La esquizofrenia paranoide es un subtipo de la esquizofrenia. Es una enfermedad mental que no conlleva alteración anatómica observable, y cuya principal característica es que afecta a la personalidad del individuo, así como a áreas de su psicología. Sus síntomas se pueden dividir en síntomas positivos (delirios y alucinaciones) y negativos (déficit cognitivo). La enfermedad se caracteriza por trastornos tanto en el área de la afectividad, como del pensamiento.
El estado consciente del enfermo es normal; su actitud psíquica se caracteriza por el egocentrismo y el aislamiento, y expresa una pérdida de contacto con la realidad, manifiesta ideas delirantes (persecución, intentos de envenenamiento, influencias extrañas, brujería, etc.) y trastornos de la percepción (en algunos casos alucinaciones de tipo auditivo, en las que «oye» voces amenazadoras o críticas). Las causas pueden ser varias y no se conocen con exactitud. Al parecer, intervienen factores genéticos, psicológicos y socioculturales.
La edad más frecuente de aparición se sitúa entre los 15 y 35 años aunque también se dan casos en edad ya avanzada y afecta por igual a ambos sexos. La personalidad se altera de forma gradual o repentina; el contacto con el paciente resulta cada día más difícil y este se retrae cada vez más en su propio mundo. Es muy difícil distinguir de otras formas de psicosis los síntomas de la esquizofrenia, por lo que existe un rechazo general a usar el término esquizofrenia.
Tipos de esquizofrenia
Paranoide: Es el más común. Sus síntomas son delirios (percepciones o creencias falsas, verdaderas o indeterminadas) y alucinaciones auditivas frecuentes. Catatónica: Los esquizofrénicos catatónicos pueden quedarse inmóviles por mucho tiempo a pesar de estar conscientes de lo que pasa a su alrededor. Son hiperactivos y duermen muy poco. Residual: Es cuando una persona ha sufrido un episodio esquizofrénico en el pasado pero que en el presente no presentan síntomas prominentes de la enfermedad. Desorganizada: Quien la padece es incoherente al hablar, actúa de manera extraña y las reacciones emocionales pueden ser absurdas. Conocida antes como hebefrénica, se situaría en el polo opuesto de la paranoide. Es el subtipo más grave, su inicio suele ser temprano e insidioso. Es muy frecuente, que la familia te diga que ya era una persona poco comunicativa, rara, que se relacionaba muy poco con la gente,… Antes de la aparición de la sintomatología activa, suele existir una personalidad premórbida empobrecida y extraña. Una vez se inicia la enfermedad, son raras las remisiones, no suelen existir períodos libres de sintomatología y hay un claro deterioro cognitivo. Los síntomas más característicos de este subtipo son: Lenguaje desorganizado (descarrilamiento, incoherencia, uso de neologismos, ensalada de palabras, etc.). Es un lenguaje poco comprensible y cuesta mucho seguir el hilo de la conversación. Comportamiento desorganizado: es lo más llamativo, porque son comportamientos poco coherentes o inadecuados como risas inapropiadas o tonterías. La persona es incapaz de iniciar conductas dirigidas a un fin, lo que provoca que necesiten soporte para realizar las actividades de la vida diaria como asearse, vestirse o prepararse la comida. Pueden ponerse fácilmente una bufanda en pleno verano. Ideas delirantes carentes de elaboración: son totalmente desorganizadas y no siguen un tema coherente como pasa en la paranoide. Son ideas extrañas y fragmentadas. Las alucinaciones: suelen ser auditivas y también aparecen fragmentadas. Son poco claras e incoherentes. Aplanamiento afectivo: es muy significativo de este subtipo y muy marcado. No expresan las emociones, no se sienten ni tristes ni contentos. Por su inicio insidioso, su gravedad y su desorganización, es un subtipo fácil de diagnosticar pero difícil de tratar. Son personas que no tienen contacto con la realidad, no muestran interés por las relaciones personales ni por las actividades. Indiferenciada: Presenta una mezcla de síntomas de esquizofrenia que no pueden diferenciarse bien como parte de alguno de los subtipos anteriores. Por ejemplo: delirios y problemas motores.
Definición de esquizofrenia paranoide
La esquizofrenia paranoide es aquella enfermedad que se caracteriza por los siguientes síntomas: predominio de ideas delirantes y alucinaciones, lesiones graves a uno mismo y a los demás, alteraciones de la personalidad.
Es la más frecuente y puede iniciarse a cualquier edad pero es más común entre los 30 y 35 años.
Etapas de la enfermedad
Etapa prepsicótica: Se caracteriza por rasgos semejantes a los que más tarde, pasada la etapa de psicosis activa, se instalan definitivamente y con mayor intensidad: son los llamados síntomas negativos (anhedonia, embotamiento afectivo, etc.). También pueden aparecer dificultades de relación interpersonal, alteraciones cognitivas, dificultades de adaptación escolar, etc. Sin embargo, no es raro encontrar enfermos en los que no hay ninguna alteración durante su etapa premórbida.
Etapa psicótica florida: que es nueva o se superpone a la anterior. Suelen presentarse síntomas positivos (delirios y alucinaciones). El estrés suele ser un factor importante en su aparición.
Etapa residual: es una etapa prolongada en la que predominan los síntomas negativos y de la que puede haber reactivaciones similares a la etapa psicótica florida. Estos síntomas negativos se caracterizan por pobreza del lenguaje y pensamiento, aplanamiento afectivo, enlucimiento y bajo nivel de actividad.
Síntomas y manifestaciones de la esquizofrenia paranoide
Las manifestaciones básicas consisten en una mezcla de signos y síntomas característicos que han estado presentes durante un periodo de tiempo importante a lo largo de un mes, con algunos de los signos del trastorno que persisten durante un mínimo de 6 meses. Los síntomas afectan a múltiples procesos psicológicos, como la percepción (alucinaciones), ideación, comprobación de la realidad (delirios), procesos de pensamiento (asociaciones laxas), sentimientos (aplanamiento afectivo, afecto inapropiado), conducta (catatonía, desorganización), atención, concentración, motivación (abulia, deterioro de la intención y la planificación) y juicio.
Estas características psicológicas y conductuales se asocian a diversos tipos de deterioro de la función laboral o social. Aunque puede haber un notable deterioro con dificultades en múltiples dominios funcionales, el trastorno se caracteriza por una mayor heterogeneidad entre los distintos individuos y una variabilidad en cada uno de ellos a lo largo del tiempo. También se asocia a un aumento de la incidencia de enfermedades médicas generales, y de portabilidad, especialmente por suicidio, que se da en un 10% de los pacientes. Los síntomas de la esquizofrenia se ha clasificado en dos categorías (síntomas positivos y negativos), a las que recientemente se ha añadido una tercera, la de desorganización, ya que los análisis estadísticos han mostrado que esta dimensión es independiente de la categoría de los síntomas positivos en la que se incluía anteriormente. Los síntomas positivos consisten en delirios y alucinaciones. Los síntomas de desorganización incluyen el habla desorganizada y falta de atención. Los síntomas negativos consisten en una limitación de la gama e intensidad de las expresiones emocionales (aplanamiento afectivo), una reducción de la productividad del pensamiento y el habla (alogia), anhedonía y una reducción del inicio de comportamiento dirigido a un objeto (abulia).
En el subtipo paranoide, las ideas delirantes o las alucinaciones auditivas son características prominentes.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico de la esquizofrenia se lleva a cabo cuando aparecen en el supuesto paciente uno o dos síntomas a través de episodios repetidos con frecuencia variable a lo largo de un mes o más. Dependiendo de la frecuencia de los episodios, de las características psíquicas de éstos y de la gravedad, se diagnostica esquizofrenia y se determina de qué tipo se trata. Los síntomas o características de la esquizofrenia paranoide son los siguientes:
Manía persecutoria. Celos. Sentimiento de misión especial en la vida. Sentimiento de transformación corporal. Alucinaciones auditivas Alucinaciones de otra índole (olfatoria, gestatorias...). Sentimiento de ser espiado, perseguido, investigado, mirado, etc. Visiones y referencias al sentido de la mente (referidas al tema de que alguien podría ver «la mente» o uno podría ver «la mente ajena», mediante «telepatía» o el sentido de la mente «la naturaleza de la mente», raras conexiones, alguna tecnología avanzada, o muchas otras explicaciones que resultan extrañas para la intersubjetividad «la confusión del desconocimiento del paciente y la incapacidad del psiquiatra para comprender»).
Principios del tratamiento
El plan de tratamiento debe involucrar al paciente y a su familia a través de colaboraciones activas, de la vida diaria y recreativas además de plantear intervenciones farmacológicas, psicoterapéuticas psicosociales y de rehabilitación adecuadas. Muchos enfermos requieren una asistencia general y de por vida, además el psiquiatra no solo actúa como tal, sino como punto de apoyo durante el tratamiento del paciente, además de actuar como miembro de un equipo que trabaja colaborativamente.
Actualmente no existe cura para la esquizofrenia, aunque el tratamiento puede reducir considerablemente sus síntomas. Los objetivos de cualquier tratamiento son la reducción de la frecuencia, la gravedad y consecuencias de los episodios de esquizofrenia. Los específicos dependen de la fase en la que se encuentra la enfermedad o de las características propias del paciente.
Asistencia psiquiátrica
La asistencia o tratamiento incluye una serie de intervenciones, unas de carácter clínico y otras de carácter psicoterapéutico. Se deben conocer los factores biológicos, interpersonales, sociales y culturales que determinan al paciente. Además, se le debe informar sobre su enfermedad.
Elementos del tratamiento
Establecimiento y mantenimiento de un vínculo terapéutico: Tiene que tener carácter de apoyo, para permitir que el psiquiatra conozca el estado de su paciente.
Vigilancia del estado psiquiátrico del paciente: Atención constante a los cambios psicológicos del paciente, con la colaboración de la familia.
Educación sanitaria para la esquizofrenia su tratamiento: Fomenta el conocimiento del paciente sobre su enfermedad, su aceptación y la relación con la familia y el entorno.
Investigación de los factores que influyen en los episodios: Disminuir los efectos psicosociales que dificultan las actividades del paciente, de tipo laboral, social, familiar, académico y económico, a través de ayuda terapéutica.
Recursos en los sistemas de asistencia de salud mental: Trabajos, proyectos y ayudas basadas en el apoyo, en la reinserción y rehabilitación del paciente, así como terapias de orientación.
Intervenciones psicosociales específicas durante el tratamiento
Aunque las intervenciones psicosociales y terapéuticas mejoran notablemente el transcurso de la enfermedad, es recomendable aplicar un tratamiento farmacológico ya que se producirá una reducción casi de más del 50% de los síntomas durante el proceso de la enfermedad. La perfecta combinación para lograr un buen tratamiento de esta enfermedad es aquella en la que se tiene en cuenta el tratamiento farmacológico, el biológico, el social, el psicosocial y el terapéutico.
Ámbito de tratamiento
La elección de tratamiento depende y se basa en la situación clínica del paciente, de su estado de enfermedad, de su criterio y de su familia, así como de las exigencias y características del contexto del tratamiento y de este mismo.