300px|thumb|"La península en 1030". La primera constancia escrita tanto del romance del centro de la península como del vascuence está en las Glosas Emilianenses. El mapa muestra el desaparecido Reino de Pamplona entre los años 1029 y 1035.
Por sustrato vasco en las lenguas romances se entiende el conjunto de influencias de la lengua vasca o euskera (o su antecesor aquitano) sobre muchas variedades lingüísticas romances de la península ibérica y de Occitania, incluido el español. Las influencias son de tipo fonológico, léxico-semántico y se encuentran también en topónimos y apellidos.
El castellano es una lengua romance del grupo ibérico, que según la tesis de Ramón Menéndez Pidal habría nacido en un área influida por el vasco, el norte de la actual provincia de Burgos y el oeste de Álava y de Vizcaya.Sancho III el Mayor. Un rey Pamplonés e Hispano Armando Besga Marroquín Universidad de Deusto Se ha aducido con frecuencia en el pasado que las Glosas Emilianenses, uno de los primeros textos escritos en romance peninsular, contienen varias frases en vasco; sin embargo este romance actualmente se identifica como navarro-aragonés y no castellano.
Historia Una teoría muy popular a principios del sobre la divergencia de las lenguas románicas es la teoría del substrato, según la cual uno de los motivos de diversificación es que el latín vulgar de los conquistadores había sido aprendido de manera imperfecta o al menos influido por la lengua prerromana autóctona de cada región a la que se llevó el latín. De acuerdo con ese enfoque se trataron de explicar algunas características específicas de las lenguas románicas de la península ibérica y del gascón (SO de Francia) como resultado de transferencia de características lingüísticas del vasco a dichas lenguas.
Recíprocamente, en el euskera se aprecia un fortísimo impacto del latín en su léxico usual, que hasta cierto punto llevó a la ampliación del inventario fonológico del euskera. Desde que se produjo el primer contacto con el latín, en torno al , el euskera y las lenguas romances se han influido mutuamente, de diferentes maneras, aunque especialmente en forma de préstamo léxico. La influencia se ha producido sobre todo desde el latín hacia el euskera, pero también existen algunas aportaciones vascas a las lenguas romances (al aragonés, al castellano y al gascón principalmente).
Los datos históricos confirman claramente la idea de Coromines de que la lengua vasca tuvo una gran vitalidad y prestigio en la Baja Antigüedad y Alta Edad Media, y el territorio en que se hablaba era notablemente más amplio que el actual, extendiéndose como mínimo al norte de Aragón y la Cataluña noroccidental, así como a gran parte de Gascuña (suroeste de Francia). Durante un breve período de tiempo durante el , el Reino de Navarra fue el reino más fuerte de la península ibérica, por lo que tuvo un papel destacado en el inicio de la llamada Reconquista y el Camino de Santiago, en pleno apogeo entonces, recorría precisamente la ruta desde Aquitania a Galicia pasando por la actual Comunidad Foral de Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca.
Por otra parte, María Teresa Echenique considera que desde los primeros siglos de la era actual, siempre hubo hablantes bilingües vasco-romances en la zona de habla vasca, lo que habría facilitado la influencia mutua. Echenique presupone que existió continuum de variedades románicas del norte de España (desde el gallego al catalán) en el que participarían variedades romances en el País Vasco.
El nacimiento del castellano y la influencia del vasco El castellano es una lengua romance del grupo ibérico, cuyo origen es popularmente asociado con el condado de Castilla, en las actuales provincias de Burgos, Vizcaya y Álava y con el reino medieval de Castilla, que incluía aproximadamente la actual provincia de Burgos y posteriormente las actuales comunidades autónomas de la CAV, La Rioja y Cantabria, en España; el centro del antiguo reino es la zona de La Bureba, donde se halla el corredor de la Bureba, paso obligado para entrar a la meseta ibérica desde el norte peninsular, es decir, desde Europa. En esta área se supone que se hablaba euskera habitualmente en el , cuando se empezó a considerar un «habla» bárbara y el latín como lengua culta y escrita propia de la cristiandad. Según la tesis de Ramón Menéndez Pidal, el habla romance de toda esta zona tuvo una gran influencia, especialmente en fonética, en el romance hablado en la ciudad de Toledo, a partir del cual se creó el primer estándar escrito del español en el . Sin embargo, otros autores, como Manuel Criado de Val, consideran que el mozárabe hablado en Toledo antes de la conquista castellana, mal conocido, ha sido más importante en la formación del español.
Se supone que en esta época el latín era hablado y escrito por las clases cultas, como lengua de Estado transmisora de cultura escrita, mientras que el euskera lo mantenían popularmente en zonas rurales —era solamente un «habla», pues no se manifestaba por escrito— y se reforzaba por las repoblaciones con navarros durante la llamada Reconquista. Por ello, no es extraño que en uno de los textos más antiguos en lengua romance del centro-norte de la península ibérica que se conocen, las Glosas Emilianenses, de finales del o principios del , que se conservan en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja), incluyan nombres personales y frases en euskera.
El aragonés y la influencia del vasco Históricamente las variedades de navarro-aragonés son las hablas romances que tuvieron un mayor contacto con el euskera. Estas variedades presentan igualmente varios de los cambios fonéticos del castellano que han sido atribuidos a una posible influencia vasca.
El gascón y la influencia del vasco
La presencia de un substrato vascoaquitano en época romana parece más claramente documentada al norte de los Pirineos que al sur. De hecho la moderna región de Gascuña y la variedad de occitano autóctona de dicha región, el gascón, deben su nombre al topónimo Wasconia, claramente relacionado con el etnónimo vascones, de cuyo nombre se derivó el gentilicio «vasco».
El gascón es la variedad más divergente de occitano y algunos de sus rasgos, como la aspiración de f- inicial, han tratado de ser explicados por influencia del substrato vasco, sustrato en cierta forma documentado como idioma aquitano. Debe recordarse igualmente que una forma de gascón, el aranés, es cooficial en los valles pirenaicos de Lérida (Valle de Arán), una zona donde se testimonia la presencia de topónimos de origen vasco durante la Edad Media, algunos de los cuales siguen en uso (p. e. Aran se ha relacionado con el vasc. (H)aran, 'valle').
Influencia en el nivel fonético-fonológico A nivel fonético podemos distinguir dos áreas de influencia de tipo vasco o vascoide: De un lado tenemos rasgos que tienen un epicentro claro en la zona vasca y que se difunden a zonas limítrofes afectando al castellano, al gascón, al navarro-aragonés y en parte al dialecto occidental del catalán. De este tipo de rasgos puede discutirse si se trata de una innovación local compartida o de un influjo de la pronunciación vasca, aunque los datos de reconstrucción del protoeuskera inducen a creer que al menos la mayoría serían rasgos de origen vasco. De otro tenemos una serie de rasgos que se extienden desde Aquitania por la cornisa Cantábrica hasta Galicia y el norte de Portugal. En ocasiones se ha considerado que se habrían originado en un substrato previo desconocido que habría influido en toda la zona, incluso sobre el euskera. Este substrato supuestamente explicaría una serie de coincidencias fonéticas comunes entre el galaico-portugués y el vasco-aquitano, como la caída de /n/ intervocálica y la palatalización del diptongo /au/ originario, así como los restos de un sistema de cuenta vigesimal en Zamora, Cantabria y Portugal (sistema que es el único existente en vasco). Se ha propuesto incluso identificar este substrato con los ligures (Ernst Gamillscheg). Con todo, tampoco puede descartarse el origen vasco de estos rasgos o que ese substrato fuese euskérico, y los ligures son un pueblo del que, aunque es muy mencionado en las fuentes, apenas se sabe nada seguro sobre su lengua.
Los rasgos fonéticos de más probable influencia vasca serían los siguientes: Estructura vocálica con sólo cinco vocales (no distingue como el catalán o el gallego entre e/o abierta y cerrada). Betacismo. Neutralización de la fricativa y la oclusiva labiales a favor de la última (bilabial oclusiva /b/). Es un rasgo que se encuentra en castellano, asturleonés, gascón y occitano central, aragonés, catalán de Cataluña y norte de la Comunidad Valenciana, gallego y dialectos septentrionales del portugués, y en el sardo. Caída de /f/ inicial, tras pasar por una fase de aspirada /h/. El cambio también se encuentra en el gascón, por lo que la explicación a partir del substrato vasco parece plausible. Sin embargo, el cambio se encuentra asimismo en el asturleonés oriental (hablado en una zona habitada originalmente por tribus cántabras), las variedades interiores más arcaicas del sardo, en el calabrés y en variedades rumanas (meglenorrumano e istrorrumano). En estos otros casos, el recurso al vasco no parece razonable. De hecho, es posible que dicho cambio incluso en español originalmente no tenga que ver con el vasco. Pérdida de las sibilantes sonoras que se ensordecen y pasan a confundirse con las sordas. Tal y como observó Martinet, esta simplificación hace que el complicado sistema de sibilantes del castellano antiguo se convierta en uno similar al del euskera. Este rasgo también diferencia al gallego del portugués. Sin embargo, este reajuste de las sibilantes es tardío y no se dio hasta el , por lo que podría ser independiente de la influencia del euskera. Aparición eventual de una vocal protética delante de /r/ inicial. Este fenómeno se documenta con claridad en gascón y castellano antiguo (así ‘arredondo’ por ‘redondo’), aunque ha dejado algunos rastros en el actual (arrepentirse cast. ant. ‘repentirse’ lat. ‘repaenitere’; ‘arruga’ lat. ‘ruga’). Nuevamente la epéntesis también se da en italiano, con lo cual la influencia vasca no sería la única posibilidad. Existencia de una apicoalveolar /s/ en oposición a un fonema dentoalveolar o dental /s̺/, /θ/. Sin embargo, la primera también se encuentra en varios dialectos romances del norte de Italia, lo que descartaría la influencia vasca.
La cuestión de las cinco vocales ha sido muy debatida por considerarse que es un esquema muy común y que por azar las diptongaciones en ‘ie’ y ‘ue’ habrían conducido a un esquema coincidente con el vasco. Sin embargo, se ha argumentado también que esta evolución habría sido causada precisamente porque los hablantes hablaban distinguiendo sólo cinco vocales (Alarcos).
Sobre el betacismo también ha habido debate. Hay confusión entre /b/ y /v/ también en francés, italiano y portugués, pero solo en posición intervocálica y fundiéndose en /v/; mientras que en castellano la confusión es hacia /b/ y se da en todas las posiciones. Pero sí se detecta el betacismo en el aragonés, en el asturiano, en el gallego y en dialectos del catalán. Dámaso Alonso prefiere entender el fenómeno no como vasco, sino de un hipotético substrato del norte de España, mientras que Martinet lo considera de origen vasco y que luego el castellano habría difundido este rasgo.