La Avellaneda es un pueblo abandonado situado al sureste de la provincia de Cáceres, comunidad autónoma de Extremadura, dentro de la comarca de Los Ibores. Para ser más exactos, La Avellaneda (cuyo nombre completo es La Avellaneda de Ibor, según consta en numerosos documentos que datan del ) se encuentra situada en la ladera oeste de la sierra de la Matanza, próxima al río Ibor, entre los pueblos de Castañar de Ibor y Fresnedoso de Ibor (se encuentra a unos 8,5 km del primero y pertenece a su término municipal, pero está más cerca del último). Se llega a través de una serie de caminos cuya desviación se encuentra entre el pK 41 y el pK 42 de la carretera comarcal EX-118 que une las poblaciones de Guadalupe y Navalmoral de la Mata (viéndose el campanario de la iglesia del pueblo a lo lejos al tomar el desvío). Sus ruinas se encuentran en bastante buen estado, existiendo casas caídas, reformadas o que se mantienen todavía en pie.
Geografía
Clima
El clima en esta zona es eminentemente Mediterráneo de interior , aunque cuenta con influencias continentales (en las temperaturas) y con influencias atlánticas (en las lluvias). Las precipitaciones anuales medias rondan los 900 milímetros y la media de las temperaturas se aproxima a 15,5 °C. El verano es cálido y seco, sin llegar a ser excesivo (los meses más calurosos no alcanzan los 25 °C de media); el invierno es húmedo y frío, pero sin llegar a ser extremo (ya que diciembre y enero tienen una media de 7 °C); y la primavera y el otoño son muy agradables y con lluvias adecuadas.
Suelo
El suelo en esta zona está compuesto mayoritariamente por pizarra, aunque también se puede encontrar caliza. El terreno es muy pedregoso y abrupto (desnivelado). En este terreno se puede encontrar fácilmente agua subterránea.
Hidrografía miniatura|Descripción aguas Fuente del Oro tratado médico año 1825 miniatura|Descripción aguas Fuente del Oro tratado médico año 1842
En lo referente a ríos, podemos decir que el principal que pasa por esta zona es el Ibor (afluente del Tajo por su margen izquierdo). Hablando de este río, podemos mencionar a dos de sus afluentes que también quedan cerca del pueblo de La Avellaneda; dichos afluentes son: el Viejas (afluente del Ibor que transita el valle de su nombre) y el Gualija (que sirve de límite por el sector noreste con los pueblos jareños). El río Ibor también cuenta con varios arroyos como afluentes, pero el que más cerca pasa del pueblo del cual estamos hablando es el arroyo del Horcajo.
Las fuentes en esta zona abundan, siendo buenas y de agua permanente, pero solo hay una bastante próxima al pueblo de La Avellaneda. Dicha fuente es conocida con el nombre de El Chorrito. El agua de esta fuente es clara, limpia, potable, permanente, y está fresca todo el año (incluso en el verano).
Hay una fuente denominada Fuente del Oro, más conocida en la actualidad por Fuente Santa, con propiedades médicinales reconocidas desde, al menos, el donde aparecen en varios tratados médicos de la época. Llegó a construirse una suerte de vestuarios para que la gente de la zona que iba a tomar baños en esta fuente pudiera cambiarse. Hoy en día las visitas a esta fuente no son comunes, estando los vestuarios y la fuente misma algo abandonada.
Flora y fauna
La flora en esta zona está formada por árboles como: olivos, alcornoques, avellanos, algunos robles, quejigos, enebros, olivos silvestres, chumberas, fresnos, sauces, algunos castaños y alisos (estos cuatro últimos se suelen situar próximos al río). Entre los arbustos podemos encontrar: jara, tomillo, romero, madroño, brezo, lentisco, retamas, zarza, cornicabra y cactus.
Dentro de la fauna podemos encontrar animales como: venados, ciervos, corzos, jabalíes, conejos, perdices, algunas clases de serpientes como culebras de agua, alacranes, … También hay algunas especies de aves en esta zona: unas son rapaces, como las águilas imperiales, las águilas culebreras, los buitres y los halcones; pero también hay aves de menor tamaño entre las que se encuentran mirlos, jilgueros, gorriones y pardillos. En la zona del río, se pueden encontrar garzas y patos salvajes.
Historia
De la primera civilización de la que se tiene constancia bastante segura de presencia en la aldea de La Avellaneda es de la civilización romana, aunque los restos son casi inexistentes. Su presencia en este lugar se debería seguramente al posible aprovechamiento agropecuario, así como al minero: mercurio (en este pueblo), grafito (en Fresnedoso de Ibor, cerca de La Avellaneda), estaño (en Valdeazores), hierro (en Castañar de Ibor), pirita y plomo (en San Román), etc. También influiría para el asentamiento en este lugar: la relativa cercanía de Augustóbriga (Talavera la Vieja), que se convirtió en ciudad durante esa época y cuyos habitantes edificaron y explotaron villas en sus alrededores, sobre todo en las tierras más fértiles (San Román y otras); y la construcción del puente del Conde, que data de esa época. Otro factor que se ha de tener en cuenta para entender que seguramente los romanos se asentaron en este lugar es que, al menos en los períodos más pacíficos, existe la posibilidad de que una calzada romana secundaria comunicara Augustóbriga con el sur de Extremadura (Trujillo, Medellín, Mérida, …), a través del valle del Ibor. También es cierto que esta zona era muy peligrosa en aquella época tan conflictiva; lo que se convierte en posiblemente la causa fundamental del asentamiento en La Avellaneda (al convertirse este pueblo en una especie de “refugio” del peligro).
La existencia de La Avellaneda en el sí que es segura, ya que se tiene constancia escrita de esto (el rey Sancho IV el Bravo (hijo de Alfonso X el Sabio) donó la dehesa de Castrejón de Ibor (todo el territorio comprendido entre los ríos Tajo, Ibor y Gualija) a la ciudad de Talavera a finales del , cosa que consta en la cesión de dicha dehesa, llevada a cabo el 15 de mayo de 1293 en Valladolid, en la cual aparece la siguiente frase: “que se encuentra hacia Navalvillar y La Avellaneda”, (lo que comprueba que sí existía ya para esta época)). La Avellaneda y Navalvillar de Ibor fueron los primeros núcleos que se fundaron en el valle del Ibor. En su fundación, ambas eran aldeas.
Ya en el , La Avellaneda fue creciendo a la vez que surgieron nuevas alquerías (conjunto de casas de labranza o granjas lejos de un poblado), como Las Colmenillas y Castañar de Ibor.
Durante el , muchos de los vecinos de La Avellaneda (junto con otros que llegaron en esta época) se trasladaron al actual emplazamiento de Castañar de Ibor (fundándose así este pueblo). Según se ha escrito, este “despoblamiento” fue debido a las termitas, muy abundantes entonces. Es posible que un aumento de éstas precipitara los acontecimientos, pero los motivos más lógicos por los que parece que se produjo esta marcha de La Avellaneda a Castañar de Ibor son los siguientes:
Valle muy pequeño en La Avellaneda, incapaz de albergar un número elevado de habitantes (de recursos insuficientes, pues el resto del terreno es poco productivo). Confluencia del Viejas con el Ibor mucho más próxima a Castañar de Ibor que a La Avellaneda y que cuenta con mejores suelos y posibilidades tales como pesca, vegas, etc.. Presencia de goetita (óxido de hierro cristalizado), que era un mineral de hierro de gran importancia en aquel entonces más cerca de Castañar de Ibor. Vacío poblacional en la zona de Castañar, sin ningún municipio existente (si exceptuamos a Navalvillar de Ibor). Más cercanía desde Castañar de Ibor que desde La Avellaneda a Guadalupe, ciudad que cada vez influía más. Bonanza y salubridad del clima de Castañar, ideales para asentarse. Abundancia de agua en Castañar de Ibor y en sus cercanías en forma de fuentes (como Fuente la Cesta, la Fuente Vieja , El Chorrito, Fuente Santa, Los Apachos, La Junta, …), en forma de ríos (el Ibor, el Viejas y el Gualija) y en forma de arroyos afluentes de los anteriores ríos (como el Castañar, el Fuenteblanca y el Horcajo –afluentes del Ibor-, el Angelinas, el Calabazas, el San Benito, el Aguilón y el Gualijezno –afluentes del Gualija-, etc.). Presencia de arbolado aprovechable en Castañar y sus proximidades (como castaños, olivos, alcornoques, robles, encinas, etc,). Incluso también pudo influir la reconstrucción del (que también pasa muy cerca de Castañar de Ibor), entre los castillejos de Alija y Peñaflor, a cargo de Diego López de Zúñiga (2.º conde de Miranda del Castañar), a finales del , por donde pasaba la Cañada Real, pagando impuestos; desde donde se derivaban varios caminos por La Jara y por Los Ibores (con posibilidades de desviarse hacia Guadalupe y Robledollano, algo que fue muy codiciado por los ganaderos trashumantes). Además, también pudo ayudar a tomar la decisión de marcharse de La Avellaneda a Castañar el hecho de que en el , los arzobispos toledanos limitasen el poder de los ganaderos y facilitasen el cultivo de extensas parcelas para incrementar la producción mediante sus Sentencias Arbitrales. Esto pudo ocurrir en Castañar, ya que era un lugar poblado de castaños, con numerosos olivos (lo que podría ser un mejor medio para sobrevivir para los ganaderos que hubiese en La Avellaneda, ya que trabajar las tierras les era facilitado mientras que vivir del ganado les había sido dificultado por los arzobispos). Por otro lado, el Concejo de Talavera también colaboró en la expansión repobladora, ya que en las repoblaciones señoriales (que era el caso de Castañar) el rey concedía prerrogativas jurisdiccionales al señor (que en este caso era el arzobispo de Toledo o el Concejo de Talavera) y daba otras a las pobladores (no tenían que pagar los impuestos reales, y se convertían en propietarios de los bienes rústicos que les tocaran en suerte o de parte del aprovechamiento de esas propiedades). Esta “oferta” pudo ser muy tentadora y provechosa para los habitantes de La Avellaneda y decidirían aprovecharla. Pese a esto, La Avellaneda no se despobló entonces, sino que siguió contando con un número importante de vecinos hasta finales del (siguió habitada, al menos, hasta 1752). A finales del fue construida la iglesia que se encuentra entre las ruinas de este pueblo y que dependía de las iglesias talaveranas. Dicha iglesia tenía como patrono al Cristo de La Avellaneda (una interesante talla policromada de finales del ), cuya devoción pasó al mismo tiempo a los habitantes de Castañar (no hay que olvidar que buena parte de los habitantes de Castañar procedían de La Avellaneda). La construcción de una iglesia significaba que se trataba de un pueblo con un considerable número de habitantes y con una cierta estabilidad y prosperidad.
A mediados del , la zona de los Ibores se vio afectada por unas pestes que originaron un gran descenso demográfico, que fue agravado por la posterior Guerra de Sucesión. La economía seguía siendo agropecuaria y autoconsumista. En esta época, los pueblos de la Campana de la Mata consiguieron la exención (supresión de cualquier tipo de unión) de la ciudad de Plasencia. Sin embargo, Castañar, La Avellaneda, Navalvillar y los pueblos de La Jara siguieron formando parte del Alfoz (distrito con diferentes pueblos que forman una jurisdicción sola) de la Tierra de Talavera, aunque con gran libertad y autonomía con respecto al señorío del Arzobispado de Toledo.