La batalla de Artemisio consistió en una serie de enfrentamientos navales que transcurrieron durante tres días en el contexto de la segunda guerra médica. La batalla tuvo lugar al mismo tiempo que el enfrentamiento terrestre de las Termópilas, en agosto o septiembre de 480 a.C., frente a las costas de Eubea, y enfrentó a una alianza de polis griegas (que incluía a Esparta, Atenas, Corinto y otras ciudades-estado) con el Imperio persa de Jerjes I.

La invasión persa fue una respuesta tardía a la derrota sufrida en su primera invasión a Grecia, que había acabado con la victoria ateniense en la batalla de Maratón. Jerjes había reunido un ejército y una armada inmensos, y se lanzó a la conquista de toda Grecia. El general ateniense Temístocles propuso que la alianza griega bloqueara el avance del ejército persa en el paso de las Termópilas y, simultáneamente, inmovilizara a la armada enemiga en el estrecho de Artemisio. En consecuencia, se despachó una fuerza naval aliada compuesta de 271 trirremes para que aguardase la llegada de los persas.

Hacia fines del verano, cerca de Artemisio, la flota persa quedó atrapada por un vendaval frente a las costas de Magnesia y perdió aproximadamente un tercio de sus 1200 barcos. Tras llegar a Artemisio, los persas hicieron que un destacamento de 200 barcos rodeasen la costa de Eubea para intentar atrapar a los griegos, pero los navíos se encontraron con otra tormenta y naufragaron. El combate principal de la batalla sucedió tras dos días de pequeños enfrentamientos. Ambos bandos lucharon todo el día, sufriendo pérdidas más o menos similares, pero al ser más pequeña, la flota aliada no podía permitirse aquellas pérdidas.

Tras el enfrentamiento, los aliados recibieron la noticia de la derrota de sus tropas en las Termópilas. Puesto que su estrategia exigía conservar tanto las Termópilas como Artemisio, y dadas sus bajas, los aliados decidieron retroceder a Salamina. Los persas invadieron Beocia y capturaron Atenas, que había sido evacuada. No obstante, y en la búsqueda de obtener una victoria decisiva sobre la flota aliada, los persas fueron derrotados más tarde en la batalla de Salamina a fines de 480 a. C. Temeroso de quedar atrapado en Europa, Jerjes se retiró a Asia junto con gran parte de su ejército, dejando a Mardonio la misión de completar la conquista de Grecia. Sin embargo, al año siguiente el ejército aliado venció de manera decisiva a los persas en la batalla de Platea, poniendo fin a la invasión.

Historiografía

thumb|200px|Busto de Heródoto. Museo del Ágora de Atenas. La principal fuente acerca de las guerras médicas es el historiador griego Heródoto, nacido en 484 a. C. en Halicarnaso, Asia Menor (en aquella época, bajo la jefatura de los persas), y a quien la historiografía considera el «padre de la Historia».Cicerón, Sobre las leyes, i.5. Heródoto escribió su Historias aproximadamente en 440-430 a. C. en un intento por rastrear los orígenes de las guerras médicas, que aún serían historia relativamente reciente (las guerras concluyeron en 450 a. C.). El enfoque de Heródoto era completamente novedoso y, al menos dentro de la sociedad occidental, parece haber sido el inventor de la Historia tal como la conocemos en la actualidad. En palabras de Tom Holland:

Algunos de los historiadores antiguos posteriores, pese a seguir sus pasos, criticaron a Heródoto, siendo Tucídides el primero de ellos.Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, por ejemplo, I, 22Finley, pág. 15. No obstante, Tucídides decidió comenzar su historia en el punto donde Heródoto la había dejado (en el sitio de Sestos), y por lo tanto era evidente que consideraba que la narración de Heródoto era lo suficientemente precisa para no necesitar una reescritura o corrección. Plutarco criticó a Heródoto en su ensayo Sobre la maldad de Heródoto, donde lo describía como Philobarbaros (amante de los bárbaros) por no ser lo suficientemente favorable a los griegos, lo que sugiere que Heródoto en realidad habría realizado un trabajo razonable desde el punto de vista de la objetividad.Holland, pág. xxiv. La opinión negativa sobre Heródoto llegó hasta la Europa renacentista, aunque sus obras se siguieron leyendo ampliamente. Sin embargo, a partir del su reputación fue rehabilitada drásticamente gracias a varios descubrimientos arqueológicos que confirmaron una y otra vez su versión de los hechos.Holland, pág. 377. La opinión moderna predominante es que, en general, Heródoto efectuó un trabajo extraordinario con su Historias, pero que ciertos detalles específicos (en especial el número de tropas y las fechas) deben observarse con escepticismo. De todas maneras, algunos historiadores aún creen que Heródoto inventó gran parte de lo narrado.Fehling, pp. 1-277.

El historiador siciliano Diodoro Sículo, que escribió su Biblioteca histórica en el , también proporciona una crónica de las guerras médicas, para la cual se basa en el historiador griego Éforo de Cime. Dicha crónica concuerda bastante con el relato de Heródoto.Diodoro Sículo, Biblioteca histórica, XI, 28-34. Cierto número de historiadores antiguos también describieron las guerras médicas, aunque en menor detalle; entre ellos se encuentran Plutarco, Ctesias y se mencionan otros autores, como el dramaturgo Esquilo. Las evidencias arqueológicas, como por ejemplo la Columna de las Serpientes, respaldan varias de las afirmaciones realizadas por Heródoto.Nota a Heródoto, IX, 81

Contexto

Las ciudades estado griegas de Atenas y Eretria habían respaldado la inexitosa revuelta jónica contra el Imperio persa de Darío I en 499-494 a. C. El Imperio Persa aún era relativamente joven, y sus pueblos sometidos eran propensos a revueltas.Holland, pp. 47-55.Holland, pág. 203. Además, Darío era un usurpador y había ocupado una parte significativa de su tiempo en extinguir las revueltas contra su gobierno. La revuelta jónica había amenazado la integridad de su imperio, y Darío juró vengarse de los involucrados, en especial de aquellos que no fueran parte del imperio.Heródoto, V, 105 Darío también vio la oportunidad de expandir su dominio por el territorio dividido de la Antigua Grecia.Holland, pp. 171-178. Una expedición preliminar al mando de Mardonio, realizada en 492 a. C. con el objetivo de adueñarse de los pasos por tierra hacia Grecia, concluyó con la reconquista de Tracia y obligó a Macedonia a convertirse en un reino cliente de Persia.Heródoto, VI, 44

En 491 a. C., Darío envió emisarios a todas las ciudades estado de Grecia para solicitar un obsequio de «tierras y aguas» como gesto simbólico de su sumisión ante él.Holland, pp. 178-179. Tras haber recibido una demostración de su poderío el año anterior, la mayoría de las ciudades griegas accedieron a las peticiones. Sin embargo, en Atenas, los embajadores fueron sometidos a juicio y ejecutados, mientras que en Esparta, sencillamente, fueron arrojados a un pozo, lo que puso a esta última en guerra contra Persia.

Como respuesta, Darío reunió un ejército expedicionario anfibio al que puso bajo el mando de Datis y Artafernes en 490 a. C. Estas mismas tropas atacaron luego Naxos antes de recibir la rendición de las demás islas Cícladas. A continuación el ejército expedicionario marchó sobre Eretria, a la cual asedió y destruyó.Heródoto, VI, 101. Por último, el ejército persa se lanzó a la empresa de atacar Atenas y desembarcó en la bahía de Maratón, donde chocó contra un ejército ateniense ampliamente inferior en número. En la batalla que sobrevino, los atenienses obtuvieron una victoria sorpresiva que resultó en la retirada a Asia por parte del ejército persa.Heródoto, VI, 113.

thumb|left|300px|Mapa del mundo griego en época de la guerra.

Como consecuencia, Darío comenzó a reunir un inmenso nuevo ejército con el cual pretendía subyugar por completo a Grecia; pero, en 486 a. C., sus súbditos egipcios se rebelaron, lo que pospuso de forma indefinida toda expedición a Grecia. Darío falleció mientras preparaba su avance contra Egipto, y el trono de Persia pasó a su hijo Jerjes I.Holland, pp. 206-206. Jerjes aplastó la revuelta egipcia y reanudó velozmente los preparativos para invadir Grecia.Holland, pp. 208-211. Puesto que ésta sería una invasión a gran escala, exigió planificación a largo plazo, acopio de reservas y conscripción de soldados. Jerjes decidió crear un puente en el Helesponto para permitir que su ejército entrara en Europa, y que debía cavarse un canal a lo largo del istmo del monte Athos, el canal de Jerjes (una flota persa había sido destruida en 492 a. C. mientras rodeaba aquel cabo). Ambas proezas evidenciaban una ambición excepcional que habría estado más allá de las posibilidades de cualquier estado contemporáneo.Holland, pp. 213-214. Para principios de 480 a. C., los preparativos habían acabado y el ejército que Jerjes había congregado en Sardes marchó hacia Europa, cruzando el Helesponto mediante dos puentes de pontones.Heródoto, VII, 35

Los atenienses también se habían estado preparando para la guerra con los persas desde mediados de los años 480s a. C., y en 482 a. C., siguiendo los consejos del político ateniense Temístocles, se tomó la decisión de construir una enorme flota de trirremes que sería necesaria para que los griegos enfrentaran a los persas.Holland, pp. 217-223. Sin embargo, los atenienses no contaban con suficientes tropas para combatir por tierra y por mar; en consiguiente, la lucha contra los persas exigiría una alianza por parte de las ciudades estado griegas. En 481 a. C., Jerjes envió embajadores por toda Grecia para solicitar tierras y agua, aunque saltándose en forma deliberada a Atenas y Esparta.Heródoto, VII, 32. Por lo tanto, la alianza comenzó a reunirse alrededor de estos dos estados. A fines de otoño de 481 a. C. se realizó un congreso de ciudades estado en Corinto,Heródoto, VII, 145. y se realizó una alianza confederada (simmachia) de polis griegas. Dicha alianza poseía la facultad de enviar emisarios para pedir ayuda y de despachar tropas desde los Estados miembro hacia los puntos defensivos tras una consulta en conjunto, algo extraordinario para el caótico mundo griego, en especial debido a que muchas de las ciudades estado que acudieron al congreso seguían estando técnicamente en guerra entre ellas.Holland, pág. 226.

El congreso volvió a reunirse en la primavera de 480 a. C. Una delegación tesalia propuso que los aliados se congregaran en el estrecho valle de Tempe, situado en la frontera de Tesalia, y bloquearan de ese modo el avance de Jerjes.Holland, pp. 248-249. Se despachó una fuerza de 10 000 hoplitas hacia el valle de Tempe, creyéndose que el ejército persa tendría que pasar por allí. Sin embargo, una vez en el lugar, Alejandro I de Macedonia dio el aviso de que el valle podía circunvalarse a través del Sarantoporo Pass y que el tamaño del ejército de Jerjes era abrumador, por lo que los griegos se retiraron.Heródoto, VII,173. Poco después, recibieron la noticia de que Jerjes había cruzado el Helesponto.

Por consiguiente, Temístocles propuso a los aliados una segunda estrategia. La ruta hacia los territorios del sur de Grecia (Beocia, Ática y el Peloponeso) demandarían que el ejército de Jerjes atravesara el paso de las Termópilas, que era sumamente estrecho. Los hoplitas griegos podrían bloquear con facilidad dicho paso, independientemente del número de tropas persas. Además, para evitar que los persas rodeasen las Termópilas por mar, las armadas ateniense y aliada podrían bloquear el estrecho de Artemisio. El congreso aprobó esta estrategia doble.Holland, pp. 255-257. No obstante, las ciudades del Peloponeso realizaron planes para retirarse y defender el istmo de Corinto en caso de que fracasase lo planeado, mientras que se evacuaba en masa a las mujeres y niños de Atenas a la ciudad peloponesa de Trecén.Heródoto, VIII, 40

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