thumb|right|250px|Asamblea de maestros valencianos realizada en Castellón poco después de que se firmaran las normas. Entre otros aparecen dos de sus principales impulsores Gaietà Huguet y Carles Salvador. Las Normas de Castellón, oficialmente Bases para la unificación de la ortografía valenciana (en valenciano: Normes de Castelló, Bases per a la unificació de l'ortografia valenciana o Normes del 32 ), son unas normas ortográficas que siguen básicamente las normas fabrianas, adaptadas al valenciano. Son las normas que han seguido la inmensa mayoría de los autores y de las publicaciones en valenciano (incluido el Diario Oficial de la Generalidad Valenciana) desde su aprobación en 1932 y la Academia Valenciana de la Lengua, creada en 1998, las utilizó como la principal referencia para establecer la normativa oficial del valenciano actualmente vigente.
A principios del , el valenciano se encontraba en una situación de «anarquía ortográfica» que dificultaba el crecimiento de su prestigio social frente a un castellano hegemónico como lengua de cultura. Esto llevó a que entidades culturales y autores valencianos adoptaran la gramática fabriana propuesta en 1913 y aceptada por el IEC en 1917. Pero no es hasta 1930-1932, cuando se produjo un consenso mayoritario para aceptar estas normas, adaptándolas a las particularidades valencianas. Se acordaron en Castellón de la Plana el 2 de diciembre de 1932, aunque el documento en que pusieron su firma los escritores y representantes de las entidades valencianas lleva la fecha del 21 de diciembre.
El impulso principal para hacer las normas se dio gracias a la intervención de la Sociedad Castellonense de Cultura,Vicent Gorgues (2009); Literatura Valenciana, pág. 38 siendo redactadas por Lluís Revest y Carles Salvador. Las Normas de Castellón fueron recibidas con gran aceptación por parte de los literatos valencianos, fruto del consenso que tejen Gaietà Huguet y Adolf Pizcueta.
En cierta manera, las normas encuentran un compromiso en el sentido de que respetan la esencia y el estilo de las normas fabrianas, pero permiten el uso de la idiosincrasia del valenciano. El valenciano escrito estándar actual sigue estas normas, pero es importante decir que algunas palabras que se consideran no ortográficas hoy en día (p.e. atre por altre) se permitían en las bases originales de Castellón, aunque se trate de casos excepcionales. De manera inversa, algunas palabras aceptadas por la Academia Valenciana de la Lengua actualmente, no están en el espíritu de la norma.
Según el historiador y filólogo Josep Daniel Climent, «la importancia de este acuerdo fue trascendental para la consolidación y dignificación del valenciano durante el , tanto es así que podemos afirmar, sin exagerar, que las Normas de Castellón representan uno de los acontecimientos más significativos de la historia de la lengua de los valencianos, y sin duda uno de los más relevantes de todo el ».
Antecedentes Siglos al El antecedente más remoto de las Normas de Castelló se sitúa a finales del con la publicación del opúsculo de mossèn Fenollar Les Regles d'esquivar vocables o mots grossers o pagesívols, «considerada como una de las primeras obras defensoras del purismo lingüístico y de un modelo de lengua moderno y culto», y que fue contestada por Jaume Gassull con La brama dels llauradors de l'horta de València, contra lo venerable mossén Bernat Fenollar. Habrá que esperar al para encontrar de nuevo autores preocupados por el mantenimiento del valenciano y más concretamente por las cuestiones ortográficas, entre los que destacó Carles Ros Hebrera (Practica de Orthographía, para los dos idiomas castellano y valenciano, 1732; Tratat de adages y refranys valencians, y pràctica pera escriure ab perfecció la lengua valenciana, 1733).
: la Renaixença thumb|Caricatura de Constantí Llombart vestido de trovador, obra de Ramón Escaler, aparecida en la revista Barcelona Cómica el 4 de junio de 1891. Durante la Renaixença el autor que mostró una mayor preocupación por la dignidad de la lengua fue Constantí Llombart, fundador en 1878 de la sociedad Lo Rat Penat. En el terreno estrictamente lingüístico su principal aportación fue su Ensayo de ortografía lemosina-Valenciana (lengua lemosina era el término utilizado por Llombart, y por otros autores de la Renaixença, para referirse al conjunto de la lengua catalana) que pretendía acabar con la anarquía ortográfica y gramatical existente entre los escritores valencianos de la época y asimismo «establecer algunas bases y proporcionar con su estudio a los valencianos... determinadas reglas, por las cuales se pueda paulatinamente aprender y practicar las más rudimentarias nociones gramaticales, llegando por este medio a leer y escribir metódicamente su lengua». Sin embargo, su idea de crear una Academia de les lletres llemosines, que habría de encargarse de la redacción de una Gramàtica y de un Diccionari llemosino-valencià, no llegó nunca a materializarse, entre otras razones por su muerte prematura a los 44 años. Pero la razón principal del fracaso de las iniciativas de Llombart fue que «la sociedad valenciana del momento no estaba preparada ni suficientemente interesada en la recuperación del valenciano, y los hombres de letras de la época, o bien se encontraban muy a gusto con un modelo de lengua absolutamente castellanizado, "el valencià que ara es parla" ['el valenciano que ahora se habla'], como lo hacían autores como Josep M. Bonilla o Josep Bernat i Baldoví..., o con el castellano encontraban plenamente satisfechas sus necesidades e inquietudes expresivas».
El conservador Teodor Llorente, figura central de la Renaixença valenciana, también se mostró preocupado por la inexistencia de una gramática y de un diccionario («una buena gramática y un léxico son elementos indispensables para la formación o la restauración de un idioma literario», escribió) pero, a diferencia de Llombart, no tomó ninguna iniciativa concreta como le reconoció en 1907 a Antoni Maria Alcover, que le había pedido su colaboración, y la de otros escritores valencianos, para su proyecto de un Diccionari Català-Valencià-Balear. «Verdad es que, aunque hace ya medio siglo que cultivamos aquí la poesía valenciana, el estudio serio y profundo de la lengua lo tenemos muy abandonado. No hay gramática valenciana; no hay tampoco diccionario», le escribió Llorente. De todas formas, «a pesar de la situación sociolingüística existente, de avance implacable del proceso de castellanización, e incluso, luchando contra este proceso, la Renaixença valenciana consiguió despertar un verdadero interés por el valenciano entre un sector de la sociedad valenciana, lo que propició un mayor uso en el ámbito literario y social», ha señalado Josep Daniel Climent.
Primer tercio del : la normativa fabriana y las Normas de 1914 del padre Fullana Dos acontecimientos que tuvieron lugar en Cataluña la primera década del acentuaron el interés, ya ampliamente sentido, por la codificación ortográfica y gramatical de la lengua propia. El primero fue la celebración en 1906 del Primer Congreso Internacional de la Lengua Catalana, al que asistieron Teodor Llorente, uno de los presidentes honorarios, y el padre Lluís Fullana i Mira, que presentó una comunicación titulada «Ullada general sobre la morfologia catalana». No es casualidad que al año siguiente la Asamblea Regionalista Valenciana convocada por la entidad valencianista Valencia Nova se ocupara de la cuestión lingüística. Entre sus conclusiones se encontraba la conveniencia de crear un Diccionario enciclopédico de la «llengua valenciana» y de estudiar «les maneres pràctiques i promtes de vulgaritzar l'ortografia valenciana» ('las formas prácticas y rápidas de vulgarizar la ortografía valenciana'). thumb|left|Pompeu Fabra en su estudio en 1928. La normativa ortográfica propuesta por él y aprobada por el Institut d'Estudis Catalans ('Instituto de Estudios Catalanes') constituyó el punto de partida para las Normas de Castellón, manteniendo así la unidad de la lengua hablada por catalanes, valencianos y mallorquines. Mucha mayor trascendencia tuvo el segundo acontecimiento: la creación en 1907 del Institut d'Estudis Catalans ('Instituto de Estudios Catalanes', IEC), cuya sección de Filología, presidida por el mallorquín Antoni Maria Alcover, aprobó en enero de 1913 unas Normas Ortográficas, tras dos años de estudio y debate a partir de la propuesta de Pompeu Fabra. En el Preámbul redactado por Pere Coromines se decía que el objetivo era conseguir «una llengua igualment usada per tots el pobles de llengua catalana». La reacción de los escritores y de las entidades culturales valencianas fue, en general, bastante positiva, especialmente por parte de Lo Rat Penat que al mes siguiente acordaba la creación de una ponencia que estudiara y revisara las normas ortográficas del IEC y formulara una propuesta para su aprobación por la asamblea general de la entidad. Finalmente se encargó oficialmente al padre Fullana —el más competente estudioso del valenciano del momento, aunque de formación autodidacta— que presentara un «proyecto de norma de ortografía valenciana». thumb|Retrato del padre Lluís Fullana i Mira realizado por Toni Espinar en su Mural Literari de Muro de Alcoy (2016-2018). Fullana elaboró una normas ortográficas lo más alejadas posible de la normativa fabriana y que serán conocidas como las Normas de 1914. Constituyeron un rotundo fracaso, a pesar de haber sido refrendadas por Lo Rat Penat y apoyadas por el Centre de Cultura Valenciana ('Centro de Cultura Valenciana'), ya que prácticamente ningún autor ni publicación las siguió. Fullana se había mostrado a favor de las normas del IEC y había considerado que se podía unificar la ortografía en la mayoría de los casos. Por eso causó una gran sorpresa, especialmente entre los sectores valencianistas, el Proyecte de normes ortogràfiques de la llengua valenciana publicado por el Diario de Valencia el 27 de abril de 1914, ya que se alejaba tanto como había podido de las normas aprobadas por el IEC. Un mes después eran refrendadas por la asamblea general de Lo Rat Penat que las asumió como propias. La explicación del cambio radical de Fullana, según Josep Daniel Climent, «lo encontramos en el clima político de la Valencia de entonces, con un creciente enfrentamiento entre la Joventut Valencianista, organización con unos planteamientos nacionalistas, y los conservadores regionalistas de Lo Rat Penat». De hecho los jóvenes valencianistas boicotearon los Jocs Florals de 1915, lanzaron ataques contra los dirigentes ratpenatistas desde la revista Pàtria Nova y reclamaron «una llengua escrita única» para Valencia, Cataluña, Mallorca, Rosellón, etc. En el opúsculo El Centre de Cultura Valenciana (1915) Miquel Duran afirmó que «la llengua catalana és una. I unes deuen ser les seues normes ortogràfiques» ('la lengua catalana es una. Y unas deben ser sus normas ortográficas').