Este artículo se refiere a la invasión a Britania comandada por César. Para otras invasiones romanas, véase Conquista romana de Britania y Revuelta carausiana. Las invasiones de Britania por César son dos campañas bélicas dirigidas por el general de la República romana Julio César contra el sur de la isla de Gran Bretaña conocida como Britania por los romanos. Durante la guerra de las Galias, César invadió la isla en dos ocasiones: en 55 y 54 a. C.Cayo Julio César, Commentarii de Bello Gallico 4.20-35, 5.1, 8-23; Dión Casio, Historia Romana 39.50-53, 40.1-3 (LacusCurtius); Floro, Compendio de la Historia Romana 1.45 La primera invasión tuvo lugar en verano y se desconoce si fue planeada como una invasión a gran escala (si fuera así, fue un fracaso, ya que Roma solo pudo conquistar la playa de Kent y poco más), o como una misión de reconocimiento. La segunda tuvo más éxito, y César logró restaurar en el trono de los trinovantes a su aliado Mandubracio, deponiendo a su rival Casivellauno. Aunque César no logró conquistar territorios para la república, el éxito de la campaña radica en que Roma contó con sus primeros aliados en la isla e impuso los primeros tributos entre las tribus de Britania.

Situación de Britania

Britania era conocida durante la Antigüedad clásica como una gran fuente de estaño. La isla había sido probablemente explorada por el geógrafo griego Piteas en el y por el navegante cartaginés Himilcón en el pero su posición en el orbe, separada por el océano del resto del mundo conocido, le confería un alto grado de misterio. Algunos historiadores insistían incluso en que su existencia era pura falacia,Plutarco, Vida de César 23.2 y el viaje de Piteas se desestimó como si fuera mentira.e.g. Estrabón, Geografía 2:4.1; Polibio, Historias 34.5 thumb|left|200px|Gran Bretaña desde el espacio.

En la época en la que César fue nombrado gobernador proconsular de las provincias galas y entró en guerra contra prácticamente todos los pueblos de la región, iniciando un conflicto que pasaría a la historia con el nombre de la guerra de las Galias, Britania vivía su Edad del Hierro en su apartado rincón del mundo. Las fuentes antiguas estiman que, en esta época, la isla contaría con aproximadamente un millón de habitantes. Los yacimientos arqueológicos han mostrado una fuerte división económica entre las tierras altas y las bajas. Al sureste de las tierras bajas se extendían grandes zonas de tierras fértiles, con amplias regiones cultivables que daban lugar a una agricultura considerablemente dinámica. Las comunicaciones estaban bastante desarrolladas a través de una serie de carreteras que conectaban diversos puntos de la geografía britana; las más importantes fueron la Vía Icknield, la Vía Pilgrim y la Vía Jurásica, sin contar los ríos navegables, como el Támesis. En las tierras altas, en la región situada al norte de la línea entre Gloucester y Lincoln, el relieve más accidentado complicaba las comunicaciones y hacía más difícil la agricultura, por lo que predominaba el pastoreo. En esta zona, la población habitaba en recintos fuertemente fortificados, en contraste con los oppidum menos protegidos del sudeste de la región. Las fortalezas se erigían generalmente en las inmediaciones de los ríos navegables, lo que pone de manifiesto la importancia del comercio en Britania. Los intercambios comerciales con Roma se incrementaron con la conquista romana de la Galia Transalpina en el año 124 a. C., cuando los comerciantes iniciaron el comercio del vino italiano a través de la región de Armórica.Sheppard Frere, Britania: Historia de la Britania Romana, tercera edición, 1987, pp. 6-9

Los escritos de César dicen que los belgas del noreste de la Galia habían viajado a través del océano y se habían asentado en el sur de las islas, estableciendo colonias en las áreas costeras y manteniendo su poder en ambas zonas gracias a la fuerza de su rey Diviciaco, monarca de los suesiones.Commentarii de Bello Gallico 2.4, 5.12 Su acuñación monetaria muestra un complejo patrón de asentamiento belga en la zona. Las primeras monedas galo-belgas que se han hallado en Britania datan del año 100 a. C. o quizá del 150 a. C. y se encuentran principalmente en la región de Kent. Las monedas que se han encontrado posteriormente se localizan a lo largo de toda la costa sur, hasta el oeste de Dorset. Todo esto hace pensar que la influencia belga se concentraba en el sureste de la isla, aunque debió extenderse hacia el oeste y hacia el interior, posiblemente a través de caciques que impusieron su poderío militar a los nativos britanos.Frere, Britannia pp. 9-15

Primera invasión (55 a. C.) Preparativos y reconocimiento thumb|200px|Un birreme, posiblemente utilizado por César para cruzar el canal de la Mancha. Este medio de transporte era totalmente inadecuado para hacer frente a las fuertes tormentas que azotaban las aguas de Britania.

Durante el transcurso de su campaña en la Galia, César alegó que los britanos habían estado apoyando a los belgas en su campaña contra él, ya que los soldados galos que huían del campo de batallaCommentarii de Bello Gallico 2.14 se dirigían a los asentamientos galos en Britania,Commentarii de Bello Gallico 2.4, 5.12. y los vénetos de Armórica, que controlaban el comercio con la isla, iniciaron las negociaciones con sus aliados britanos para que estos acudieran al continente a combatir a Roma (56 a. C.).Commentarii de Bello Gallico 3.8-9 Según Estrabón, la rebelión de los vénetos de 56 a. C. tenía como objetivo detener el avance de César hacia la isla, lo que destruiría sus actividades comerciales.Estrabón, Geografía 4:4.1

A finales de verano del año 55 a. C., a pesar de que ya era tarde para iniciar una campaña, César decidió realizar una expedición a Britania. El general republicano convocó a los comerciantes que negociaban con la isla, pero no pudo obtener ninguna información útil acerca de las tácticas militares de los britanos, o de los puertos en los que podría desembarcar, ya que éstos no querían perder su monopolio comercial. Carente de información, César envió a uno de sus tribunos militares, Cayo Voluseno, en una misión de exploración. Voluseno exploró la región de Kent, aunque no se atrevió a adentrarse en territorio desconocido por miedo a los bárbaros,Commentarii de Bello Gallico 4.22 «y tras cinco días volvió a la Galia, donde César al fin obtuvo algo de la ansiada información».

Tras esta preocupante acción del general romano, muchos de los pueblos de Britania enviaron embajadas a los comerciantes galos para que impidieran la inminente invasión, comunicando a César una promesa de sumisión. César decidió enviarles de vuelta a Britania acompañados de su aliado Comio, el rey del pueblo de los atrebates, quien utilizó su influencia para atraer a un buen número de tribus a su causa.

Se reunió una flota compuesta de ochenta barcos de transporte, suficientes para transportar a dos legiones (Legio VII y Legio X), y un número desconocido de navíos de guerra. La flota se reunió en algún puerto del territorio de los mórinos —probablemente el Icio (portus Itius, hoy Saint-Omer)—. A ellos se unieron otras dieciocho embarcaciones, procedentes tal vez de Ambleteuse, para transportar a la caballería.Frere, Britannia, p. 19 Los barcos que César utilizó pudieron ser trirremes o birremes, o un resultado de la mejora de los barcos de guerra vénetos y de otras tribus costeras. César dejó una pequeña guarnición en el puerto y embarcó, sin perder tiempo, con la infantería, dejando atrás a la caballería, que recibió la orden de unírseles tan pronto como fuera posible. Esta decisión podría ser un error táctico, ya que la infantería llegó a la isla sin armamento pesado, o también un indicio de que la auténtica intención de César era explorar el territorio y no conquistarlo.Commentarii de Bello Gallico 4.30

Desembarco left|thumb|200px|Grabado de César.

Inicialmente, César trató de desembarcar en Dubris (Dover), cuyo puerto natural había sido presumiblemente identificado por Voluseno como un punto apropiado para el desembarco. Sin embargo, cuando la armada romana avistó tierra, una fuerza masiva de britanos ocupó por completo las colinas y acantilados de la playa. Esto disuadió a los romanos de desembarcar, ya que los enemigos que estaban copando los riscos de los acantilados podían masacrarles lanzando las jabalinas que portaban.Commentarii de Bello Gallico 4.23 Tras esperar anclados en una playa cercana "hasta la hora nona" (desde las 3 de la tarde y esperando presumiblemente a que el viento se tornara favorable), César convocó un consejo de guerra, en el que ordenó a sus subordinados actuar por iniciativa propia. Después, condujo la flota unas siete millas a lo largo de la costa hacia una playa abierta. Debido a la ausencia de restos arqueológicos, se desconoce la ubicación exacta del punto de desembarco, aunque el lugar más probable es la playa entre Deal(en inglés) «The Landings of Caesar in Britain, 55 and 54 BC» Athena Review, Vol.1, no.1 Consultado el 22 de octubre de 2012. y Walmer.

Con toda la playa copada por los carros y la caballería britana, el desembarco parecía imposible. Para empeorar las cosas, los barcos eran demasiado grandes para moverse con facilidad, y los legionarios se vieron obligados a desembarcar en aguas muy profundas, mientras los britanos salían de todas partes. A pesar de que al principio las tropas estaban atemorizadas, según los escritos de César, el ejército recuperó la moral cuando el aquilifer (portador del águila de la legión) de la Legio X saltó a tierra y comenzó a gritar:

Los britanos empezaron a retroceder cuando una lluvia de proyectiles partió de las catapultae montadas en los barcos de guerra, que expusieron su flanco para facilitar el desembarco de las tropas. A pesar de que las fuerzas de César lograron desembarcar, ese día no fue coronado con una victoria completa, ya que los vientos adversos retrasaron a la caballería romana e impidieron que ésta persiguiera a los britanos en fuga. César había logrado desembarcar en condiciones desfavorables, pero los britanos le habían mostrado que eran capaces de ofrecer una fuerte resistencia.Commentarii de Bello Gallico 4.26

Resistencia en la playa

Los romanos establecieron un campamento en la cabeza de playa (del que no se han hallado restos arqueológicos, hecho por el cual se desconoce el punto exacto de desembarco). Una vez instalados en el recinto, el ejército recibió una embajada de su aliado Comio, que había sido detenido por apoyar a César. El general republicano decidió iniciar las negociaciones con los dirigentes britanos a los que, alegando que estaban en una posición de inferioridad, exigió el cese de ataques, la cesión de rehenes y la disolución de su ejército. Cuando los britanos se hallaban a punto de aceptar las condiciones de César, los barcos que transportaban la caballería y las provisiones por el canal de la Mancha, regresaron a la Galia a causa de las adversas condiciones meteorológicas. Las tempestades azotaron la flota de César, hundiendo y dañando la mayoría de los barcos, y poniendo así en peligro las posibilidades de regreso del general. Al percibir la complicada posición de César, y con la esperanza de retenerle en Britania hasta que llegara el invierno, los britanos reanudaron los ataques, y emboscaron a una de las legiones, poniendo bajo asedio el campamento. Los britanos fueron rechazados sin mayor dificultad, y los romanos se encerraron en el campamento para prepararse ante los subsiguientes ataques. Al cabo de varios días, durante los cuales los britanos reunieron una importante fuerza, atacaron el campamento romano. En este combate fueron completamente derrotados. Durante la retirada, fueron masacrados por la caballería que Comio había logrado reunir entre las tribus de Britania afines a César.

Regreso