La guerra de los Farrapos, Revolución Farroupilha, o incluso, Revuelta Farroupilha fue una revolución, guerra o revuelta regional, de carácter republicano, contra el gobierno imperial del Brasil, en la entonces Provincia de San Pedro de Río Grande del Sur, y que resultó en la declaración de independencia de la provincia como un estado republicano, dando origen a la República Riograndense. Duró entre el 20 de septiembre de 1835 al 1 de marzo de 1845.
La revolución, que con el pasar del tiempo adquirió un carácter separatista, influenció movimientos que ocurrieron en otras provincias brasileñas. Influenció a la revolución liberal que se daría en São Paulo en 1842 y a la revuelta denominada Sabinada en Bahía en 1837, ambas de la ideología del Partido Liberal de la época. Se inspiró en la recién terminada guerra de independencia del Uruguay, mateniendo conexiones con la nueva república del Río de la Plata, además de provincias independientes argentinas como Corrientes y Santa Fe. Llegó a expandirse a la costa brasileña, en Laguna, con la proclamación de la República Juliana y a la meseta catarinense de Lages.
La revuelta tuvo como líderes al general Bento Gonçalves da Silva, el general Antônio de Sousa Neto, el coronel Onofre Pires, el coronel Lucas de Oliveira, el diputado Vicente da Fontoura, el general Davi Canabarro, el coronel Corte Real, el coronel Teixeira Nunes, el coronel Domingos de Almeida, el coronel Domingos Crescêncio de Carvalho, el general José Mariano de Mattos, el general Gomes Jardim, además de recibir la inspiración ideológica de refugiados italianos de la Carbonária, como el científico y teniente Tito Livio Zambeccari y el periodista Luigi Rossetti, además del capitán Giuseppe Garibaldi, que aunque no pertenecía a la carbonária, estuvo envuelto en movimientos republicanos en Italia. Bento Manuel Ribeiro luchó en ambos lados a lo largo de la guerra pero, cuando acabó la revolución, estuvo en el bando del emperador.
La cuestión de la abolición de la esclavitud también estuvo envuelta, organizándose ejércitos con hombres negros que aspiraban a ganar su libertad. Aunque el ideal supremo de los revolucionarios era la independencia de una república, los líderes de la revolución eran tan defensores de la esclavitud como sus enemigos. Antecedentes y causas La causa original para la revuelta se basa en el conflicto político entre los liberales, que propugnaban un modelo de estado con mayor autonomía a las provincias, y el modelo impuesto por la constitución de 1824, de carácter unitario.
El movimiento también encontró fuerza en la posición secundaria, tanto económica como política, que la Provincia de São Pedro do Rio Grande ocupaba en Brasil en los años posteriores a la independencia. A diferencia de otras provincias cuya producción de productos primarios se orientaba al mercado exterior como el azúcar y el café, la de Río Grande del Sur producía principalmente para el mercado interno. Sus principales productos eran el charque y el cuero, altamente tributados. Las charquerías producían alimentos para los esclavos africanos, que iban en grandes cantidades a abastecer a la industria minera de Minas Gerais, a las plantaciones de caña de azúcar y a la región sudeste, donde se inició el cultivo del café. La región, de ese modo, se encontraba en dependencia del mercado brasileño de charqui, que con el cambio sobrevalorado, y beneficios tarifarios, podía importar el producto por menor costo. Además de eso, se instalaba en las Provincias Unidas del Río de la Plata una fuerte industria saladera, y que, junto con los saladeros del Uruguay, competiría por la compra de ganado de la región, poniendo en riesgo la viabilidad económica de las chaquerías surriograndenses. En consecuencia, el charqui riograndense tenía un precio mayor que sus similares provenientes de Argentina y Uruguay, un reclamo que era hecho por los riograndenses por lo menos desde 1804. La tributación de la competencia externa era una exigencia de los estancieros y charqueadores. Sin embargo, esa tributación no era de interés de los principales compradores brasileños ya que verían reducida su ganancia en razón de un mayor gasto en la manutención de los esclavos.
Hay que considerar, además, que Río Grande del Sur era una región fronteriza de los dominios hispanos situados en la región platina. Debido a las disputas territoriales en esa área, nunca fue una capitanía hereditaria durante el periodo colonial sino que parte de su territorio, desde el , fue ocupado por un sistema de concesión de tierras y poder a jefes militares. El poder de los estancieros era ejercido muchas veces en defensa de sus propios intereses privados y entraba en conflicto frecuentemente con la autoridad de los comandantes militares, representantes de la Corona. Entonces, la importancia del estanciero soldado era tal que la Corona transigía, haciéndose de la vista gorda de las arbitrariedades, dando mayor autonomía al poder local. En la entonces reciente y desastrosa Guerra del Brasil, que culminó con la pérdida del Uruguay, hasta entonces anexado a Brasil. El comando general, a pesar de los muchos candidatos locales calificados, fue dado al Marqués de Barbacena, oriundo de la corte imperial, quien no estaba preparado para el cargo y fue responsabilizado de la derrota.
Los contactos frecuentes, inclusive con propiedades y negocios al otro lado de la frontera, mostraron a los caudillos locales las ventajas de una república, con sus banderas de igualdad, libertad y fraternidad traídas de la Revolución Francesa. Además de eso, la imposición de presidentes provinciales por parte del gobierno imperial iba contra el direccionamiento político de la Asamblea Legislativa Provincial de Río Grande del Sur, creando un motivo más de descontento de la élite regional.
También es preciso citar el conflicto ideológico presente en Río Grande del Sur, que había sufrido varias tentativas menores de creación de una república, iniciando con los intentos descabellados de Alexandre Luís de Queirós e Vasconcelos, que proclamó la república tres veces a inicios del , o la Sedición de 1830, que postulaba sustituir a la monarquía por la república en Porto alegre y que tuvo la participación de varios inmigrantes alemanes (Otto Heise, Samuel Gottfried Kerst y Gaspar Stephanousky), pero fue rápidamente sofocada.
thumb|276px|Mapa de las principales revueltas ocurridas en Brasil antes de 1840. El descontento reinante en la provincia fue objeto de varias reuniones gubernamentales, especialmente a partir de 1831, cuando comenzaron a circular insistentes rumores sobre la separación de la provincia con la intención de unirse al estado Oriental, también preocupados por informaciones de que, en la frontera, se predicaba la revolución prometiéndose la libertad de los esclavos. En Uruguay vivía refugiado el padre Caldas, revolucionario de la Confederación del Ecuador, que mantenía un periódico de ideas republicanas, además de una animada correspondencia con los comandantes de frontera, incluyendo a Bento Gonçalves.
El conflicto ideológico fue exacerbado con la creación de la Sociedad Militar,. en Río de Janeiro, un club con simpatía por el Imperio y fomentador de la restauración de D. Pedro I en el trono brasileño. Uno de sus líderes fue el Conde de Rio Pardo, que al llegar a Porto Alegre en octubre de 1833, fundó allí una filial. Los estancieros riograndenses no vieron con buenos ojos a la Sociedade Militar y pidieron que el gobierno provincial la declarase ilegal. Entre las protestas explotó una rebelión popular liderada por los mayores José Mariano de Matos y João Manuel de Lima e Silva que fue sofocada pronto y sus líderes castigados.
Farrapos Farroupilhas o farrapos es la forma cómo fueron llamados todos los que se rebelaron contra el gobierno imperial, y que culminó con la proclamación de la República Riograndense. Era un término considerado originalmente peyorativo, utilizado por lo menos una década antes de la Guerra de los Farrapos para designar a los surriograndenses vinculados al Partido Liberal, opositores y radicales al gobierno central, destacándose los llamados jurujubas. El término, oriundo del parlamento, con el tiempo fue adoptado por los propios revolucionarios, de forma semejante a como ocurrió con los Sans-culottes durante la Revolución Francesa. Sus oponentes imperiales eran llamados por ellos como caramurus o camelos, término jocoso aplicado generalmente a los miembros del Partido Restaurador en el Parlamento Imperial.
En 1831, en Río de Janeiro, existían los periódicos Jurujuba dos Farroupilhas y Matraca dos Farroupilhas. En 1832 fue fundado el Partido Farroupilha por el teniente Luís José dos Reis Alpoim, deportado de Río hacia Porto Alegre. El grupo se reunía en la casa del mayor João Manuel de Lima e Silva (tío de Luís Alves de Lima e Silva, que sería el Duque de Caxias), casa que era sede también de la Sociedade Continentino, editora del periódico O Continentino, feroz crítico del Imperio. El 24 de octubre de 1833, los farroupilhas promovieron un levantamiento contra la instalación de la Sociedad Militar en Porto Alegre.
Inicialmente, reivindicaban el retiro de todos los portugueses que se mantenían en los más altos cargos del Imperio y del Ejército aún después de la independencia, respaldados por el Partido Restaurador o caramuru. Los caramurus defendían el retorno de Pedro I al gobierno del Brasil.
No obstante, es necesario notar que entre los farrapos habían los que creían que sólo haciendo independientes a las provincias se podía obtener una "sociedad chula", es decir, administrada por provinciales. Había, por tanto, estancieros, estancieros militares, farroupilhas libertarios, militares libertarios, estancieros farroupilhas, abolicionistas y esclavos que buscaban la libertad, y de esa manera, una combinación ideológica sin fin. Inicialmente no todos eran republicanos y separatistas pero los acontecimientos y los nuevos rumbos del movimiento condujeron a ese resultado.
La masonería sureña, proclive a los ideales republicanos, tuvo un importante papel en los rumbos tomados, siendo que muchos de los líderes farroupilhas fueron miembros, entre ellos, Bento Gonçalves da Silva, con el apodo Sucre. Bento organizó otras logias masónicas en el territorio riograndense, lo que le había sido permitido desde el año 1833.
Los indígenas En los años que antecedieron a la guerra de los Farrapos, los indígenas eran vistos como una subdivisión de la población libre y realizaban los mismos trabajos realizados por hombres blancos y libres como actividades pecuarias y bélicas. La aldea más prominente se llamaba São Nicolau y se ubicaba en Río Pardo, siendo conformada por indígenas salidos de las reducciones orientales.
Al igual que los negros, los indígenas participaron activamente de la guerra del primer al último día. Aunque la presencia indígena en el conflicto sea escasa en la historiografía de la guerra, a través del análisis de las cartas intercambiadas entre militares, de los planos estratégicos de batalla y de informes, es posible concluir que la presencia de ese grupo fue fundamental para el desarrollo del conflicto.
Otra evidencia histórica que apunta, indirectamente, a la presencia de los indios en la guerra es el cambio poblacional de las aldeas indígenas durante el periodo de la guerra. En la aldea de Capela de Santa Maria se evidencia un freno demográfico acentuado durante el conflicto. Lo mismo pasó en la aldea de São Nicolau que también presentó cambios demográficos con la predominancia de viejos y niños en la aldea una vez que los hombres en edad adulta fueron para la guerra. Las aldeas de São Vicente y Santa Isabel duraron menos de tres años debido a los efectos de la guerra.