El pueblo otomí es un pueblo de México que habita un territorio discontinuo en el centro de México. Está emparentado lingüísticamente con el resto de los pueblos de habla otomangueana, cuyos antepasados se asentaron en el Eje Neovolcánico.
Actualmente, los otomíes habitan un territorio fragmentado que va del norte de Guanajuato, al oriente de Michoacán y al sureste de Tlaxcala. Sin embargo, la mayor parte de ellos se concentra en los estados de Hidalgo, México y Querétaro. De acuerdo con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas de México, la etniaPor población étnica se entiende a los miembros de las minorías étnicas que habitan en un estado nacional que no se reconoce como pluriétnico. En ese sentido, la población étnica comprende no sólo a los hablantes de una lengua —en este caso, el otomí—, sino también a los que han dejado de hacer uso de la lengua pero se reconocen como miembros del grupo y son reconocidos como tales, sea convencional u oficialmente. De acuerdo con los criterios elegidos por las agencias gubernamentales mexicanas para calcular el número de indígenas, forman parte de la población indígena mexicana los miembros de las familias donde el jefe de familia o su cónyuge son hablantes de lengua indígena (Del Val, 2000: 55). otomí sumaba 667038 personas en la República Mexicana en el año 2015, lo que los convierte en el quinto pueblo indígena más numeroso del país.
De ellos, sólo un poco más de la mitad hablaba el otomí. Al respecto, cabe decir que la lengua otomí presenta un alto grado de diversificación interna, de modo que los hablantes de una variedad suelen tener dificultades para comprender a quienes hablan otra variante.
De ahí que los nombres con los que los otomíes se llaman a sí mismos son numerosos: ñätho (valle de Toluca), hñähñu (Valle del Mezquital), ñäñho (Santiago Mezquititlán en el Sur de Querétaro) y ñꞌyühü (Sierra Norte de Puebla, Pahuatlán) son algunos de los gentilicios que los otomíes emplean para llamarse a sí mismos en sus propias lenguas, aunque es frecuente que, cuando hablan en español, empleen el etnónimo otomí, de origen náhuatl.Últimamente algunos hablantes del Valle de Mezquital han comenzado a considerar el etnónimo "otomí" como despectivo. Esto no ocurre en otras variantes y por lo tanto se debe seguir usando. También es el término de uso más extendido en el mundo de habla hispana en todos los ámbitos. Al respecto, haciendo eco de las palabras de David C. Wright (2005: 19): "Si bien la palabra 'otomí' ha sido usada en textos que menosprecian a estos antiguos habitantes del Centro de México, creo conveniente usar la misma palabra en los trabajos que intentan recuperar su historia; en lugar de desecharla propongo reivindicarla".
Origen del gentilicio otomí miniaturadeimagen|Glifo o ideograma náhuatl que representa a un otomí, aparece en el Códice Mendoza
La mayor parte de los etnónimos empleados para referirse a los pueblos indígenas de México, el término otomí no es nativo del pueblo al que hace referencia. Otomí es un término de origen náhuatl que deriva de otomitl,Gómez de Silva, 2001. palabra que en la lengua de los antiguos mexicas quiere decir quien camina con flechas,Barrientos López, 2004:6. aunque autores como Wigberto Jiménez Moreno lo hayan traducido como flechador de pájaros.
Territorio étnico El territorio étnicoPor territorio étnico se entiende aquél espacio que sirve como referente a la identidad de un pueblo, un espacio con el que un pueblo está relacionado por su historia y sus creencias, por habitarlo y porque es considerado como el origen del mismo pueblo (Velázquez, 2001; referido en Bello Maldonado, 2005 :100) de los otomíes ha sido históricamente el centro de México. Desde la época prehispánica, los pueblos de habla otomangueana han habitado esa región y se les considera como pueblos nativos de las tierras altas mexicanas. De acuerdo con el cálculo de Duverger, es posible que los pueblos otomangueanos se hayan encontrado en Mesoamérica por lo menos desde el inicio del proceso de sedentarización, el cual tuvo lugar en el octavo milenio antes de la era cristiana.Duverger, 2007: 40.
La ocupación otomangue del centro de México remite entonces al hecho de que las cadenas lingüísticas entre las lenguas otomangueanas se hallen más o menos intactas, de modo que los miembros lingüísticamente más cercanos de la familia se encuentre también próximos en el sentido espacial. La primera fractura del grupo otomangueano ocurrió al separarse las lenguas orientales de las lenguas occidentales. El brazo occidental está compuesto por dos grandes ramas: los pueblos de habla tlapaneco-mangueana y los de habla oto-pame. Entre estos últimos se encuentran los otomíes, asentados en el Eje Neovolcánico mexicano junto con el resto de los pueblos que forman parte de la misma rama otomangueana (mazahuas, matlatzincas, tlahuicas, chichimecas jonaces y pames).Wright Carr, 2005: 26.
right|thumb|250px|Localización de las lenguas otomangues que se hablan en la actualidad
Los otomíes en la actualidad ocupan un territorio fragmentado que se extiende por los estados de México, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Michoacán, Tlaxcala, Puebla y Veracruz. Todos estos estados se encuentran en el corazón de la República Mexicana y concentran la mayor parte de la población del país. De acuerdo con los espacios con mayores concentraciones de población otomí, este pueblo puede agruparse en cuatro vertientes: el Valle del Mezquital, la Sierra Madre Oriental, el Semidesierto queretano y el norte del estado de México.
Aislados de estos grandes grupos que concentran alrededor del 80% del total de miembros de este pueblo indígena se encuentran los otomíes de Zitácuaro (Michoacán), los de Tierra Blanca (Guanajuato) y los que aún quedan en Ixtenco (Tlaxcala). Por el territorio en el que se encuentran, los otomíes viven en una intensa relación con las grandes metrópolis como la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, la ciudad de Puebla, Toluca, el occidente de la ciudad de Pachuca, Santiago de Querétaro y la capital de San Luis Potosí, sitios a donde muchos de ellos han tenido que emigrar en busca de mejores oportunidades de trabajo.
En cada estado la vestimenta femenina y masculina varía según las condiciones climáticas:
La vestimenta tradicional, de las mujeres del grupo otomí en el Estado de México, consiste en un chincuete o enredo de lana o de manta muy amplio y largo, a manera de falda, de color blanco, azul, amarillo, negro, con líneas verdes, anaranjadas y amarillas; y una blusa de manta o de popelina de color blanco, de manga corta, con bordados de flores. Es característico de la indumentaria otomí el uso del quexquémetl, de algodón o lana en varios colores y toda la ropa es adornada con bordados de adornos florales. Otomíes, Gobierno del Estado de México.
La vestimenta femenina en el estado de Tlaxcala, consiste en un chincuete de lana que suele ser de color negro, una blusa bordada con motivos florales y animales sobre el cuello y en los brazos de la blusa. Se usa el ceñidor bordado para sujetar el chincuete, el rebozo y los huaraches.
Historia Los textos historiográficos sobre los pueblos mesoamericanos de la época prehispánica han prestado muy poca atención a la historia de los otomíes. Muchos siglos atrás, en el territorio que ocupaban los otomíes a la llegada de los españoles florecieron grandes ciudades como Cuicuilco, Teotihuacán y Tula. Incluso, en la Triple Alianza que dominaba el llamado Imperio Mexica, Tlacopan heredó los dominios de Azcapotzalco, con mayoría de población ococa
Sin embargo, casi nunca se mencionan los otomíes como protagonistas de la historia mesoamericana prehispánica, quizá porque la complejidad étnica del centro de México en esa época no permite distinguir las contribuciones de los antiguos otomíes de aquellas producidas por sus vecinos.Wright Carr, 2005: 28. Solo hasta años recientes empieza a aparecer algún interés sobre el papel que jugó este pueblo en el desarrollo de las altas culturas del Eje Neovolcánico, desde el Período Preclásico hasta la Conquista.
Los pueblos otomíes en la época prehispánica thumb|300px|Es muy posible que los ancestros de los otomíes hayan ocupado el centro de México desde hace por lo menos 5 milenios, por lo que habrían participado en el florecimiento de las primeras urbes mesoamericanas. En la imagen, figurillas de cerámica relacionadas con el culto a la fertilidad. Procedentes de Tlapacoya (Estado de México). Cultura preclásica del Centro de México.
Hacia el quinto milenio a. C., los pueblos de habla otomangueana formaban una gran unidad. La diversificación de las lenguas y su expansión geográfica a partir del que se ha propuesto como su urheimat,Urheimat es un término alemán que designa el sitio que se considera como el ámbito geográfico de origen de una protolengua. es decir, el Valle de Tehuacán (actualmente en Puebla debió ocurrir después de la domesticación de la trinidad agrícola mesoamericana, compuesta por maíz, frijol y chile.
Esto se establece con base en la gran cantidad de cognados que existen en las lenguas otomangueanas en el repertorio de palabras alusivas a la agricultura. Después del desarrollo de una incipiente agricultura, la legión proto-otomangue dio origen a dos lenguas diferenciadas que constituyen los antecedentes de los actuales grupos oriental y occidental de la familia otomangueana.
Siguiendo con la evidencia lingüística, parece probable que los oto-pames (miembros de la rama occidental) hayan llegado a la Cuenca de México alrededor del cuarto milenio antes de la era cristiana y que, en contra de lo que sostienen algunos autores, no hayan migrado del norte sino del sur.Wright Carr, 1996.
En ese sentido, es plausible que durante mucho tiempo la población del centro de México haya formado parte de la familia de pueblos hablantes de lenguas otomangueanas. A partir del Preclásico (siglo - siglo ), el grupo lingüístico otopameano se comenzó a fragmentar cada vez más, de tal manera que hacia el Período Clásico el otomí y el mazahua ya eran lenguas distintas.
Si las cadenas lingüísticas del grupo otopame se encuentran concentradas y más o menos intactas en el centro de México, es posible que los grupos otomangueanos hayan ocupado sus actuales territorios étnicos desde hace mucho tiempo, lo que llevaría a revaluar su participación en el florecimiento de poblaciones como Cuicuilco, Ticomán, Tlatilco, Tlapacoya y otras durante el Período Preclásico; pero especialmente en el desarrollo de la gran ciudad de Teotihuacán. Aunque son varios los autores que coinciden en que la población del Valle de México durante el florecimiento de Teotihuacán era principalmente otomiana, se resisten a aceptar que también los gobernantes de la metrópoli pudieron formar parte del mismo grupo lingüístico.
La caída de Teotihuacán es un hito que señala el fin del Clásico en Mesoamérica. Los cambios en las redes políticas a nivel mesoamericano, las disputas entre los pequeños estados rivales y los movimientos de población derivados por las prolongadas sequías en el norte de Mesoamérica facilitaron la llegada de nuevos pobladores al centro de México. Por esta época tiene lugar la llegada de grandes grupos de habla náhuatl que comenzaron a desplazar a los otomíes hacia el oriente. Estos llegaron entonces a la Sierra Madre Oriental y a algunas zonas del valle de Puebla-Tlaxcala. En los siglos siguientes, en el territorio otomí se desarrollaron grandes estados encabezados por los pueblos nahuas. Alrededor del siglo , los toltecas convirtieron a Tula (Mähñem'ì en otomí) en una de las principales ciudades de Mesoamérica. Esta ciudad concentró una buena parte de la población del Valle del Mezquital, de filiación otomí; aunque muchos de ellos siguieron habitando al sur y al oriente, en el estado de México y la Sierra Madre Oriental.Moreno Alcántara et al., 2002: 7.