right|thumb|250px|Signum regis de Ramiro I.El signum regis era la firma que identificaba al rey en los documentos y remitía a la Cruz de los ejércitos empleada por las tropas cristianas en la batalla hasta el . Posteriormente, Pedro IV el Ceremonioso lo identificó en el como la Cruz de Íñigo Arista y le atribuyó el carácter heráldico de antiguas armas de Aragón. thumb|250px|Miniatura de la primera mitad del que representa, barbado, a Ramiro I de Aragón e imberbe a su hijo Sancho Ramírez, fundadores de la Casa Real de Aragón.

El castillo de Montearagón está ubicado en la población de Quicena, en la cima de un monte redondo y elevado llamado monte Aragón que dio nombre al castillo-abadía. Fue concebido como un conjunto arquitectónico fortificado, compuesto de castillo con viviendas militares intramuros y además albergó en su interior una rica iglesia y monasterio real. Fue fundado y construido por Sancho Ramírez de Aragón en estilo románico, su residencia y lugar de cortes hasta su muerte, acaecida en la toma de Huesca. La abadía canónica bajo el nombre de abadía de Jesús de Nazaret de Montearagón estuvo siempre bajo la regla de san Agustín y con el patronazgo real fue uno de los monasterios más notables de la Edad Media. En el ciento cuatro iglesias y villas estaban bajo su jurisdicción y sus monjes tenían escaño en las cortes del reino de Aragón.

La función militar del castillo concluyó entre la toma de Huesca y el fin de las guerras hispano-árabes en la península pero la del abadiato continuó por cerca de 750 años.

Tras las campañas iniciales de su padre Ramiro I de Aragón, desde el Condado de Aragón y Reino de Pamplona sobre la Taifa de Zaragoza, este castillo-monasterio formará parte constituyente de los orígenes de la Casa Real de Aragón. También por designios del monarca, en sus aledaños se construyó la villa de Montearagón que en su primer uso y función alojaba los ejércitos del rey, situaba así Sancho I todo este baluarte cristiano cerca de Huesca, ahora yace en ruinas. Fue declarado Monumento Nacional en 1931.

Situación actual Se localiza en el municipio de Quicena, en la provincia de Huesca. Fue declarado Monumento Nacional en 1931.

Actualmente aún se observa su silueta visible desde gran parte de la comarca, distinguiéndose en ella la torre albarrana, la torre del homenaje y parte del recinto amurallado. El antaño sobrio pero majestuoso castillo continúa siendo un mirador privilegiado de toda la Hoya de Huesca, de la sierra de Guara y del imponente Salto de Roldán, todo esto enmarcado por el telón de fondo de los Pirineos.

Actualmente, la Administración Central y la Asociación de Amigos del Castillo de Montearagón buscan una utilidad para los restos de la fortaleza, indispensable para que la rehabilitación del monumento que se está llevando a cabo sea efectiva.

Enterramientos reales En este castillo monacal fueron enterrados varios reyes aragoneses, como el fundador del castillo Sancho Ramírez de Aragón muerto por una saeta a 4 de junio de 1094 durante el sitio de Huesca. En 1095 fue trasladado a San Juan de la Peña.

La Iglesia de San Pedro el Viejo (Huesca) alberga desde hace siglo y medio el sepulcro de Alfonso I de Aragón el Batallador, rey de Aragón y de Navarra, muerto en septiembre de 1134 durante la batalla de Fraga, quien fue enterrado inicialmente el mismo año en el monasterio de Jesús Nazareno de Montearagón. Los restos del Batallador no fueron conducidos hasta el panteón real del Monasterio de San Juan de la Peña donde reposaban los restos de su hermano Pedro I de Aragón, su padre Sancho Ramírez de Aragón y su abuelo Ramiro I de Aragón, el fundador de la dinastía, hijo natural del rey navarro Sancho III el Mayor. A resultas de las leyes desamortizadoras de los regímenes del y el subsiguiente abandono de Montearagón, los restos del rey fueron trasladados a Huesca en 1843.

El tercer sepulcro real fue del infante Fernando, hijo del rey Alfonso II de Aragón y de Sancha de Castilla que había sido abad de Montearagón y falleció hacia 1250. Junto a este, el de una infanta de pocos años.

Historia thumb|250px|Monasterio de San Pedro de Siresa, Sancho I Ramírez asentó en el monasterio la Orden de Canónigos Regulares de San Agustín.

Los monasterios de Aragón El Monasterio de San Pedro de Siresa, es el monasterio más antiguo y más norteño del condado de Aragón, pudiendo fecharse su construcción hacia el año 836, siendo fundado por el conde carolingio Galindo Aznar bajo la regla de San Crodegando, cuya celebridad hizo que su reforma se extendiera rápidamente a otras diócesis, hasta llegar a oídos de Carlomagno y de su hijo Ludovico Pío.

El emperador Carlomagno determinó que todos los clérigos fueran "canónigos" o "regulares" y la “disciplina regular” sería un reflejo de la restauración monástica emprendida por el consejero de Ludovico Pío, San Benito de Aniano.

En el , el rey de Aragón y de Navarra Sancho Ramírez de Aragón asentó en el monasterio la Orden de Canónigos Regulares de San Agustín, llegando a tener unos cien monjes.

Sancho I Ramírez, Pedro I de Aragón y la Conquista de Huesca Según consta en el Concilio de Jaca y otros documentos de la época, Ramiro I de Aragón había obtenido victorias y hecho vasallos y tributarios a algunos reyes musulmanes de Huesca, Zaragoza, Lérida y Tudela. Previamente al proyecto del Castillo Abadía de Montearagón, su hijo, Sancho Ramírez de Aragón había reconstruido los castillos de Marcuello, Loharre y Alquézar en el territorio de Huesca. Desde estos baluartes Sancho I inició una nueva ofensiva a los musulmanes de la Taifa de Zaragoza para cercar y tomar la ciudad fortificada de Huesca y expandir su reino. Con el bagaje dinástico, un nuevo emplazamiento fue estratégicamente seleccionado por el rey para preparase en la reconquista de «Oscha» una ciudad que contaba con noventa torres musulmanas llamada «Wasqa».

thumb|350px|El reino de Pamplona a la muerte de Sancho III el Mayor (1035)

Construcción y dotaciones del Castillo Abadía Real En el mes de mayo de 1085 estaba el rey Sancho acampado en este monte según se desprende de un documento del archivo de Roda y días antes del mes de mayo de 1086 ya había comenzado a construirse en su interior la iglesia de Jesús Nazareno e intramuros casas habitación para la primera guarnición de soldados junto con alguno de los tenentes más importantes de la corte real como Ortí Ortiz o Galindo Dat.

En el mismo mes y año del inicio de las obras y como primera donación que hicieran a esta iglesia el rey Sancho y su hijo el príncipe Pedro le dieron el lugar de Quicena, situado al pie del monte, excepto dos heredades prometidas, una a Sancha de Aragón, su hija y prepósito del Monasterio de San Pedro de Siresa, y a Fortunio Ariol dio la villa de Quicena, asignando también las décimas y primicias de la nueva villa que se fundase en este monte. La construcción de la iglesia Abadía finalizó a principios de 1089 y este año, trasladó al abad o prepósito y canónigos regulares de san Agustín desde las iglesias de san Salvador y de san Pedro de Loarre, ganando ese mismo año la villa y Castillo de Monzón.

Finalizado, donó y anexó a la abadía todas las capillas reales que había en Aragón y Navarra con sus derechos y pertenencias, lo que supone una idea regia de establecimiento de residencia en Montearagón y Urbano II mediante una bula confirma al abad, a los regulares y las donaciones anteriores y futuras hechas por el rey, se pone a la abadía bajo la jurisdicción directa de roma, excluyéndose la elección de abad que se haría mediante el voto de la congregación y sanción real, aunque la consagración realmente se realizó el 15 de mayo de 1090 según un documento de Sancho Ramírez para San Juan de la Peña.

La abadía contaba con una población a sus pies, la villa de Montearagón que fue fundada por el propio rey para alojar sus tropas y existió como villa del castillo hasta parte del , llegando a incluir una judería y siendo poblada por los soldados del rey, quien les concedió los términos de Miquera, Cellas, Alborge y Piazols, pertenecientes a la ciudad de Huesca, y que en 1102 fueron restituidos por el rey Pedro I de Aragón ante una Concordia entre el obispo de Huesca y el segundo Abad de Montearagón, Eximino.

El privilegio magno de Montearagón A los cuatro años de estar finalizadas las obras dice el rey en 1093, «sub die idibus junii in anno quo bedificatus et factus fuit Montearagon castello» Sancho I y de consuno con su heredero Pedro I concedieron a la abadía el «privilegio magno», estando firmado además de por Sancho Ramírez y Pedro I, por los respectivos obispos de Pamplona y Aragón.

En él se ratifican las iglesias que entonces había y se anexaron las nuevas que se edificasen en sesenta y un pueblos que se relacionan en el documento, treinta y ocho en Aragón y veintitrés en Navarra, con todas sus décimas, primicias, posesiones, beneficios, capellanías, decanias, derechos y pertenencias, concediendo también a los habitantes de Montearagón el derecho a hacer leña en todos los sotos igual que los merinos y criados del rey.

Además en Aragón les donó las décimas de las labores reales y de cuantas cosas poseyera el rey entre los ríos Gállego y Alcanadre que suponía alrededor de 180 lugares entre iglesias de «villas» y «lugares de una sola casa con monte propio, llamados castillo» y otros cotos redondos llamados pardinas y concedió que los ganados y bestias del monasterio pudieran pacer en todos los montes del rey.

En Navarra le dio la villa y castillo de Arrada, con todos sus términos, décima y primicias, la décima de los derechos reales sobre las salinas de Grenez y Brece y cedió la décima de tributos que recibía de los judíos de Estella y Lizarrarela y demás posesiones en treinta y cinco lugares que nombra en todo el territorio desde Funes a Ponicastro, de Ponicastro al puente de san Martín y de este hasta Arguedas y Tudela, poblaciones que planeaba ganar con la expresión «quas in próximo annuente Deo babebimus».

En dos privilegios de los mismos reyes se citan en el «libro verde» como anexadas a Montearagén las iglesias de Santiago y santa María de Funes, junto a muchas otras del reino de Navarra.

Tras la conquista de Huesca, conflictos con el obispado oscense En una de las tres copias del «privilegio magno» se habían añadido, ante-conquista, varias promesas adicionales de donaciones futuras como la mezquita mayor de Huesca, «Preterea damus mezquitam majorem de Oscha cum omni bus que nunc possidet, vel in futurum adquisitura est». También estaba en compromiso la capellanía de la Azuda en caso de ganarse la ciudad, aunque primeramente había sido adjudicada al monasterio de San Ponce de Tomeras.