en su parte superior, circunstancia que aprovechaba el cura como púlpito para dirigirse a la feligresía, también de tribuna para los discursos políticos.
Inspección de policía
Por ordenanza de la Asamblea fue creada la Inspección de Policía de Rioblanco recayendo el nombramiento en el ilustre hijo del caserío Justino Quiroga, gran dirigente político y cívico, reemplazándolo año después y por querer de los pobladores por Tiberio Vidales.
A Vidales le siguieron otros. Logró la construcción de dos escuelas, una para varones y otra para niñas, que eran visitadas por el párroco de Chaparral, una vez al año coincidiendo aquella con la celebración de la fiesta de María Auxiliadora, cuando todos los moradores daban sus limosnas.
El empuje de salida de los productos que se daban en la región, forzaba las distancias. Ganados vacunos y porcinos eran conducidos a Chaparral, y Ortega y las recuas de mulas guiadas por arrieros de gran pericia por penosos caminos transportaban cargas de café que luego sería embarcado rumbo al exterior.
Ordenanza 11 de 1948 Hay quienes sostienen la tesis que no se debe emplear la palabra desmembración del municipio, sino hablarse de separación. Porque la primera por razón de costumbre es interpretada como razón y consecuencia de un abandono.
Para Gustavo Reinoso hubo separación porque surgió la inquietud y Chaparral convino en que el municipio era demasiado grande y lo más conveniente era dividirlo. Para el señor Alejandro Buenaventura Suárez, quien entró a Rioblanco en 1930 cuando el corregidor era Tiberio Vidales, Chaparral tenía abandonado el corregimiento; todos los impuestos tan solo para pagar su propia burocracia y no se le prestaba atención ni al arreglo de los caminos. Con ese argumento Armando Siachoque Álvarez, político quien quería asistir a la Asamblea, consiguió los votos necesarios y presentó finalmente el proyecto de ordenanza que no tuvo resistencia.
La junta Pro-Municipio estaba integrada por Adolfo álzate, Gregorio Quintero, José Joaquín Vidales, Cruz Bonilla, Eliseo Buenaventura y los Hermanos Ciro y Luis Cárdenas. Para Elegir el diputado en 1947 la movilización política fue intensa. Hubo 1500 votos liberales a favor de Jorge Eliecer Gaitán. Ignacio Alvira envió para la campaña la suma de tres mil pesos y por todos los medios hicieron arrimar las mesas de votación a los electores. El señor Tiberio Vega fue quien se prestó para recorrer toda la región de Puerto Saldaña, Herrera y veredas circunvecinas, para recorrer firmas adictas a la desmembración de Rioblanco del territorio de Chaparral.
Como se dijo antes, Gustavo Reinoso insistió en que no hubo desmembración y antes por el contrario, confidencialmente se les consultó a los jefes de vereda que opinión tenían del paso que se proponía dar Rioblanco, y la respuesta fue afirmativa, entre otras cosas porque causa de su atraso era el factor catastral debido a que las fincas estaban avaluadas a menos precio, y convertido en municipio era más factible exigir la implantación de la oficina respectiva para los re-avalúos justos.