miniaturadeimagen|243x243px|Leyenda: "Karolus Dei gratia Navarre rex et comes Ebroicen[sis]" (trad. «Carlos, por la gracia de Dios, rey de Navarra y conde de Evreux») Carlos II de Navarra (Évreux, 10 de octubre de 1332-Pamplona, 1 de enero de 1387). conocido también como Carlos II de Évreux o, más posteriormente a su época, calificado como Carlos el Malo, fue rey de Navarra, conde de Évreux (23 de septiembre de 1343-1378 —fecha de incautación del condado por el rey Carlos V de Francia—) y señor de Montpellier (1365-1387). Era hijo de Felipe de Évreux, III de Navarra, y de Juana II de Navarra, hija del rey de Francia y de Navarra, Luis X el Hutin. Estuvo casado con Juana de Valois, hija y hermana de los reyes de Francia Juan II y Carlos V respectivamente.
En el estudio del reinado son varios los investigadores que aciertan a visualizar, y establecer, dos fases o etapas distintas en la vida y reinado de Carlos II en torno al año 1361-1362: una etapa francesa, donde el monarca presta atención preferente a los asuntos franceses, y una etapa navarra, donde sus estancias en el reino peninsular son más largas y se ocupa de las cuestiones internas y externas del reino. El cambiar su foco de atención de unos dominios a otros no supone despreocuparse de aspectos propios de los otros: en todo momento mantendrá, directa o indirectamente, la atención sobre todo e, incluso, tal atención sirve de trasfondo en muchas de sus decisiones.
Y ¿por qué 1361? Carlos II decide, tras varios años de ausencia, volver a Navarra. Tras la tregua en la Guerra de los Cien Años (Tratado de Bretigny) se genera una creciente inseguridad en Francia con las grandes compañías deambulando libremente por todo su territorio. También la presión de la Corona francesa sobre sus posesiones normandas esquilmará la disposición de recursos económicos para retomar sus reivindicaciones dinásticas y territoriales. Pero quizá haya un punto de inflexión en su trayectoria vital: antes de embarcar en Cherburgo redacta de su primer testamento. Probablemente en lo personal, la razón de peso pudiera ser, entre otras, el nacimiento en Mantes su heredero Carlos, futuro Carlos III (22 de julio).
miniaturadeimagen|300x300px|Ciudadanos de Tournai enterrando víctimas de la peste negra. Miniatura de Pierart dou Tielt, c. 1353. miniaturadeimagen|Dibujo de los sepulcros de corazón de Felipe III y Juana II en el convento de los jacobinos de París (hoy desaparecido), realizado por Roger de Gaignières. Solo se conservan sus cabezas, en el Museo de Cluny. El cuerpo del rey fue enterrado en la Catedral de Pamplona y el de la reina en la basílica de Saint-Denis.
Introducción: Europa y Navarra a mediados del A nivel y dentro de la historia de Navarra, especialmente en su configuración como reino, «el siglo , particularmente en el período comprendido entre 1328 y 1404, puede considerarse sin ningún género de dudas como la época de mayor proyección internacional del reino navarro.» En este contexto histórico «tanto diplomática como militarmente, el peso, relevancia y capacidad de influencia del pequeño reino pirenaico serán patentes y manifiestos en buena parte de Europa a lo largo de la centuria. Pero probablemente la presencia de contingentes armados navarros a lo largo y ancho de la geografía europea sea uno de los símbolos más palmarios de esta relevancia internacional, con tropas que, procedentes principalmente del reino, operarán desde las costas normandas del Canal de La Mancha hasta los campos de Algeciras, y desde Murviedro hasta la costa albanesa y la península del Peloponeso, de manera más o menos estable según las ocasiones y jugando, en todo caso, un papel clave en los conflictos europeos de manera especialmente activa en la segunda mitad del siglo XIV.»
Cambios dinásticos en Francia y en Navarra: derechos al trono El 1 de febrero de 1328 tanto el trono francés como el navarro, unidos bajo la misma autoridad, se hallaban vacíos. La muerte de Luis X de Francia, I de Navarra (1316) dejaba un efímero heredero, Juan I de Francia y de Navarra, el Póstumo, que en pocos días también desaparecía. Desde Hugo Capeto, en el año 987, no se había planteado un problema sucesorio similar. A pesar de que Luis tuvo más descendientes, Juana II de Navarra, ninguno de sus hermanos, Felipe V de Francia y II de Navarra (1316-1322) y Carlos IV de Francia y I de Navarra (1322-1328), cedieron el paso al trono a su sobrina, aún menor por entonces, y se sucedieron en el mismo. Al morir ambos sin descendientes varones se extinguía la línea masculina de la dinastía capeta. Por ello se abría una crisis sucesoria inédita hasta la fecha y que, a la larga, las distintas soluciones aplicadas serían razones de fondo para alimentar el conflicto de la Guerra de los Cien Años que sumiría a media Europa occidental en un siglo de guerras. Esta situación belicosa se verá acompañada de epidemias, crisis alimentarias, etc. que servirán, al mismo tiempo, para retroalimentar la situación. Además, esta cuestión sucesoria no afectaba solamente a los reinos de Francia o de Navarra sino que también incumbía al reino de Inglaterra, con importantes posesiones continentales, y al ducado de Borgoña.
centro|sinmarco|700x700px El historiador español, José María Lacarra, en 1973 explicaba esta situación así:
En este párrafo, y siguientes, de su libro Historia política del Reino de Navarra, no se hace mención alguna a la existencia de una ley sálica en este momento de la historia de Francia. En realidad tal alusión será realizada unos años más tarde, en 1358, cuando sea «invocada expresamente para justificar el despojo de Juana» de igual modo que se insinuaría más tarde su bastardía en base al escándalo de la torre de Nesle en que su madre se vio envuelta. Con todo, Juana había nacido varios años antes de aquellos hechos. Colette Beaune lo afirma rotundamente: «la ley sálica no fue invocada ni en 1315 ni en 1328, a la llegada de los Valois.» No obstante, como apunta el historiador Michael Jones se sentaron las bases para su implementación unos años más tarde. En cambio, en estas fechas «François de Meyronnes ya había escrito un tratado sobre la lex voconia, que excluía a las mujeres de la sucesión, consagrando los principios fundamentales adoptados más adelante en el siglo para justificar la práctica real en Francia.»
Tratado de Vincennes (17 de julio de 1316) Recién fallecido Luis X, su esposa Clemencia de Hungría estaba encita y cabía la posibilidad del nacimiento de un varón heredero. Con todo, a pesar de esa posibilidad, en Vincennes, el 17 de julio de 1316, Eudes IV, duque de Borgoña, en nombre de su madre, Inés de Francia, duquesa de Borgoña, su sobrina, Juana II de Navarra, que apenas tenía cinco años, y en su nombre, firma un tratado con Felipe V nombrando a este regente del reino, con unos términos según los cuales Juana heredaría, tan pronto como fuera mayor de edad para contraer matrimonio, el reino de Navarra y los condados de Champaña y Bría, a condición de que renunciara al resto del reino de Francia y a los derechos de sucesión de su padre. Cuando en noviembre Clemencia dio a luz un hijo, Juan I, rápidamente fue proclamado rey aunque murió cinco días después. Aunque «Juana debería haber heredado entonces el reino de Francia, el conde de Poitiers, Felipe, tuvo más apoyo político y se hizo proclamar rey. Entonces comenzó el interludio de los Reyes Malditos.»
Otros candidatos La cuestión radicaba en saber si la corona se trasmitía sólo por línea de varón, o si las hijas, en caso de tener hijos varones, podían trasmitir a éstos unos derechos que ellas no estaban en condiciones de ejercitar. En este caso había tres candidatos: Eduardo III de Inglaterra, como nieto de Felipe IV de Francia (su madre era hija del monarca); el conde Felipe de Valois y el conde Felipe de Evreux, ambos nietos por línea paterna de Felipe III de Francia.
Si se aceptaba la trasmisión de derechos por vía femenina, el heredero era el rey de Inglaterra; si sólo se aceptaba la vía masculina, el heredero legítimo era Felipe VI de Valois, como descendiente de un hermano mayor. Felipe de Evreux, el tercer pretendiente, descendía de un hermano menor aunque podía alegar en su favor estaba casado con la hija de Luis X, Juana II de Navarra, por lo que sus vínculos con la línea dinástica principal de los Capetos eran dobles. Incluso cabía una tercera opción caso de aceptarse la sucesión femenina: todavía estaba Juana, hija mayor de Felipe V de Francia, casada con Eudes IV, duque de Borgoña.
Como el duque de Borgoña, Eudes IV, apoyaba decididamente los derechos de Juana II de Navarra, concluyó el 27 de marzo de 1317 un nuevo tratado con Felipe V en el que se concertó el matrimonio de Felipe de Évreux con ella. El matrimonio se celebró el 18 de junio de 1318 cuando Felipe tenía doce años y Juana tan sólo nueve años.
miniaturadeimagen|Blasón armero de Carlos II de Navarra, conde de Evreux y señor de Montpellier. Todo esta maraña de linajes y derechos dinásticos serán fundamentales en el futuro devenir de los acontecimientos y ayudan a explicar idas y venidas de alianzas entre los distintos protagonistas, en especial de Carlos de Evreux-Navarra, futuro conde y rey, que describía así su prestigiosa ascendencia:
Hambre, peste e impuestos A mediados del Navarra era un reino de poco más de 12 000 km2, que basaba su riqueza en la producción de metales (cobre, plomo).En 1347 una crisis de subsistencias azotó el reino;«los años previos había llovido en exceso y las cosechas eran escasas.» Al año siguiente, en 1348, era la peste negra, «que despobló las naciones» la que azotó fuertemente en Europa donde había producido una gran mortandad. Una de las víctimas fue la propia reina de Navarra, Juana II, que, residente entonces en Conflans, fallecía el 6 de octubre de 1349. En Navarra no fue una excepción. Hacia esas fechas se habían contabilizado unos 40 000 fuegos (hogares, es decir, una población estimada de unos 280 000 habitantes); «en unos meses la peste acabó con 140 000 personas, la mitad del reino. En algunas merindades (Estella, Tudela) las estimaciones apunta a dos tercios de la población. Los últimos coletazos se fechan en 1350. Por esta razón a muchos pueblos se les condonaba la pecha anual o había que rebajarla. En circunstancias normales, la cuarta parte del presupuesto son gastos de guerra (caballerías, gajes a los sargentos de armas, alcaides y mesnadas, reparación de castillos. Pocos años antes, el 26 de septiembre de 1343, había fallecido el rey consorte, Felipe III, en Jerez de la Frontera, durante el sitio de Algeciras.
Con todo, el aparato administrativo implantado en Navarra por la Casa de Evreux, «para aumentar la capacidad recaudadora de la hacienda», se dejaba notar en los registros archivísticos del reino: «Con el siglo XIV, la documentación medieval navarra de valor estadístico entra en su época de mayor esplendor.» Con todo, hasta la segunda mitad del siglo la información recopilada no abarcará a todo el territorio aún.
miniaturadeimagen|350x350px|Evolución del mapa de Navarra hacia mediados del . La Merindad de Olite no se había creado aún. Fitero no se incorpora a Navarra hasta 1373.
La situación política interna navarra