miniaturadeimagen|Batalla del Puente Milvio, parte de las guerras civiles de la Tetrarquía romana. La guerra civil es un término que refiere a cualquier guerra donde los participantes están generalmente formados por dos o más ejes políticos contrarios generados en el mismo Estado. Su característica más común es que el conflicto armado se desarrolla en un mismo país, enfrentándose entre sí personas de un mismo lugar (ciudad, pueblo o comunidad) defendiendo, usualmente, dos intereses distintos. En algunos casos el objetivo es la secesión de una parte del territorio; aunque entonces no siempre se consideran «guerras civiles» (ejemplos de un tipo u otro pueden ser la guerra civil estadounidense o las guerras de descolonización).

En este tipo de conflagración, se produce a veces la intervención de unidades extranjeras de distintos Estados, aparte, ayudando o colaborando con los distintos bandos de esa misma guerra civil, cuyos individuos llegan a ser voluntarios civiles que apoyan al bando seleccionado.

En el , África fue escenario de numerosas guerras civiles en muchos de sus países debido generalmente a luchas por el poder de las etnias más importantes de cada país, llamadas «guerras olvidadas», puesto que son conocidas por el público solo cuando hay un genocidio —como los de Burundi, Ruanda o Somalia— o una gran masacre de personas.

Guerras civiles destacadas Previo al Primera guerra civil romana (88-81 AEC). Fue una guerra desatada por el conflicto político entre las dos principales facciones políticas del Senado romano: los populares, dirigidos por Cayo Mario, quienes abogaban por una amplitud de los derechos sociales concedidos por la República para con los grupos sociales marginados, y los optimates, liderados por Sila, partidarios de la preservación del orden social jerárquico tradicional que protegía los intereses de las altas familias tradicionales de Roma (los patricios). La victoria final de Sila le permitió a este erigir una dictadura personal sobre la República que duró hasta su muerte y estableció un orden social autoritario dominado por una elite política que protagonizaría el devenir de Roma en las décadas posteriores, lo que a la larga desencadenaría los posteriores conflictos que acabarían con el fin del republicanismo romano. Segunda guerra civil romana (49-45 AEC). Fue un conflicto de poder entre los que para ese momento eran los dos principales líderes políticos y militares de Roma, el entonces cónsul de la República Cneo Pompeyo Magno y el entonces gobernador de la Galia Cayo Julio César. Pompeyo y César habían ambos alcanzado la máxima influencia en la política romana mediante una alianza conocida como el Triunvirato junto al patricio Marco Licinio Craso, repartiéndose entre los tres el poder de la República. No obstante tras la muerte de Craso en la Guerra contra los partos y la victoria de César en la Conquista de la Galia el Senado liderado por Pompeyo ordenaron que este disolviera a su ejército y se presentara en la capital para entregar sus títulos al Senado, lo que desató el conflicto tras el llamado Cruce del Rubicón (la frontera entre Galia e Italia). Tras una serie de victorias de los cesaristas Pompeyo buscó refugio en el Egipto Ptolemaico, donde el joven faraón Ptolomeo XIII previendo una alianza con César le traicionó y asesinó para entregar su cabeza como trofeo al vencedor. Tras esto, Julio César tomó el control de Roma como Dictador Vitalicio, dando inicio a una autocracia personalista que marcaría el comienzo del fin de la República. Tercera guerra civil romana (43-42 AEC). Conflicto desatado tras el magnicidio e intento de golpe de Estado contra Julio César orquestado por una facción rebelde del Senado autodenominados los Libertadores, liderados por Cayo Casio Longino y Marco Junio Bruto, el cual dio comienzo a una ola de revueltas y anarquía que expulsó a los Libertadores fuera de Roma hacia Macedonia. El vacío de poder sería entonces ocupado por tres de los más poderosos lealistas del fallecido César, sus generales Marco Antonio y Marco Emilio Lépido y su sobrino e hijo adoptivo César Octaviano (nacido Cayo Octavio), quienes organizaron un gobierno tripartito conocido como el Segundo Triunvirato con el cual aplastaron a los Libertadores y reorganizaron el régimen del difunto César. Cuarta guerra civil romana (32-30 AEC). Fue la última gran guerra de la República Romana. Tuvo lugar como consecuencia del conflicto político entre Octavio, que entonces controlaba de forma unipersonal el gobierno de la República y su ex colega triunviro Marco Antonio tras la alianza y matrimonio de este con la reina regente de Egipto Cleopatra VII con el que ambos habían manifestado su aspiración de imponer como heredero del poder sobre Roma al hijo que esta última había concebido con Julio César, Ptolomeo XV Cesarión. Octavio derrotó a los amantes en la Batalla de Accio, acabando con el Egipto Ptolemaico y anexándolo como provincia de Roma, lo que suele tomar como fin de la era del Antiguo Egipto. Tras esto, sin más rivales a su poder absoluto el Senado otorgó a Octavio títulos de Princeps senatus (Primer senador) y Pontifex maximus (Supremo pontífice) junto al calificativo de Augusto (Venerable) con el que a partir de entonces sería conocido, con los cuales se oficializaría su posición como soberano vitalicio y absoluto del estado romano. Estos títulos que después evolucionarían al calificativo de Imperator (Comandante) se consideran la oficialización formal del fin de la República Romana y el establecimiento del desde entonces Imperio Romano.

Guerra civil de la Tetrarquía Romana (306-324) Una de las más grandes e importantes de las Guerras civiles romanas que tuvo lugar durante el periodo de la Tetrarquía romana, época en la que el Imperio romano se dividió en cuatro territorios regidos por cuatro emperadores, que lucharon entre sí por el dominio del territorio del imperio. Finalmente en la decisiva Batalla de Adrianópolis el emperador Constantino el Grande logró reunificar el imperio bajo su mandato, evento decisivo para la eventual expansión del cristianismo en el mundo occidental

Del al

Primera fitna (656-661). Fue un conflicto surgido por la rebelión del clan Omeya liderado por Muawiya, parientes del poco antes asesinado Califa Uzmán, representante de la rama suní de los herederos del profeta Mahoma contra el gobierno del Califa Alí, líder de la rama chií del Islam. La victoria de los rebeldes y la coronación de Muawiya como Califa del Islam marcó el fin del Califato ortodoxo de Medina que fuera sustituido por el Califato omeya de Damasco mientras que el asentamiento de los seguidores de Alí en Persia marcaría la división de las dos corrientes principales de los musulmanes.

Segunda Fitna (680-692). Fue una serie de rebeliones que tuvieron lugar a lo largo del territorio del Califato omeya como consecuencia de que el Califa Muawiya I hubiese impuesto la sucesión hereditaria de su cargo a su hijo Yazid I, siendo el gobierno de este último desafiado por distintas sectas islámicas tales como los Zubayridas, partidarios de una rama disidente suní, los Alides, partidarios de la restauración de la rama chií y los Jaryíes, partidarios de imponer a quienes considerasen el más adecuado para el puesto de califa con independencia de su ascendencia con el profeta. Tras 12 años de conflicto la Dinastía omeya consiguió restaurar su poder pleno sobre el imperio, con lo que la autoridad califal se asentó por todo el resto de la historia como un cargo familiar hereditario.

Tercera fitna (744-750). Comenzó como una guerra de sucesión con el derrocamiento del Califa Walid II en manos de Yazid III, con lo que nuevamente los clanes de confesión chií y jaryí se rebelaron contra la autoridad suní de la Dinastía omeya. Aunque Yazid acabó siendo derrocado por su primo Marwan II este sufrió la rebelión de los abasidas, los descendientes del clan Banu Háshim del escriba Abdullah ibn Abbás, primo de Mahoma y partidario del Califa Alí durante la Primera fitna, quienes bajo el mando militar del general Abu Muslim derrocaron a los Omeya, lo que significó el fin del Califato omeya de Damasco en virtud del Califato abasí de Bagdad bajo el reinado del Califa As-Saffah. Tras el fin de la guerra los abasíes invitaron a los sobrevivientes del clan Omeya a una cena de reconciliación para que aceptasen la nueva superioridad de los abasidas. En dicha reunión los omeyas fueron masacrados, dejando como único superviviente a un fugitivo Abd al-Rahman ibn Muawiya , quien huyó hasta la península ibérica la cual independizó del Califato para fundar Emirato Omeya de Al-Ándalus en Córdoba bajo el nombre de Abderramán I.

Rebelión de An Lushan (755-763): Una Rebelión militar contra el gobierno de la dinastía Tang de China que empezó en Luoyang. Los rebeldes luchaban para la fundación de una dinastía nueva llamaba Yan. La rebelión fue reprimida en 763, pero el fin de la rebelión marcó el comienzo de la desintegración de la dinastía Tang.

Cuarta Fitna (809-827)

Fitna de al-Ándalus (1009-1031): fue un período de inestabilidad y guerra civil en Al-Ándalus que supuso el colapso del Califato de Córdoba y la aparición de los primeros reinos de taifas. Comenzó en 1009 con un golpe de Estado y un levantamiento popular en Córdoba que supuso la deposición del califa Hisham II y el asesinato de su valido Abderramán ibn Sanchul, hijo de Almanzor. A lo largo de la contienda, la capital califal y sus arrabales fueron saqueados, y sus monumentos, entre ellos el Alcázar califal, Medina Azahara y Medina Alzahira destruidos. Los diversos contendientes pidieron ayuda a los diferentes reinos cristianos. Dividido todo el territorio andalusí en una serie de reinos taifas, se considera que la fitna llegó a su fin con la abolición definitiva del Califato en 1031. right|thumbnail|Ruinas del Salón Rico de Madīnat al-Zahrā («la ciudad brillante»), ciudad palatina a las afueras de Córdoba destruida durante la Fitna de Al-Ándalus.

Conflicto Güelfo-Guibelino (1125-1382): Serie de guerras civiles en los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico entre la Casa de Hohenstaufen, Emperadores del Sacro Imperio (Los Guibelinos), partidarios del poder político del Emperador germánico contra el Papado de Roma bajo el liderazgo de los estados italianos de la Liga Lombarda y la germánica Casa de Welf y sus aliados (los Güelfos), partidarios del poder supremo del Papa sobre los poderes temporales del emperador. El conflicto fue una derivación de la Querella de las Investiduras (1076-1122), conflicto ideológico que provocó la caída de la Dinastía Salia que provocó la división entre los partidarios el Papa y el Emperador y que duró varias generaciones de guerras internas entre los estados germánicos y los territorios del centro y norte de la península itálica. El conflicto tuvo entre sus muchas consecuencias la caída de los Hohenstaufen, lo que a su vez provocó el periodo de anarquía conocido como el Gran Interregno y la pérdida de los territorios italianos del Sacro Imperio, que quedaron divididos en una serie de estados semiindependientes bajo distintos niveles de influencia de los Estados Pontificios, lo que a su vez derivaría en las Guerras Italianas del Renacimiento.

Las guerras civiles noruegas es un término utilizado para designar el período de la historia de Noruega entre 1130 y 1240. El objetivo de las facciones en pugna, conocidos como los bagler y los birkebeiner, fue siempre colocar a su candidato en el trono, después de la muerte del rey Sigurd el Cruzado en 1130.

Guerra Gempei (1180-1185) Guerra entre los clanes Taira, quienes ejercían el poder de facto en Japón mediante el cargo de Regentes tras su victoria en la Rebelión de Hōgen de 1156, y sus rivales Minamoto apoyados por el emperador retirado Go-Shirakawa, quienes al vencer establecieron el Shogunato Ashikaga, régimen que abolió la estructura aristocrática del Periodo Heian para convertir al Japón en un estado militar.