Amalarico de Nesle fue un prelado de la Picardía originario de Nesle. Fue prior del Santo Sepulcro y después Patriarca de Jerusalén desde 1158 hasta 1180. Murió el 6 de octubre de 1180 en Palestina.

Patriarcado Controversias papales y reales En 1159, dos candidatos rivales fueron elegidos para ocupar el papado: Alejandro III y Víctor IV. El rey Balduino III, los principales barones, el patriarca y los obispos celebraron un concilio en Nazaret para deliberar sobre la cuestión. Los obispos no lograron ponerse de acuerdo acerca de cuál de los dos debía ser reconocido como papa. Balduino, deseoso de evitar un cisma en su reino, persuadió al concilio para que mantuviera una posición neutral. Hamilton considera que el predecesor de Amalrico, Fulquerio, nunca habría permitido que el rey tomara una decisión semejante en su lugar, y concluye que Amalrico «no parece haber tenido una personalidad muy enérgica». Más tarde, ese mismo año, el clero acordó reconocer a Alejandro como papa. miniaturadeimagen|Representación de finales del siglo XIII de la anulación del matrimonio del rey Amalrico. El rey Balduino III murió sin descendencia el 10 de febrero de 1163. La Alta Corte, con el patriarca Amalrico como portavoz, se negó a reconocer como rey al hermano de Balduino, Amalrico, a menos que repudiara a su esposa, Inés de Courtenay. El hermano de Balduino se había casado con Inés en 1157, pese a la oposición del patriarca Fulquerio, quien había declarado que, al ser primos terceros, estaban unidos por un grado de parentesco demasiado cercano según el derecho canónico. La exigencia fue aceptada. El patriarca Amalrico anuló rápidamente el matrimonio por razones de consanguinidad y coronó a su homónimo el 18 de febrero. Hamilton sostiene que la razón oficial de la anulación «encubría una animadversión más profunda» de los señores hacia Inés. También argumenta que el nuevo rey debió de considerar al patriarca, al menos en parte, responsable de aquella humillante condición, ya que, incluso si actuaba como simple portavoz de los barones, el patriarca tenía la última palabra en la materia conforme al derecho canónico. El 29 de agosto de 1167, el patriarca celebró en la catedral de la Santa Cruz de Tiro el matrimonio del rey con María Comnena, sobrina nieta del emperador bizantino Manuel I Comneno.

Política eclesiástica El patriarca Amalrico no sufrió represalias por parte de su homónimo, el rey, pero fue en gran medida ignorado durante la mayor parte de su pontificado. La única monarca que lo invitó a actuar como testigo en una carta real fue la reina Melisenda, quien lo había nombrado. Amalrico dedicó buena parte de su mandato patriarcal a la transmisión de propiedades eclesiásticas y a la resolución de litigios relacionados con ellas. Aunque el clero de los Estados cruzados participaba con frecuencia en acciones militares, Amalrico nunca lo hizo durante sus veintitrés años de pontificado. Hamilton concluye que el patriarca no estaba interesado en los asuntos militares: pese a que el reino estuvo casi constantemente en guerra mientras él fue patriarca, Amalrico nunca acompañó al ejército real como portador de la Vera Cruz. Después de la derrota cristiana en la batalla de Harim de 1164, Amalrico escribió una encíclica en la que ofrecía indulgencias a quienes acudieran en auxilio de los católicos de Levante; esta fue su única contribución a la vida política del reino.

En 1169, el patriarca Amalrico se ofreció a viajar personalmente a Europa para ayudar a reclutar socorro. Él, el arzobispo Ernesio de Cesarea y el obispo Guillermo de Acre llevaban cartas dirigidas al emperador Federico Barbarroja, a los reyes Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra, a la reina Margarita de Sicilia, y a los condes Felipe I de Flandes, Teobaldo V de Blois y Enrique I de Champaña. Sin embargo, dos días después de que los prelados zarparan, sus naves fueron sorprendidas por una violenta tormenta que las obligó a regresar a Acre. Aunque Amalrico salió ileso, fue reemplazado al frente de la embajada por Federico de la Roche, entonces arzobispo de Tiro. miniaturadeimagen|Sello de plomo del patriarca Amalrico. El rey y el patriarca colaboraron cordialmente en la organización eclesiástica del reino, estableciendo los nuevos obispados de Petra y Hebrón en 1168. También propusieron la restauración de un obispo en la antigua sede ortodoxa de Jaffa, controlada por los canónigos del Santo Sepulcro. Los canónigos protestaron ante el papado, alegando que la restauración de un obispo en Jaffa les causaría dificultades económicas. El papa Alejandro confirmó el derecho del patriarca a restaurar la sede, pero impuso como condición que los canónigos fueran compensados. El proyecto fue entonces abandonado.

Hamilton considera que, pese a su cooperación, el establecimiento de los nuevos obispados no fue del agrado del patriarca, pues implicaba la transferencia de rentas desde el patriarcado hacia los nuevos obispos. Amalrico obtuvo del papa la confirmación de que las otras antiguas sedes ortodoxas sin obispo —Jericó, Nablus y Darum— permanecerían bajo el control del patriarcado. Amalrico intentó compensar sus pérdidas apropiándose de parte de las rentas del Santo Sepulcro, lo que provocó una reprimenda papal después de que los canónigos presentaran una queja. El abad de Josafat también elevó una protesta después de que el patriarca y los canónigos exigieran alojamiento y manutención durante sus visitas a Josafat, lo que dio lugar a un violento altercado con los monjes de Josafat e incluso a una muerte. Alejandro falló a favor del abad.

Vejez miniaturadeimagen|La muerte del rey Amalrico y la coronación de Balduino IV, según una miniatura del siglo XIII. El rey Amalrico murió en 1174. Aunque dejó un hijo joven, Balduino IV, hubo debate sobre la sucesión, pues el muchacho ya presentaba síntomas de lepra. A diferencia de lo ocurrido en 1163, el patriarca Amalrico no desempeñó ningún papel en la determinación del nuevo rey. Había sido excluido por el rey Amalrico de cualquier función activa en el gobierno, era ya anciano y nunca había tenido el temperamento necesario para intervenir en la política del reino. La Alta Corte acordó que Balduino IV era la mejor opción, y Amalrico lo ungió y coronó en la Iglesia del Santo Sepulcro el 15 de julio. La madre del nuevo rey, Inés de Courtenay, adquirió gran influencia. Según Hamilton, ello debió de perjudicar al patriarca, ya que Inés probablemente le guardaba resentimiento por haber impedido que se convirtiera en reina. Amalrico siguió apartado del favor cortesano, y en las ceremonias públicas su lugar fue ocupado por el obispo Alberto de Belén.

En 1177 llegó a Jerusalén el patriarca ortodoxo griego, Leoncio, como representante del emperador bizantino Manuel I Comneno. Teodosio Goudeles, conocido y biógrafo de Leoncio, escribió que Amalrico intentó asesinarlo, acusación que Hamilton considera improbable. Amalrico, sin embargo, se mostró hostil hacia Leoncio; y aunque el rey Balduino deseaba que el patriarca griego fuese tratado adecuadamente para asegurar la protección bizantina, Amalrico solo accedió a las exigencias reales hasta el punto de permitir que Leoncio celebrara la Divina Liturgia en la Iglesia del Santo Sepulcro, pero únicamente en presencia de los canónigos ortodoxos. Manuel llamó pronto de regreso a Leoncio para evitar un conflicto con Amalrico y con el papa Alejandro.

Durante el reinado de Balduino IV, el gobernante ayubí Saladino unificó los territorios musulmanes de Egipto y Siria, rodeando el Reino de Jerusalén. En 1177 invadió el reino mientras el ejército franco se hallaba en campaña en el norte de Siria. El joven rey, aunque inexperto y gravemente enfermo, salió a enfrentarse a Saladino con los pocos caballeros que permanecían en el reino. El patriarca Amalrico quedó a cargo de Jerusalén, pero la ciudad se encontraba prácticamente desprovista de tropas. Los francos, pese a estar muy superados en número, derrotaron decisivamente a Saladino en la batalla de Montgisard. La hermana del rey enfermo y heredera presunta, Sibila, contrajo inesperadamente matrimonio con Guido de Lusignan, un caballero de Poitou, a comienzos de 1178, y se abrió una peligrosa división entre la nobleza del reino, separada entre quienes apoyaban a Guido y quienes se oponían a él.

El Tercer Concilio de Letrán, el concilio más importante de la Iglesia católica en varias décadas, se celebró en marzo de 1179. Tanto Amalrico como el patriarca latino de Antioquía, Amalarico de Limoges, eran demasiado ancianos para emprender una larga travesía marítima. El prior del Santo Sepulcro, Pedro, representó a Amalrico. Los delegados de los Estados cruzados incluyeron a los arzobispos Guillermo de Tiro y Heraclio de Cesarea; a los obispos de Sebastea, Belén y Trípoli; y al abad del Monte Sion. Su rango era demasiado bajo para que sus voces fueran escuchadas, y los intereses de los Estados cruzados fueron ignorados. Hamilton considera que se podría haber obtenido ayuda occidental si los dos patriarcas hubiesen asistido, ya que habrían tenido precedencia sobre todos los prelados excepto el papa.

Amalrico murió el 6 de octubre de 1180. Diez días después, Inés eligió como sucesor al arzobispo de Cesarea, Heraclio, dejando de lado a Guillermo de Tiro. Heraclio fue acusado de numerosos defectos morales, pero mostró iniciativa política, lo que, según Hamilton, «debió de ser un cambio bien recibido».

Valoración Guillermo de Tiro no sentía simpatía por Amalrico, aunque este lo había consagrado arzobispo. Guillermo describió al patriarca como «razonablemente instruido, pero carente de inteligencia y prácticamente inútil». Hamilton reconoce cierto fundamento en el juicio de Guillermo, al sostener que Amalrico dejó poca huella en la política del reino y careció de las cualidades de liderazgo que Jerusalén necesitaba, especialmente después de que su sociedad se dividiera en facciones tras la muerte del rey Amalrico. No obstante, admite que el hecho de haber quedado fuera del favor cortesano por la anulación del matrimonio del rey Amalrico con Inés no puede atribuirse por completo al patriarca.

Hamilton observa asimismo que Amalrico no realizó actos de piedad que pudieran haberlo convertido en un dirigente religioso reputado; que las únicas limosnas que concedió fueron destinadas a su propio réquiem; y que no instituyó ninguna oración especial por el reino en momentos de peligro, como durante la invasión de Saladino en 1177. Hamilton concluye:

Referencias

Bibliografía

Categoría:Patriarcas latinos de Jerusalén en tiempos de las cruzadas Categoría:Religiosos de Francia del siglo XII Categoría:Nacidos en Somme