thumb|El latín vulgar, como el de este grafiti político hallado en Pompeya, fue la lengua hablada por las clases populares del Imperio romano, en contraste con el latín clásico literario.
Latín vulgar, también conocido como latín coloquial, popular o vernacular ( o ; laïké latiniké glōssa o demōdes latiniké) es un término genérico, empleado para referirse al conjunto de los dialectos vernáculos del latín vivo, hablados en las provincias del Imperio romano. La extinción como lengua viva del latín se asoció con la creciente diferenciación de estos dialectos, que condujo, hacia el , a la formación de las lenguas romances tempranas. Algunos autores proponen distinguir técnicamente entre latín vulgar (o popular) y latín tardío ( en adelante), aunque lingüísticamente es difícil distinguir entre esas dos acepciones.
Sin embargo conviene aclarar que, desde el punto de vista de la lingüística moderna, el latín vulgar como tal es una expresión basada en una hipótesis antigua y equivocada, que suponía la existencia de dos lenguas paralelas: un latín «culto» y uno «vulgar»; pero, verdaderamente, el latín vulgar era el latín mismo, un idioma vivo y en constante evolución, mientras que el latín clásico solo se mantenía en la literatura y administración como el lenguaje escrito culto, para facilitar la comunicación entre las provincias romanas.José Enrique Gargallo Gil, María Reina Bastardas, Manual de lingüística románica, Ariel Lingüística, Barcelona, 2007, pp. 77–79.
La variante de latín hablado difiere notablemente del estilo literario del latín clásico en su pronunciación, vocabulario y gramática. Algunos rasgos del latín vulgar no aparecieron hasta la época tardía del Imperio romano, aunque parece que muchos de sus rasgos son sorprendentemente tempranos. Otros, pueden incluso haber estado presentes mucho antes, al menos bajo la forma de latín acriollado.B. SCHLIEBEN LANGE: L'Origine des langues romanes - Un cas de créolisation?. En J. M. MEISEL (ed) (1977), Langues en contact - páginas - creoles, Tübingen: G. Narr, pp 81-101.<ref>Stéphane Goyette, 2000, The emergence of Romance Languages from Latin: A case for creolization effects</ref> La mayor parte de las definiciones de «latín vulgar» suponen que es una lengua hablada antes que escrita, porque ciertas evidencias sugieren que el latín se dialectalizó o criollizó durante este período, y porque no hay pruebas de que alguien transcribiera el habla cotidiana de ninguno de sus hablantes. El estudio del latín vulgar requiere el análisis de evidencias indirectas, ya que originalmente nadie usaba intencionalmente las formas de latín vulgar cuando escribía.
Lo que hoy se sabe del latín vulgar procede de tres fuentes. La primera es el método comparativo que puede reconstruir numerosos rasgos de las lenguas romances atestiguadas, y hacer notar aquello en lo que difieren del latín clásico. La segunda fuente son varios textos de gramáticas prescriptivas del latín tardío que condenaban errores lingüísticos habituales de los hablantes de latín, lo cual da pistas sobre cómo se usaba la lengua oralmente. Finalmente, los «solecismos» y usos que se apartan del latín clásico encontrados a veces en textos de latín tardío también arrojan luz sobre el habla de quien los escribió.
Orígenes miniatura|200px|El Cantar de mio Cid es el texto literario más temprano, de extensión considerable, escrito en castellano medieval. Otros textos, como la Nodicia de Kesos (muy cercano al protoiberorromance), aunque no son de carácter literario, muestran un punto anterior de desarrollo en el romance medieval.
El nombre «vulgar» deriva de la palabra latina vulgaris, que significaba ‘común’ o ‘del pueblo’. Para quienes estudian latín, el concepto «latín vulgar» tiene varios significados: Primero: designa el latín hablado del Imperio romano. El latín clásico siempre fue una lengua literaria algo artificial; el latín llevado por los soldados romanos a la Galia o a Dacia no fue necesariamente el latín de Cicerón. Por lo tanto, bajo esta definición, el latín vulgar fue una lengua hablada, que se empezó a escribir en latín «tardío», cuyo estilo difería de los estándares clásicos de los textos escritos el primer siglo de nuestra era. Segundo: también hace referencia al hipotético ancestro de las lenguas romances, que no puede estudiarse directamente más que por unas pocas inscripciones. Esta lengua introducía una gran serie de cambios en el latín, y pudo ser reconstruida gracias a las evidencias suministradas por las lenguas que derivaron de ella, las lenguas vernáculas romances. Tercero: y con un sentido aún más restringido, en ocasiones se llama latín vulgar al hipotético protorromance de las lenguas romances occidentales: las vernáculas que se hallaban al norte y al oeste del eje geográfico La Spezia-Rímini, y en la península ibérica; así como al habla romance (muy poco atestiguada) en el noroeste africano y en las Islas Baleares. Este criterio propone que el italiano sudoriental, el rumano y el dalmático se desarrollaron por separado. Cuarto: el término se usa a veces también para referirse a las innovaciones gramaticales en textos de latín tardío, tales como Peregrinatio Aetheriae, texto del en el que la monja galaica Egeria relata un viaje a Palestina y al monte Sinaí; o las obras de San Gregorio de Tours. Debido a que la documentación escrita en latín vulgar es muy escasa, estas obras son de gran valor para los filólogos, principalmente porque en ellas a veces aparecen «errores» que evidencian el uso hablado del período en que el texto se escribió.
Algunas obras literarias recogen registros distintos al latín clásico. Por ejemplo, debido a que en las comedias de Plauto y Terencio muchos de sus personajes eran esclavos, dichas obras preservan algunos rasgos tempranos de latín basilecto, tal y como hacen los hombres libres en el Satiricón de Petronio.
El latín vulgar fue diferenciándose en las distintas provincias del Imperio romano, surgiendo así la era moderna del español, catalán, francés, italiano, occitano, portugués, rumano, etc. Obviamente, se considera que el latín vulgar desapareció cuando los dialectos locales tuvieron las suficientes características diferenciadoras como para constituirse en lenguas distintas, evolucionando hacia la formación de las lenguas romances, cuando un valor propio y singular les fue reconocido.
El suele considerarse como el período en que, más allá de las declinaciones, buena parte del vocabulario estaba cambiando (por ejemplo, equus → caballus, etc.). Sin embargo, es obvio que estas mutaciones no fueron uniformes en todo el Imperio, así que puede que las diferencias más llamativas se encontrasen entre las formas diversas de latín vulgar que se daban en las distintas provincias (también debido a la adquisición de nuevos localismos).
Tras la caída del Imperio romano de Occidente, durante varios siglos el latín vulgar coexistió con el latín escrito, porque los hablantes de lenguas romances vernáculas preferían escribir usando la prestigiosa gramática y ortografía tradicional latina. Pero, aunque eso era lo que intentaban, a menudo lo que escribían no respetaba las normas del latín clásico. Sin embargo, en el tercer Concilio de Tours en 813, se decidió que el clero predicase en lengua vernácula para que la audiencia les entendiese. Este podría ser un momento documentado de la evolución diacrónica del latín; en 842, menos de treinta años después del Concilio de Tours, los Juramentos de Estrasburgo, que reproducen un acuerdo entre dos de los herederos de Carlomagno, fueron redactados en dos lenguas; una germánica que evolucionaría hacia el alemán, y otra romance, que a todas luces ya no era latín, que evolucionaría hacia el francés: miniatura|Extracto de los Juramentos
Este latín tardío parece reflejar estas adquisiciones, al mostrar el cambio que se estaba produciendo en esa zona. Entonces, los textos del derecho romano, tanto los de Justiniano como los de la Iglesia católica, sirvieron para «congelar» el latín formal, unificado finalmente por los copistas medievales y, desde entonces, separado del ya independiente romance vulgar. La lengua escrita continuó existiendo como latín medieval. Los romances vernáculos fueron reconocidos como lenguas diferenciadas, separadas y empezaron a desarrollar normas y ortografías propias. Entonces, «latín vulgar» dejó de ser un parámetro útil para identificar a las diversas lenguas romances.
Fue en ese momento cuando el latín vulgar se convirtió en un nombre colectivo para designar un grupo de dialectos derivados del latín, con características locales (no necesariamente comunes), que no constituían una lengua, al menos en el sentido clásico del término. Sin embargo, podría ser descrito como algo incipiente, indefinido, que paulatinamente fue cristalizando en las formas tempranas de cada lengua romance, habiendo tomado, como su más remoto ancestro, al latín formal. El latín vulgar fue, por lo tanto, un punto intermedio en la evolución, no una fuente.
Fonología
Vocales
LetraPronun. clásicaPronun. vulgarA breve (A) /a/ /a/A larga (Ā) /aː/ /a/E breve (E) /ɛ/ /ɛ/E larga (Ē) /eː/ /e/I breve (I) /ɪ/ /e/I larga (Ī) /iː/ /i/O breve (O) /ɔ/ /ɔ/O larga (Ō) /o:/ /o/U breve (U) /ʊ/ /o/U larga (Ū) /u:/ /u/Y breve (Y) /y/ /e/Y larga (Ȳ) /yː/ /i/OE /ɔɪ̯/ /e/AE /aɪ̯/ /ε/AU /aʊ̯/ /o/Véase AFI para buscar una descripción de los símbolos empleados. Un cambio profundo que afectó a todas las lenguas romances modificó el orden de las vocales del latín clásico. El latín tenía diez vocales: versiones breves y largas de A, E, I, O, U, Ā, Ē, Ī, Ō, Ū, y tres (o cuatro) diptongos, AE, OE, AU y, según algunos, UI. Con excepción del sardo, donde se mantuvieron inalterados los cinco timbres originales, lo que ocurrió al latín vulgar se puede resumir con el cuadro de la derecha. De esta forma, el sistema de diez vocales del latín clásico, sin contar diptongos y la Y, que tenía en cuenta la longitud vocálica, fue remodelado para convertirse en un sistema en que desaparecía la diferencia por longitud vocálica, y la alteración vocálica pasaba a ser exclusivamente fonémica. Debido a este cambio, el acento tónico se hizo bastante más marcado en latín vulgar que en latín clásico. Esta tendencia dificultó la posibilidad de diferenciar las sílabas no acentuadas, y además produjo nuevas alteraciones en las sílabas acentuadas.
Los diptongos OE /oi/ y AE /ai/ cayeron para formar /*e/ y /*ε/, respectivamente. AU, que se mantuvo en un inicio, terminó cediendo, mutando de /au/ a /*o/ (/ou/ en galaicoportugués), una vez que la O original había sufrido otras modificaciones.
Las vocales breves Ŏ y Ĕ evolucionaron a las vocales abiertas /*ɔ/ y /*ε/. En muchas lenguas estos fonemas en posición tónica tendieron a romperse en diptongos. La palabra clásica FŎCUS «fogón, hogar, chimenea» (acusativo FŎCU(M)), se convirtió en la palabra protorromance para decir fuego (reemplazando ignis «fuego»), pero su vocal breve Ŏ se convirtió en un diptongo en varias lenguas: francés antiguo: fou → francés: feu (hoy en día ya no es un diptongo sino /fø/) italiano: fuoco español: fuegoEn portugués, rumano y en catalán, sin embargo, no se convirtió en diptongo: port. fogo (pronunciado ), rum. y cat. foc (pronunciado ).
Las lenguas difirieron en este proceso. La Ĕ de la expresión latina FĔRRUM, se mantuvo en francés fer, en italiano y catalán ferro y en portugués ferro , pero se diptongó en español hierro (aunque en algunas poblaciones rurales de Hispanoamérica se conservan arcaísmos, como fierro) y en rumano fier.