thumb|Recorrido de la Embajada Keichō. thumb|Embajada Keichō, en el siglo XVII. La ida y la vuelta fueron muy similares, pero a la vuelta no se hizo escala en lugares como Saint Tropez. , bautizado en España como Felipe Francisco de Fachicura, fue un samurái japonés que prestó servicios al daimio de Sendai, Date Masamune y al taiko Toyotomi Hideyoshi en las invasiones japonesas de Corea entre 1592 y 1598.
Entre los años 1613 y 1620, Hasekura encabezó una misión diplomática a España, potencia hegemónica, y a la Santa Sede en Roma. La ruta hacia España era a través del Pacífico, recalando en el virreinato de Nueva España (llegó a Acapulco y partió desde Veracruz) y de ahí recorriendo el Caribe y el Atlántico, para remontar el Guadalquivir hasta Coria del Río y, una vez allí, seguir una ruta terrestre por España que le llevó por Sevilla, Madrid y Barcelona. En Barcelona embarcaría para recorrer el Mediterráneo rumbo a Italia, haciendo escala en un puerto del sur de Francia, para finalmente recorrer la costa italiana hasta Roma.
Esta misión histórica recibe el nombre de y había sido precedida unas décadas antes por la de 1582.
En el viaje de regreso Hasekura y sus acompañantes atravesaron de nuevo la Nueva España en 1619 y navegaron desde Acapulco a Manila y luego hacia el norte en dirección a Japón. Se considera a Hasekura el primer embajador japonés entre América y Europa.
Aunque la embajada de Hasekura fue recibida cordialmente, se produjo en una época en la que en Japón se estaba reprimiendo el cristianismo, razón por la cual el que entonces era el monarca más poderoso del mundo, el rey Felipe III de España, se negó a sellar los acuerdos comerciales que buscaban los japoneses. Hasekura regresó a su patria en 1620 y murió un año después de enfermedad tras haber completado una expedición pionera que no logró grandes resultados para un Japón cada vez más aislacionista. La siguiente embajada oficial japonesa a Europa no se produjo hasta dos siglos y medio después, en 1862.
Primeros años De la juventud de Hasekura se tiene poca información. Era hijo de Yamaguchi Tsuneshige (山口常成), teniendo vínculos de consanguinidad con el Emperador Kanmu; y nació bajo el nombre de Yoichi (與市), en Okitama, actualmente Yonezawa, situada en la prefectura de Yamagata. En el Japón feudal era común entre la nobleza que el nombre de adulto difiriera del nombre de nacimiento, por lo que adquirió el nombre de Rokuemon Nagatsune (六右衛門長経). En su niñez, se convirtió en el hijo adoptivo del samurái Hasekura Tokisama (支倉時正), del que tomó a posteriori su apellido Hasekura; y a los 7 años se mudó a Shibata (actualmente Kawasaki, prefectura de Miyagi), donde residió durante toda su juventud en un castillo construido por su abuelo Hasekura Tsunemasa (支倉常正) en el Castillo de Kamitate (上楯城), ubicado en los aledaños de la villa Hasekura (支倉村) y actual distrito de Kawasaki, de donde viene su apellido. Con el nacimiento de su hermanastro Hasekura Hisanari (支倉久成), Date Masamune compensó a la familia con 1200 koku (cantidad de arroz indicador de riqueza), reducido más tarde a 600 koku.
En 1590, se le conoce su papel en el alzamiento de Kasai-Ōsaki, una rebelión causada por la injusta repartición de tierras del norte de Japón entre dos clanes.
Prestó servicios al taiko Toyotomi Hideyoshi en las invasiones japonesas de Corea, sirviendo como ashigaru o soldado raso y capitán de los arcabuceros, destacando como un excelente militar; algo que Masamune habría tomado en consideración a la hora de escogerlo como embajador, además de tener experiencia en la navegación por su expedición a Corea, separado de Japón por una distancia aproximada de 110 millas entre sus costas más próximas.
Su padre biológico Yamaguchi fue acusado de corrupción y condenado a muerte, y en teoría también debería haber estado su hijo Hasekura. Sin embargo, Masamune le perdonó su vida ofreciéndole la labor de embajador y devolviéndole sus terrenos confiscados.
El acercamiento español Los españoles comenzaron los viajes a través del océano Pacífico entre Nueva España (actual México) y China, a través de su base territorial en Filipinas, siguiendo los viajes de Andrés de Urdaneta en el . Manila se convertiría en la base principal de la región asiática en 1571.
España estableció contactos con Japón, por un interés comercial con esa nación tan poblada y también en razón a que las naves españolas naufragaban periódicamente en las costas japonesas a causa del mal tiempo local. Los españoles además deseaban expandir la fe cristiana en Japón, pero los portugueses y los neerlandeses querían hacerse con el comercio japonés, dejando fuera a los españoles; sin embargo, se encontraron con una gran resistencia por parte de los jesuitas, que empezaron la evangelización del país en 1549.
En 1609, el galeón español San Francisco naufragó, debido a una tormenta, en la costa japonesa de Chiba, cerca de Tokio, mientras navegaba de Manila a Acapulco. Los marinos fueron rescatados y atendidos, y el capitán de la nave, Rodrigo de Vivero y Aberrucia, se reunió con Tokugawa Ieyasu. El 29 de noviembre del mismo año se firmó un tratado, en el que se autorizaba a los españoles a establecer una fábrica al estilo europeo en el este de Japón, podrían trasladar a especialistas en minería desde Nueva España, se permitiría a las naves españolas visitar Japón en caso de necesidad y se enviaría una misión diplomática japonesa a la Corte española.
El proyecto de la misión thumb|Réplica del galeón San Juan Bautista. Un fraile franciscano llamado Luis Sotelo, que realizaba conversiones religiosas en el área de Tokio, convenció al shōgun para que fuera enviado como embajador a Nueva España. Sotelo viajó con los marinos españoles del San Francisco y 22 japoneses a bordo del San Buena Ventura, un barco hecho por el aventurero inglés William Adams para el shōgun. En Nueva España, Sotelo conversó con el Virrey Luis de Velasco, quien aceptó enviar un embajador a Japón en la persona del famoso explorador Sebastián Vizcaíno, con la misión anexa de reconocer las Islas del Oro y de la Plata que, según se creía, estaban al este de las islas japonesas.
Vizcaíno llegó a Japón en 1611 y tuvo varios encuentros con el Shōgun y con los señores feudales. Estos contactos fueron empañados por el desconocimiento y poco respeto que mostró Vizcaíno hacia las estrictas costumbres japonesas, además de la fuerte resistencia de este pueblo contra las conversiones católicas y de las intrigas de los holandeses en torno a las ambiciones españolas. Vizcaíno finalmente partió en busca de la Isla de la Plata. Sin embargo, debió interrumpir su tarea por causa del mal tiempo, que lo forzó a regresar a Japón con severos daños.
El Shōgun decidió construir un galeón en Japón para permitir el regreso de Vizcaíno a Nueva España junto con una misión japonesa. El daimyō de Sendai, Date Masamune, se encargó del proyecto. Llamó a uno de sus servidores, Hasekura Tsunenaga, a liderar la misión. El galeón, llamado Date Maru por los japoneses y, posteriormente, San Juan Bautista por los españoles, tomó 45 días en ser construido, y contó con la participación de expertos técnicos del Bakufu, 800 constructores navales, 700 herreros y 3000 carpinteros.
Viaje por el Pacífico Después de terminado, el galeón partió el 28 de octubre de 1613 hacia Acapulco, Nueva España, con 180 personas a bordo, incluyendo diez samuráis del shōgun (enviados por el ministro de la Marina, Mukai Shōgen), doce samuráis de Sendai, 120 comerciantes, marinos y sirvientes japoneses y alrededor de cuarenta españoles y portugueses.
El galeón arribó a Acapulco el 25 de enero de 1614 después de tres meses en el océano, y fue recibido con una gran ceremonia. La misión diplomática permaneció un tiempo en Nueva España, y luego fueron a Veracruz para embarcar el 10 de junio del mismo año en la nave San José de la flota de Antonio de Oquendo. Hasekura dejó gran parte de la misión japonesa en Acapulco para aguardar el regreso de la misión.
Viaje a Europa thumb|upright|Hasekura orando, tras su conversión al cristianismo en Madrid en 1615. thumb|izquierda|Estatua de Hasekura Tsunenaga en el Parque la Muralla del Castillo de Sendai que se encuentra en el corazón de La Habana Vieja.
España Antes de llegar a España, el galeón hizo una breve estancia en La Habana, siendo Hasekura Tsunenaga el primer japonés que visitó Cuba. La siguiente escala para la misión diplomática era Europa, en la que cruzaron el Océano Atlántico en un galeón español desde Nueva España, llegando a Sanlúcar de Barrameda y siendo recibidos con honores por el duque de Medina Sidonia el 5 de octubre de 1614.Se llegó por fin a salvo, después de algunos peligros y tempestades al puerto de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) el 5 de octubre, donde residiendo el Duque de Medina Sidonia y avisado del arribo, envió carrozas para honrarlos, recibirlos y acomodar en ellas al Embajador y a sus gentiles hombres, habiéndoles preparado un suntuoso alojamiento; y después de haber cumplido con esta obligación como correspondía, y de regalarlos con toda liberalidad, a instancias de la ciudad de Sevilla hizo armar dos galeras, las cuales llevaron a los embajadores a Coria, donde fueron hospedados por orden de la dicha Ciudad por Don Pedro Galindo, veinticuatro, el cual se ocupó con gran diligencia en tener satisfecho el ánimo del Embajador con todos los placeres y regalos posibles, procurando este entretanto que preparasen ropas nuevas a su séquito y ayudantes para resplandecer con más decoro y pompa a la entrada en Sevilla. Mientras se resolvía esta cuestión, la Ciudad determinó enviar a Coria a Don Diego de Cabrera, hermano del padre Sotelo, a Don Bartolomé López de Mesa, del hábito de Calatraba, a Don Bernardo de Ribera, a Don Pedro Galindo y a multitud de jurados y otros caballeros para que en su nombre besaran la mano al Embajador y lo felicitaron por su llegada a salvo. Sobre esto, quedó el Embajador contentísimo, agradeció mucho a la Ciudad que por su generosidad se complacía en honrarle, y departió con los dichos caballeros mostrando mucha prudencia en su trato.
A veintiuno de octubre del dicho año la ciudad hizo otra demostración de la mayor cortesía para el recibimiento del embajador y del Padre Sotelo mandando carrozas, cabalgaduras y gran número de caballeros y de nobles que lo escoltaron formando una cabalgata de gran solemnidad. Saliendo el embajador de Coria, vio con sumo placer el honor que se le había preparado, la pompa de los caballeros y la gran cantidad de gente que lo acompañó durante su camino hacia Sevilla.
Cerca de Triana y antes de cruzar el puente, se multiplicó de tal manera el número de carrozas, caballos y gentes de todo género, que no bastaba la diligencia de dos alguaciles y de otros ministros de la justicia para poder atravesarlo. Finalmente compareció el Conde de Salvatierra. Asistente de la Ciudad, con gran número de titulados y con los restantes veinticuatro y caballeros; y el embajador desmontando de la carroza, montó a caballo con el Capitán de su guardia y Caballerizo, vestido sobriamente, a la usanza del Japón, y mostrando al Asistente lo obligado que quedaba de la mucha cortesía y honores que la Ciudad se servía de usar con él, fue puesto en medio del dicho Asistente y Alguaciles Mayores y prosiguiéndose la cabalgata con increíble aplauso y contento de la gente, por la Puerta de Triana se dirigieron al Alcálzar Real.