thumb|320px|Distribución de la cultura magdaleniense en Europa. En rosa, el Magdaleniense y en rojo, el Epigravetiense, los puntos azules son yacimientos. La cultura Magdaleniense () es una de las últimas culturas del Paleolítico superior y Mesolítico en la Europa occidental, que fue caracterizada por los rasgos de su industria lítica y ósea. Sucedió a la cultura Solutrense y estaría datado hace entre aproximadamente. Recibe su nombre del yacimiento tipo del abrigo de La Madeleine, un refugio rocoso ubicado en el valle de Vézère de Tursac, en Dordoña, Francia.
El Magdaleniense, que se extendió a lo largo del Würm IV, tuvo una secuencia alterna de clima frío y seco, y fresco y húmedo. El cambio climático acaecido hace unos hizo modificar los hábitos cinegéticos y alimenticios, dando por finalizado al Magdaleniense con la transición al Aziliense. Las subdivisiones del periodo dependen según autores y según zonas geográficas, y los sistemas de periodización se pueden fijar en distintos métodos u objetos y su evolución.
Édouard Lartet y Henry Christy denominaron originalmente a este período «L'âge du renne» ('la edad del reno'). Realizaron la primera excavación arqueológica del yacimiento tipo, que publicaron en 1875. El Magdaleniense se asocia con la caza de renos, aunque sus yacimientos contienen amplia evidencia de la caza de ciervos rojos, caballos salvajes y otra megafauna presente en Europa hacia el final de la Última glaciación. Esta cultura estaba geográficamente extendida, y los yacimientos magdalenienses posteriores se extendían desde Portugal, al oeste, hasta Polonia, al este, y tan al norte como Francia, las Islas del Canal, Inglaterra y Gales. Además de La Madeleine, las principales estaciones del Magdaleniense son Les Eyzies, Laugerie-Basse y Gorges d'Enfer, en Dordoña, la cueva del Placard, en Charente, y otras en el suroeste de Francia.
Los pueblos magdalenienses produjeron una amplia variedad de arte, incluyendo figurillas y pinturas rupestres. Se han encontrado evidencias que sugieren que practicaban regularmente el canibalismo (probablemente ritualista), además de la producción de copas de cráneos.
Estudios recientes han identificado a la cultura magdaleniense con los humanos que, procedentes de Anatolia y los Balcanes, repoblaron Italia y el resto de Europa tras el último máximo glacial, reemplazando a los practicantes de la cultura solutrense que solo habían sobrevivido en la península Ibérica y el sur de Francia. Los estudios genéticos indican que los pueblos magdalenienses descendían principalmente de grupos cromañones de Europa occidental, como los gravetienses, presentes en Europa occidental hace más de antes del Último Máximo Glacial (UGM), que se habían retirado al suroeste de Europa durante el UGM. Los pueblos magdalenienses fueron reemplazados, o en algunas zonas absorbidos, por grupos de cazadores-recolectores occidentales relacionados con el epigravetiense a finales del Pleistoceno.
Concepto general
thumb|left|Abrigo de La Madeleine, que da nombre a la cultura, y desde 1979, patrimonio de la humanidad parte de «Sitios prehistóricos y grutas decoradas del valle del Vézère»
La cultura Magdaleniense se extendió por Francia, Suiza, España y Alemania hace , perdurando hasta hace ; es decir, hasta el inicio del Holoceno (ca. 11.700 BP). Se divide en inferior y superior, cada una a su vez subdividida en tres estadios (I, II y III). En Inglaterra existe una cultura paralela al final del Magdaleniense, llamada creswelliense. En la península ibérica, la obra magdaleniense más famosa son las cuevas de Altamira. Puede considerarse como la primera civilización europea occidental, pues debido a un aumento demográfico sobrepasa los límites de su foco originario y se extiende prácticamente por todo el continente europeo. La necesidad de materias primas líticas de buena calidad es un motivo importante para desplazar a un grupo a buscarlas, a veces a varias decenas de kilómetros. Utensilios de un sílex especial denominado tipo Urbasa, procedente de la sierra navarra homónima, han sido encontrados a lo largo de la cornisa cantábrica y suroeste de Francia, a 400 kilómetros.
Las oscilaciones del clima entre cálidas y frías, y húmedas y secas, tienen una gran influencia tanto sobre la fauna como sobre la flora. En las etapas templadas, predominan los caballos, bosques de hoja caduca y extensas praderas de gramíneas, mientras que en las épocas más frías, la especie representativa es el reno y hay una regresión de los bosques en beneficio de las praderas.
Enterraban a sus muertos, pero se conocen escasas sepulturas, comúnmente son simples fosas poco profundas. Se han encontrado extensos campamentos al aire libre, organizándose en tiendas o cabañas. Esta tendencia al agrupamiento se ve reforzada, pues determinados yacimientos son auténticas necrópolis.
Fue una cultura de cazadores. Su base era la caza del caballo, mientras que en la Europa del Este el mamut era la especie más codiciada. Surge un aprovechamiento completo de las especies animales.
El tipo humano que da lugar a este periodo es el cromañón u Homo sapiens.
Expansión de los recursos La expansión de los recursos, que tuvo lugar durante el solutrense, permite continuar con esta estrategia en un entorno similar, de ahí la expresión "con un solo valle basta". La cantidad de recursos de que disponen los magdalenienses es tan grande que les permite volverse semisedentarios.
La principal novedad que aporta a los recursos el magdaleniense es la explotación de los recursos marinos. La pieza lítica que caracteriza al magdaleniense es el arpón, diseñado para atrapar grandes presas marinas, como cachalotes o ballenas. Esto supone que utilizaban embarcaciones (los magdalenienses desarrollaron las primeras embarcaciones de la historia) para pescar en alta mar que no se han conservado al estar hechas de madera.
Aparte de la explotación de los recursos marinos, se continúa con el sistema cazador-recolector adaptado a las nuevas condiciones.
Prácticas funerarias y rituales Se han documentado dos prácticas mortuorias principales: el enterramiento primario (individuos depositados completos, a veces con ofrendas) y el canibalismo ritual, evidenciado por marcas de corte, fracturas óseas y la fabricación de 'copas craneales' en los yacimientos de la cueva de Gough y Brillenhöhle. Un estudio reciente sugiere que el canibalismo no respondía a necesidades nutricionales, sino que era un comportamiento funerario extendido, especialmente en el Magdaleniense medio (fases III-IV), asociado a grupos con ascendencia genética GoyetQ2 (Cuevas de Goyet). Los enterramientos primarios, más frecuentes en el Magdaleniense Superior, se vinculan a poblaciones con afinidad genética al clúster de Ripari Villabruna (Epigravetiense), lo que podría reflejar un reemplazo poblacional.
Magdaleniense inferior y superior Esta división está ampliamente extendida, aunque también se llega a incluir un Magdaleniense medio en alguna literatura. A su vez se ajustan las divisiones en zonas geográficas, donde la difusión de las distintas partes o estadios cambian en fechas, por ejemplo, es fácil encontrar menciones a, por ejemplo, «Magdaleniense inferior cantábrico».
Magdaleniense inferior
Como características comunes cabe citar los buriles, raspadores y raspadores-buriles.
Magdaleniense inferior, estadio I Se caracteriza por raederas, extrañas piezas de sílex pequeñas y con toscos retoques, perforadores múltiples y azagayas de base biselada. Numerosas raclettes, azagayas cilíndricas de largo bisel con estrías en forma de espiga.
Magdaleniense inferior, estadio II Caracterizado por la existencia de triángulos escalenos. Abundante utillaje sobre hojas y hojitas, disminución de raclettes y buriles. Azagayas bicónicas.
Magdaleniense inferior, estadio III Caracterizado por puntas de azagaya de hueso con largo bisel, a veces con surco. Azagayas macizas de bisel largo y liso y azagayas con ranuras laterales. Varillas semicirculares.
Magdaleniense superior
Magdaleniense superior, estadio I Caracterizado por los prototipos de arpones. Se encuentran muchas estatuillas de bulto redondo, hechas con asta de reno, hueso y a veces marfil, así como los llamados «bastones perforados» (hasta hace poco todavía erróneamente denominados como «bastones de mando»), realizados en la mayor parte de casos con tramos de asta de reno y, en la menor parte de casos, de ciervo. Desde el se han propuesto numerosas hipótesis para explicar su función, asociándolos a todo tipo de usos y herramientas. Una teoría que todavía era dominante a principios del consistía en interpretar estos bastones como herramientas destinadas a la fabricación y/o al enderezamiento de azagayas, o simplemente como propulsores. Estudios más recientes, publicados en 2014 por el estadounidense Christopher Kilgore y el francés Erik Gonthier,Christopher Kilgore (de la Universidad Rice, 6100 Main St, Houston TX 77005, Texas, Estados Unidos) y Erik Gonthier (del departamento de prehistoria del Museo Nacional de Historia Natural de Francia, Museo del Hombre, 17, plaza del Trocadero, 75116, París, Francia), First Discoveries of Cordage Manufacture Using Perforated Batons. Evidence from Upper Palaeolithic Mobiliary and Parietal Art / Premières Découvertes sur les techniques de fabrication de cordages à partir de rouets (Bâtons-percés). Évidences sur le mobilier et l’art pariétal du Paléolithique supérieur (Magdalénien), artículo publicado en la revista L'Anthropologie, Ediciones Elsevier, volumen 118, número 3, junio/agosto de 2014, pp. 347–381.Erik Gonthier, Bâtons percés et fabrication des cordes au Paléolithique supérieur, conferencia organizada por la Sociedad de Amigos del Museo Nacional de Historia Natural de Francia y pronunciada por Gonthier en el Instituto de Paleontología Humana de París (1, rue René Panhard 75013 Paris) el 17 de octubre de 2015. han aportado numerosas observaciones que muestran que, en realidad, los bastones de agujero perpendicular (designados como «tipo A» en la tesis Kilgore-Gonthier) servían para la fabricación de cuerdas obtenidas mediante el trenzado de crines de caballo. Para Gonthier y Kilgore, como ya lo había sugerido Henri Breuil en 1954,Henri Breuil, Bâtons percés paléolithiques supérieurs et torteiraes (portugais), in : 4ème Congrès International de sciences préhistoriques et protohistoriques, Madrid 1954 : Chronique, Luis Péricot García Ed., Madrid, s.n., 1954.C. L. Camp, H. J. Allison y R. H. Nichols, Bibliography of Fossil Vertebrates, 1954-1958 (en inglés) estos bastones eran los mangos de ruecas giratorias con las que se hilaban las crines, mientras que los bastones de agujero oblicuo (designados como «tipo B» en la tesis Kilgore-Gonthier) eran empuñaduras de freno usadas para bloquear cuerdas y detener de este modo animales capturados con lazos o redes. Numerosas representaciones parietales y un fragmento de cuerda descubierto en la cueva de Lascaux el 25 de septiembre de 1953 (de una antiguëdad de entre y ) han establecido hace tiempo que la cuerda, el lazo simple, el lazo con pértiga y la red eran objetos de fabricación cotidiana durante el Paleolítico superior.Henri Breuil, «Découverte par M. l'abbé Glory de débris de corde paléolithique à la grotte de Lascaux (Dordogne)», Comptes rendus des séances de l'Académie des Inscriptions et Belles-Lettres, année 1955, volume 99, numéro 2, p. 194