352x352px|thumb|Huitzilopochtli, deidad principal del mito de la creación. Códice Borbónico (s. XVI), p. 34. Biblioteca de la Asamblea Nacional de Francia.

La mitología mexica comprende el conjunto de mitos, relatos y tradiciones religiosas propios del pueblo mexica, integrados en el complejo cultural nahua desarrollado en el centro de Mesoamérica desde épocas anteriores a su llegada al Valle de México. Durante su establecimiento y expansión en la región, los mexicas incorporaron y reinterpretaron elementos de las tradiciones religiosas de los pueblos con los que entraron en contacto, integrando sus propias deidades y cultos en el antiguo entramado religioso mesoamericano.

Entre las divinidades del panteón mexica destacó el culto a Huitzilopochtli, divinidad del Sol y de la guerra. Los mexicas se consideraban el pueblo elegido por el Sol y asumían la responsabilidad de garantizar su recorrido por el cielo mediante su alimentación ritual. Esta concepción fue forzada por la reforma social y religiosa atribuida a Tlacaélel durante los reinados de Itzcóatl, Motecuhzoma I y Axayácatl, a mediados del siglo XV.

El mito mexica de la creación del mundo expande esta idea. Las religiones prehispánicas se formaron a través de una lenta evolución y asimilación de las deidades prehispánicas, no tanto como seres de poder ilimitado, sino muchas veces como representaciones de las fuerzas de la naturaleza con personalidad humana.

Los tlamatinime (sabios nahuas) trataron de dar un poco de orden a esta multitud de divinidades, así tenemos en primer lugar a los dioses creadores, o Ipalnemohuani, palabra nahua que significa «aquel por quien se vive» y, dado que en náhuatl no existía el plural más que para sustantivos animados, se ha especulado mucho sobre una posible tendencia monoteísta de los mexicas. Aunque esta interpretación surge de la influencia monoteísta occidental al no valorar la importancia en la cultura nahua del concepto de dualidad creadora.

Los dioses generadores eran, en primer lugar, Ometéotl (ōme ‘dos’; teotl ‘dios’), el principio de la dualidad creadora que a su vez engendraba en sí mismo como origen y efecto a Ometecuhtli (ōme ‘dos’; teuctli ‘señor’), elemento masculino de origen, y Omecíhuatl (ōme ‘dos’; cihuatl: ‘señora’), elemento femenino de origen. A partir de ellos surgían cuatro elementos rectores principales: Xipe Tótec (Nuestro Señor el Desollado), Tezcatlipoca (Espejo Humeante), Quetzalcóatl (Serpiente Emplumada) y Huitzilopochtli (Colibrí Zurdo), creadores del mundo; otros nombres que se les daba a estos dioses son Moyocoyani («el inventor de sí mismo») y Tloque Nahuaque («el señor de lo cerca y lo junto»). La mayor parte de la poesía náhuatl que sobrevive usa estos nombres para referirse a los dioses creadores.

Después estarían los dioses patronos, que eran los encargados de vigilar a cada pueblo. Según una antigua leyenda, cuando los grupos nahuas (las tribus nahuatlacas) salieron de Chicomóztoc, cada una de ellas llevaba consigo su "bulto sagrado" (del náhuatl tlaquimilolli), que contenía las reliquias de su dios patrono. Huitzilopochtli era el dios patrono de los mexicas, pero ellos también respetaban a los numenes de los otros pueblos. Junto al Templo Mayor, construyeron un templo especial para los dioses patronos de todos los pueblos conquistados llamado Coateocalli, de manera análoga al Panteón de los romanos.

Existían así mismo, dioses dedicados a cada profesión y aspecto de la vida. Xipe Tótec, dios del reverdecimiento fue adoptado como el dios de los plateros, Nanahuatzin, de las enfermedades de la piel y la humildad, Tlazoltéotl, diosa del amor físico y de las prostitutas, etc. También existían algunas divinidades de origen familiar, pero se sabe poco de ellos. La mayoría de estos dioses son anteriores a los mexicas y son compartidos por los demás pueblos nahua u otros de las cercanías.

El mito de los cinco soles

Los mexicas tenían la creencia de que otros mundos existieron antes del suyo. Según ellos hubo cuatro mundos antes o Soles como ellos los llamaban, cada uno regido por un dios específico, una raza humana única y devastada por un fenómeno natural diferente. Cada uno de estos soles estaba ligado a los elementos básicos: tierra, agua, aire y fuego. Cada uno de estos estaba relacionado no solo con la naturaleza y su composición sino también con su destrucción.

Hay varias versiones de este mito ya que la información no es completa y el orden suele cambiar. Esta versión está basada en la Historia de México por sus pinturas donde el orden de los soles es el primer sol, el segundo sol, el tercer sol, el cuarto sol y el quinto sol.

Origen del mundo Después de las devastaciones de los cuatro soles, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son reconocidos por la recreación de la tierra y el cielo, no como enemigos sino como aliados. Según el mito mexica de la creación, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca crean el cielo y la tierra desmembrando al monstruo de la tierra Tlaltecuhtli —llamado en esta faceta Cipactli—, que quiere decir "señor de la tierra", a pesar de que en los textos se puede encontrar una descripción femenina de este monstruo. Se dice que Tlaltecuhtli tenía la forma de un monstruoso caimán que con su espalda de cocodrilo dio forma a las montañas del mundo. Este mito fue esparcido por todo México, por lo que llegó a la cultura maya de Yucatán.

Una de las versiones de este mito dice que Quetzalcóatl y Tezcatlipoca descendieron del cielo para observar a Cipactli vieron que su deseo por la carne fresca era tan grande que no solo poseía unas fauces llenas de filosos dientes, sino que también poseía dentaduras rechinantes en sus hombros, rodillas y otras articulaciones. Al ver esto los dioses concordaron en que la crión no podía ser completada mientras el monstruo estuviera de por medio. Entonces para crear la Tierra Quetzalcóatl y Tezcatlipoca se transformaron en grandes serpientes. Una de ellas tomó la mano izquierda y el pie derecho de Cipactli, mientras que el otro la tomó por su mano derecha y su pie izquierdo y entre los dos desmembraron al monstruo. La parte superior del monstruo creó la tierra mientras que la parte inferior fue el cielo.

Este violento acto de desmembramiento al monstruo hizo enojar a los demás dioses por lo que decidieron que para consolar la tierra, todas las plantas que necesitara el hombre para vivir crecerían de ella, de sus cabellos crecieron los árboles, flores y hierbas y de su piel saldría pasto y pequeñas flores; sus ojos serían la fuente de los riachuelos, lagunas y pequeñas cuevas; su boca los grandes ríos y cavernas y su nariz sería la cresta de las montañas y valles. La leyenda dice que se podía escuchar el grito del monstruo en las noches sediento de sangre y por los corazones de la gente y esto solo podía ser calmado mediante los sacrificios ofreciendo la carne y la sangre para calmar a Tlaltecuhtli y que siguiera dando los frutos necesarios para que la vida humana continuara.

Primer sol: Nahui Ocelotl Tezcatlipoca fue el primer sol en alumbrar el mundo y los otros dioses crearon a los gigantes, hombres muy fuertes, que comían bellotas de encinas. Tezcatlipoca fue el sol durante 676 años. Cuando Tezcatlipoca dejó de ser sol, todos los gigantes fueron comidos por jaguares y no quedó ninguno. Tezcatlipoca dejó de ser sol porque Quetzalcóatl lo golpeó con un gran bastón y lo tiró al agua, de donde salió convertido en jaguares a devorar a los gigantes. Este mundo desapareció por temblores y el hombre fue devorado por jaguares.

Segundo sol: Nahui Ehecatl Quetzalcóatl fue el sol de la segunda edad, habitada por hombres-mono, que se alimentaban de piñones. Quetzalcóatl fue el sol durante 675 años, hasta que Tezcatlipoca lo derribó y levantó un fuerte viento que se llevó a Quetzalcóatl y a los hombres-mono, terminando por convertirlos en monos.

Tercer sol: Nahui Quiahuitl Tlalocatecutli, conocido como Tláloc "el que hace brotar", dios de la lluvia y del rayo fue el sol y duró 364 años. Durante esta edad los hombres-pájaro comían acicintli es lo que hoy conocemos como teocintle "simiente como de trigo que nace en el agua". Pero Tláloc hizo llover fuego del cielo, Quetzalcóatl lo quitó y fue sustituido por su mujer Chalchiuhtlicue.La humanidad se transformó en pájaros.

Cuarto sol: Nahui Atl Chalchiuhtlicue duró 312 años alumbrando a los hombres-pez, que en ese tiempo comían cincocopi, simiente como maíz. Sin embargo, estos hombres se habían olvidado de los dioses y eran muy orgullosos, por lo que en el último año que fue sol Chalchiuhtlicue, esta abrió los cielos superiores que se cayeron sobre la tierra y los hombres-pez fueron llevados por las aguas y se convirtieron en todos los géneros de peces que hay.

Quinto sol: Nahui Ollin Creación del hombre Los dioses decidieron que ya que había un nuevo mundo era necesaria la recreación del hombre para poblar la Tierra. Según el mito, Quetzalcóatl debía ir al inframundo a recuperar los huesos humanos de la última era, es decir, la raza que fue convertida en pez por la inundación.

El inframundo era un lugar peligroso conocido como Mictlán, gobernado por Mictlantecuhtli, señor del inframundo. El siguiente verso es la versión de Histoyre du mechique y de la Leyenda de los Soles. Una vez ahí Quetzalcóatl le pidió a Mictlantecuhtli y a su esposa, Mictecacíhuatl, la señora del inframundo los huesos de los ancestros:

Una vez más allá de la tierra muerta, junto con otros dioses, les roció con su propia sangre, restaurando la vida. Así, la humanidad ha nacido de la penitencia de los dioses.

Y este regalo tuvo que ser cancelado en la sangre del sacrificio. “¿Qué otra cosa podría ser, motivado a los antiguos, desde la muerte precedido a su reaparición, la muerte debe ser la causa de la Vida?”

El nacimiento de Tonatiuh Se dice que el nacimiento del quinto sol tuvo lugar en Teotihuacán, considerado el lugar donde el tiempo comienza. Después de la creación de la tierra, el hombre, su comida y sus bebidas, los dioses se reunieron en la obscuridad en Teotihuacán para decidir quién sería el nuevo sol:

Un dios arrogante llamado Tecuciztecatl se ofreció a ser voluntario rápidamente, pero los dioses decidieron elegir a un dios humilde de nombre Nanahuatzin (dios que partió la roca del sustento para conseguir el maíz) como segundo contendiente. Como todo un guerrero, acepta su deber y deuda a los otros dioses. Dos pirámides fueron alzadas para Tecuciztecatl y Nanahuatzin para ayunar y hacer penitencia, mientras se preparaba la pira sacrificial. Es lo que hoy conocemos como las pirámides del sol y de la luna.

La ofrenda que hizo Tecuciztecatl fue hecha de los más finos materiales. En vez de ramas de abeto llevaba plumas de quetzal, y bolas de oro en lugar de manojos de hierba atados. En lugar de las espinas de maguey con su sangre ofreció punzones de jade con punta de coral rojo, así como su incienso fue uno de los más finos y raros que había.

En cambio, los materiales de la ofrenda de Nanahuatzin fueron de poco valor; para sus ramas de abeto y sus manojos de hierbas usó haces de caña. Ofreció las espinas de maguey con su sangre, así como para el incienso quemó sus propias costras.

A medianoche, después de cuatro días de penitencia, los dioses prepararon a Tecuciztecatl con grandes adornos mientras que Nanahuatzin vistió con simples vestimentas de papel. Entonces en los dioses formaron un círculo alrededor de la pira sacrificial que había estado ardiendo durante cuatro días. El primero en ser nombrado fue Tecuciztecatl, sin embargo, al intentar saltar al fuego, el miedo lo paralizó. Esto sucedió tres veces hasta que los dioses decidieron llamar a Nanahuatzin, quien se echó al fuego sin dudarlo. Fue entonces que Tecuciztécatl, al ver el valor de Nanahuatzin, decidió aventarse, así como también se sacrificaron el águila y el jaguar.