Las cantigas o cántigas son composiciones profanas propias de la lírica gallego-portuguesa. Este género se desarrolló en la Edad Media, especialmente entre los siglos y mediados del , en los Reinos de Galicia y Portugal, aunque también fue cultivado en otros lugares de la península Ibérica, como es el caso de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio – no obstante, estas no se adscriben dentro del corpus de la lírica profana medieval gallego-portuguesa, a pesar de estar escritas en este idioma–.
Están compuestas en lengua romance para ser cantadas y acompañadas de música. Aunque son de corte trovadoresco y con importantes influencias provenzales, las cantigas también presentan un importante componente autóctono reflejado a través de lo tradicional. De esta manera, se conjugan estructuras y recursos retóricos occitanos con otros característicos de la tradición popular, como el paralelismo.
Las cantigas se dividen, principalmente, en tres grandes géneros: las cantigas de amor, las cantigas de amigo y las cantigas de escarnio y maldecir. Los temas más recurrentes de estas composiciones son las coitas (penas) de amor del poeta por la dama, la alabanza del amante o la alegría de los enamorados por encontrarse. Además, tienden a emplear elementos comunes y simbólicos, como el mar, las fuentes, los cabellos, ciervos, las romerías, las ermitas, etc.
Los testimonios de este tipo de lírica han perdurado a través de tres grandes cancioneros y de algún pergamino. Sin embargo, debe entenderse que la producción de cantigas fue mucho mayor que la que se ha conservado, pues muchas de ellas, al pertenecer a la tradición oral, seguramente no llegaron a recogerse por escrito. miniaturadeimagen|Cantigas de amigo de Martín Códax con anotación musical.
Escuela gallego-portuguesa
Orígenes La poesía en gallego-portugués ha llegado hasta nuestros días a través, fundamentalmente, de los Cancioneros de la Biblioteca del Vaticano, de la Biblioteca Nacional de Lisboa y del Cancionero de Ajuda. Gracias a estos cancioneros se han preservado estas manifestaciones líricas compuestas en un periodo que abarca desde el año 1200 hasta mediados del .
Según Tavani (1986: 11), el corpus poético gallego-portugués está formado por 1679 textos, en su mayoría encuadrados en el y en la primera mitad del . De entre todos ellos, el testimonio más antiguo de este género lírico suele relacionarse con una cantiga satírica escrita por Johan Soarez de Pavha (o Paiva o Pavía) a finales del , de naturaleza política y que iba dirigida al rey de Navarra. La datación de esta cantiga, al igual que muchas otras de la lírica gallego-portuguesa, no está exenta de controversia entre los estudiosos: Tavani (1986: 11) señala que, mientras Carolina Michaëlis la data en 1213, López Aydillo lo hace en 1196. A unas fechas similares está considerada otra cantiga, atribuida por algunos expertos a D. Sancho I, rey de Portugal, y por otros a Alfonso X el Sabio (aunque esta segunda opción carece de tanto peso como la primera).
De lo que no cabe duda, y en lo que todos los investigadores coinciden, es en la existencia de una tradición lírica anterior de la que no se han conservado testimonios escritos. En este sentido, el trovador provenzal Raimbaut de Vaqueiras escribió –entre 1180 y 1205– una cantiga de amigo en lengua d’oc según la estructura característica de la lírica gallego-portuguesa, desconocida en aquel entonces en el sur de Francia.
Así, más allá de la innegable influencia que la lírica provenzal tuvo sobre las manifestaciones literarias de la península, especialmente en el caso gallego-portugués, habría que reconocerla existencia de una lírica tradicional que cristalizó en las cantigas de amigo, y que, en definitiva, no sería otra cosa que la expresión de un primitivo lirismo con representantes en distintos dominios lingüísticos de pueblos indoeuropeos (jarchas, chansons de femme, Frauenlied, etc.). (Alvar y Beltrán, 1985: 4)Si bien esta poesía de carácter popular hace difícil establecer una fecha precisa del límite cronológico superior de la lírica gallego-portuguesa –y, en general, de toda la lírica–, el final de esta escuela poética se tiende a situar en torno a 1350.
En la primera mitad del ocurrieron dos hechos de relevancia que fueron los que marcaron este decaimiento: la muerte del rey Don Dinís en 1325, que causó una sustancial disminución del apoyo real al género, y el testamento de Don Pedro de Portugal, conde de Barcelos e hijo de Don Dinís, en 1350. En este testamento, Don Pedro legó a su sobrino Alfonso XI de Castilla un “libro de cantigas” –hoy desaparecido– predecesor de los cancioneros conservados. Desde este punto hasta las últimas composiciones del Cancionero de Baena, fechadas hacia 1370, devino un periodo oscuro en el que se produjo “el paulatino abandono de las viajas formas” (Alvar y Beltrán, 1985: 4).
Etapas de la lírica gallego-portuguesa Los investigadores han aceptado la existencia de tres grandes periodos –aunque luego muchos establecen subperiodos para poder precisar los diferentes conceptos– de la lírica gallego-portuguesa:
Periodo pre-alfonsí. A esta primera etapa se adscriben los textos más antiguos, comprendidos entre los últimos años del y 1245, aproximadamente. Los autores principales fueron caballeros portugueses que conocieron la lírica europea por las cruzadas, así como por los viajes de los juglares y trovadores. Con el comienzo de siglo aumentó el interés por el estudio, por lo que se crearon escuelas en las que se enseñaba y se estudiaba este tipo de composiciones.
Periodo de florecimiento. Esta etapa de esplendor coincidió con los reinados de Alfonso X el Sabio, Alfonso III de Portugal y Don Dinís. Es por eso que se pueden establecer tres subperiodos: alfonsí (1245-1280), dionisíaco (1280-1325) y post-dionisíaco (hasta 1350). Los periodos alfonsí y dionisíaco constituyen la época clásica del género y están marcados por sus respectivos reyes, ambos protectores de las letras y de la poesía, así como por la abundancia y florecimiento de los poetas en Castilla y Portugal. En el periodo post-dionisíaco apenas hay innovaciones y está marcado por la muerte de Don Pedro, considerado simbólicamente como el último trovador de esta escuela.
Periodo de decadencia. Esta etapa, que abarca la segunda mitad del y todo el , está protagonizada por el paulatino distanciamiento entre las lenguas gallega y portuguesa, que fueron configurándose, poco a poco, en torno a dos literaturas con unas características bien diferenciadas.
Marco cultural Las primeras manifestaciones de la lírica cortés gallego-portuguesa surgieron a finales del , época especialmente significativa para la cultura occidental de la Edad Media: el renacimiento de las ciudades y el comercio, el auge de las escuelas monásticas y las nuevas perspectivas culturales de las escuelas urbanas centraron el panorama intelectual de la época. Además, las tendencias literarias se modificaron y estuvieron condicionadas por la gran afluencia de estudiantes a las escuelas, procedentes de orígenes variados (Alvar y Beltrán, 1985: 10). Sin olvidar el gran peso que la cultura ostentó en las cortes de reyes, nobles y personalidades eclesiásticas, convertidas en muchos casos en centros culturales de primer orden.
Paralelamente a la labor de las escuelas y de las cortes, también tuvo un papel protagonista en la difusión de determinados temas y formas la figura del juglar. De esta manera, la tradición retórica propia de las escuelas, sumada a los recursos literarios y estilísticos característicos de los juglares, están patentes en la lírica gallego-portuguesa.
Por otro lado, también desempeñó una importante función la lírica de carácter popular propia de la zona, pues reforzó, a través de las cantigas de amigo, las nuevas corrientes cortesanas. Es más, es muy probable que la lírica anterior a los trovadores no obtuviera su forma escrita hasta que las composiciones más elaboradas tuvieran ya una cierta difusión y prestigio (Alvar y Beltrán, 1985: 12).
Juglares y trovadores La mayoría de los primeros poetas gallego-portugueses era de origen noble –entre ellos incluso se encuentran reyes como Alfonso X o Don Dinís–, aunque no por ello fueron escasos los juglares. La distinción habitual que se suele hacer entre juglar y trovador es la de considerar al primero como al intérprete de la composición y al segundo como al autor de esta. No obstante, la barrera entre ambas categorías fue franqueada en numerosas ocasiones y en ambas direcciones.Algunos caballeros o autores de origen noble o hidalgo se convirtieron en juglares al llevar una vida impropia de su condición y al preferir la compañía de tahúres, soldaderas y alborotadores. [...] Más frecuentes son los ejemplos de juglares que aspiran a ser considerados trovadores, tras haber acompañado durante algún tiempo a un poeta. (Alvar y Beltrán, 1985: 13)Eran frecuentes y firmes las críticas de los trovadores hacia aquellos juglares que pretendían ascender, atacando tanto su arte como sus cualidades musicales, a las que consideraban inferiores. Sin embargo, cabe entender esta actitud como un posicionamiento frente a la ruptura del statu quo social, tratando de defender su estamento ante la llegada de intrusos provenientes de uno inferior.
En algunos casos, autor e intérprete coincidirían, pero en otras se establecían notables diferencias entre ambos, tanto sociales como de formación. De hecho, muchos trovadores trataron de que no se les confundiera con juglares, manifestando claramente la diferente labor que llevaba a cabo cada uno. La Suplicatio dirigida por Guiraut Riquier a Alfonso X en 1274 y la Declaratio con la que el rey le contestó son fundamentales para tratar de comprender la situación.
Como resultado, frente a la gran cantidad de nombres de trovadores que han perdurado, la práctica totalidad de los juglares ha quedado en el anonimato.
Caminos de entrada de la influencia provenzal Más allá de las discrepancias sobre el volumen cuantitativo y cualitativo que tuvo la influencia occitana en la literatura gallego-portuguesa, la mayoría de los estudiosos señala el papel decisivo que tuvo en la conformación de alguno de los géneros, como el lirismo.
Para tratar de dar respuesta al modo en que la tradición provenzal pudo influir sobre la gallego-portuguesa se han establecido dos puntos de vista. Por un lado, la actuación de agentes indirectos que permitían esta penetración provenzal por la vieja vía jacobea. Por el otro, los contactos individuales entre trovadores que, por lo general, se realizaron fuera de las fronteras lingüísticas del gallego-portugués.
Ramón Pena (1986: 98-99) expone los principales agentes indirectos de influencia provenzal:
Los monjes de Cluny. El Camino de Santiago y las peregrinaciones a la ciudad. La presencia de guerreros y colonos de más allá de los Pirineos durante la Reconquista. Los intercambios comerciales.
En lo referente a los agentes directos, Ramón Pena (1986: 99) señala los siguientes:
Alfonso III “el Boloñés”. Antes de ocupar el trono de Portugal residió durante muchos años en Francia. Vino en compañía de numerosos nobles y maestros franceses, cuya influencia se vio marcada, especialmente, en el heredero, Don Dinís.
Los contactos personales trovador-trovador que tuvieron lugar en las Cortes de Castilla y catalano-aragonesas.
Sin embargo, Tavani (1986) defiende, sin quitarle importancia, que la ascendencia de la literatura provenzal sobre la gallego-portuguesa no debe buscarse ni estos contactos personales ni en la confrontación de textos y poetas. Por lo tanto, el verdadero motivo de la extensión occitana radicaría en la derrota albigense (1213) y en el posterior exilio.
Textos conservados