thumb|Asesinato de frailes en la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid durante la revuelta antirreligiosa de 1834. thumb|Lema de la República francesa sobre el tímpano de la iglesia de Aups, en Francia. Fue colocado en 1905 con motivo de la aprobación de la ley francesa de separación de las Iglesias y el Estado. La iglesia de Francia sigue abierta al culto y es regentada por la Iglesia católica, mientras que el ayuntamiento de Aups, como propietario del edificio, asume su conservación y mantenimiento conjuntamente con el Estado. El anticlericalismo es un movimiento histórico contrario al clericalismo, es decir, a la influencia de las instituciones religiosas en los asuntos políticos o en la sociedad, ya sea esta real o una presunción. Históricamente, el anticlericalismo en las tradiciones cristianas se ha opuesto particularmente a la influencia del catolicismo. El anticlericalismo está relacionado con el secularismo, que busca separar a la iglesia de la vida pública y política.Luke W. Galen. The Nonreligious: Understanding Secular People and Societies. Oxford University Press, 2016. p. 20 Si bien el término se ha usado en Europa desde los siglos y , se le asocia en la historia más reciente con la Revolución francesa y sus consecuencias.

Algunas personas se han opuesto al clero por motivos relacionados con la corrupción moral, problemas institucionales o desacuerdos con la interpretación religiosa, como fue el caso durante la Reforma protestante. El anticlericalismo se volvió extremadamente violento durante la Revolución francesa, en tanto los revolucionarios creían que la Iglesia jugaba un papel central en los sistemas de opresión que desencadenaron en la revolución. Muchos clérigos fueron asesinados, y gobiernos revolucionarios franceses intentaron poner a sacerdotes bajo el control del Estado haciéndolos empleados.

Se pueden identificar tres formas principales de anticlericalismo. La primera, desarrollada durante el , se basaba en la oposición a los privilegios clericales, a menudo corruptos, establecido por el feudalismo. La segunda está asociada al auge del liberalismo, que en general acusaba al clero de servilismo hacia las monarquías o de ignorancia en términos de pensamiento científico. La tercera, avalada por algunos sistemas totalitarios, consideraba a los clérigos como opositores crónicos a la «raza», la «nación» o alguna otra presunta ideología.

El anticlericalismo apareció en la Europa católica a lo largo del , en varias formas, y posteriormente en Canadá, Cuba y América Latina. De acuerdo con el Pew Research Center, varios estados comunistas y postcomunistas son actualmente practicantes del anticlericalismo político, entre ellos Uzbekistán, Azerbaiyán, Kazajistán, Tayikistán, Kirguistán, Turkmenistán, Vietnam, China y Corea del Norte. Tipología La historia del anticlericalismo en Europa, y en Occidente en general, suele dividirse en dos grandes períodos. Por un lado, el llamado anticlericalismo cristiano—o «anticlericalismo creyente», como lo llamó Julio Caro Baroja, pionero de su estudio en España—, tan antiguo como la Iglesia misma, que se caracteriza por sus críticas a vicios y abusos concretos del clero o a su excesivo número y poder, pero que no cuestiona el papel dominante de la Iglesia en la sociedad ni su influencia en el Estado, y el anticlericalismo contemporáneo—o «anticlericalismo no creyente» como lo llama Caro Baroja—que surge en el con la Ilustración y que cuestiona desde una óptica racionalista la sociedad sacralizada del Antiguo Régimen y el poder de las Iglesias, al considerarlos obstáculos para el progreso en el mundo. Referido al caso del catolicismo, según Julio Caro Baroja, «el proceso mental que conduce al anticlericalismo es sencillo. Se parte de la creencia de que la religión católica como tal es buena, bella y verdadera: pero los que la sirven son malos, mentirosos y de fea conducta [es el "anticlericalismo creyente"]... Pero he aquí que de esta primera manera de pensar se pasa, o se puede pasar, a una segunda. La inmoralidad, la falta de conducta, se atribuyen entonces a defectos de la misma organización de la Iglesia. Y después, en un tercer momento o fase, son ya los dogmas los que se atacan [la segunda y la tercera fases corresponden al "anticlericalismo no creyente"]».

El anticlericalismo contemporáneo—«anticlericalismo no creyente» en la terminología de Julio Caro Baroja—no debe ser entendido sólo como una ideología negativa, aunque su oposición al clericalismo es su rasgo principal, sino que es un movimiento que defiende un proyecto social y político que en su versión más moderada se identifica con el laicismo, ya que tiene como objetivo la secularización del Estado (es decir, la separación de la Iglesia y el Estado) y en su versión más radical pretende también la secularización de la sociedad. La versión más extrema de este último es el anticlericalismo antirreligioso o ateo que ataca los textos, los dogmas, las creencias, los ritos y las prácticas devocionales de una determinada religión.

En la historia del anticlericalismo también se distingue entre el anticlericalismo de las élites políticas o ideológicas (que en el caso del anticlericalismo contemporáneo se suele denominar anticlericalismo político o institucional) del anticlericalismo popular, que a veces desemboca en diversas formas de violencia (sacrofóbica o iconoclasta) contra los edificios o los objetos de culto, o de violencia física contra los miembros del clero. A raíz de la asociación del anticlericalismo con la violencia, el término fue adquiriendo un cierto sentido peyorativo, por lo que, por ejemplo en España, algunos anticlericales a partir de los años 1920 prefirieron autodenominarse «laicos» (como la Liga Nacional Laica, fundada en marzo de 1930).

Características thumb|Voltaire en 1718, por Nicolas de Largillière. El anticlericalismo sostiene que las creencias religiosas pertenecen al ámbito exclusivamente privado del ciudadano, por lo que las organizaciones que las sustentan, al formarse como instituciones, ejercen influencias intolerantes y, por tanto, indeseables, política y públicamente, en el conjunto social. Surge como respuesta a la existencia de un clericalismo integrista o poder teocrático sustentado por una casta sacerdotal.

También se denomina anticlericales a quienes, aun manteniendo creencias religiosas, cuestionan el papel de mediador que ejerce el clero en la profesión de fe.

En un sentido estricto, el anticlericalismo es un laicismo combatiente y activo que trata de mantener toda convicción religiosa dentro del ámbito o esfera personal e individual. Las derivaciones de este pensamiento han sido muchas: en unos casos el movimiento anticlerical ha ido acompañado de actos violentos contra edificios o el arte religioso (iconoclastia) o contra las personas; en otros, por el contrario, ha tenido un contenido más intelectual y político y ha sido asumido por humanistas como Erasmo, ilustrados como Voltaire, filósofos como Friedrich Nietzsche, hijo de un clérigo protestante, por ideologías como la francmasonería, el liberalismo, el anarquismo y el comunismo y por las filosofías materialista, epicúrea, empírica, ilustrada, nihilista y pesimista. En la India lo representan las tres escuelas nástika; en el islamismo, las doctrinas laicistas de Mustafa Kemal Atatürk.

Historia thumbnail|220px|Erasmo de Róterdam, retratado por Hans Holbein el Joven. El anticlericalismo ha existido en todas las épocas y en todas las religiones que han contado con un clero sacerdotal. Muchas religiones han intentado usurpar el gobierno civil y dirigirlo mediante la modalidad de gobierno conocida como teocracia. En la India las religiones ástika frente a las nástika o no clericales. En Occidente, el fundador de la religión cristiana, Jesucristo, dejó sentado el principio de que "no se puede servir a dos señores" y de que había que "dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios", y separó claramente lo espiritual de lo terrenal, dando más importancia a lo primero y no hablando de lo segundo. Sin embargo, la constitución de una religión de tipo sacerdotal con el apoyo del emperador Constantino hizo que la Iglesia fuera acumulando cada vez más intereses económicos y políticos, el llamado poder temporal, que se identificó con el espiritual a través del llamado Cesaropapismo. Subsistía, sin embargo, el mensaje primitivo de Jesucristo, apoyado por interpretaciones legitimistas como la de San Francisco de Asís o tomadas como heréticas (las de Prisciliano, los Albigenses, John Wycliff, Jan Hus y otros), hasta que un lento proceso de secularización en Europa, fundado en esos precedentes y acelerado con el Humanismo del Renacimiento y de la Reforma, fue separando cada vez más a la Iglesia del Estado, incluso ya en la Edad Media con la querella de las Investiduras que enfrentó a papas y reyes cristianos entre 1073 y 1122 y cuando los gibelinos tomaron posición contra la asunción de un poder excesivo por parte del Papa y su intromisión en los asuntos políticos y económicos. Los clericales reaccionaron valiéndose, para mantener el control ideológico de Europa, del Index librorum prohibitorum o Índice de libros prohibidos y de una institución represora con potestad de condenar a muerte, la Inquisición, en un principio creada para combatir la herejía albigense o cátara en 1229 y que reaccionaba contra el sentido crítico interno de la propia Iglesia católica hacia una religiosidad demasiado exterior, ritual y apegada a los bienes temporales. En 1231 la nueva institución tenía ya ropaje jurídico, que fue sancionado por el papa Gregorio IX en febrero de ese mismo año.

San Antonio de Padua predicó públicamente que mientras Cristo había dicho "apacienta mis ovejas", los obispos de su época se dedicaban a ordeñarlas o trasquilarlas, y San Bernardo escribió que el Papa no parecía sucesor de San Pedro, sino de Constantino. Sin embargo, el anticlericalismo europeo -tal y como se conoce actualmente- se desarrolló sobre todo a partir del con las obras de los humanistas y en particular con la de Erasmo de Róterdam, quien era, además, hijo de un cura. "Si todos no nos hemos confesado brujas, es únicamente porque no todos hemos sido torturados. Vivimos en tiempos tan difíciles que es peligroso hablar, pero también guardar silencio", escribió el humanista Juan Luis Vives. Fue Maquiavelo quien postuló por primera vez que la Política era una realidad ajena de toda Moral, separando claramente Estado e Iglesia. Los eclesiásticos se apegaron al principio de cuius regio, eius religio, es decir, la obligación del ciudadano de practicar la religión de su rey, para terminar con las terribles guerras de religión entre príncipes luteranos y católicos. Ahí se pusieron los cimientos de lo que se conoce como la "religión de Estado". thumb|200px|El Index Librorum Prohibitorum, arma de la Iglesia católica para reprimir, prohibir y ocultar el pensamiento anticlerical.