Los carpetanos, también denominados carpesios, fueron una de las tribus prerromanas que habitaban la península ibérica. Se incluyen dentro de los pueblos de filiación céltica o indoeuropea que poblaron el centro, norte y oeste peninsulares, ubicándose concretamente en la Meseta Sur, un área con sustrato mayoritariamente indoeuropeo. Su situación cerca de los territorios íberos posibilitó que recibieran influencias culturales de estos, lo que ha llevado a la historiografía a polémicas sobre su adscripción.

Fueron un pueblo relativamente próspero que aprovechó las posibilidades agrícolas de su territorio y las oportunidades de comercio que ofrecía su situación geográfica. Con una estructura política descentralizada, se considera que no existieron grandes diferencias sociales en el seno de su sociedad, ya que no se han encontrado enterramientos suntuosos que lo indicasen ni tampoco son conocidas actuaciones suyas como mercenarios o razias de saqueo sobre sus vecinos, algo de lo que sí fueron protagonistas las capas más desfavorecidas de otras tribus prerromanas.

No dieron grandes líderes como Istolacio, Indíbil o Viriato, ni fueron protagonistas de sucesos como Numancia o Sagunto, por lo que fueron algo olvidados por la historiografía tradicional española.

Sufrieron un gran desgaste en su lucha contra los cartagineses, lo que debilitó posteriormente sus posibilidades de resistencia frente los romanos, contra los que lucharon ayudados —o quizás dirigidos— por sus vecinos vetones y celtíberos. Acabaron por integrarse en el 179 a. C. como aliados en la Hispania romana de una manera pragmática; esto se deduce del hecho de que no se ha encontrado en las fuentes material acerca de rebeliones posteriores en su territorio, antes bien, estas recogieron información sobre las razias de los cercanos lusitanos o los ataques de las tropas de Quinto Sertorio que sufrieron los carpetanos.

Etnogénesis A lo largo del primer milenio a. C. se dio en la península ibérica un complejo proceso de etnogénesis con la formación de los diferentes pueblos prerromanos que, a grandes rasgos, se diferencian en tres grupos:

a) Los turdetanos e íberos, que se extienden por la franja abierta al mar Mediterráneo.

b) Los vascones y otros pueblos afines de filiación no indoeuropea, que ocuparon zonas junto a los Pirineos.

c) Los pueblos indoeuropeos, resultado de una invasión muy antigua —en una época en que los dialectos occidentales no se habían diferenciado todavía— y que acabarían evolucionando con un desarrollo dispar que iría desde los más arcaicos como lusitanos y astures hasta los más desarrollados celtíberos.

300px|miniaturadeimagen|izquierda|Extensión de la cultura Cogotas I durante la Edad del Bronce final. Los elementos culturales y lingüísticos de esta cultura la caracterizaban como “protocelta”.

Los carpetanos formarían parte del grupo indoeuropeo o «protocéltico». Las raíces de la formación de este pueblo se sumergen en la cultura de Cogotas I, que representa la Edad del Bronce final en una extensa área peninsular entre la que se encuentra la zona donde habitaron los carpetanos. Esta cultura de Cogotas I se prolonga hasta finales del y ofrece características que la relacionan con un sistema cultural indoeuropeo arcaico. En el área carpetana se dan asentamientos tanto en cerro como en llano, caracterizados ambos por la falta de arquitectura en duro y asociados a un carácter estacional con alta movilidad de la población.

Sobre este sustrato protocéltico se daría una evolución a partir del siglo en la que se fue generalizando el castro, con poblados de viviendas circulares, cerrados y situados en alto para controlar y defender un pequeño territorio sobre la base de una mayor estabilidad de la población. Esta evolución, debida probablemente a una creciente inestabilidad, generaría también una estructura social basada en una incipiente jerarquización con élites guerreras.

A partir del siglo se desarrolló la cultura celtibérica en las altas tierras del sistema Ibérico y de la Meseta Oriental, caracterizada principalmente por la adopción del hierro para el armamento y por la aparición de una estructura social gentilicia, menos rica, pero semejante a la que aparece en Europa Central, norte de Italia y sur de Francia. El urbanismo evolucionó con la paulatina aparición de grandes castros, algunos de los cuales acabarían convirtiéndose en los grandes oppida que encontraron cartagineses y romanos. En estos nuevos poblados se dio una sustitución de las anteriores viviendas circulares por rectangulares, cuyos muros posteriores forman parte de la muralla defensiva.

Sobre el origen de esta cultura celtibérica existen dos hipótesis: la «invasionista», que la fundamenta en la invasión de grupos humanos de tipo hallstáttico que traerían consigo estos elementos culturales, y otra concepción alternativa «evolucionista» que, aunque no excluye el movimiento de gente, basa la aparición de esta cultura en una evolución y aculturación local con la adopción de los elementos comunes por contactos e intercambios.

Esta cultura celtibérica se extendería paulatinamente desde su zona nuclear hacia occidente por la Meseta hasta llegar al Atlántico, provocando una celtización del substrato protocéltico preexistente —dentro del que se incluirían los carpetanos— que quedaría fragmentado y absorbido por esta nueva cultura plenamente celta, identificada como tal por las fuentes clásicas.

En una última fase, a partir del , los carpetanos recibieron influencias culturales de las zonas pobladas por los íberos situadas al sur de su territorio, adoptando mejoras tecnológicas tales como el torno de alfarero, la molienda de cereales, el horno de tiro variable o la siderurgia; innovaciones que conllevarían una mayor especialización social y acentuarían la jerarquización preexistente.

Expresándolo de una manera resumida y simplificada, los carpetanos serían el resultado de la evolución de un grupo de la población indoeuropea o protocéltica peninsular que alcanzaría un grado intermedio de celtización y que adoptaría elementos culturales de las zonas íberas.

Desde finales de los años 90 parte de la historiografía ha puesto en duda el carácter de grupo étnico de los carpetanos, llegando, en sus postulados más extremos, a afirmar que los carpetanos serían una «construcción artificial creada por Roma durante la conquista de la Península». Sin embargo, parte de los estudios más recientes rechazan estas teorías ya que consideran que las categorías con las que los romanos interpretaban las realidades indígenas tenían ciertas reglas y fundamentos y sucesos como la decisión colectiva de los 3000 guerreros carpetanos del ejército de Aníbal de abandonarle al conocer el objetivo final de la campaña denotan un grupo étnico destacado y de acusada personalidad que se reconocía como tal y tenía una base territorial. Además de esto, según nos han transmitido las fuentes clásicas, la actitud de los carpetanos durante los diferentes sucesos históricos en los que se vieron envueltos o sucedieron junto a ellos —ataque cartaginés, segunda guerra púnica, conquista romana, guerras lusitanas, guerras celtíberas y guerras sertorianas— fue siempre homogénea en todas las poblaciones que se citan de su territorio.

Hábitat humano

Localización y territorio

450px|miniaturadeimagen|Territorio de los carpetanos (en azul) con las poblaciones y principales vías romanas. El área coloreada es la actual Casilla-La Mancha y Comunidad de Madrid. Las poblaciones indicadas son las históricas, es decir, aquellas para las que nos es conocido su nombre por las fuentes clásicas escritas durante el periodo romano y que, por tanto, incluyen poblaciones surgidas tras la conquista como Mantua (la actual Villamanta) cuyo poblamiento se inició en el siglo II d.C.

El territorio de los carpetanos se localizó en la zona central de la península ibérica, principalmente en la planicie atravesada por el curso medio del río Tajo y sus afluentes centrales en un territorio que comprende parte de las actuales provincias españolas de Madrid, Toledo, Guadalajara, Cuenca y en menor medida Ciudad Real. Estrabón y Plinio indicaron que los carpetanos habitaban junto al Tajo limitando al norte con los vacceos, al sur con los oretanos, al oeste con los vetones y al noreste con la tribu celtíbera de los arévacos. El estudio de estas tribus vecinas con sus límites territoriales y características culturales, la localización de las poblaciones citadas por las fuentes clásicas así como la arqueología, han permitido mejorar de manera importante la delimitación del territorio carpetano para el que actualmente se pueden considerar los siguientes límites:

Norte: lo establecería la barrera natural que forman las sierras de Gredos y Guadarrama al otro lado de la cual habitaban los vacceos y arévacos

Este: atravesaría el valle del río Henares entre Alcalá de Henares (Complutum) y Sigüenza (Segontia) probablemente cerca de Hita (la Caesada arévaca) y Trillo (la Thermida carpetana). Este límite continuaría hacia el sur dejando a Alcocer (Ercávica) en territorio celtíbero y a Villas Viejas, pedanía de Huete (Contrebia Carbica) en el carpetano, siguiendo en las inmediaciones del río Záncara hasta que este gira hacia el oeste. Este límite oriental es el más difícil de precisar, por la presencia junto a él de los olcades, uno de los pueblos prerromanos menos conocidos, y por las consecuencias de la expansión de los vecinos celtíberos.

Sur: seguiría cerca del Záncara al sur de Campo de Criptana y Alcázar de San Juan (en cuyas inmediaciones se situarían las carpetanas Alce y Cértima) así como Consuegra (Consabura) hasta llegar a los Montes de Toledo continuando por la vertiente sur de estos dejando en territorio carpetano a Navas de Estena donde se ha atestiguado una gentilidad carpetana hasta llegar a La Nava de Ricomalillo donde se ha documentado la epigrafía de un Toletanus. Este límite meridional ha sido a veces mal trazado por el hecho de que Ptolomeo incluyó a Laminio (la actual Alhambra, situada más al sur) entre las ciudades carpetanas, algo que hoy en día se considera un error de este autor clásico.

Oeste: lo formaría el límite con los vetones, el cual se ha ido perfilando en base sus elementos culturales como los verracos y datos epigráficos de época romana en una línea que, recorriendo de norte a sur desde la zona alta del río Alberche hasta la zona del río Pusa, dejaría a Talavera de la Reina (Caesarobriga) en su territorio y a Toledo (Toletum) en territorio carpetano.

Las fuentes clásicas nos han transmitido el nombre de un buen número de sus poblaciones, principalmente aquellas situadas junto a las vías de comunicación más importantes o que fueron protagonistas de algún suceso bélico. Estas poblaciones son citadas en diferentes contextos: relatos sobre la conquista romana, guerras lusitanas y guerras sertorianas de Tito Livio, Plutarco, Frontino y Orosio; obras geográficas de Ptolomeo y Plinio, y en las descripciones de las vías romanas como el Itinerario de Antonino o el Anónimo de Rávena.

Nombre Fuentes clásicas Nombre Fuentes clásicas Alce Tito Livio, Itinerario de Antonino Ispinum Ptolomeo Alternia Ptolomeo Mantua Ptolomeo Aebura / Libora Tito Livio, Ptolomeo Metercosa Ptolomeo Arriaca Itinerario de Antonino, Anónimo de Ravena Miaccum Itinerario de Antonino Barnacis Ptolomeo Paterniana Ptolomeo Caraca Ptolomeo, Plinio, Plutarco, Anónimo de Rávena Rigusa Ptolomeo Cértima Tito Livio Segóbriga Plinio, Anónimo de Rávena Complutum Ptolomeo, Plinio, Itinerario de Antonino, Anónimo de Rávena Thermida Ptolomeo Consabura Plinio, Frontino, Itinerario de Antonino, Anónimo de Rávena Titulcia Ptolomeo, Itinerario de Antonino, Anónimo de Rávena Contrebia Carbica Tito Livio Toletum Ptolomeo, Plinio, Tito Livio, Itinerario de Antonino, Anónimo de Rávena Egelesta Ptolomeo, Plinio Varada Ptolomeo Ilarcuris Ptolomeo, Plinio Vicus Cuminarius Itinerario de Antonio Ilurbida Ptolomeo, Plinio