La intervención o invasión peruana de Bolivia de 1828 fue un conflicto militar ocurrido entre mayo y septiembre de 1828 que enfrentó a la República Peruana y el Gobierno pro-grancolombiano de Bolivia, en el contexto de las tensiones políticas posteriores a la Independencia de Hispanoamérica. El conflicto se originó a raíz de la influencia política y militar que la Gran Colombia ejercía sobre Bolivia a través del mariscal Antonio José de Sucre, presidente de ese país y estrecho aliado de Simón Bolívar. El Gobierno peruano, presidido por José de La Mar, consideró esta situación como una amenaza a la soberanía del Perú y decidió enviar un ejército comandado por Agustín Gamarra para expulsar a las tropas grancolombianas estacionadas en territorio boliviano.
Aprovechando la desintegración del poder bolivariano y la reducción del ejército grancolombiano, La Mar emprendió además una intervención en el sur del Ecuador, lo que provocó el estallido de la Guerra grancolombo-peruana en 1828. La guerra concluyó en un estancamiento y fue interpretado como una derrota para ambos bandos. Las tensiones derivadas de estas campañas debilitaron al gobierno de La Mar y precipitaron su caída, dando inicio a una guerra civil que culminó con el ascenso de Agustín Gamarra a la presidencia.
La intervención culminó con la invasión de Bolivia por el Ejército peruano, que ingresó a dicho país sin mayor resistencia, provocando la sublevación de las fuerzas bolivianas y grancolombianas, lo cual causaría la renuncia del mariscal Sucre a la presidencia de Bolivia y el retiro definitivo de las tropas grancolombianas acantonadas ahí. Como resultado del conflicto, se firmó el Tratado de Piquiza y se estableció un nuevo gobierno boliviano encabezado por el general José Miguel de Velasco, que puso fin a la influencia grancolombiana ese país. Este episodio marcó la primera acción militar del Perú fuera de toda injerencia extranjera, y consolidó a Bolivia como un Estado plenamente independiente de la tutela política grancolombiana.
Antecedentes Independencia de Perú La aristocracia peruanaBasadre, 2002: 55. Descrita como un grupo de descendientes de conquistadores y colonos, empleados del virreinato que eran hijos de familias solariegas y comerciantes exitosos que abandonaron su profesión y compraron sus títulos (tras ser inspeccionados sus árboles genealógicos), cuyas vinculaciones territoriales y mayorazgos contribuyeron a crear una propiedad de carácter feudal. Despreciaban el trabajo industrial y dejaban sus grandes haciendas a cargo de mayordomos mestizos que visitaban para descansar o inspeccionar. Vivían relajados en sus grandes casas de Lima, Trujillo, Huánuco o Arequipa, dedicados a la vida de salón sin participar de la política. no tenía nada de guerrera, terrateniente ni gobernante, era leal a la Corona porque le reconocía sus privilegios y por sentirse heredera de la metrópolis. También temía una guerra racial como en 1780. Los nobles rápidamente apoyaron al virrey cuando las rebeliones de Huánuco y Cuzco, iniciadas por criollos, quedaron bajo la dirección de indígenas posteriormente, en la República se vivieron levantamientos populares a gran escala en 1834, 1854-1855, 1865 y 1894-1895).
Por eso las alternativas políticas vinieron de regiones relativamente marginales para Madrid, como Buenos Aires o Caracas. Solamente la llegada de las expediciones libertadoras externas pudo crear proyectos serios de independencia. La declaración de la misma fue producto de un acuerdo entre los patriotas invasores y los realistas peruanos. Así nació la «larga letanía de la Independencia “concedida”» peruana (1821-1826), que por su propia dinámica, hizo que extranjeros ajenos a la realidad del país dirigieran el movimiento, y por ello fracasaran en la formación de un «Estado revolucionario», lo que retraso por años la posibilidad de los peruanos de organizar su propio proyecto institucional. En verdad, desde el desembarco de Paracas a la batalla de Ayacucho se vivió una guerra civil entre una minoría de patriotas apoyados por tropas extranjeras y una mayoría realista.
El 20 de septiembre de 1822, tras reunirse en Guayaquil con Simón Bolívar, Libertador y presidente de la Gran Colombia, el Protector del Perú, José de San Martín, renunció a su cargo y le sucede una Suprema Junta Gubernativa. Esta se vio pronto deslegitimada por sus derrotas en Moquegua y Torata. El Congreso Constituyente convocado estaba compuesto de representantes electos de forma poco democrática y con poca legitimidad (la mayoría de la población aún seguía bajo control realista). Todo esto llevó al golpe de Santa Cruz (27 de enero de 1823) que hizo proclamar presidente a José de la Riva-Agüero.
El Perú republicano, aún en guerra con los realistas que resistían en Cuzco bajo las órdenes del virrey José de la Serna, se sumergía en un período caótico en que ni siquiera los refuerzos del general de división, Antonio José de Sucre, pudieron impedir los reveses militares. Estaban enfrentadas las varias corrientes independentistas: el cada vez más débil monarquismo sanmartiniano, el republicanismo plebeyo, liberal y parlamentario (José Faustino Sánchez Carrión, Francisco Javier Mariátegui y Tellería y Francisco Xavier de Luna Pizarro), el republicanismo nacionalista y militarista acaudillado por Riva Agüero y el proyecto confederacional bolivariano. De estos, el con más sustento era Luna Pizarro, quien quería un Perú democrático, progresista y libre de españoles, colombianos y argentinos. Se opuso al monarquismo sanmartiniano, al militarismo caudillista y a los proyectos bolivarianos.
Finalmente, el Congreso pidió la intervención personal de Bolívar en el país el 19 de junio. Anteriormente, se firma el Convenio de Auxilios del 18 de marzo entre Juan Paz del Castillo y Mariano Portocarrero estableciendo que Colombia ayudara a Perú con 6.000 soldados y estarán al mando de Sucre hasta la llegada de Bolívar. Once días después un nuevo tratado firmado en Lima por Rafael Urdaneta y Ramón Herrera estipula que las bajas colombianas serán reemplazadas con soldados colombianos que ya estaban en el país o con prisioneros españoles. Al final, durante la campaña servirían 13000 colombianos en Perú (3.000 llegados con Sucre) de los que 8.000 regresaron a su país.
El 23 de junio el Congreso depone y proscribe a Riva Agüero, que huye a Trujillo con sus partidarios, dejando el poder a Sucre y el nuevo presidente, José Bernardo de Tagle. Se inicia un conflicto entre el «presidente de Lima» (Torre Tagle) y el «presidente de Trujillo» (Riva Agüero), tras fallar los intentos de acuerdo de sus representantes, general Juan Salazar y el coronel Juan Manuel Iturregui respectivamente.
El Libertador zarpó de Guayaquil el 6 de agosto. El 1 de septiembre de 1823, en el bergantín Chimborazo y entre vítores de los limeños desembarcó en Callao. Riva Agüero de mala gana aceptó la autoridad del Libertador pero rápidamente empezó a negociar con los realistas. El conflicto finalmente acabó cuando Riva Agüero fue apresado en Trujillo por el regimiento de coraceros del coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente el 25 de noviembre. Fue desterrado a Germania, donde se casó en julio de 1826 con la princesa Carolina de Looz Coorswarem, hizo una activa campaña de prensa negativa contra Bolívar y se dice que planeo hacer expediciones para coronar en América al infante Francisco de Padua o algún príncipe alemán.
Con los refuerzos colombianos empezó la ofensiva. El 9 de diciembre de 1824 se libró la batalla decisiva en Ayacucho, rindiéndose ese mismo día las fuerzas virreinales.
Régimen de Bolívar en Perú El régimen bolivariano rápidamente se ganó la animadversión de los peruanos: creó una Corte Suprema que encarceló o desterró a varios opositores políticos, y fusilar a militares o guerrilleros patriotas que discreparon públicamente. Su represión a toda oposición civil y a la aristocracia hizo que muchos (como Tagle) se pasaran al bando realista. Esta política venía de antes.Durante el Protectorado de San Martín (1821-1822) los cuerpos cívicos, una milicia civil al mando del ministro Bernardo de Monteagudo, actúo con violencia contra toda manifestación monárquica, persiguiendo a los españoles y realistas criollos en las ciudades en nombre de los que consideraban oprimidos y explotados durante el régimen colonial. Se impidió el ejercicio de la libertad de prensa y se retiró a los cabildos el derecho de elegir sus autoridades municipales (26 de mayo de 1826).
Mientras hace reclutar a gran parte de los monárquicos rendidos en Ayacucho, Bolívar desmoviliza a la mayoría de las unidades peruanas (unos cinco mil que reemplazaron las bajas grancolombianas) y después de la capitulación del Callao, presenta el 10 de febrero de 1826 la exigencia de enviar a 6.000 reclutas peruanos a servir a Venezuela, enviándose los primeros contingentes en julio, probablemente no más de 3.000, oficialmente para reforzar las defensas ante una posible invasión francesa (Cien Mil Hijos de San Luis) pero en realidad era para enfrentar al general Páez, quien había iniciado La Cosiata, movimiento separatista en Venezuela. Las tropas allí enviadas, por la lejanía y desconocimiento del idioma (la mayoría eran indígenas que apenas sabían español) dificultaban la deserción o el amotinamiento, muriendo muchos de los enviados por el clima y enfermedades tropicales. Se sabe que algunos sobrevivientes fueron repatriados de Nueva Granada y Venezuela en 1852 y 1857 respectivamente. Acabada la guerra con España, los grancolombianos lentamente abandonaron Perú, debilitando la posición del Libertador. A mediados de 1826 2.400 hombres de la división de José María Córdova y 1.200 de la de Bartolomé Salom abandonaron Perú.
Otra medida que lo hizo detestado por los indígenas fueron las tasaciones hechas en pleno caos bélico, sin control y muchas veces por funcionarios miembros de la aristocracia criolla o comprados por ella, que permitieron la división individual de sus tierras comunales y su compra por los hacendados. Restableció la esclavitud de los negros y pardos en las plantaciones de caña de azúcar en la costa (abolición hecha por San Martín para ganarse el apoyo de estos) y los tributos, mitas y pongüeajes indígenas para ayudar a las finanzas peruanas.
Un factor más del rechazo a Bolívar era la anexión colombiana de Guayaquil, ciudad vinculada comercial y culturalmente a Perú.Favaloro, René G. (1991). La memoria de Guayaquil. Buenos Aires: Torres Agüero Editor, pp. 17. ISBN 9789505492121. Según la Orden Real del 7 de junio de 1803 Guayaquil pasa a depender del Perú, pero el reclamo de la Audiencia de Quito llevó a sentenciar en 1807 que era sólo militarmente, no política ni económica. Pero aún había fuertes vínculos familiares, económicos y culturales entre las élites de Lima y del puerto, que era complemento y suministrador de maderas del Callao. En 1809-1810 el virreinato peruano se hace cargo de la ciudad como consecuencia de las juntas quiteñas. En 1815, con la reconquista de Nueva Granada, los porteños solicitan volver a la autoridad de Bogotá, lo que es aceptado el 6 de abril de 1820 por el rey. Esa fue la justificación de los colombianos. Los peruanos deseaban recuperar una ciudad que consideraban suya. Además, durante surge el conflicto limítrofe por Maynas y Jaén.
Constitución Vitalicia En julio de 1826 el Libertador convoca Congresos Electorales para aprobar la Constitución Vitalicia, pero el 30 de noviembre y sin elección previa de diputados ni permiso de la Corte Suprema se la promulgó.