La economía de España es la cuarta de la Unión Europea por tamaño, según Eurostat, y ocupa el decimocuarto lugar a nivel mundial en términos de producto interior bruto (PIB) nominal, de acuerdo con las últimas estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el 2026. En términos de paridad de poder adquisitivo (PPA), se sitúa también entre las principales economías globales.v
Un informe publicado por The Economist en 2005 situó a España como el décimo país del mundo con mayor calidad de vida.
Al igual que en la mayoría de países europeos, el sector terciario o de servicios es el que mayor peso tiene en la economía nacional, seguido por la industria y, en menor medida, la agricultura. La moneda oficial es el euro, adoptado el 1 de enero de 1999 como unidad contable y puesto en circulación física el 1 de enero de 2002, tras sustituir a la peseta, que mantuvo validez legal hasta el 28 de febrero de ese año.
Tras la recesión de comienzos de la década de 1990, España experimentó más de una década de expansión económica con tasas de crecimiento superiores a la media de la Unión Europea. Sin embargo, entre 2008 y 2013 atravesó una profunda crisis financiera y económica, marcada por un elevado desempleo, problemas en el sector inmobiliario y tensiones en las cuentas públicas.
En 2014 el producto interior bruto volvió de nuevo a crecer, a un 1.4 %. El número de desempleados alcanzó un máximo de 5.77 millones en febrero de 2014 y disminuyó el resto del año en 446000 personas.
Según la CEOE, la revisión al alza del crecimiento de la economía española en 2015 se debe al «descenso del precio del petróleo, la mejora de las condiciones de financiación y la depreciación del euro, así como la previsión de crecimiento para la Eurozona».
La economía española consolidó en 2015 el proceso de recuperación iniciado en 2013, registrando el PIB real una trayectoria expansiva. En el conjunto del año, el PIB creció el 3.2 %, por encima del PIB de la zona euro (2 %).
Es destacable la prolongación del proceso de desapalancamiento del sector privado, cuya deuda se ha reducido en 49 puntos porcentuales de PIB, desde el máximo alcanzado a mediados de 2010 hasta 2016. La deuda no consolidada del sector privado no financiero se en 2016 a niveles de finales de 2005 y próximos a la media de la zona euro.
En 2016, el déficit de las Administraciones Públicas españolas quedó en el 4.33 % del PIB, cumpliendo por primera vez desde el estallido de la crisis en 2008, el objetivo comprometido con la Comisión Europea. La deuda pública era en el año 2000 igual al 59 % del PIB, se redujo entre 2000 y 2007 hasta el 36 % del PIB, pero a partir de ese año se fue elevando hasta llegar a un 99 % en 2014, motivado por una fuerte caída de los ingresos, acompañada de una subida de los gastos de las Administraciones públicas.
Los efectos adversos de la crisis han generado un importante cambio de tendencia en lo que a distribución de la renta se refiere. España, en el periodo entre 2008 y 2011, no había seguido la tendencia al aumento de las desigualdades observada en muchos países desarrollados, pero esta excepción ha quedado truncada por la intensidad de la crisis que ha convertido a España en uno de los países donde las desigualdades han crecido más en los años 2008-2013 (OCDE 2013, 2014). En 2017, el 0.4 % de la población concentra casi la mitad del PIB de España. thumb|
Historia miniatura|izquierda|250px|Evolución del PIB per cápita de España y otros países desde 1913 hasta 1990.
1939–1959: posguerra y autarquía Posguerra y autarquía
El 1 de abril de 1939 acabó la guerra civil española con la victoria del bando sublevado, liderado por el general Franco, que sería jefe de Estado desde el 1 de octubre de 1936 hasta su muerte, el 20 de noviembre de 1975. Tras tres años de guerra, el panorama del país era desolador: La población laboral había disminuido mucho por los muertos en la guerra y exiliados. Las infraestructuras y las ciudades habían sufrido estragos a causa del conflicto. Existía una gran escasez de víveres que provocó que una buena parte de la población sufriera hambre, también faltaban materias primas y bienes de equipo. No había reservas de oro ni de divisas. La capacidad productiva del país había disminuido mucho.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939 determinó que aún fueran mayores las dificultades para procurarse los suministros indispensables y las posibilidades de transporte marítimo quedaron seriamente limitadas, con lo que toda labor de reconstrucción económica quedó aplazada. El gobierno implantó una política de autarquía, ya que la comunidad internacional había aislado a España económicamente (salvo la Argentina de Perón, que proveyó de carne bovina y trigo). Esto consiste en la búsqueda de la autosuficiencia económica con la intervención del Estado en la misma. El gobierno impuso un extenso sistema de controles estrictos e intervino en muchos aspectos de la vida económica del país. Entre los elementos sujetos a regulación figuraban los precios, el comercio exterior, las inversiones y la distribución de materias primas.
Los resultados obtenidos no fueron los esperados, sufriendo España en estos años un hundimiento de la producción agrícola e industrial, con una gran importancia del contrabando o estraperlo y la corrupción.
El final de la guerra mundial en 1945 no supuso una mejora de la situación de los problemas económicos de España. Los demás países europeos estaban tratando de resolver sus propios problemas y la escasez de alimentos y materias primas estaba extendida por toda Europa. España fue excluida por los Estados Unidos del Plan Marshall para la recuperación de Europa y esto acentuó la crisis y el aislamiento de la economía española.
El crecimiento económico en la década de los cuarenta fue muy lento y estuvo acompañado de una inflación alta. En 1950 la economía todavía no había recuperado el nivel de producción de 1935.
Años cincuenta miniatura|250px|Comparación del PIB per cápita nominal de España, Portugal y México, durante el siglo XX.A. Maddison (2001): The World Economy: A Millennial Perspective, París, OCDE.
Hacia los años 1950, la situación económica española empezó a mejorar debido al cambio de postura de Estados Unidos y de nuevas políticas económicas, un ejemplo del cambio fue la liberalización parcial de los precios y del comercio. Algunos síntomas de esta mejora fueron el fin del racionamiento de la comida en 1952 y el hecho que en 1954 la renta media superase a la de 1935 (es decir, por fin la renta por habitante era superior a la del inicio de la guerra, veinte años antes).
Desde 1951, Estados Unidos de América en gran parte por intereses estratégicos y geopolíticos, apoyaron financieramente a España mediante créditos bancarios, debido a la Guerra Fría, pues el régimen de Franco, que anteriormente había sido visto como aliado del fascismo, era ahora visto como un aliado contra el creciente comunismo. Sin embargo, esta ayuda no era gratuita, Estados Unidos recibía a cambio bases militares en territorio español (Pactos de Madrid de 1953).
Mientras que el Plan Marshall con ingentes recursos financieros ayudó a levantar la industria de las naciones occidentales tras la Segunda Guerra Mundial tales como Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Japón, en el caso de España se limitó solo al ocasional y muy limitado envío de leche en polvo y queso enlatado. Al incrementarse la adquisición de suministros se produjo una expansión más rápida, al principio sin inflación, pero más adelante los precios comenzaron a subir y las reservas de divisas a disminuir. Esta situación llevó a Franco a crear un gobierno de tecnócratas a partir de 1957, que elaboraron y establecieron una nueva y planificada política económica en 1959, que pronto comenzó a mostrar signos positivos.
1959-1973: expansión y crecimiento miniatura|izquierda|250px|La visita del presidente estadounidense Dwight Eisenhower a España en 1959 es considerada el símbolo del fin del aislamiento internacional de España. miniatura|250px|Seat 600, coche símbolo del desarrollismo en España en los años 1960, así como de la nueva sociedad de consumo de masas y el llamado Milagro económico español (1959-1973).
En 1959, un nuevo gobierno nombrado por Franco, elaboró el Plan de Estabilización, que se marcaba como objetivo la estabilidad económica, el equilibrio de la balanza de pagos y el robustecimiento de la moneda, el plan supuso por una parte liberalización de la economía y por otra parte austeridad, recortar el gasto público, disminuir el grado de intervención del Estado en la economía y abrir la economía a las empresas e inversores internacionales. El plan tuvo un éxito inmediato para contener la inflación y rehacer las reservas de divisas, en contra el crecimiento se frenó desde 1958 hasta 1960, mientras se operaba el reajuste.
Con estos antecedentes el Gobierno español decidió elaborar un programa de desarrollo. Todas estas medidas provocaron una larga etapa de expansión económica conocida internacionalmente como el Milagro económico español, en un contexto internacional de Edad de oro del capitalismo, que duró hasta la crisis del petróleo de 1973.
En estos años, la industria ganó importancia en España, así como el sector terciario (un ejemplo es el turismo), provocado por este desarrollo industrial, los ciudadanos de las zonas rurales emigraron a las ciudades (principalmente hacia Madrid, Barcelona y Bilbao), creando suburbios donde las condiciones de vida eran muy precarias. Esto causó una gran diferencia entre las regiones españolas, pues las más industrializadas, caso de País Vasco, Madrid y Cataluña, estaban mucho más desarrolladas que otras donde este proceso había sido prácticamente irrelevante y continuaban con una estructura económica basada en el sector primario, como fue el caso de Extremadura.
1973-1986: crisis y cambios estructurales miniatura|250px|Sevilla. El turismo en España es uno de los sectores predominantes.
En 1973, el mundo occidental entró en una gran crisis económica denominada crisis del petróleo iniciada por la negativa de los países productores de vender petróleo a los aliados de Israel en la guerra Yom Kippur, (Estados Unidos y sus aliados) y el posterior desabastecimiento y encarecimiento de los combustibles.
La crisis económica internacional, se combinó con la crisis política española tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975 y la proclamación de Juan Carlos I como rey de España, el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno y la elaboración de una nueva constitución (Constitución de 1978), que introducía un sistema de monarquía parlamentaria.
A principios de 1977 los datos de la economía española mostraban sin lugar a dudas que se encontraba en una situación de depresión, caracterizada por un estancamiento de la actividad productiva, crecimiento del PIB en 1976 1.5 %, aumento del paro (más de 800 000 parados) y fuertes niveles de inflación (20 %).
En esta coyuntura se firmaron los Pactos de la Moncloa, acuerdos sin precedentes en España, suscritos por el gobierno, partidos políticos, sindicatos y asociaciones empresariales, que supusieron un control de las disponibilidades líquidas, una devaluación de la peseta y el control de los salarios. Los resultados no fueron del todo satisfactorios, aunque significaron la unidad de los agentes económicos frente la crisis. Desde 1982 con la entrada del gobierno socialista se llevó a cabo una política económica marcada por el control de la inflación y la moderación salarial.
La consolidación del proceso democrático facilitó un proceso de acercamiento a Europa que culminaría en 1986 con el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea bajo la presidencia de Felipe González.
1986-2007: dentro de las instituciones europeas miniatura|250px|Torre Agbar, Barcelona.
Incorporación a la Unión Europea