alt=Combustión espontánea humana|miniaturadeimagen|Representación del descubrimiento de un caso de combustión espontánea humana en Bleak House El término combustión espontánea humana (SHC por sus siglas en inglés: Spontaneous Human Combustion) se utiliza para describir el concepto pseudocientífico de la combustión de un cuerpo humano vivo (o recientemente fallecido) sin una fuente externa aparente de ignición, y en el cual dicho cuerpo queda reducido a cenizas casi en su totalidad. También se utiliza la abreviatura CHE y los términos ignición espontánea humana, combustibilidad humana extraordinaria, combustibilidad humana preternatural y —menos frecuentemente— autocombustión humana.

Aunque existen multitud de hipótesis sobre la combustión espontánea, el consenso científico actual es que los supuestos casos de SHC involucran fuentes externas de ignición que han sido pasadas por alto en conjunto con el efecto mecha, en el que la ropa o algún tipo de tela que cubre un cuerpo empieza a arder lentamente por efecto de una chispa o llama tenue. Mientras la tela arde, la grasa corporal se derrite y es absorbida por la misma ropa o tela ya carbonizada, lo que actúa como la mecha de una vela, produciendo así una llama suave y estable. Este tipo de llama puede arder por horas y carbonizar las partes del cuerpo en contacto con la tela sin llegar a afectar el resto del cuerpo.

Historia y descripción del fenómeno alt=Restos de de John Irving Bentley, 5 de diciembre de 1966|miniaturadeimagen|Extraña escena de muerte de John Irving Bentley, una presunta víctima de combustión. miniaturadeimagen|Escena de muerte de Helen Conway, Pennsylavnia, 1964. El uso del término "combustión humana espontánea" se refiere a la muerte por fuego que se origina sin una fuente externa aparente de ignición; la creencia consiste en que el fuego comienza dentro del cuerpo de la víctima. Esta idea y el término "combustión humana espontánea" fueron propuestos por primera vez en 1746 por Paul Rolli, miembro de la Royal Society, en un artículo publicado en Philosophical Transactions sobre la misteriosa muerte de la condesa Cornelia Zangheri Bandi.

Escribiendo en The British Medical Journal en 1938, el forense Gavin Thurston describe el fenómeno diciendo que este "aparentemente atrajo la atención no solo de la profesión médica sino también del laicado hace cien años" (refiriéndose a un relato ficticio publicado en 1834 en el círculo de Frederick Marryat).

En su libro de 1995 "Ablaze!", Larry E. Arnold, director de ParaScience International, escribió que existían alrededor de 200 informes de combustión humana espontánea en todo el mundo durante un período de alrededor de 300 años.

El tema recibió cobertura en el British Medical Journal en 1938. Un artículo de L. A. Parry citó un libro publicado en 1823 con título "Medical Jurisprudence" (Jurisprudencia médica), que afirmaba que los puntos en común entre los casos registrados de combustión humana espontánea incluían las siguientes características:A Treatise on Medical Jurisprudence, by Dr John Ayrton Paris M.D. and John Samuel Martin Fonblanque Barrister at Law, 3 Vols, London, 1823"[...]los casos registrados tienen estas cosas en común:

Las víctimas son alcohólicos crónicos; Suelen ser mujeres de edad avanzada; El cuerpo no se ha quemado espontáneamente, sino que alguna sustancia encendida ha entrado en contacto con él; Las manos y los pies suelen caerse; El fuego ha causado muy pocos daños a las cosas combustibles en contacto con el cuerpo; La combustión del cuerpo ha dejado un residuo de cenizas grasientas y fétidas, de olor muy desagradable.” La relación con el alcoholismo es una temática común en las primeras referencias literarias de SHC, en parte porque algunos médicos y escritores de la época victoriana creían que la combustión humana espontánea era resultado del alcoholismo.

En la mayoría de los casos atribuidos a la SHC, las víctimas han sido encontradas totalmente reducidas a cenizas en su vivienda, aunque la habitación y los objetos a su alrededor presentan poco o ningún daño causado por fuego. En ocasiones, el fuego ha consumido completamente la mayor parte del cuerpo a excepción de algunas partes, quedando entre los restos fragmentos de hueso e incluso pies o brazos.

El estado de los restos de estas personas es muy diferente de aquel en que comúnmente se encuentran los restos de personas víctimas de incendios domésticos, cuyos cuerpos no se reducen a cenizas sino que permanecen completos, si bien carbonizados, y presentando incluso tejidos intactos.

Los defensores de la existencia de este fenómeno contabilizan alrededor de 200 casos desde el . Sin embargo, en la mayoría de los casos apenas hubo una investigación sobre las circunstancias que lo rodearon, y muchos de ellos se basan en testimonios de segunda o tercera mano y se carece de datos tan básicos como el nombre de la víctima o la fecha del incidente."Ablaze!: The Mysterious Fires of Spontaneous Human Combustion" Arnold, 2006

El neurólogo Steven Novella ha dicho que el escepticismo sobre la combustión humana espontánea se está expandiendo, convirtiéndose en un escepticismo acerca de todas las formas de combustión espontánea en general. At 26:38, Novella says: "I think that part of the knee-jerk skepticism is that we hear things like spontaneous human combustion—we know that's total BS—and then when you hear just spontaneous combustion it triggers the same response as if it has anything to do with spontaneous human combustion but it really doesn't. I hear that a lot, too, a lot of people think that anything to do with magnets must be crap because there's so much magnet pseudoscience out there but that doesn't mean that there aren't legitimate uses of magnets in medicine. We can affect brain function with transcranial magnetic stimulation, for example. But again people make that association, that's just a little too simplistic, that magnets equal pseudoscience, that spontaneous combustion equals pseudoscience, but this is perfectly legitimate."

Investigación científica Se han realizado diversas investigaciones relacionadas al tema tanto para evaluar la plausibilidad de fenómenos como para encontrar posibles explicaciones del mismo.

Un estudio de 2002 realizado por Angi M. Christensen de la Universidad de Tennessee incineró muestras sanas y osteoporóticas de huesos humanos y comparó los cambios de color y la fragmentación resultantes. El estudio encontró que las muestras de hueso osteoporótico "mostraban constantemente más decoloración y un mayor grado de fragmentación que las sanas". El mismo estudio encontró que cuando se quema tejido humano, la llama resultante produce pequeñas cantidades de calor, lo que hace poco probable que el fuego se propague a partir del tejido quemado hacia otros materiales cercanos.

Investigaciones de Nickell y Fischer En 1984, el investigador científico Joe Nickell y el analista forense John F. Fischer llevaron a cabo un extenso proyecto de investigación de dos años, que involucró la revisión de treinta casos históricos de presunta SHC. Su extenso informe de dos partes se publicó en la revista de la Asociación Internacional de Investigadores de Incendios Provocados, así como formando parte de un libro sobre temáticas sobrenaturales.

Nickell ha escrito con frecuencia sobre el tema, ha hecho apariciones en documentales de televisión, realizado investigaciones adicionales y dado conferencias en la Academia de Ciencias del Fuego del Estado de Nueva York en Montour Falls, Nueva York, como instructor invitado.

Las investigaciones de Nickell y Fischer, analizaron casos de los siglos , y , y mostraron que los cuerpos quemados estaban cerca de fuentes plausibles de ignición: velas, lámparas, chimeneas, etc. Tales fuentes a menudo se omitieron de los relatos publicados de estos incidentes, presumiblemente para profundizar el aura de misterio que rodeaba una muerte aparentemente "espontánea". Las investigaciones también encontraron que había una correlación entre las supuestas muertes de SHC y la intoxicación de la víctima (u otras formas de incapacitación) que posiblemente podrían haber causado que fueran descuidados e incapaces de responder adecuadamente a un accidente. Donde la destrucción del cuerpo no fue particularmente extensa, una fuente primaria de combustible podría haber sido plausiblemente la ropa de la víctima o una cubierta como una manta o un edredón.

Sin embargo, en los casos en los que la destrucción es extensa, existen fuentes de combustible adicionales involucradas, como relleno de sillas, revestimientos para pisos, el propio piso y otras similares. Los investigadores describieron cómo dichos materiales ayudaron a retener la grasa derretida, lo que provocó que una mayor parte del cuerpo se quemara y destruyera, produciendo aún más grasa licuada, en un proceso cíclico conocido como "efecto mecha" o "efecto vela".

Según la investigación de Nickell y Fischer, los objetos cercanos a menudo permanecían intactos porque el fuego tiende a arder hacia arriba, pero arde lateralmente con cierta dificultad. Los incendios en cuestión son relativamente pequeños, logrando una destrucción considerable por el efecto de la mecha, y los objetos relativamente cercanos pueden no estar lo suficientemente cerca como para incendiarse (al igual que uno puede acercarse a una fogata modesta sin quemarse). Al igual que con otros misterios, Nickell y Fischer advierten contra "una explicación única y simplista para todas las muertes por quemaduras inusuales", y en su lugar instan a investigar cada caso "sobre una base individual".

Experimentos de J.D. De Haan Si bien el efecto mecha logra explicar el origen de la fuente de combustión, el hecho de que los huesos se reduzcan a cenizas presentaba un misterio. Incluso en los modernos crematorios, que trabajan con temperaturas de 870-980 °C, los huesos no se consumen completamente y tienen que ser molidos. Los experimentos de J.D. De Haan, del Instituto Criminalista de California, lograron demostrar que aunque esta temperatura es mucho menor que la utilizada en hornos crematorios, en estos la temperatura está optimizada para incinerar un cuerpo en poco tiempo, y temperaturas menores pueden conseguir el mismo efecto si actúan durante bastante tiempo.

J. D. De Haan, experto forense en incendios y autoridad sobre el efecto mecha, ha estudiado, explicado y reproducido el efecto con éxito y divulgado sus experimentos en documentales para la BBC y National Geographic Channel.JD DeHaan, SJ Campbell y S Nurbakhsh (1999): Combustion of animal fat and its implications for the consumption of human bodies in fires. Science & Justice. Vol. 39, pp. 27-38. 1999.BBC (1999): Combustión espontánea humana, cap. de la serie Ciencias sobrenaturales y National Geographic Channel (2005): Combustión espontánea humana, cap. de la serie Revelaciones.

En el experimento de De Haan, un cerdo fue envuelto en una manta y situado en una habitación simulada. Se vertió una pequeña cantidad de gasolina sobre la manta para iniciar el fuego. Tras prender la gasolina, los investigadores dejaron arder la manta por sí misma. La temperatura del fuego fue medida regularmente y era de solo unos 800 °C. A medida que el fuego quemaba la piel del cerdo, su grasa subcutánea se derretía, fluyendo hasta la manta. La médula ósea, que contiene gran cantidad de grasa, también contribuyó al fuego. El mobiliario de alrededor no sufrió daños, aunque se fundió la carcasa de plástico de un televisor situado sobre un aparador. El fuego hubo de ser apagado manualmente después de siete horas, cuando la mayor parte del cuerpo del cerdo había sido reducida a cenizas.

Con este experimento, los investigadores de la BBC explicaron las siguientes características de la combustión espontánea: El fuego está altamente localizado: las llamas tenían menos de 50 cm de alto, por lo que el fuego normalmente no se propaga a los muebles cercanos.