La Archicofradía del Huerto, cuya denominación oficial y completa es Pontificia, Real, Muy Ilustre y Venerable Archicofradía Sacramental y Seráfica de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto, Nuestra Señora de la Concepción, San Juan Evangelista y Nuestra Señora de la Oliva, es una Hermandad católica de culto y procesión, miembro fundador de la Agrupación de Cofradías, que participa en la Semana Santa de Málaga.
Historia izquierda|miniaturadeimagen|Cruz Guía de la Cofradía. La Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción Dolorosa se fundó en 1730 en el convento de San Luis "El Real", como reorganización de la antigua Hermandad de la Pura y Limpia Concepción. La de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto existía al menos desde 1735 en el mismo convento (encargándose la actual efigie del señor en 1756). En 1920 se fusionan ambas hermandades, naciendo así la actual corporación.
Tras los atentados y quema de iglesias y conventos de los años 30 (de los que solo se salvó la cabeza del Señor), la Hermandad adquiere la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, una dolorosa implorante de principios del , anónima. Es en el año 1942 cuando dicha corporación vuelve a realizar su salida procesional.
En 1994 se bendice la imagen letífica de la Hermandad, Nuestra Señora de la Oliva.
El 25 de marzo de 2000, Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto presidió el Vía crucis Jubilar.
En el año 2004 la Archicofradía conmemoró el 250.º aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción con un pontifical en la catedral y una procesión extraordinaria presididos por la dolorosa titular; ese mismo año la corporación recibe el título de Pontificia.
En 2006 la Hermandad bendice la Casa de hermandad en el barrio del Perchel.
En 2020, la Hermandad recibe el título de Real por parte de Su Majestad Felipe VI, actual Rey de España, que igualmente accede al título de Hermano Mayor Honorario.
Iconografía Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto representa el momento en el que Jesús reza en el huerto de los olivos de Getsemaní tras la última cena y ,en la que dándose cuenta de su futuro, padece hermatidrosis y suda sangre. En la escena el Señor dialoga con el ángel que es enviado por Dios.
Nuestra Señora de la Concepción es una dolorosa implorante, siendo la única con advocación de inmaculista en toda la ciudad.
Sagrados Titulares
Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto izquierda|miniaturadeimagen|266x266px|Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto, en su trono, a su paso por la Alameda Principal.
Descripción El 1 de noviembre de 1756, el Cabildo de hermanos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Orando del Huerto determinó la ejecución de una nueva efigie, encargándose la hechura a Fernando Ortiz, escultor y académico malagueño, sin duda, el más importante y de mayor calidad de la Málaga del .
En la realización de la talla, el imaginero cumplió con los cánones establecidos por el arte cristiano para la representación de las facciones del rostro de Jesús. Al observarlo, apreciamos en él los rasgos con los que históricamente los creyentes identificamos al Redentor.
En la obra titulada “El Alma de la Madera”, su autor, Juan Antonio Sánchez López, catedrático de la Universidad de Málaga, escribe en referencia a la talla:
“Ortiz imaginó al Señor del Huerto arrodillado sobre un montículo rocoso, con los brazos extendidos y la mirada dirigida al cielo. La fuerza de la figura se centra sobre todo en la posición implorante de las manos, con las palmas vueltas hacia arriba y la expresión desfallecida del rostro. No obstante, el escultor pormenorizó cuidadosamente todos aquellos aspectos concernientes al estudio corpóreo, estilístico y volumétrico de su obra. El cuerpo, de sobria, estilizada y bien modelada anatomía, ofrece una acertada visión realista del desnudo, prestando especial atención a determinados detalles somáticos, tales como la complexión de la caja torácica, la apariencia nervuda de los brazos, el escaso pronunciamiento de la musculatura y el magnífico estudio de detalle realizado en el trabajo de los pies.
A la hora de seleccionar un criterio compositivo, Ortiz optó directamente por la versatilidad, un principio que le permitía jugar con la distribución rítmica de la masa escultórica. La diferente posición y movimiento de ambos brazos era equivalente al adelantamiento de la rodilla derecha respecto a la izquierda. Con ello se multiplicaban las siluetas y se enriquecían las perspectivas visuales.
No menos interesante era la solución dada al perizoma, ceñido a las caderas y muslos, a modo de calzón corto y con un pliegue en diagonal cruzando el área delantera. El tratamiento del sudario a base de pliegues aristados que recordaban la textura angulosa del mármol, se relacionaban con fórmulas italianizantes de visible evocación berninesca, asimiladas por el artista durante su estancia en la Corte.
El rostro, de tipo alargado, es especialmente hermoso. Las facciones se hallan esculpidas a base de golpes de gubia limpios y vigorosos, que señalan superficies y claroscuros de gran plasticidad. La talla de la barba en poblados y sinuosos mechones, contrasta con el efecto pictórico de la perilla y bigote. La boca entreabierta y la dirección de la mirada se alinean con los intereses persuasivos del barroco.
El erudito malagueño Narciso Díaz de Escovar indica que la Cofradía pagó al escultor la cantidad de 4.225 reales de vellón por la realización de la talla.”
En el primer cuarto del , apareció en la prensa local un artículo firmado por Luis de Córdoba, donde el autor reivindicaba las ignoradas habilidades artísticas del escultor malagueño Fernando Ortiz, tomando como punto de referencia, precisamente, la imagen procesional titular de la Archicofradía:
“.. de todas las imágenes que pueblan las iglesias de Málaga se ha escrito lo bastante; exceptuando, sólo, la que bajo el título de Nuestro Señor Orando en el Huerto, se venera en la Parroquia de los Santos Mártires.
Igual suerte corre su autor, Fernando Ortiz… como talla de realidad exacta, contemplamos de cerca la efigie… y si podéis ver su cuerpo desnudo, gozaréis la misma impresión que el autor de estas líneas y opinaréis que se trata indefectiblemente de una escultura de la que puede mostrarse orgullosa Málaga por tenerla consigo.
La cabeza, perfectamente modelada, no le quita el menor mérito al trabajo del resto del cuerpo, esculpido con análogo cariño. Las manos y los pies son filigranas de ejecución, y por último, la expresión de la cara divina es tan natural que únicamente cabe decir de ella con el vulgo: sólo le falta hablar.”
Todos los entendidos en la materia coinciden en señalar la Imagen de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto como una de las producciones destacadas de la obra de Ortiz, por la gran calidad y las técnicas empleadas en la ejecución. Su talento natural logró representar en el rostro del Titular el sentido trágico de la escena vivida en tierras de Getsemaní hace dos mil años. La expresión de tristeza contenida que emanan sus ojos, la aflicción del semblante, los rasgos semíticos, la hebrea barba partida en dos y la perfección de sus manos elevadas en actitud suplicante, son solo algunos de los conmovedores detalles de la portentosa talla que consigue emocionar a todo aquel que la contempla.
Podemos afirmar que la imagen ha mantenido la genuina estética malagueña, conservando la estampa dieciochesca con la que fue concebido, pues si bien hubo intentos de innovación en su vestimenta y arreglo al final de la década de los sesenta y principios de los setenta, la intervención como vestidor de Manuel Mendoza Ordóñez hizo que retornara a la estética clásica, recuperándose la sardineta como una de sus señas de identidad más significativas, pues en el periodo descrito llegó a ser sustituida por un cíngulo. El cúlmen del regreso a la estampa con la que fue concebido se logra en el año 1999, con el estreno de la soberbia túnica dieciochesca bordada en oro sobre terciopelo de Lyon morado.
Los largos cabellos culminados en las ondas de sus tirabuzones sellan su impronta barroca, la cual, ha perdurado hasta nuestros días, resistiendo incluso las leyes del monarca Carlos III, quien durante su reinado prohibió que las imágenes de la época lucieran postizos. En el era habitual que los Cristos lucieran bellas pelucas, a imitación de las que llevaban la nobleza y los monarcas europeos de esta centuria, constituyendo un símbolo de la realeza y majestad de Jesús.
En definitiva, la gubia de Ortiz otorgó a la Imagen personalidad propia y una gran fuerza expresiva, virtudes que lo han llevado a ocupar un lugar muy especial en los corazones de sus hermanos, para quienes ha significado la luz que ha guiado sus vidas.
Restauraciones El 14 de abril de 1849 la imagen es trasladada a la Parroquia de los Santos Mártires desde la iglesia de la Aurora del Espíritu Santo, donde había permanecido un breve espacio de tiempo tras abandonar el Convento Franciscano de San Luis el Real a causa de la desamortización. Ya en la iglesia de los Santos Patronos, el Cristo de la Oración en el Huerto resultó gravemente dañado en 1931, como consecuencia de los ataques a iglesias y conventos malagueños.
Siete años más tarde, en 1938, la imagen fue restaurada por Francisco Palma García, desdibujando las facciones originales mediante repintes y capas de aparejo. Este escultor acopló a la efigie un candelero con el que se palió, provisionalmente, la pérdida del cuerpo primitivo.
En 1985, el escultor Ricardo Rivera Martínez realizó un profundo proceso de restauración que consiguió devolver a la imagen parte del antiguo esplendor, además de sanear la madera y eliminar parte de la reparación de Palma. Dicha intervención consistió en la realización de un cuerpo anatomizado, distinto al original de Ortiz, y en la aplicación de unas nuevas carnaciones nacaradas a imitación de las originales.
En 2006, fecha en que se cumplieron doscientos cincuenta años desde que Fernando Ortiz concibiera al Señor del Huerto, la Archicofradía rindió homenaje al artista malagueño y a su imagen más emblemática, modificando las licencias impuestas por Rivera para devolverle todo su esplendor, basándose en unas fotografías del Archivo histórico de la Archicofradía previas a los sucesos de 1931. Dada la complejidad de la intervención, el trabajo de restauración fue encargado a Manuel Carmona Martínez, tras la preceptiva autorización de la Comisión de Arte del Obispado de Málaga. Gracias a su trabajo, Carmona hizo realidad las expectativas de la Archicofradía. Para ello, talló el nuevo cuerpo, realizado en madera de cedro de gran calidad, en el que ha ensamblado las manos, los pies y la cabeza originales.
La tarde del 1 de noviembre de 2007, con motivo de los doscientos cincuenta años de su primera salida procesional, tuvo lugar la salida extraordinaria del Señor desde el interior de la parroquia de los Santos Mártires.
La imagen es ahora más de Ortiz que antes de la intervención realizada, ya que la limpieza de los repintes que mostraba desde la intervención de Palma García ha permitido descubrir la policromía original que Fernando Ortiz otorgara a esta obra.
Nuestra Señora de la Concepción miniaturadeimagen|Nazareno de la sección de Nuestra Señora de la Concepción. Nuestra Señora de la Concepción, encarna a la Madre de Jesús, bajo dicha advocación. Representa a la virgen en una actitud suplicante, con los ojos mirando al cielo. Es una obra anónima datada en el . Tradicionalmente atribuida al gran escultor Fernando Ortiz en la segunda mitad del . La imagen fue restaurada por Antonio Eslava Rubio en (1978), quien le realizó un nuevo juego manos.
Procesiona sobre un trono de madera tallada y dorada por Manuel Guzmán Bejarano. El manto es obra de Leopoldo Padilla de finales de la década de los cuarenta, llevando representado un olivo, y el palio del taller de Manuel Mendoza y Salvador Aguilar.
Virgen de la Oliva