thumb|250px|Localización de la ciudad de Valladolid en España. La guerra civil española (1936-1939) tuvo un desarrollo desigual en las provincias de la actual comunidad autónoma de Castilla y León. En Valladolid, la guardia de asalto se sublevó a las 5 de la tarde del 18 de julioJóvenes, religiosos y rebeldes, El Norte de Castilla (25/07/2016) y los militares sublevados en la noche del 18 al 19 de julio de 1936 se hicieron con el control de las fuerzas militares tras detener violentamente a su legítimo jefe, el general Molero.

Valladolid se convirtió en la primera gran ciudad peninsular en la que triunfó la sublevación.Las 48 horas que condenaron a España a la Guerra Civil, El Mundo (17/07/2016) Con el importante apoyo de los falangistas y de los monárquicos alfonsinos, controlaron en poco tiempo toda la provincia, procediendo a organizar una columna que marchó sobre Madrid a través de los puertos de Guadarrama (Alto del León) y de Navacerrada dando lugar a la primera batalla de la guerra: la batalla de Guadarrama. La provincia quedó desde el principio de la contienda en el interior de la zona sublevada, no siendo en ningún momento de la guerra parte del frente. La provincia sufrió una fuerte represión franquista, estimándose en más de 2500 personas asesinadas (la mayoría enterradas en fosas comunes) y más de 7000 represaliadas."El franquismo represalió a 7.000 republicanos sólo en Valladolid" Público, 8-2-2015

Fuerzas militares

miniatura|izq|250px|El Palacio Real de Valladolid acogía desde el la Capitanía General de la VII Región Militar.

Valladolid era la sede de la 7.ª División orgánica, uno de los puntos fuertes con los que contaba el general Emilio Mola en sus planes golpistas. La división estaba mandada por el general Nicolás Molero Lobo, que había sido ministro de la Guerra en 1935 con Portela Valladares, y tenía sus fuerzas acantonadas en Valladolid, Segovia, Ávila, Medina del Campo, Salamanca, Zamora, Plasencia y Cáceres. Las unidades más importantes de guarnición en Valladolid eran los regimientos de infantería San Quintín núm. 25, de Caballería Farnesio núm. 10 y de Artillería Ligera núm. 14.

miniatura|derecha|250px|La Casa consistorial en la Plaza Mayor a principios del .

En el contexto político, Valladolid era una provincia con tradicional carácter conservador. En las elecciones de 1936, en las que estaban en juego 6 diputados, dieron como resultado la designación de 4 diputados de la derecha (3 de la CEDA y otro de Renovación Española), frente a 2 del Frente Popular (uno socialista y otro de Izquierda Republicana).En las elecciones de 1933 dieron como resultado la designación de 4 diputados de la derecha (2 de la CEDA y otros 2 de PAE), frente a 2 socialistas También es de los pocos lugares dónde Falange Española tenía cierta relevancia.gracias a la unión en 1934 con las JONS de Onésimo Redondo, en un acto realizado precisamente en la ciudad de Valladolid, en el Teatro Calderón. En las elecciones de 1936 obtuvo más de 4000 votos, que representaban más o menos el 4 % de los votos, la cifra relativa más alta de toda España.En valor absoluto le superaban Madrid (casi 5000 votos) y Cádiz (6965 votos).

Anteriormente la Revolución de octubre de 1934 provocó disturbios y algunos enfrentamientos con la Guardia Civil en las localidades vallisoletanas de Medina del Campo, Medina de Rioseco y Tudela de Duero que fueron sofocados rápidamente.El impacto de la revolución de octubre de 1934, El Norte de Castilla (14/04/2011)David Ruiz (1988), p. 53 Insurrección defensiva y revolución obrera. El octubre español de 1934. Barcelona: Labor. ISBN 84-335-9406-0.

miniatura|izquierda|250px|La Academia de Caballería en la década de 1930.

El general Mola había designado como jefe de la junta militar clandestina, que comenzó a funcionar en marzo de 1936, al coronel Ricardo Serrador Santés, pero sus actividades levantaron sospechas y en abril fue sancionado por el Gobierno con un mes de arresto en Cartagena y posterior residencia obligatoria en Madrid. Le sustituyó en la junta clandestina el comandante de artillería Gabriel Moyano Balbuena.

Los golpistas se organizaron en todas las unidades de la división, en Valladolid y en las restantes plazas, así como entre la Guardia Civil y el Cuerpo de Seguridad y Asalto. Precisamente entre los guardias de Asalto era donde el ánimo antigubernamental estaba más exaltado, debido a que muchos de ellos eran falangistas (lo cual en cierta manera era sorprendente porque fue un cuerpo que en general destacó por su obediencia al gobierno).La Guardia de Asalto fue decisiva en muchos sitios (especialmente Madrid o Barcelona) para que fracasase el golpe. Un 70 % se mantuvo leal al Gobierno, sólo se sublevaron los grupos de Oviedo, Valladolid y Zaragoza. Por su parte, destacadas mujeres camisas viejas de Falange como Carmen García del Salto o Marjorie Munden (esta última con pasaporte británico) fueron empleadas para suministrar pistolas y armas largas a las milicias golpistas en Valladolid antes de la sublevación.

La sublevación militar

thumb|300px|Por su participación tanto en la sublevación como durante la guerra, Francisco Franco concede tanto al escudo como a la bandera de Valladolid la Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración militar española.Boletín Oficial del Estado, 18/7/1939. Para dirigir el alzamiento en Valladolid, Mola contaba con el general de división Andrés Saliquet Zumeta, que se encontraba en Madrid en situación de disponible forzoso. Antes de tomar esta decisión, Mola había rechazado el ofrecimiento de Queipo de Llano que quería sublevarse en Valladolid, su tierra (había nacido en Tordesillas). En vez de eso Mola le destina finalmente a Sevilla (Andalucía), un objetivo mucho más difícil de sublevar. Por tanto, Mola le había encomendado a Saliquet que estuviera en Valladolid el 17 de julio (1936), pero Saliquet se presentó dos días antes, acompañado del general Miguel Ponte y Manso de Zúñiga, retirado del servicio activo desde la reforma de Manuel Azaña en 1931, y de otros militares más. Para evitar que se detectara su presencia, todos ellos se alojaron, de paisano, en la finca “Monte Mucientes”, cercana a la ciudad, en el monte de Torozos, en el que se habían concentrado cientos de falangistas en espera de órdenes para ocupar la ciudad.

El día 17, cuando se tuvo noticia del alzamiento de tropas en el Melilla a través de la estación de radio de la Guardia Civil, el general Molero, que se encontraba convaleciente de una operación, se incorporó a su puesto para comunicar a los regimientos que el Gobierno controlaba totalmente la situación. Sin embargo, el mayor peligro iba a venir, en principio, del Cuerpo de Seguridad y Asalto. El gobernador civil, Luis Lavín Gautier, expulsó del Cuerpo el mismo día 17 a los tenientes y Cuadra (poco antes había expulsado el capitán Ruiz) por su manifiesta desafección, pero los guardias siguieron manteniendo una actitud de resistencia pasiva a las órdenes del gobernador, a pesar de que su comandante, Martínez Gómez, era leal a este. El gobernador ordenó que la guardia de asalto se dirigiera a Madrid, ésta desobedeció la orden y se declaró en rebeldía el día 18 a las 5 de la tarde, empezando a ocupar los edificios del centro de la ciudad.

En la noche del 17 al 18 grupos de jóvenes socialistas y cenetistas recorrieron la ciudad vigilando los cuarteles. El sábado 18 de julio se constituyó un comité permanente en la Casa del Pueblo y se declaró la huelga general. Ese mismo día, por la mañana, el gobernador Luis Lavín tomó una serie de medidas para abortar el golpe militar: por un lado, ordenó el arresto de algunos civiles derechistas muy significados; por otro, ordenó a la Guardia Civil que entregara a las Juventudes Socialistas más de dos mil armas que se custodiaban en el cuartel de Fabio Nelli, orden que no fue cumplida en modo alguno. También les ordenó que batieran el monte de Torozos, donde era vox populi que se habían concentrado numerosos falangistas. Pero los guardias, que eran mayoritariamente partidarios del golpe militar, no encontraron nada extraño.

Por último Lavín, según instrucciones del gobierno, ordenó a los de Asalto que salieran para Madrid, consiguiendo que saliera un grupo por la mañana. Pero por la tarde una improvisada columna de guardias de Asalto se sublevó y ocupó Correos, la Telefónica, Radio Valladolid y la sede de la CNT. Poco después la Guardia Civil se sublevó también, desde el momento en que el segundo jefe de la comandancia, comandante Mariano Salinas Bellver, detuvo al teniente coronel Ruiz Guerra, opuesto al alzamiento.

Mientras tanto, un enlace salió en coche hacia la finca “Monte Mucientes” para avisar a Saliquet y Ponte de que los guardias de Asalto se habían sublevado por su cuenta. Inmediatamente los golpistas se pusieron sus uniformes y partieron hacia Valladolid, llegando al cuartel general de la División hacia las once y media de la noche acompañados del abogado Emeterio Estefanía, dirigente de Renovación Española, y de otros golpistas. El general Molero se encontraba en su despacho con sus ayudantes, los comandantes Ángel Liberal Travieso y Roberto Riobóo Llobera, cuando se le anunció que el general Saliquet quería hablar con él. Tras una breve conversación, en la que Saliquet instó a Molero a que se uniera al alzamiento, replicando éste que sólo obedecía las órdenes del Gobierno, el comandante Riobóo disparó contra los golpistas, alcanzando de muerte a uno de ellos. Los acompañantes de Saliquet dispararon contra Riobóo y Liberal, que resultaron heridos y murieron poco después. El general Molero, también herido, quedó arrestado y Saliquet se hizo con el mando de la División. Por su parte, el general Ponte se dirigió al gobierno civil y se hizo cargo del mismo, proclamando el estado de guerra a las dos de la mañana del día 19.El primer tiroteo, los primeros muertos, El Norte de Castilla (04/07/2011)

El ayuntamiento fue tomado el domingo 19 por la mañana. Aunque parecía defendido por un nutrido grupo, a tenor de los disparos, luego se vio que en realidad los defensores eran media docena de bomberos. Saliquet nombró alcalde al comandante de intendencia Florentino Criado Sáenz, y presidente de la Diputación al general Martín Píriz.

Durante todo el día 18 la Guardia Civil había estado en contacto con los sublevados en Tetuán a través de su estación de radio, que fue utilizada tanto para obtener noticias e instrucciones de los sublevados en el Marruecos español (que a su vez fueron dirigidas a otras comandancias) como para dar información falsa al gobierno, en el sentido de que en Valladolid no pasaba nada. Sin embargo, desde la sublevación de los guardias de Asalto no habían faltado los tiroteos en la ciudad, protagonizados por grupos socialistas y sindicalistas, por un lado, y falangistas por otro. Ya la primera manifestación subversiva de los guardias de Asalto había sido contestada con tiros por militantes socialistas y cenetistas. En algunas zonas de la ciudad abundaron los controles de uno u otro signo, mientras que por la noche proliferaron los pacos. El domingo 19 de julio por la mañana sólo resistían algunos núcleos de ferroviarios y unas quinientas personas —entre ellas muchos niños— que se habían refugiado en la Casa del Pueblo. Ciertamente resulta incomprensible, desde cualquier punto de vista, este encierro masivo en la Casa del Pueblo, sin armas y sin posibilidad ninguna de resistir. Bastó con que los militares hicieran varios disparos de artillería contra la fachada para que los ocupantes salieran y se entregaran. Parece ser que muchos de ellos eran simples viandantes que sólo pretendían refugiarse de los tiroteos.