thumb|x300px|Foliot mostrando la hora con una única aguja
La historia de los relojes (denominada también como historia de la relojería) es la secuencia de eventos que han ocurrido en torno a los descubrimientos científicos de los relojes y autómatas, dispositivos mecánicos capaces de fraccionar, contar y guardar memoria de secuencias en el tiempo. Estos dispositivos han sido creados para proporcionar la hora en situaciones donde los astros no podían verse. Algunos de los dispositivos tienen unos orígenes claros en ciertas técnicas y tecnologías bien datadas, como puede ser el caso de los relojes de arena cuya construcción está ligada al soplado de vidrio. Muchas culturas han mostrado desde la antigüedad interés por medir el tiempo y las fechas del calendario mediante la simple observación de los fenómenos naturales y astronómicos, conocimiento al que debían gran parte de su prosperidad a que eran capaces de predecir con precisión el tiempo de las cosechas y las plantaciones para hacer posible el éxito de sus actividades agrícolas.
La relojería atravesó etapas en las que la regularidad de los astros proporcionaba una medida suficiente del tiempo, pero poco a poco distintos dispositivos mecánicos cada vez más perfeccionados han sido capaces de sustituir esa medida, hasta que los relojes electrónicos y atómicos han alcanzado medidas del tiempo muy precisas empleadas por ejemplo en la localización mediante GPS. Durante estos siglos de evolución no sólo ha crecido la capacidad de los relojes para medir el tiempo con precisión y regularidad, sino que además su coste ha ido bajando hasta llegar a ser muy populares, como en el caso de los relojes de pulsera.
A continuación se describen los medios tecnológicos que se usaron para crear los relojes ideados en distintas épocas.
Periodos
La poca precisión de los primitivos aparatos de relojería hace que pueda dividirse la historia de estos dispositivos en cuatro periodos importantes, marcados todos ellos por el grado de precisión que eran capaces de alcanzar las diversas tecnologías relojeras. Periodo anterior al reloj de péndulo Marcado por dispositivos con desfases de minutos por día, cubre un periodo anterior a 1656 que coincide con la aparición de los primeros relojes de torre (S XII) en las grandes ciudades europeas. En este periodo los relojes de características no-mecánicas son los más precisos, tales como los relojes de sol. Periodo entre el péndulo y la aparición de la compensación de temperatura Los dispositivos alcanzaron precisiones de segundos/día. Este periodo cubre un intervalo que va desde 1656 hasta la primera mitad del S XVIII. Los relojes mecánicos empiezan a dar tiempos de una forma más fiable, aunque las referencias astronómicas son primordiales para ajustar los relojes mecánicos. Es en este periodo cuando se produce la época dorada de la gnomónica (). Periodo de precisión Incorporando mejoras sucesivas en las maquinarias se llega a precisiones de menos de un segundo por día. Este período se desarrolló desde mediados del hasta comienzos del . En algunas ocasiones se logró mantener la precisión independientemente de las condiciones del entorno (evitando el efecto de los cambios de presión o temperatura). El final de este periodo coincide con la aparición en escena de los relojes eléctricos. Periodo de los relojes eléctricos Precisión por debajo de la centésima de segundo/día. El periodo quedó marcado por la aparición en el año 1917 de los osciladores electrónicos que emplean un cristal de cuarzo (dióxido de silicio - SiO2), filed April 10, 1918, granted August 27, 1940 y de los relojes atómicos puestos en servicio en 1949 por el U.S. National Bureau of Standards (NBS).
Sistemas horarios Los métodos de medida del tiempo se fundamentaron desde sus comienzos en el sistema sexagesimal, muy común en el mundo occidental. Estos sistemas horarios se originaron hace cerca de 4000 años en Mesopotamia y Egipto;Barnett, p. 102Knight & Butler, p. 77 y un sistema similar fue desarrollado posteriormente en Mesoamérica.Aveni, p. 136 El primer calendario pudo haber sido creado en el último periodo glacial por una sociedad de cazadores-recolectores en la que se emplearon herramientas tales como 'palos' y 'huesos' para observar el alineamiento de sus sombras, las apariciones de ciertos astros o como sistema de conteo de las fases de la luna o de las estaciones. Se construyen por esta época disposiciones en forma de círculos de piedra, tales como el famoso Stonehenge, que fueron erigidos en diferentes partes del mundo, especialmente en la Europa prehistórica y están considerados como uno de los primeros calendarios empleados para predecir las estaciones y los eventos anuales tales como los equinoccios o los solsticios. Debido a la falta de registros escritos de las sociedades megalíticas, se sabe muy poco acerca de la utilidad de estas construcciones y de las tecnologías empleadas para levantarlas, aunque se han formulado numerosas teorías al respecto.
El uso de los sistemas horarios ha ido parejo a la historia de la relojería. Los primeros sistemas horarios dividían el día (el arco diurno del sol) en 12 horas, lo que hacía que las horas fuesen más largas en verano, y más cortas en invierno, división división del tiempo conocida como sistema horario temporario. Los primeros sistemas de veinticuatro horas al día de igual duración fueron el de horas itálicas (Horae ab Occasu; con el inicio de la cuenta fijado respecto al ocaso) y el de las horas babilónicas (Horae ab Ortu; con el inicio de la cuenta fijado con respecto al mediodía). Las horas canónicas (subdivididas en dos grupos de horas menores y horas mayores) empleadas durante siglos en las comunidades cristianas estaban basadas en un sistema de ocho horas, señaladas mediante campanadas casi siempre a estima.
La proliferación de los relojes mecánicos instalados en las torres de los campanarios significó el paso a un sistema de 24 horas iguales, aunque cada ciudad se regía por su hora local (marcada por su longitud geográfica), de forma que en cada lugar las 12 del mediodía coincidían con el punto más alto del Sol sobre el horizonte. En un principio, el pequeño desfase entre localidades cercanas no tenía mayor importancia, pero cuando el desarrollo del ferrocarril en el permitió recorrer grandes distancias en espacios de tiempo relativamente cortos, la situación cambió por completo, debido a la necesidad de las compañías ferroviarias de establecer horarios unificados para poder planificar con eficacia el movimiento de sus trenes. Durante unas décadas del , hasta que el desarrollo del telégrafo permitió sincronizar la hora entre lugares distantes, fueron los relojes de las estaciones de ferrocarril (sincronizados a su vez con los relojes de los revisores que viajaban en los trenes) los que permitían ajustar aproximadamente la hora de los demás relojes de su entorno. No sería hasta 1884 cuando se estableció el Tiempo Medio de Greenwich, que acabaría convirtiéndose en la referencia para el establecimiento del sistema internacional de husos horarios.
Antecedentes 250px|thumb|Ilustración de la clepsidra de Ctesibio de Alejandría datada en el . Los dispositivos que inicialmente midieron el tiempo estaban directamente ligados a la observación de los movimientos regulares de los astros en el cielo; un ejemplo de ello son los relojes solares. La regularidad mostrada por los astros poco a poco se fue simulando con algunos dispositivos básicos de conteo tales como relojes de arena, clepsidras (relojes de agua), o relojes de fuego. Algunos de ellos se fundamentaban en la observación de fenómenos regulares en la naturaleza, como pueden ser los relojes de marea. Estos dispositivos primitivos eran capaces de medir el transcurso del tiempo con muy poca precisión, y en estas primeras etapas puede que no llegaran a medir más allá de un cuarto de hora.
Los primeros relojes solares en occidente fueron construidos gracias a los conocimientos astronómicos de los egipcios, que les permitieron orientar la pirámide de Keops, c. 2550 a. C., mediante referencias estelares. Mil años después, en la época del faraón Tutmosis III (c. 1500 a. C.), se diseñó un instrumento denominado sechat; un pequeño reloj solar para medir el tiempo mediante la longitud de las sombras que constaba de dos piezas prismáticas, pétreas, de unos tres decímetros de longitud, situadas perpendicularmente, donde una tenía marcadas las horas y otra servía de aguja. Debió ser un instrumento muy popular entre los sacerdotes egipcios debido a que sus dimensiones permitían que fuese un instrumento portátil. Los primeros relojes solares se construían mediante la proyección de la sombras de un ortostilos sobre una superficie reglada.
En el caso de los relojes de arena la gravedad fuerza a deslizar los finos granos de arena procedentes de una ampolleta de vidrio que caían deslizándose por un estrecho orificio a una ampolla inferior. El tiempo se medía en forma de intervalos en los que cesaban de caer los granos de arena debido al vaciado de la ampolleta superior. Este tipo de relojes podía llegar a medir hasta un cuarto de hora. Los relojes de agua (clepsidras) tenían un funcionamiento similar mediante el empleo de líquidos en lugar de arena, y de esta forma el goteo iba marcando el transcurso del tiempo, y en algunos casos, un flotador con un índice de nivel hacía de indicador de la hora. La mejora y estudio detallado de los mecanismos que regulaban estos primeros dispositivos hizo que fuera poco a poco apareciendo un mecanismo rudimentario capaz de oscilar mecánicamente: se trataba de los primeros relojes antes de la introducción del péndulo en el mecanismo.
Es en plena Edad Media cuando el rey Alfonso X el Sabio en el dentro de sus obras astronómicas donde menciona un conjunto de posibilidades de medir el tiempo,"Libros del saber de Astronomía" de Alfonso X el Sabio, compilados en 1267-1277. En una recopilación sobre los libros sobre relojes habla de los relojes de sol y de las clepsidras, así como de relojes elaborados con fuego o mercurio (relogio del argent vivo).Sánchez Pérez, José Augusto. La personalidad científica y los relojes de Alfonso X el Sabio. Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1955. Quitando la existencia del misterioso mecanismo de Anticitera no existen noticias de relojes mecánicos anteriores a esta fecha.
Relojes primitivos thumb|Reloj de agua persa. thumb|Reloj de agua persa de hace 2500 años.
Relojes de sol y astronómicos
Los relojes de sol han acompañado a la humanidad desde los primeros tiempos en los que apareció la curiosidad astronómica de determinar el transcurso del tiempo mediante la simple observación directa o indirecta del movimiento de los astros. En el caso de los relojes de sol la observación y medida de la evolución de la sombra de un stilo sobre una escala indica el paso del tiempo. Es muy posible que los primeros dispositivos solares estuviesen dedicados a proporcionar más una información relativa al calendario, indicando el paso de las estaciones.O. Neugebauer, The Exact Sciences in Antiquity, Dover Publications; 2 edition (June 1, 1969), ISBN 0-486-22332-9 De esta forma se tienen disposiciones de piedras alargadas y ordenadamente dispuestas para producir "alineamientos" específicos, como es el caso de Stonehenge.
Ejemplos Relojes de pie, reloj de misa (horas canónicas) Reloj Solar de Augusto
Relojes de agua y relojes de arena