Francisco Javier Carlos María de Borbón-Parma y Braganza (Villa Borbón del Pianore, 25 de mayo de 1889 - Coira, 7 de mayo de 1977) fue un noble europeo de la casa de Borbón-Parma. Entre los años 1936 y 1975 fue pretendiente del carlismo español, inicialmente con el título de regente, y a partir de 1952 con el de rey (Javier I). También fue duque de Parma y Plasencia entre 1974 y 1977.

Biografía Primeros años Nació en Villa Pianore, cerca de Viareggio, en Italia, el 25 de mayo de 1889. Era el segundo hijo del segundo matrimonio de Roberto de Borbón-Parma y Borbón, infante de España, descendiente de Carlos IV por su hija María Luisa de Borbón y duque de Parma, y la infanta María Antonia de Braganza. Era primo hermano del pretendiente carlista Jaime. Sus abuelos maternos eran el rey Miguel I de Portugal y la princesa Adelaida de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg.

Cinco días después de nacer, fue bautizado por el arzobispo de Lucca, siéndole impuesto el nombre de Javier en recuerdo del santo patrón de Navarra por deseo de su padre, que había combatido en la tercera guerra carlista. A su bautizo asistieron la esposa del entonces pretendiente carlista al trono, Carlos de Borbón y Austria-Este, y su hijo Jaime (que a la muerte de su padre pasará a ser el pretendiente Jaime III). Fue su padrino de bautismo el propio Carlos, representado por su hijo, el príncipe Jaime, quien sostuvo a su primo en la pila del bautismo.

Pasó su infancia en las posesiones que la familia tenía en Italia y Austria. A los ocho años ingresó en el internado "Stella Matutina" de Feldkirch junto a su hermano Sixto, tres años mayor que él. Realizó sus estudios universitarios en París, en donde obtuvo el título de ingeniero agrónomo y la licenciatura en Ciencias Políticas, terminando sus estudios en 1914.

Primera Guerra Mundial Participó en la I Guerra Mundial como oficial de Artillería del ejército de Bélgica, y combatió en los frentes belga, francés e inglés. Él y su hermano Sixto interceden, a petición del entonces papa Benedicto XV, para intentar lograr una paz separada entre el Imperio austrohúngaro (cuya emperatriz, Zita, era hermana suya) y los aliados, sin éxito.

Guerra civil española Javier participó activamente en los preparativos de la insurrección que dio comienzo a la guerra civil española, presidiendo una junta suprema militar que proporcionó un gran número de armas a los sublevados. Tras el triunfo, en las elecciones de febrero de 1936, del Frente Popular, estableció contacto con los generales José Sanjurjo y Emilio Mola. Siguiendo las instrucciones de Alfonso Carlos de Borbón, caudillo de la Comunión Tradicionalista, convino en una entrevista con Sanjurjo en Lisboa diferir la resolución del retorno a la monarquía tradicional y legítima hasta la terminación del Movimiento en que estaban empeñados.

Autorizó a las milicias de requetés, por medio de una orden firmada el 14 de julio en San Juan de Luz, a incorporarse a la sublevación, a cuyo triunfo en Navarra contribuyeron decisivamente. El 5 de agosto era nombrado general de División de los Reales Ejército por Alfonso Carlos, quien fallecería el 28 de septiembre de 1936 a consecuencia de las heridas sufridas tras ser atropellado por un camión en Viena. Javier presidió su entierro y juró, ante su cadáver, como nuevo caudillo de la Comunión Tradicionalista con el título de regente. Mantuvo como jefe delegado tradicionalista a Manuel Fal Conde, quien actuaría en su nombre hasta 1955.

En unas declaraciones a un periodista en San Juan de Luz, dedicó comentarios elogiosos a la figura del general Franco y al Ejército español y negó que la participación de los carlistas estuviese condicionada a una restauración de la monarquía tradicional que propugnaban, afirmando:

Tras el destierro de España de Fal Conde en diciembre de 1936, Javier de Borbón-Parma escribió una extensa carta a la Junta Nacional Carlista de Guerra, pidiéndoles que guardasen silencio ante el destierro de su presidente, «para eludir toda responsabilidad en esos perjuicios y evitar cualquier agravación de los mismos». En dicha misiva reconocía que los dirigentes carlistas no perseguían más fin «que el de la mayor eficacia en el servicio de España y en su colaboración al Ejército» y elogiaba a Fal Conde como «el hombre que sufrió persecuciones, cárceles, confiscación de bienes durante la República, y que no contento con esto, comprendió siempre que sólo una preparación y organización militar de la Comunión, junto a una actuación de la parte sana del Ejército, podían salvar a España».

A finales de 1936 o principios de 1937 se mostró favorable a la unificación entre tradicionalistas y falangistas y en aquel momento consideró finalizado su cometido. Así lo declaró el general Franco en unas declaraciones al Director de la Agencia EFE, en 2 de octubre de 1957, en las que le dijo textualmente:

Don Javier entró dos veces en España durante la guerra civil española: la primera, el 17 de mayo de 1937, visitó a su hermano Cayetano, alistado en las milicias de requetés con el nombre de Gaetán de Lavardín y herido en los combates desarrollados en torno a Bilbao durante la campaña del Norte. También realizó una visita a los requetés en el frente durante el destierro de Manuel Fal Conde. Tras ello, el príncipe carlista se entrevistó con Francisco Franco, cuando le explicó los motivos de sus discrepancias con el decreto de Unificación y con la resistencia de los carlistas a la construcción del nuevo régimen. Dos días después de la reunión, Javier de Borbón-Parma recibió una misiva en la que se le instaba a abandonar el territorio español en un plazo de veinticuatro horas.

En noviembre de 1937 entró nuevamente en España para declarar expulsados de la comunión carlista a cuantos habían aceptado cargos en el régimen sin su consentimiento, tras el decreto de Unificación de 1937, que fusionaba en un único partido político, FET y de las JONS, a tradicionalistas y falangistas, y para entrevistarse personalmente con Franco para protestar por dicho decreto. Visitó el frente del Norte y Andalucía (Jerez, Sevilla y Granada). En la ciudad de la Alhambra fue donde recibió la orden de abandonar España, decisión por la que nuevamente protestaría personalmente ante Franco. Marchó a Portugal, primero, y a Francia después, fijando su residencia en el castillo de Bostz en 1938. Tras el final de la guerra civil, se dio la paradoja de que el carlismo, facción política que había propiciado el Alzamiento, era perseguido y hostigado por el nuevo régimen (expropiación de bienes, locales y periódicos).

Segunda Guerra Mundial thumb|Registro de Javier de Borbón-Parma como prisionero en el campo de concentración nazi de Dachau. Al igual que hiciera en la I Guerra Mundial, se alistó en el Ejército belga como coronel de artillería tras la invasión nazi del país y realizó gestiones entre el rey Leopoldo III y el presidente francés Paul Reynaud, mientras que su hermano Renato se presentó voluntario para combatir en el Ejército finlandés contra los invasores soviéticos durante la Guerra de Invierno.

Tras la conquista alemana de Francia, se trasladó a San Juan de Luz, permaneciendo allí diez días y, una vez los alemanes llegaron allá, marchó a Pau, desde donde intentó pasar a España, siéndole denegado el paso. Escapó entonces a la zona dirigida por el régimen colaboracionista del mariscal Pétain, conocida como Francia de Vichy. Allí participó en una misión secreta entre el ministro de Asuntos Exteriores británico, lord Halifax, y el ministro de Instrucción Pública francés, Jacques Chevalier, para tratar de evitar la posible ocupación alemana de la Francia de Vichy.

En relación con la política española, en julio de 1941 publicó un manifiesto en el que planteaba la regencia como fórmula de transición pacífica de la dictadura militar a la monarquía tradicional. Entre los objetivos que debía realizar la regencia estarían la preparación y convocatoria de unas Cortes verdaderamente representativas y la designación del príncipe de mejor derecho que debería ocupar el trono.

A pesar por su estima por el mariscal Pétain, Javier participó en la Resistencia francesa, ocultando a fugitivos antinazis en los bosques de su castillo primero y, más tarde, dirigiendo personalmente un maquis de unos cien partisanos en la región de Allier. Es detenido el 22 de julio de 1944 por los nazis y llevado a Vichy. Permaneció un mes en la cárcel que allí tenía la Gestapo. Allí, fue condenado a muerte acusado de ser «terrorista, comunista y agente inglés». Intercede por él el propio mariscal Philippe Pétain, tras recibir la visita de la esposa de Javier, y pasó a la jurisdicción ordinaria militar, siendo trasladado desde Vichy a la cárcel de Clermont-Ferrand, primero, y al campo de concentración de Struthof-Natzweiler, en Alsacia, después. Estaría allí hasta que el avance de los Aliados provocó la evacuación del campo y el traslado al de Dachau. Allí, tras ser dado por muerto por un médico alemán, le fue hecha una trepanación sin anestesia por un médico judío para curarle de una mastoiditis aguda. Nuevamente fue evacuado de Dachau ante el avance de los Aliados y trasladado a Prax, en el Tirol. Sería finalmente liberado por tropas estadounidenses, procedentes de Italia, el 8 de mayo de 1945, justo cuando terminó en suelo europeo la Segunda Guerra Mundial.

Oposición al franquismo Como jefe supremo del carlismo, el 26 de junio de 1950 juró los fueros vascos en el árbol de Guernica. Un año después, en diciembre de 1951, juraba los catalanes en Montserrat. En mayo de 1952, tras ser persuadido de la necesidad de ser nombrado rey por el Consejo Nacional de la Comunión Tradicionalista, aceptó concluir los dieciséis años de regencia siendo proclamado rey de España en Barcelona durante el XXXV Congreso Eucarístico Internacional. Poco después fue expulsado de España.

La actitud del régimen de Franco en aquellos tiempos hacia los carlistas seguidores de Javier, dirigidos por su jefe delegado, Manuel Fal Conde, era de persecución y desprecio. Situados a la derecha del régimen, que consideraban «totalitario» y «socializante», durante dos décadas mantuvieron su oposición al decreto de Unificación y una fuerte intransigencia política y religiosa, llegando a ser calificados por el general Franco, en declaraciones al diario Arriba en 1955, como «un diminuto grupo de integristas seguidores de un príncipe extranjero, apartados desde la primera hora del Movimiento».

Colaboración con el franquismo right|thumb|Portada de El Requete de Cataluña, n.º 11 (jul. 1959), donde aparece Javier de Borbón representado como rey con el Toisón de Oro. Ese mismo año de 1955 Javier dio un giro a su estrategia respecto al franquismo, dejando de lado la postura de enfrentamiento con el mismo. Para ello destituyó a Fal Conde y nombró una junta presidida por José María Valiente, que realizó hasta 1967 una política de colaboración con el régimen. A pesar de haberse declarado rey legítimo de España en 1952, en los siguientes años se mostró vacilante en relación con aquella reclamación, que llegó a considerar que había sido prematura. El 17 de enero de 1956, ante el Consejo Nacional de la Comunión Tradicionalista, se definió como el mero depositario de la legitimidad carlista y expuso las ventajas de la política colaboracionista, a fin de lograr la evolución del régimen hacia la monarquía tradicional propugnada por el carlismo. Javier, más interesado en el triunfo del tradicionalismo que en los derechos que él mismo pudiera tener a la corona, planteó incluso la posibilidad de que Juan Carlos, el hijo de Juan de Borbón, pudiera llegar a ser un rey tradicionalista. Sin embargo, por presión de sus consejeros, Javier se vio obligado a leer una nota redactada por Rafael Gambra reflejando el unánime criterio de repulsa a Juan y ratificando el compromiso de Barcelona de 1952.

thumb|Javier de Borbón y Braganza el día de la boda de su hija la Infanta Francisca en 1960.