Empédocles de Agrigento (griego Ἐμπεδοκλής, (Agrigento, 495-435 a. C.) fue un filósofo y político griego.

Se interesó por el pensamiento de Parménides. Tomó de él muchos atributos asignados al Ser parmenídeo y los aplicó a su propia Sphairos, la divinidad en la cual todo estaba mezclado en armonía. Cree como Parménides que nada puede originarse de la nada y que lo que existe no puede desaparecer, pero mientras que aquel deducía de esto que la realidad era una e inmóvil, Empédocles postuló que eran cuatro los principios materiales de la realidad y que se hallaban en constante movimiento, mezclándose y repulsándose por las fuerzas espirituales del Amor y el Odio. Estos eran los elementos propuestos por Tales de Mileto, Anaxímenes, Heráclito y Jenófanes: agua, aire, fuego y tierra respectivamente.

Biografía No se conocen con exactitud las fechas del nacimiento y muerte de Empédocles, pero Diógenes Laercio afirma que tenía unos cuarenta años durante la 84.ª Olimpiada (444/440 a. C.);Diógenes Laercio 8.74 Apolodoro de Atenas (recogido por Diógenes Laercio) dice que a poco de nacer llegó a la colonia de Turios justo tras su fundación (444/3 a. C.),Diógenes Laercio 8.52 y Aristóteles afirma que murió a los 60 años, y que era más joven que Anaxágoras,Aristóteles Metafísica 984a11-12 lo que permite situarlas aproximadamente en 484/3-424/3 a. C. Sin embargo, puesto que Teofrasto afirmaba que había nacido no mucho después de Anaxágoras,Simplicio, Física 25,19. hay autores que prefieren retrotraer sus fechas de nacimiento y muerte, situándolas en 495 y 435 a. C. respectivamente.G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield. Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos, pp.401-402, Traducción de Jesús García Fernández, Madrid, Editorial Gredos, 1970, 2ª edic. 1987 (Biblioteca Hispánica de Filosofía, 63). ISBN 84-249-1249-7 Otras fuentes consideran que vivió 77Diógenes Laercio 8.73 o 109 años, lo que suele considerarse una inferencia provocada por noticias no documentadas sobre su trato con otros personajes. Provenía de una familia aristocrática y recibió una educación acorde a ello. Su padre fue Metón, que intervino en el derrocamiento del tirano Trasideo, hijo de Terón en el año 470a.C. Su abuelo, también llamado Empédocles, fue criador de caballos como cuenta Diógenes Laercio, y venció en las carreras de caballos en Olimpia durante los LXXI Juegos Olímpicos.

Durante la infancia del filósofo, Agrigento, su ciudad natal, gozaba de su máximo poder y fama bajo el gobierno del tirano Terón (488-472), quien fue reconocido por ser un gobernante interesado por las artes y la religión, encarnando así las preocupaciones del pueblo agrigentino, que conformaron el medio espiritual del cual Empédocles se nutrió. Luego de la muerte de Terón, la tiranía pasó a manos de su hijo Trasideo. Posteriormente esta fue derrocada y se estableció en Agrigento una democracia. En esta transformación política, el filósofo tuvo parte importante, y su defensa de la democracia instaurada lo llevó a disolver una organización oligárquica conocida como la asamblea de los mil. Además persuadió a los habitantes de Agrigento de abandonar las luchas entre partidos y cultivar la igualdad política y rehusó cualquier cargo que se le quisiera otorgar. Por sus ideales democráticos y quizás por su extravagancia y sus métodos, Empédocles se hizo muchos enemigos, que en una de sus ausencias de Agrigento conspiraron contra él e impidieron su regreso.

Fue orador y médico excelente, quizás fue fundador de la escuela siciliana de medicina, aunque otros le atribuyan este título a su amigo Acrón. Diversos autores nos hablan de su talento a la hora de curar enfermedades, así como también dan fe de hazañas increíbles, como Heráclides, quien cuenta que llegó al punto de resucitar una mujer que llevaba 30 días sin respirar. Otros contemporáneos le reconocen poderes sobrenaturales como rejuvenecer ancianos y controlar el clima. También propuso purificar el alma a través del vegetarianismo. A pesar del valor histórico que puedan tener estos testimonios, muchos se basan en lo que el propio agrigentino expresaba en sus poemas y discursos, acrecentando así su imagen mística y divina.

Hay varias leyendas acerca de su muerte. Una de ellas es que luego de celebrar un sacrificio en un campo de Pisianacte, todos los invitados, incluido su discípulo Pausanias, se retiraron del lugar. Empédocles sin embargo se mantuvo allí. Al día siguiente, el filósofo no se encontraba por ningún lado y algún sirviente dijo haber escuchado una voz que lo llamaba y luego haber visto una luz celestial. Luego de eso Pausanias determinó que era hora de alabarle como a un dios. Otra versión nos dice que se arrojó al volcán Etna,Horacio, p. 64 buscando confirmar su unión divina con la naturaleza. Esta versión fue desmentida por muchos en la antigüedad, como si se tratase de un engaño (Hipóboto). Timeo es quien da el dato más probable acerca de su muerte, diciendo que Empédocles murió en el Peloponeso, una vez exiliado de Agrigento.

Obra

Hay muchas obras que se atribuyen a Empédocles, pero muchas son falsas. Entre ellas se encuentran epigramas dirigidos a su discípulo Pausanias, versos dedicados a Pitágoras y cierto número de tragedias. Aristóteles además  le atribuye haber escrito el “Tránsito de Jerjes” que fue quemado por ser una obra imperfecta, y un “Proemio a Apolo” que fue quemado involuntariamente. También se le atribuyen tratados médicos escritos en prosa, pero ninguno de ellos se conoce hoy en día.

Los únicos escritos que se tienen con seguridad de Empédocles son dos poemas: Sobre la naturaleza de los seres y Las purificaciones. El primero trata sobre explicaciones basadas en fundamentos científicos y racionales acerca del mundo natural tal como su autor lo entendía, desde su fisiología hasta su movimiento. El segundo poema, se trata de un escrito religioso, en donde se narra y se revela como imperativo el camino de un alma que luego de ser desterrada por su propia culpa de su morada divina debe por medio de la purificación retornar al lugar al cual pertenece. En estos escritos, de naturalezas tan diferentes como lo pueden parecer la científica y la religiosa, Empédocles parece encarnar el genio griego de aquella época, que no veía contradicción alguna en asumir estas dos posturas que pueden parecer contradictorias en un primer momento.

El estilo de escritura de los dos poemas es el hexámetro dactílico de la tradición épica, el cual parecía ser para el filósofo agrigentino la mejor manera de expresar su pensamiento. Él mismo advirtió que este iba a hallar una gran dificultad para darse a entender, por lo cual eligió conscientemente el poema como medio de expresión, y en él se ve cómo vuelve varias veces sobre la misma idea mediante la repetición de versos en contextos diferentes, cómo retorna sobre sus pasos cuando siente que debe aclarar una explicación, etc. y el mismo dice en el fragmento 25:

Se nota en sus escritos además, el uso de abundantes símiles para explicar leyes generales mediante acciones relacionadas con la invención humana (cocción del pan, aleación de metales, pintar un cuadro, etc.)

Sobre la naturaleza de los seres

Este poema, (en griego Περὶ φύσεως), está dirigido a Pausanias, discípulo de Empédocles. En él encontramos varios rasgos de la filosofía de Parménides deliberadamente enunciada. Esto ya bien para mostrar puntos de acuerdo con el filósofo de Elea o para mostrar un disenso.

Empédocles está de acuerdo con la tesis permenidea  que postula que nada puede surgir de la nada, y, a su vez, que nada de lo que existe puede desaparecer. En los fragmentos 11 y 12 se reafirma esta idea:

Sin embargo, Empédocles también muestra en su poema disconformidad con dos conclusiones de Parménides acerca del Ser y, ante la inmutabilidad y la unidad de este, propondrá que el ser se halla en constante movimiento y que su realidad última es en efecto una pluralidad de elementos primordiales que conforman todo lo que es. A su vez, frente al decisivo "es o no es" de Parménides, el filósofo de Agrigento muestra esta doble faceta de los seres, que en un sentido se originan y perecen, y por lo tanto son transitorios, y en otro son eternos, en tanto que están formados por elementos eternos.

Estos elementos primordiales son los arché (en griego ἀρχή) pensados por otros presocráticos y que fueron reunidos en su filosofía. Así pues tenemos  el fuego, la tierra, el aire y el agua, que son enunciados en el poema generalmente con nombres divinos:

Todos estos elementos tienen igual importancia en tanto que principio. Ninguno es anterior a otro, diferente de otros filósofos que pensaban en la predominancia de uno en particular.

Los nombres divinos que se le asignan a los elementos no son simples adornos poéticos, sino que revelan una concepción de la naturaleza según la cual todo está provisto de sensación y pensamiento.

Puesto que hay en su filosofía cuatro elementos primordiales y no una unidad única, estos elementos pueden moverse ocupando inmediatamente el lugar de los otros. Gracias a este movimiento del Ser, es posible la génesis del cosmos, en el cual sus seres son divisibles y están en movimiento. Esto le permite a Empédocles decir en “Sobre la naturaleza de los seres” que no existe nacimiento de ningún ser mortal, ni desaparición en la muerte, puesto que todo es mezcla y modificación de lo mezclado.

El Amor y la Discordia

Para explicar el movimiento del Ser, negado por Parménides, Empédocles propone fuerzas motoras externas o diferentes a los cuatro elementos. Estas fuerzas aparecen en el fragmento  17 con los nombres de Amor y Discordia, las fuerzas primordiales de atracción y repulsión. Ellas conviven en constante tensión, alternando su preponderancia en el mundo. Esta no puede ser nunca absoluta de una sobre la otra, pues esto haría que nuestro mundo se disolviera por completo o bien se hallase en un momento en el cual la vida terrestre sería imposible. En un determinado momento de este ir y venir entre la unión y la separación de las cosas es que es posible el nacimiento del mundo tal cual lo vemos.

Empédocles muestra esta doble visión de los seres, que en tanto que son compuestos de los elementos se originan y perecen constantemente, y en tanto que sus elementos son en sí indestructibles, son eternos. El Amor representa la atracción entre lo no semejante y la Discordia, la atracción entre lo semejante. Lo que la discordia separa, debe unirlo en una masa separada.

Las sustancias orgánicas se originan por el azar, es decir, fortuitamente, aunque siempre por influencia del Amor, quien los combina y mantiene unidos. Las cosas actúan según su naturaleza particular, pero de manera fortuita. De esta manera, se entiende al azar como una causa que se esconde a la razón humana. Es necesario en tanto que es la naturaleza de los elementos, que estos se muevan, y que estos se encuentren de manera azarosa. Esta naturaleza se trata, en el pensamiento de Empédocles, de la particular de cada elemento, y no está basada en una teleología.

El ciclo cósmico

Este ciclo puede explicarse en cuatro fases: